Blogia
estabolsanoesunjuguete

Relatos

Una frìa llovizna ronroneò toda la tarde en el tejado, escurriènose por las paredes, las plantas, los objetos, las pocas ilusiones que quedaban, hasa arrastrar consigo los colores que desaguaron en un charco en el centro de la calle, al que orillò para abrevar un perrro vagabundo de costillares pronunciados.

Desde mi ventana atisbè las plantas y los postes sobre los que el perro orinaba, esperando verlos recupera su color. Despuès, como por envidia esperè ver al perro reventar, intoxicado de prismas diluviados...

Ahora ya no espero nada porque sè que nada ha de pasar...

***

En la marugada, antes de despertar, èl soñò con una suave piel que se le perdìa en la sombra.

Despertò con un poso de cenizas obstruyendo las arterias.

Una canciòn en la radio, pop antisèptico para quinceañeros, que hablaba de una mujer evanescente, moldeò la ceniza en gris desconsuelo.

Èl saliò a la calle a pasear su desconsuelo.

En la fila del cine los asesinos escondìan sus cuchillos, mientras los amantes eran acuchillados por el anhelo de la oscuridad de la sala.

En la pantalla, una imagen eterea supliò el espacio vacìo a su lado...

Èl volviò a la calle, conciente de que su alimeno eran las ficciones que el tiempo convertìa en pasado y en nostalgias.

Y sin una mirada que lo reflejara desapareciò en la tarde...

0 comentarios