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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2015.

3 de febrero: El día que murió la música

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El 3 de febrero de 1959, murieron los cantantes Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, en un accidente de aviación.

 

Desde entonces, este día es conocido como El día en que murió la música.

 

Charles Hardin Holley, más conocido como Buddy Holly, nació en Lubbock, Texas, el 7 de septiembre de 1936. Tenía 22 años al momento de su muerte.

Buddy Holly & The Crickets Greatest Hits Definitive

 

Richard Steven Valenzuela, de nombre artístico Ritchie Valens, tenía sólo 17 años al momento de producirse el accidente, había nacido el 13 de mayo de 1941.

Ritchie Valens -  The very Best of.

 

Jiles Perry Richardson, The Big Bopper, nació el 24 de octubre de 1930. Murió a los 28 años.

The Big Bopper-Best of the Big Bopper

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Alice Cooper: 4 de febrero de 1948

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Un día como hoy veía la luz Vincent Damon Furnier, más conocido como Alice Cooper.

Comparto un álbum tributo a uno de los máximos exponentes del shock rock.

Contiene:


1 Welcome to My Nightmare Randy Castillo / Ronnie James Dio 5:13
2 Dead Babies Iced Earth 5:42
3 School’s Out Bob Daisley / Marty Friedman / Dave Mustaine 4:00
4 Black Widow Tommy Aldridge / Bruce Dickinson / Derek Sherinian / Adrian Smith 4:49
5 Bed of Nails Children of Bodom3:58
6 Go to Hell Frankie Banali / Dee Snider / Zakk Wylde 4:37
7 Roses on White Lace Icarus Witch 4:25
8 Cold Ethyl Mick Mars / Vince Neil / Billy Sheehan4:04
9 Under My Wheels Carmine Appice / Phil Collen / Joe Elliot / Joe Elliott / Mike Inez / Bob Kulick 3:21
10 Elected Duff McKagan / Matt Sorum 4:00
11 No More Mr. Nice Guy Carmine Appice / Roger Daltrey / Mike Inez / Bob Kulick / Slash 3:41
12 Billion Dollar Babies  Philip Lewis / George Lynch / Stuart Namm / Derek Sherinian 3:59
13 Eighteen Gregg Bissonette / Tim Bogert / Don Dokken / John Norum 5:11
14 Only Women Bleed Paul Gilbert / Glenn Hughes / Bob Kulick 5:43

 

 

A destacar la versión de Welcome... a cargo de Ronnie James Dio.

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Patricia Highsmith: 20 años de su muerte

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El 4 de febrero de 1995, hace ya 20 años, murió la escritora Patricia Highsmith, la creadora de ese inolvidable personaje que es Tom Ripley, ese apocado don nadie que de repente se puede convertir en un asesino implacable y efectivo, para luego volver a su vida burguesa y al parecer perfecta, sin el más minímo remordimiento, por el contrario, siempre encuentra razones lógicas para justificar sus acciones.

En el pack que comparto se encuentra:

Ripley 01 - El Talento De Mr Ripley

Ripley 02 - La Mascara De Ripley

Ripley 03 - El Amigo Americano

Ripley 04 - Tras Los Pasos De Ripley

Ripley 05 - Ripley En Peligro

Extraños en un tren

Crímenes imaginarios

El grito de la lechuza.

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William Burroughs

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Un 5 de febrero de 1914, nació el escritor William Seward Burroughs.

Mi adicción a Burroughs empezó con El almuerzo desnudo, un chute que me dí por casualidad y que repito de vez en cuando, dejándome inocular por el virus desmedido del lenguaje, seguido por Expreso Nova, La máquina blanda, Marica y Yonqui; alimentado por los repasos que de vez en cuando le da el cine, Kiefer Sutherland en Beats, Viggo Mortessen en On the road, su aparición como un viejo yonqui en Drugstore cowboy, el desgarrador documental William S. Burroughs: A Man Within.

Comparto un paquete que contiene:

William S. Burroughs - Cartas del Yage

William S. Burroughs - El almuerzo desnudo

William S. Burroughs - El fantasma accidental

William S. Burroughs - Expreso Nova

William S. Burroughs - Marica

William S. Burroughs - Un espectador para el film biologico

William S. Burroughs - Yonqui

 

En la saga de La Torre Oscura de Stephen King, uno de los personajes se refiere a su hermano yonqui como "el  yonqui eminente" y, desde que lo leí, nunca he podido dejar de pensar en Burroughs como El Gran Yonqui Eminente.

 

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Atomic Rooster: 2 discos.

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Atomic Rooster fue una banda de hard, progresivo y yo diría que blues ácido de la decáda de los 70.

Lo que más me llama la atención de esta banda, es la pericia técnica de sus músicos, en especial, dada mi afinidad hacia los teclados, el impresionante trabajo de Vincent Crane, quien empezó tocando con The crazy world of Arthur Brown.

Comparto dos albumes:

Atomic Rooster de 1970, en el que destaco las canciones Friday the 13th y la impresionante Banstead, producto de la incursión de Crane en el hospital mental del mismo nombre.

 

In hearing of Atomic Rooster, del cual destaco Break the ice, Decision/Indecision y Black snake.

 

Todo un trip atómico.

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¿Cuándo empezó esta guerra?

NACIÓN | 2015/02/14 22:00


¿Cuándo empezó esta guerra?


El Gobierno pidió a intelectuales escribir sus tesis sobre la génesis de la guerra. SEMANA hace un análisis crítico para entender este informe.


¿Empezó esta guerra con La Violencia bipartidista?

Algunos como Alfredo Molano creen que sí. Otros, que esa fue una guerra civil muy diferente al conflicto actual.  ¿Empezó esta guerra con La Violencia bipartidista? Algunos como Alfredo Molano creen que sí. Otros, que esa fue una guerra civil muy diferente al conflicto actual.Tarde o temprano las guerras se acaban. Pero el debate sobre sus causas y consecuencias puede durar décadas. Setenta años después de terminada la II Guerra Mundial todavía hay controversia sobre si eran necesarios el bombardeo a Dresde, o la bomba de Hiroshima; o sobre el silencio de las mujeres violadas por los Aliados en un Berlín desolado y derrotado.
En Colombia se ha escrito mucho sobre La Violencia, y sobre el conflicto contemporáneo hay ya cientos de relatos escalofriantes y estudios serísimos. Hace dos años, por ejemplo, el Grupo de Memoria Histórica publicó el ¡Basta ya!, posiblemente el más exhaustivo informe sobre la degradación de la guerra en Colombia. Esta semana se conoció un nuevo documento elaborado por 12 reconocidos intelectuales del país que conforman la Comisión de Historia del Conflicto y sus Víctimas, cuyas reflexiones incidirán directamente en la Mesa de Conversaciones de La Habana.
Esta comisión nació luego de un intenso forcejeo entre las Farc y los delegados del gobierno en Cuba. Desde comienzos de 2013, la guerrilla había solicitado que se creara un mecanismo de esclarecimiento sobre las raíces del conflicto, pues consideraba que las versiones de la historia que circulan en libros y periódicos es injusta con ellos.
Luego de muchas rondas se acordó que esta comisión sería un grupo de apoyo para la discusión de los temas de víctimas y justicia, y que de ninguna manera tendría el alcance de una comisión de la verdad, dado que este tipo de mecanismo está pensado para el futuro, y debe incluir, obligatoriamente, la voz de las víctimas.
También se definió que la comisión recogería muchas visiones, sin pretender convertirlas en una historia oficial del conflicto. Se nombraron dos relatores de gran renombre para que hicieran la síntesis: Eduardo Pizarro, actual embajador en los Países Bajos; y el profesor Víctor Manuel Moncayo, exrector de la Universidad Nacional. Las visiones sobre el conflicto resultaron tan diferentes, que los relatores entregaron cada uno su propio resumen. No obstante hay puntos de coincidencia. 


La tierra sí es problema


Todos coinciden en que los conflictos agrarios que no se han resuelto están en el alma del conflicto. Las posiciones van desde la del reconocido investigador Darío Fajardo, quien dice que la estructura de gran propiedad agraria ha sido el telón de fondo de más de medio siglo de guerra, hasta la del escritor francés Daniel Pécaut que cree que los conflictos agrarios se han transformado en estos años, y que difieren según la región. A diferencia de lo que ha dicho el profesor británico James Robinson en recientes artículos en El Espectador, que han levantado polvareda entre la academia, la tierra resulta ser para los colombianos un tema crucial para la paz.
El segundo punto de coincidencia es el carácter político del conflicto y la guerrilla, aunque también hay matices. Mientras el sacerdote jesuita Javier Giraldo ve en la insurgencia la respuesta natural a un Estado opresor; el investigador Gustavo Duncan, autor de libros como Los Señores de la Guerra, encuentra que la guerrilla, si bien tiene un origen político, ha tenido mutaciones y se ha vinculado a empresas criminales como el narcotráfico y el secuestro.
El tercer punto común es que el narcotráfico tuvo una gran incidencia en la prolongación y degradación de la guerra. Algunos como el decano de Ciencia Política de la Universidad Eafit, Jorge Giraldo, pone mayor énfasis en la vinculación de las Farc con la economía cocalera mientras otros, como Jairo Estrada, ponen el acento en la macabra alianza de Estado y narcoparamilitares.
Un cuarto punto de coincidencia es que el posconflicto es clave, y que justamente el trabajo de estos intelectuales debe servir para iluminar la implementación de los acuerdos. Es decir, identificar las reformas que el país necesita.
¿Cómo diablos empezó todo?
Hay guerras en las que el principio es nítido. Un florero roto desató la guerra de Independencia, un tiro en Sarajevo marcó el inicio de la Gran Guerra, y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán desencadenó La Violencia. Pero en el conflicto actual no hay florero ni primer disparo. Por eso es tan difícil decir cuándo y dónde empezó. Las interpretaciones van desde quienes creen que la guerra surgió como consecuencia del sistema capitalista hasta quienes aseguran que no tiene una sola causa, sino muchas.
Según Moncayo, el orden capitalista engendra conflictos sociales que en el caso colombiano adquirieron la forma de la insurgencia. Dadas las injusticias causadas por el sistema, el surgimiento de las guerrillas era inevitable. Esta visión, según Eduardo Pizarro, puede llevar a un callejón sin salida. Si el capitalismo lleva por dentro la semilla de la guerra, entonces la paz requiere acabar con el sistema, y eso no está en discusión en La Habana.
Otro grupo de intelectuales plantea que hay “fallas geológicas” en el Estado colombiano: la debilidad institucional, la precaria y a veces traumática presencia del Estado en el territorio; la desigualdad social; el problema agrario; la cultura sectaria que se ha expresado en la adhesión partidista antes que a un proyecto de Nación; la combinación de armas y urnas; y la privatización de la seguridad y la justicia; pero que a ninguna de ellas se le puede atribuir una causa directa ni única del conflicto.
En pocas palabras, mientras para unos el problema es el sistema, y por eso se requiere una revolución para que haya paz verdadera, para otros el problema son las instituciones y, por tanto, los males del país se pueden atacar con reformas. Hay que aclarar que aunque hay diferencias sobre el origen de la guerra hay consenso en que debe terminarse. De hecho, muchos señalan que esta ha resultado inútil, pues ha agravado la desigualdad, la concentración de la tierra y la injusticia.


El año cero


Sobre el año cero del comienzo del conflicto tampoco hay acuerdo. Hay quienes dicen que nació en los años treinta, cuando la fiebre capitalista llegó al país, surgieron sindicatos y movimientos de izquierda, y se frustró la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo. Es en esa década, según el profesor Sergio de Zubiría, cuando se traza el boceto del país del siglo XX. Al otro extremo están quienes como Jorge Giraldo piensan que la guerra contemporánea es de los años ochenta, con la irrupción del narcotráfico. Y quienes están en una posición intermedia, que encuentran esta guerra como una continuidad de La Violencia, azuzada por la Guerra Fría y las exclusiones del Frente Nacional, como Alfredo Molano.
Estas especulaciones tan abstractas y filosóficas tienen relación directa con asuntos prácticos que debe resolver la Mesa de Conversaciones de La Habana. Por ejemplo, desde cuándo se debe reparar a las víctimas. La Ley de Víctimas tomó como año 1985 para reparaciones administrativas, y 1993 para restitución de tierras. Si se impone la idea de que el conflicto comenzó en los años treinta, habría que reparar a casi todo el país. Lo mismo ocurre con la justicia. Una cosa es juzgar los grandes crímenes de los ochenta para acá, o pensar que para que haya paz hay que resolver hasta el crimen de Jorge Eliécer Gaitán. Ese sería otro callejón sin salida. Y en términos de una futura Comisión de la Verdad, pensar que se puede reescribir la historia no de tres décadas sino de un siglo es llevar al fracaso ese esfuerzo antes de que nazca. Esas son las consecuencias terrenales de estas disertaciones que muchos califican a la ligera como caprichos de las Farc.


Revisando la historia


Una de las mayores controversias que hay en el informe es sobre el Frente Nacional. Mientras para algunos este fue un pacto de elites, excluyente, que al repartirse el poder entre dos partidos alimentó a las guerrillas, otro grupo de intelectuales ha empezado a ver ciertas virtudes escondidas en este periodo. Por un lado el éxito que tuvo en su tarea de pacificar al país, pues fue la época con menor tasa de homicidios; por otra parte los intentos de reformas agraria y educativa, que cambiaron al país la cara de parroquia que tenía y pusieron las bases de la modernización. Varios, sin embargo, coinciden en que este pacto tuvo efectos nefastos: el estado de sitio y el haber pasado de un país divido entre liberales y conservadores, a uno con la lógica anticomunista de la Guerra Fría. También, que a la coalición liberal-conservadora se le deben el clientelismo y la abstención.
Valga la pena decir que hay por lo menos dos ponencias que ponen el acento en cierto tipo de conspiración internacional. La de Renán Vega que culpa a Estados Unidos del nacimiento y prolongación del conflicto, y la de Vicente Torrijos que cree que el surgimiento de las guerrillas se debió a la expansión del comunismo internacional y la revolución cubana. Ambos tienen argumentos a su favor. Nadie puede negar que Colombia ha sido excesivamente apegada a las doctrinas de Estados Unidos, y tampoco se puede desconocer la influencia que tuvo la Guerra Fría en el conflicto. Pero ambas se quedan cortas para explicar por qué el conflicto siguió a pesar de que el comunismo se vino al piso, o en medio de un mundo globalizado, donde ya no existe una dependencia de un solo país.


La prolongación 


El narcotráfico es a todas voces el principal culpable de que esta guerra haya durado tantos años. Primero, porque el narco permeó la política y las instituciones, como lo demuestran el proceso 8.000 y la parapolítica, y debilitó su legitimidad. Segundo, porque acentuó la ausencia del Estado en zonas de disputa de grupos armados, o su presencia solo fue represiva, como ocurrió con el Plan Colombia. Tercero, porque con la plata de la cocaína se financiaron tanto guerrilla como paramilitares.
Este punto es crítico, pues aunque el tema de las drogas ya fue discutido y acordado en La Habana, su implementación no depende solo de la buena voluntad de las partes. Ni siquiera de que las Farc se alejen del negocio y de que el gobierno deje de fumigar. El narcotráfico es un crimen transnacional, en el que Colombia tiene un porcentaje significativo, experiencia, y aunque suene irónico, una tecnología apropiada en esta materia. Basta ver los semisumergibles que pululan en la costa Pacífica hechos de manera casera. Si este es el mayor motor de reciclaje de la violencia, el país tiene un serio problema para garantizar que el posconflicto funcione de verdad.
Pero no solo de coca vive la guerra. Para un grupo importante de estos analistas, el conflicto duró más allá incluso de la Guerra Fría, por las políticas neoliberales que se aplicaron en la década del noventa y que dejaron el campo a la deriva, lo cual incentivó que los más marginados del país se fueran a sembrar coca, y se lanzaran en brazos del crimen organizado para ganarse la vida. En todo caso queda claro que los campesinos pobres han sido la carne de cañón de todos los grupos, fueran de derecha o de izquierda. Algunos analistas destacan que la guerra les arrebató la ciudadanía, que han sido los mayores protagonistas de este conflicto.
El otro problema que todos señalan es la precariedad del Estado y las instituciones para garantizar el pluralismo, evitar exterminios como el que vivió la Unión Patriótica, hacer justicia, y garantizar una democracia en las regiones donde las instituciones y el Estado fueron capturados por los paramilitares.


¿Quién tuvo la culpa?


Más que señalar responsables, los académicos resaltan las terribles consecuencias de esta larga guerra. El número de víctimas es de magnitud bíblica: casi 7 millones de personas, en una cuenta que no deja de crecer, y que es una verdadera catástrofe.
La democracia sufrió también pérdidas enormes. Miles de líderes fueron asesinados y eso tiene un costo alto, y aún no calculado, para el país; y la combinación de armas y urnas se convirtió en un mal generalizado. La falta de confianza de la gente en el Estado y entre las propias comunidades ha hecho que muchos definan a la democracia colombiana como un orangután con sacoleva. Un país atrapado en una guerra inútil que, como señala Pécaut, no hizo más que perpetuar y profundizar la desigualdad.
Finalmente, la otra herencia con la que tendrá que lidiar Colombia en adelante es un crimen organizado que aprovecha la debilidad del Estado, y que ha ganado experiencia y conocimiento en todas las formas de violencia. Y que puede ser la semilla de la próxima guerra, si no se hacen bien las cosas.


¿Esto tiene arreglo?


Cuentan que el martes pasado, cuando cada uno de los 14 intelectuales expuso ante la Mesa de Conversaciones de La Habana sus tesis sobre el conflicto, varios de ellos hablaron emocionados sobre lo que ese evento les significaba. Para casi todos, el país está frente a la oportunidad de empezar a resolver los grandes problemas que han hecho tan doloroso este conflicto.
Tienen claro que la paz no se consigue con la dejación de armas por parte de la guerrilla. Más bien que el acuerdo de paz es una oportunidad para enderezar el rumbo del país. De atacar las ‘fallas geológicas’ sobre las que se ha cimentado el Estado.
Quizás es pedirle demasiado a un acuerdo de paz. Hasta podría ser un riesgo creer que el posconflicto puede subsanar los males acumulados de un país y casi un siglo. Pero que una mesa de negociaciones entre enemigos acérrimos, que se han matado por décadas, intente mirar el pasado de manera crítica y conjunta, debe servir para algo.
No será fácil. Si alguna lección deja esta Comisión, es que Colombia es un país tan fragmentado que ni siquiera existe acuerdo en algo tan básico como dónde comenzó esta guerra o quién fue responsable de cada atrocidad. El país tendrá que lidiar por años, quizás por siempre, con esa diversidad de opiniones que a veces llega a ser polarización y hasta sectarismo. Pero sin armas. De eso se trata el proceso de paz de La Habana.

 

http://www.semana.com/nacion/articulo/cuando-empezo-esta-guerra/417890-3

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El esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento

Entrevista al filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han


Entrevista realizada por Francesc Arroyo para el El País, 22/03/2014.


Byung-Chul Han, pensador coreano afincado en Berlín, es la nueva estrella de la filosofía alemana.La asfixiante competencia laboral, el exhibicionismo digital y la falaz demanda de transparencia política son los males contemporáneos que analiza en su obra.“El esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento. Uno se ve libre y se explota a sí mismo hasta el colapso”.“Mientras Grecia y España están en ‘shock’ por la crisis, se endurecen la competencia descarnada y los despidos”.No es extraño que Alemania, el país que ha producido mentes como las de Kant, Hegel, Nietzsche o Marx, tenga devoción por la filosofía, lo inusual es que la nueva revelación del pensamiento alemán —tronco inevitable del pensamiento occidental moderno— sea un autor oriental que cuando era un treintañero cambió Corea del Sur por Europa. Hoy los libros de ese autor, Byung-Chul Han, son prestigiosos superventas en un país que todavía discute apasionadamente a sus filósofos vivos, sean Jürgen Habermas, Peter Sloterdijk o Richard David Precht. Han ya es uno de ellos.
Byung-Chul Han nació en 1959 en Seúl y allí estudió metalurgia, pero pronto llegó a la conclusión de que con aquello no iba a ninguna parte. La carrera ni siquiera le interesaba. Decidió instalarse en Alemania y estudiar literatura, aunque acabó interesado en la filosofía. En 1994 se doctoró por la Universidad de Múnich con una tesis sobre Martin Heidegger y poco después se estrenó como profesor universitario tras haber obtenido la habilitación en Basilea. Actualmente enseña Filosofía en la Universidad de las Artes de Berlín después de ejercer en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe al lado de Sloterdijk, que no ha evitado polemizar con el que muchos consideran su sucesor en el trono simbólico de la filosofía germana.
En los últimos meses se han publicado en España dos libros de Han —La sociedad del cansancio y La sociedad de la transparencia—, en abril aparecerá un tercero —La agonía de Eros (en la editorial Herder, como los anteriores)— y varios más serán traducidos pronto. En ellos analiza los males del presente: el hombre contemporáneo, sostiene el filósofo, ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior; se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión. Es la consecuencia insana de rechazar la existencia del otro, de no asumir que el otro es la raíz de todas nuestras esperanzas. Más aún, solo el otro da pie al eros y es precisamente el eros el que genera el conocimiento.
La entrevista se celebra en el Café Liebling, situado en la berlinesa Raumerstrasse, en Prenzlauer Berg, un barrio que ha pasado en poco tiempo de bohemio a aposentado. Suena una música ambiental suave que los camareros no tienen problema en suavizar aún más para evitar interferencias en la grabación de la charla. Han es puntual a la cita. Se sienta y pide café. La primera pregunta es sobre la relación directa que él establece entre el eros y el pensamiento. Mira al entrevistador, se mira las manos, se mesa el cabello, calla. Al cabo de unos segundos empieza a hablar: “Creo que para responder a eso necesitaría antes pensar durante un par de semanas”. En apariencia deja el asunto de lado, aunque lo abordará al final de la entrevista. No tiene prisa. Se toma su tiempo. Para todo. “Cuando llegué a Alemania, ni siquiera conocía el nombre de Martin Heidegger”, cuenta. “Yo quería estudiar literatura alemana. De filosofía no sabía nada. Supe quiénes eran Husserl y Heidegger cuando llegué a Heidelberg. Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día”.
Cualquier cosa menos volver a la metalurgia que había dejado en Corea. “Al final de mis estudios me sentí como un idiota. Yo, en realidad, quería estudiar algo literario, pero en Corea ni podía cambiar de estudios ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme. Mentí a mis padres y me instalé en Alemania pese a que apenas podía expresarme en alemán”.
Inició un proceso de aprendizaje del idioma y de nuevas materias que le permitieran comprender los problemas que aquejan al hombre de hoy. Explicarlo es el objetivo de sus libros. A diferencia de lo que ocurría en tiempos pasados, cuando el mal procedía del exterior, ahora el mal está dentro del propio hombre, subraya Han: “La depresión es una enfermedad narcisista. El narcisismo te hace perder la distancia hacia el otro y ese narcisismo lleva a la depresión, comporta la pérdida del sentido del eros. Dejamos de percibir la mirada del otro. En uno de los últimos textos que he escrito insisto en que el mundo digital es también un camino hacia la depresión: en el mundo virtual el otro desaparece”. ¿Hay posibilidades de vencer ese estado depresivo? “La forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia”, sostiene. “Porque frente al enemigo exterior se pueden buscar anticuerpos, pero no cabe el uso de anticuerpos contra nosotros mismos”.
Para precisar lo que sugiere recurre a Jean Baudrillard: el enemigo exterior adoptó primero la forma de lobo, luego fue una rata, se convirtió más tarde en un escarabajo y acabó siendo un virus. Hoy, sin embargo, “la violencia, que es inmanente al sistema neoliberal, ya no destruye desde fuera del propio individuo. Lo hace desde dentro y provoca depresión o cáncer”. La interiorización del mal es consecuencia del sistema neoliberal que ha logrado algo muy importante: ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada. El hombre moderno es él mismo su propio explotador, lanzado solo a la búsqueda del éxito. Siendo así, ¿cómo hacer frente a los nuevos males? No es fácil, dice. “La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia”.
Retomando la idea hegeliana de la dialéctica del amo y del esclavo, Byung-Chul Han denuncia que “el esclavo de hoy es el que ha optado por el sometimiento”. Y lo ha hecho a cambio de un modo de vida escasamente interesante, “la mera vida, frente a la vida buena”, dice, casi pura supervivencia. A cambio de eso, el hombre cede su soberanía y su libertad. Pero lo más llamativo es que el propio amo ha renunciado también a la libertad al convertirse en explotador de sí mismo. Ha interiorizado la represión y se ve abocado al cansancio y la depresión. Pero el cansancio y la depresión no se pueden interpretar como alienación, en el sentido tradicional marxista. “Solo la coerción o la explotación llevan a la alienación en una relación laboral. En el neoliberalismo desaparece la coerción externa, la explotación ajena. En el neoliberalismo, trabajo significa realización personal u optimización personal. Uno se ve en libertad. Por lo tanto, no llega la alienación, sino el agotamiento. Uno se explota a sí mismo, hasta el colapso. En lugar de la alienación aparece una autoexplotación voluntaria. Por eso, la sociedad del cansancio como sociedad del rendimiento no se puede explicar con Marx. La sociedad que Marx critica, es la sociedad disciplinaria de la explotación ajena. Nosotros, en cambio, vivimos en una sociedad del rendimiento de autoexplotación”. El hombre se ha convertido en un animal laborans, “verdugo y víctima de sí mismo”, lanzado a un horizonte terrible: el fracaso.
Como todo buen romántico, Han encuentra la solución en el amor. Hay que negar el presente represivo y aceptar la existencia del otro y, de su mano, la posibilidad del amor. Un buen ejemplo es la película Melancolía, de Lars von Trier. En ella aparece Justine, un personaje deprimido “porque es incapaz de amar. La depresión aparece como una imposibilidad de amor. Pero Justine alcanza a salir de la depresión gracias a la aparición de un planeta que va a destruir la Tierra. Es la amenaza de esa catástrofe la que le permite curarse de la depresión porque la hace capaz de percibir la existencia del otro. Primero, el otro es el planeta y luego los demás. Y al salir de la depresión se siente capaz de amar, de recuperar el sentimiento del eros”. Y es que “el eros es la condición previa del pensamiento. Sin el deseo hacia un ser amado que es el otro, no hay posibilidad de filosofía”.
Hay una relación directa entre eros y logos que pasa por descubrir al otro. Sin eso no hay posibilidad de verdad. El eros tiene una relación vital con el pensar. El logos sin eros sería pensamiento puro. Así termina La agonía de Eros, recuerda: “El pensamiento en sentido enfático comienza bajo el impulso de eros. Es necesario haber sido amigo, amante para poder pensar. Sin eros, el pensamiento pierde la vitalidad y se hace represivo”. Ahí está el ejemplo de Alcibíades, que accede al conocimiento gracias a la seducción que Sócrates ejerce sobre él. “Siempre se había pensado que el eros estaba excluido, pero es condición para el pensamiento”, insiste. “Es el amigo el que introduce una relación vital que hace posible el pensar”. Por el contrario, “la falta de relación con el otro es la principal causa de la depresión. Esto se ve agudizado hoy en día por los medios digitales, las redes sociales”. La soledad, la incapacidad para percibir al otro, su desaparición.
No hay, sin embargo, que confundir la seducción con la compra. “Creo que no solo Grecia, también España, se encuentran en un estado de shock tras la crisis financiera. En Corea ocurrió lo mismo, tras la crisis de Asia. El régimen neoliberal instrumentaliza radicalmente este estado de shock. Y ahí viene el diablo, que se llama liberalismo o Fondo Monetario Internacional, y da dinero o crédito a cambio de almas humanas. Mientras uno se encuentra aún en estado de shock, se produce una neoliberalización más dura de la sociedad caracterizada por la flexibilización laboral, la competencia descarnada, la desregularización, los despidos”. Todo queda sometido al criterio de una supuesta eficiencia, al rendimiento. Y, al final, explica, “estamos todos agotados y deprimidos. Ahora la sociedad del cansancio de Corea del Sur se encuentra en un estadio final mortal”.
En realidad, el conjunto de la vida social se convierte en mercancía, en espectáculo. La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente “expuesta”, de “su valor de exposición” en el mercado. Y con ello “la sociedad expuesta se convierte también en pornográfica. La exposición hasta el exceso lo convierte todo en mercancía. Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato, como decía Baudrillard”. Y lo más grave: “La pornografía aniquila al eros y al propio sexo”. La transparencia exigida a todo es enemiga directa del placer que exige un cierto ocultamiento, al menos un tenue velo. La mercantilización es un proceso inherente al capitalismo que solo conoce un uso de la sexualidad: su valor de exposición como mercancía.
Lo propio ocurre en la exigencia de transparencia en la política: “La transparencia que se exige hoy en día de los políticos es cualquier cosa menos una demanda política. No se pide la transparencia para los procesos de decisión que no interesan al consumidor. El imperativo de transparencia sirve para descubrir a los políticos, para desenmascararlos o para escandalizar. La demanda de transparencia presupone la posición de un espectador escandalizado. No es la demanda de un ciudadano comprometido, sino de un espectador pasivo. La participación se realiza en forma de reclamaciones y quejas. La sociedad de la transparencia, poblada de espectadores y consumidores, es la base de una democracia del espectador”.
La exigencia de transparencia, acompañada del hecho de que el mundo es un mercado, hace que los políticos no acaben siendo valorados por lo que hacen, sino por el lugar que ocupan en la escena. “La pérdida de la esfera pública genera un vacío que acaba siendo ocupado por la intimidad y los aspectos de la vida privada”, afirma. “Hoy se oye a menudo que es la transparencia la que pone las bases de la confianza. En esta afirmación se esconde una contradicción. La confianza solo es posible en un estado entre conocimiento y no conocimiento. Confianza significa, aun sin saber, construir una relación positiva con el otro. La confianza hace que la acción sea posible a pesar de no saber. Si lo sé todo, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que el no saber ha sido eliminado. Donde rige la transparencia, no hay lugar para la confianza. En lugar de decir que la transparencia funda la confianza, habría que decir que la transparencia suprime la confianza. Solo se pide transparencia insistentemente en una sociedad en la que la confianza ya no existe como valor”. Un ejemplo de esta contradicción es el Partido Pirata que se presenta a sí mismo como el de la transparencia, lo que en realidad equivale a una propuesta de despolitización. “Se trata, en realidad, de un antipartido”, afirma Han.
Y se ha diluido también la “verdad”, porque en la sociedad de la transparencia lo que importa es la apariencia. Parte de su discurso recuerda el de los situacionistas franceses de los sesenta, que sostenía que la historia podía explicarse por el predominio de los verbos que explican las cosas. En la antigüedad, lo importante era el ser, pero el capitalismo impuso el tener. En la actual sociedad del espectáculo, sin embargo, domina la importancia del parecer, de la apariencia. Así lo resume Han: “Hoy el ser ya no tiene importancia alguna. Lo único que da valor al ser es el aparecer, el exhibirse. Ser ya no es importante si no eres capaz de exhibir lo que eres o lo que tienes. Ahí está el ejemplo de Facebook, para capturar la atención, para que se te reconozca un valor tienes que exhibirte, colocarte en un escaparate”. Y el mundo de la apariencia se nutre de las aportaciones de los medios de comunicación. Pero hay una gran diferencia entre el saber, que exige reflexión y hondura, y el conocer, que no aporta verdadero saber. “La acumulación de la información no es capaz de generar la verdad. Cuanta más información nos llega, más intrincado nos parece el mundo”.


http://redfilosofia.es/blog/2014/03/23/entrevista-al-filosofo-coreano-aleman-byung-chul-han/

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Soberanía alimentaria

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La alimentación es un derecho

El derecho a producir estará garantizado en la medida en que las poblaciones, ya sea que vivan en el campo o en parcelas cercanas a la ciudad, puedan ejercitar el derecho de definir sus propias políticas de agricultura y alimentación. Deben contar con los mecanismos que permitan el acceso a los recursos e insumos para la aplicación de técnicas agroecológicas en el manejo del suelo y del ecosistema agrícola, además de recibir apoyo para la gestión de riesgos climáticos y biológicos, el autoconsumo y la comercialización de sus productos.
Comer es un acto agrícola (frase atribuida al poeta y agricultor Wendell Berry y reivindicada por el movimiento Slow Food . El alimento saludable y de calidad proviene de la tierra sana, aquella que es cultivada con técnicas respetuosas del ambiente, tal como lo han hecho desde siempre los pueblos originarios y las poblaciones campesinas a través de sus saberes tradicionales. Una alimentación sana y de calidad es aquella que respeta y promueve la biodiversidad agroalimentaria y cultural.
En Paraguay, la vida de las poblaciones campesinas e indígenas se encuentra ancestralmente ligada a la tierra y al cultivo de sus alimentos. Cultivar y producir la tierra es un derecho de las personas y de los pueblos, y es responsabilidad del Estado generar las condiciones para ello. Contar con la tierra es la primera condición.
La sabiduría campesina e indígena ha tutelado continuamente la protección de la diversidad natural de alimentos a través del cuidado de las semillas nativas y de las variedades localmente bien adaptadas. Las semillas nativas y las variedades locales, cultivadas, cosechadas y guardadas para volver a ser sembradas, son los bienes naturales que hacen posible la permanencia del flujo de los alimentos que van de la tierra a la mesa.


Soberanía alimentaria


Es el derecho de las personas, las comunidades y los pueblos a acceder, consumir y producir alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesible, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo (Niemeyer y Scholz, 2008).
La soberanía alimentaria es el derecho de cada sociedad y sus comunidades a definir sus políticas agropecuarias en materia de alimentación. Esto quiere decir proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional y el mercado local de modo a alcanzar metas de desarrollo sustentable. Esto supone también decidir en qué medida se puede ser autosuficientes, o impedir que los mercados sean inundados por productos excedentes de otros países.
La soberanía alimentaria como requisito para la seguridad alimentaria, es construida a partir de la soberanía que logra la gente al producir sus propios alimentos y no tener que importar o traer de otros países. Es decir, conseguir producir los alimentos que necesitamos todos y todas quienes habitamos este territorio.
La soberanía alimentaria no niega el comercio internacional, sino defiende la opción de formular aquellas políticas y prácticas comerciales que mejor sirvan a los derechos de la población, a disponer de métodos y productos alimentarios inocuos, nutritivos y ecológicamente sustentables (Declaración sobre la Soberanía Alimentaria de los Pueblos, Vía Campesina y otros).


Seguridad alimentaria
La Seguridad Alimentaria se define, según la FAO, como el acceso físico y económico de todas las personas de una sociedad, a alimento suficiente, seguro y nutritivo, para satisfacer sus necesidades y sus preferencias, con el objeto de llevar una vida activa y sana.
Para que exista seguridad alimentaria se requiere disponibilidad de los alimentos, acceso, utililzación biológica y estabilidad.
Disponibilidad de los alimentos
Contar con alimentos variados y de calidad en cantidad suficiente, obtenidos a partir de la producción predial, adquiridos o proveídos, de acuerdo a preferencias y costumbres culturales. Son determinantes para la disponibilidad de los alimentos:
La estructura productiva (agropecuaria, agroindustrial).El volumen y la estabilidad de la producción alimentaria (producción de subsistencia y producción para el mercado).Los sistemas de comercialización y distribución internas y externas.Las importaciones de alimentos (importaciones comerciales y en condiciones favorables).Los factores productivos (tierra, agua, créditos, tecnología, recursos humanos).Las políticas de producción y comercio.La situación sociopolítica.La disponibilidad de existencias alimentarias (existencias en las fincas, comerciales y estatales).

Acceso
Significa que todas las personas puedan acceder permanentemente a alimentos, libres de contaminación, nutritivos, íntegros y culturalmente aceptados y valorados. Son factores que determinan el acceso:
El poder adquisitivo o el nivel de ingreso real de las personas que dependen completa o parcialmente del mercado para conseguir los alimentos, que a su vez dependen de los niveles de salarios, el empleo, los precios.A nivel nacional, el acceso a los alimentos depende de la disponibilidad de divisas para financiar las importaciones de alimentos en caso de que, debido a un déficit de producción existente, fuesen necesarias para completar los suministros nacionales.Utilización biológica
Las personas deben estar en condiciones adecuadas de salud a través de la alimentación, agua potable, sanidad y atención médica, para lograr un estado de bienestar nutricional en el que se satisfagan todas las necesidades fisiológicas. También implica el acceso a información, infraestructura, equipos y elementos que permitan la manipulación correcta de los alimentos para mantener o mejorar sus condiciones nutritivas asegurando la inocuidad de los mismos.
Elementos que determinan el buen aprovechamiento de los alimentos por parte del cuerpo:
La higiene y el saneamiento

La calidad del agua, las prácticas de cuidado de la salud

La calidad e inocuidad de los alimentos

 

Estabilidad
Implica tener acceso a alimentos adecuados en todo momento, sin riesgos en su obtención debido a crisis repentinas (por ejemplo, una crisis económica o climática) ni de acontecimientos cíclicos (tales como la inseguridad alimentaria estacional).
Conforme a los principios de la Soberanía Alimentaria, cada nación tiene el derecho a mantener y desarrollar su propia capacidad para producir sus alimentos básicos, a definir su propia política agraria, alimentaria y de tierras, respetando la diversidad cultural y productiva. Por eso la soberanía alimentaria es una condición previa para obtener seguridad alimentaria genuina.

 

http://www.soberaniaalimentaria.org.py/web/saberes/la-alimentacion-es-un-derecho/

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