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Para leer en la silla elèctrica

Poema de Oliverio Girondo

INVITACION AL VOMITO

Cúbrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre este purulento desborde de inocencia,
ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y de ayuno.
Cúbrete el rostro
y llora...
pero no te contengas.
Vomita.
¡Si!
Vomita,
ante esta paranoica. estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentóreo
y esta senil orgía de egoísmo prostático:
lacios coágulos de asco,
macerada impotencia,
rancios jugos de hastío,
trozos de amarga espera...
horas entrecortadas por relinchos de angustia.
OLIVERIO GIRONDO

Tomado de www.ar.geocities.com/stultifera/art.htm#crueldad

Poemas de Antonin Artaud

Poemas de Antonin Artaud

"No podemos vivir eternamente rodeados de muertos y de muerte.

Y si todavía quedan prejuicios hay que destruirlos.

EL DEBER

digo bien

EL DEBER

del escritor , del poeta, no es ir a encerrarse cobardemente en un texto, un libro,

una revista de los que ya nunca saldrá, sino al contrario salir afuera

para sacudir

para atacar

al espíritu publico

si no

¿para qué sirve?

¿y para qué nació?


Soy yo

el Hombre

quien será el Juez

a fin de cuentas

es a mí

al que todos los elementos

del cuerpo y de las cosas

vendrán a referirse

es el estado de mi

cuerpo quien hará

el Juicio Final


Tomado de www.ar.geocities.com/stultifera/art.htm#crueldad

Poema de Antonin Artaud

Junto a mí, el dios-perro
Por Antonin Artaud
(Traducción: Miguel Frontán)

Junto a mí, el dios-perro, y su lengua
atravesando como una flecha la costra
del doble cráneo abovedado
de la tierra que lo escuece.

He aquí el triángulo de agua
caminando con su paso de chinche,
pero que bajo la chinche ardiente
se da vuelta como un cuchillo.

Bajo los senos de la tierra odiosa
la perra-dios se ha retirado,
senos de tierra y de agua helada
que hacen pudrir su lengua hueca.

He aquí la virgen-del-martillo,
para moler los sótanos de tierra
cuyo horrible nivel el cráneo
del perro estelar siente subir.

Tomado de www.lamaquinadeltiempo.com

Poema de Andrè Breton

LO ESCRITO SE LO LLEVA EL VIENTO

El raso de las páginas de los libros que se hojean modela una mujer tan hermosa
Que cuando no se lee se contempla esa mujer con tristeza
Sin osar hablarle sin osar decirle que es tan hermosa
Que cuando uno está por saber no tiene precio
Esa mujer pasa imperceptiblemente entre un murmullo de flores
A veces se da vuelta en las temporadas impresas
Para preguntar la hora o mejor quizás finge contemplar atentamente las joyas
De un modo insólito en criaturas humanas
Y el mundo muere una ruptura se produce en los anillos de aire
Una herida a nivel corazón
Los diarios matutinos traen cantantes cuyas voces tienen el color de la arena en orillas tiernas y peligrosas
Y a veces los vespertinos dejan paso libre a cumplidas muchachitas que conducen fieras encadenadas
Pero lo mejor está en el intervalo de ciertas letras
Donde manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía
Saquean un nido de golondrinas blancas
A fin de que llueva para siempre
Tan bajo tan bajo que las alas no puedan entremezclarse
Manos por las que se asciende hasta brazos tan leves que el vapor de los prados en sus graciosas volutas sobre las charcas es un espejo imperfecto
Brazos que sólo se articulan al peligro excepcional de un cuerpo creado para el amor
Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de las zarzas llenas de velos
Y que sólo tiene de terrestre la inmensa verdad de hielo de los trineos de miradas sobre la extensión absolutamente blanca
De lo que no veré nunca más
A causa de una venda maravillosa
Que es la que utilizo al jugar al gallo ciego de las heridas.
tomado de www.geocities.com/versoados/webpoemas//andre_breton.htm

Poemas de Andrè Breton

DE "EL AIRE DEL AGUA" 1934

Tus miembros van desplegando a tu alrededor unas sábanas         verdes
Y el mundo exterior
Hecho de puntos
No funciona ya las praderas han desteñido los días los campanarios               se reúnen
Y el Puzzle social
Entregó su última combinación
Todavía esta mañana esas sábanas fueron apartadas hicieron vela              contigo de un lecho prismático
En el castillo revuelto del sauce de ojos de lama
Para el cual con la cabeza abajo
Partí en otro tiempo
Sábanas almendra de mi vida
Cuando te vas el cobre de Venus
Inerva la hoja resbaladiza y sin bordes
Tu gran ala líquida
Se agita entre el canto de las vidrieras

Versión de Manuel Álvarez Ortega

DAME JOYAS AHOGADAS

Dame joyas de ahogadas
Dos pesebres
Una cola de caballo y una manía de modista
Después perdóname
No tengo tiempo de respirar
Soy un destino
La construcción solar me ha retenido hasta ahora
Y ahora sólo tengo que dejarme morir
Pide el baremo
Al trote con el puño cerrado sobre mi cabeza que suena
Un fanal en donde se abre una mirada amarilla
También se abre el sentimiento
Pero las princesas se agarran al aire puro
Tengo necesidad de orgullo
Y de algunas gotas comunes
Para calentar la marmita de las flores enmohecidas
Al pie de la escalera
Divino pensamiento en el cristal estrellado del cielo azul
La expresión de las bañistas es la muerte del lobo
Tenme por amiga
La amiga de los hogueras y los hurones
Te mira en dos veces
Lee tus penas
Mi remo de palisandro hace cantar tus cabellos...

Tomado de  www.amediavoz.com


 


 

El monstruo bicèfalo

El presente es el discurso de inauguración del Primer Congreso de Escritores

Colombianos, pronunciado el 30 de septiembre de 1998 en el auditorio de Comfama,

en Medellín, ante el vicepresidente de la república, Gustavo Bell.
 


Señor vicepresidente, señora directora de Comfama, amigos escritores:
Que cada quien hable por sí mismo, en nombre propio, y diga lo que tenga que decir

que el hombre nace solo y se muere solo y para eso estamos en Colombia donde por

lo menos, en medio de este desastre, somos libres de irnos y volver cuando

queramos, y de decir y escribir y opinar lo que queramos, así después nos maten. ¡Y

qué importa! Una libertad de semejante magnitud no tiene precio. En uso de esa

libertad espléndida que me confiere Colombia, que a nadie calla, me dirijo a ustedes

esta noche aprovechando que todavía estoy vivo. ¡Y que se callen los muertos! Con

eso de que cualquier vida humana aquí no vale más que unos cuantos pesos, los que

cuesta un sicario... ¡Y adivinen quién lo contrató! Esa es la ventaja de vivir en

Colombia, de morir en Colombia, que uno se va tranquilo sin saber de dónde vino la

bala, si de la derecha o de la izquierda, y así, ignorante el difuntico del causante de su

muerte, sin resentimientos ni rencores, se queda por los siglos de los siglos en la

infinita eternidad de Dios.
Pero una cosa por lo menos para mí sí está muy clara, pese a lo turbias que parecen

que están aquí las aguas: que hoy por hoy el signo de Colombia es la impunidad, que

se le viene a sumar al de la infamia. ¿Cuál infamia? La de siempre, la ignominada, la

que todos padecemos pero que nadie señala como si nadie la viera porque fuera

invisible, y la que nadie nombra como si no tuviera nombre. Y sin embargo sí lo tiene y

sí se ve. Es cuestión de querer nombrarla y verla. Es de ella de la que voy a hablar

aquí, y para empezar les diré que tiene la duración de nuestra historia, la historia de

Colombia.
Ya va para doscientos años que nació esto, un día en que se quebró un florero. ¿Lo

quebraron los criollos? ¿Lo quebraron los peninsulares? Unos y otros lo quebraron

puesto que eran unos mismos: tinterillos de corazón en busca de puesto. Acto

seguido les declaramos la guerra de independencia y se la ganamos. ¿Pero

independencia de qué? ¿De quién? ¿Por qué? ¿De España? España era eso: los

tinterillos, las estampillas, el papel sellado. Pues los tinterillos con sus estampillas y su

papel sellado han pesado desde entonces sobre nosotros y se han parrandeado

nuestro destino. Nosotros lo hemos permitido, nosotros les hemos dejado hacer, la

culpa es nuestra.

¡Cuánta tinta no ha corrido por este país en esos doscientos años en constituciones y

plebiscitos, en ordenanzas y decretos y leyes! Casi tanta como sangre. ¿Y para qué?

¿Para estar en donde estamos? Me salto las guerras civiles para llegar de carrera al

presente. Me salto las muchas del siglo pasado y la de comienzos de éste, pero no la

de mediados de éste porque de esa a mí me tocó saber de niño, la guerra no

declarada en el campo entre conservadores y liberales, la del machete; un machete

de doble filo, por un lado conservador y por el otro liberal, pero solo y único, cortador

de cabezas. ¿Y cuándo va a llegar la hora en que las palabras «conservador» y

«liberal» se entiendan aquí como lo que son, los nombres de la infamia? ¿Habrá que

esperar a los historiadores del año tres mil para que la etiqueta de la infamia se la

pongan ellos a quienes se la ganaron? ¿O seremos capaces de ponérsela de una vez

nosotros? Y para que no digan que soy un calumniador y que les estoy poniendo a

quienes no debo los calificativos que no debo, y que en un congreso de escritores, y

justamente el primero que se celebra en Colombia, estoy usando mal las palabras, les

voy a recordar unos nombres: El Dovio, Fresno, Irra, Salento, Armero, La Línea,

Letras, Icononzo, Supía, Anserma, Cajamarca, El Águila, Falan. El genocidio de El

Dovio, el genocidio de Fresno, el genocidio de Irra, el genocidio de Salento, el

genocidio de Armero, el genocidio de La Línea, el genocidio de Letras, el genocidio de

Icononzo, el genocidio de Supía, el genocidio de Anserma, el genocidio de Cajamarca,

el genocidio de El Águila, el genocidio de Falan, ¿qué? ¿Nunca ocurrieron?

Centenares de campesinos decapitados, extendidos en fila por el suelo con las

cabezas asignadas por manos caritativas a los cuerpos a la buena de Dios. ¡Qué!

¿Colombia ya los olvidó? ¿Es que con tanto muerto le entró el mal de la desmemoria y

se le borró la historia? A mí no. Pues esos genocidios se cometieron en nombre de los

principios irrenunciables del gran partido conservador o de los principios irrenunciables

del gran partido liberal, según fuera la filiación de los asesinos y del pueblo de los

muertos. Poquito después los dos partidos se pusieron de acuerdo, crearon el Frente

Nacional y se repartieron los puestos. ¿Y los muertos qué? ¿Y los principios qué? ¿No

dizque eran irrenunciables? Si eso no es infamia, entonces yo no sé qué quieren decir

aquí las palabras.
Y sin embargo seguimos eligiendo para los puestos públicos a quienes se siguen

llamando, o se dejan llamar cuando les conviene, conservadores o liberales. O son o

no son. Si no son, díganlo y renieguen del nombre. Pero si lo son, carguen con la

responsabilidad de lo que es hoy Colombia y con la etiqueta que se merecen de

infames.
Todo lo regularon, todo lo legislaron, todo lo gravaron. No se movía aquí una hoja de

árbol sin que pagara un impuesto o la controlara una ley. Hubo aquí un impuesto de

ausentismo para los colombianos que vivíamos afuera, y un impuesto de soltería para

los que no teníamos hijos. ¿Ausentismo el de los millones de colombianos que

vivíamos en los Estados Unidos, en México, en Venezuela, regados por el mundo,

donde fuera, porque aquí nos cerraron todas las puertas? ¿Y soltería donde la gente

se reproduce como animales y ya no cabemos? Los animales los matamos, los

bosques los tumbamos, los ríos los secamos, y los que aún corren los volvimos

cloacas. Cuando yo me fui, hace años, muchos años, me llevé en la memoria al

Cauca, el río de mi niñez. Se fue conmigo ese río caudaloso, torrentoso, sonándome

en el corazón sus queridas aguas. Un día, en uno de mis regresos, lo volví a ver: era

una quebrada sucia.
Yo no soy vocero de nadie ni hablo por nadie, pero en estos instantes siento como si

hablara a nombre de esos millones que se fueron de Colombia sin querer, porque yo

también me fui, porque yo soy uno de ellos. Yo nunca me he querido ir. Yo no tengo

más patria que ésta. ¡Impuesto de ausentismo como si la ausencia forzada fuera una

traición!


¡E impuesto de soltería como si casarse para imponer la vida fuera una obligación!

¿No será al revés, crimen lo que creen mérito? Quitar la vida incluso, lo cual va contra

el quinto mandamiento, es un delito menor. Imponer la vida es el crimen máximo, así

para ese no haya mandamiento que lo prohíba. Aquí todo el mundo se rasga las

vestiduras por los treinta mil asesinados de Colombia al año con los que nos hemos

convertido, y desde hace mucho, en el país más asesino de la tierra. ¿Y quién levanta

su voz por los quinientos mil o un millón de niños que sin haberlo pedido nacen en el

país cada año? ¿La Iglesia? ¿La Iglesia que es la que los va a sostener? La Iglesia no

sostiene a nadie, ella está para que la sostengan. ¿Y dónde van a vivir? ¿Y qué van a

comer? Vivirán en las comunas de Medellín que son una delicia, y comerán maná del

cielo que les lloverá la Divina Providencia.
Ni el partido conservador ni el partido liberal ni la Iglesia, que aquí son los dueños de la

voz, han hablado nunca por ellos. Por eso de los dos millones que éramos al

comenzar este siglo ya somos cuarenta y no nos toleramos porque no cabemos.
Pero estábamos en la proliferación de impuestos. ¡Cómo así que un impuesto de

guerra! ¿No se ha venido pues gastando siempre el Ejército una parte enorme del

presupuesto nacional? ¿Todo ese dinero qué se hace, qué se hizo, a qué saco roto ha

ido a dar? Como el impuesto de guerra lo que nos resultó fue el impuesto de la

derrota, ahora estrenamos gobierno con el impuesto de la paz. ¿La paz un impuesto?

O sea, como quien dice, que aquí pagamos porque estamos vivos y pagamos porque

estamos muertos. Un Estado que no es capaz de protegerle la vida a nadie no tiene

derecho a cobrar impuestos. Ni de paz ni de guerra ni de nada. Eso es una

inmoralidad.
Poniendo una tras otra las leyes y constituciones que aquí se han expedido desde el

Congreso «admirable», le podemos dar la vuelta a esta galaxia. La más reciente

Constitución le cambió el nombre a la capital y se lo volvió al del comienzo, Santafé de

Bogotá, que era el que tenía hace ciento ochenta años, cuando lo del florero. Así que

aquí avanzamos retrocediendo como el cangrejo. No faltará otro presidente genial que

convoque otro Congreso admirable que nos expida otra Constitución admirable que le

vuelva a cambiar el nombre a esa ciudad por el que tenía cuando nacimos, el de la

simple Bogotá. Ya dirán que es lo más conveniente para el correo. Sigan brillando,

genios nuestros de la administración y de las leyes, que mientras más brillen ustedes

nosotros más nos apagamos.
¡Y el actual Congreso! No éste de esta noche de esta sala sino el otro, el honorable. El

espectáculo que nos ha venido dando durante estos últimos años el honorable, ¿no

les hace pensar a ustedes, amigos escritores, que estamos usando muy mal el

idioma? Yo tenía entendido que «honorable» significaba «gente de bien» y no lo

contrario. Entonces una de dos: o la palabra «honorable» pasa en adelante a designar

lo opuesto a lo que designaba cuando yo nací y así se lo notificaremos a la Real

Academia Española de la Lengua para que tome nota, o se la quitamos al Congreso

de Colombia. Yo le propongo a este Primer Congreso de Escritores Colombianos aquí

reunidos que al Honorable Congreso de la República de Colombia le quitemos el

«honorable»: primero para aligerarlos de arandelas; y segundo para que tratemos de

salvar aunque sea, en medio de esta catástrofe, el idioma, de suerte que si nos vamos

a seguir matando por lo menos nos entendamos y nos podamos decir por qué.
En la confusión los linderos de las palabras se nos han borrado y ya estamos en plena

torre de Babel. Ya no sabemos dónde está la decencia y dónde la delincuencia. Ya no

distinguimos a la víctima del victimario. Se nos enloqueció la semántica.
La brecha inmensa que se ha abierto entre los colombianos en estos dos siglos que

van corridos desde el florero no es entre ricos y pobres como dicen muchos. Pobres

siempre ha habido y siempre habrá, y mientras más se reproduzcan más. La brecha,

la brecha injusta, la brecha inmensa es entre gobernantes y gobernados, entre

funcionarios y ciudadanos. Aquí no hay servidores públicos. Esos son cuentos. Lo que

hay es aprovechadores públicos que se reparten y parrandean los puestos. Se los

pasan de padres a hijos, de amigos a amigos, de compinches a hermanos: las

alcaldías, las gobernaciones, los ministerios, la presidencia. Ellos son los que dicen,

ellos son los que hablan, ellos son los que ges-ticulan; nosotros los que los oímos y

los vemos y los padecemos. Ellos son los protagonistas de la Historia; nosotros los

comparsas de su gloria. En ellos están puestos los reflectores; nosotros estamos en

la sombra. Ellos son los que suben; nosotros los que bajamos. Ellos son los que

cobran; nosotros los que pagamos, los que pagamos los impuestos y los platos rotos

de su fiesta. Dueños ellos y señores de las primeras planas, nosotros saldremos en la

página roja. Ellos van, vienen, funcionan, y mientras más van y vienen y funcionan, con

sus patas enormes de elefante ciego más nos atropellan. Nosotros somos los

servidores y ellos son los señores. Ellos trocaron los papeles. La sirvienta se nos

convirtió en la dueña de la casa.
Todos los caminos nos los bloquearon, todas las puertas nos las cerraron, en todo se

metieron y lo que estaba bien lo dañaron y lo que estaba mal lo empeoraron. Para

nada sirven pero en todo están: en la salud, en la economía, en el transporte, en la

educación. Hasta convocan congresos de escritores y nos ceden un ratico la palabra.

Muchas gracias y aprovechemos y sigamos que el tiempo se nos va a acabar.
Y ya piensan gravar a la industria editorial. La van a quebrar. También la van a quebrar.

¿Y quién nos va a editar los libros?
Siempre se las arreglan para conciliar los contrarios. Y así son pero no son y están

pero no están; quitan para poner y ponen para quitar. Hoy crean un ministerio de

cultura, mañana lo quieren quitar, pasado mañana volverlo a poner. Políticos de

Colombia, o sea burócratas, camarillas del partido conservador y liberal: No más

trabas, no más leyes, no más cambios, no más impuestos. No declaren más en los

noticieros. Desaparezcan, bórrense, ¡déjennos respirar!
Al monstruo bicéfalo liberal-conservador últimamente le salieron otras cabezas: la

guerrilla, los paramilitares y el narcotráfico. Y así tenemos hoy pesando sobre

Colombia a la hidra de cinco cabezas. Si bien las viejas produjeron a las nuevas y

hacen parte de un solo animal, las cabezas no se hablan ni se ven ni se quieren

reconocer. Temen verse en el espejo. Aunque a ratos cambian de opinión y sí se

miran y se ven y se reconocen y arman híbridos de cabezas. Entonces nos nacen el

Frente Nacional y la narcoguerrilla. En estos días dos de las cabezas resolvieron

hablarse y reconocerse y andan en diálogos de paz. Por eso el impuesto de la paz.
¿Y el de la guerra entonces qué? ¿Contra quién era la guerra? ¡Era una guerra entre

cabezas! ¡Y yo que de malpensado en México pensé que era contra Venezuela!
Para ser equitativo con las cabezas pero sin abusar más de su paciencia, les voy a

leer una última paginita.
Aquí, en esta tierra mía de Antioquia, en las montañas del municipio de Envigado, el

capo de los capos, difunto ya y cuyo nombre todos conocemos, al viceministro de no

sé qué de un presidentico reciente y genial (el que con estas avenidas tan amplias que

él nos construyó abrió la importación de carros y nos embotelló a Colombia), lo tomó

preso y lo arrodilló en su catedral y lo puso a oír misa. Yo estaba aquí y vi el show por

televisión, muerto de risa y de vergüenza. Al Estado colombiano mi paisano capo

cuando quiso lo compró y cuando quiso lo humilló y cuando quiso lo mató. ¡Descanse

en paz el pobre, gran contratador de sicarios!
En fin, los bandoleros, que por cuestiones de semántica hoy se llaman guerrilleros.

¡Cuánto petróleo no han regado, cuánta sangre no han derramado! ¡Cuánto boleteado,

cuánto desplazado, cuánto secuestrado, cuánto asesinado por ellos! Con sus

chantajes, con sus cultivos de coca, con sus secuestros, ya tienen dizque de todo:

armas modernas, cuentas en Suiza, sofisticados equipos de comunicación. Yo no sé,

no los conozco. A mí todavía no me han secuestrado, para quitarme estas regalías

enormes que me pagan en Planeta y Alfaguara. Pero lo que sí sé es que también

tienen, tienen, tienen «ideólogos». Como el partido comunista de Cuba, vaya, o como

tenían antaño aquí el partido liberal y el conservador. ¿Y quiénes serán, qué harán

estos señores «ideólogos» del E Ele Ene y de las Farc? Ah yo no sé, no sé qué harán.

Serán los que idean los chantajes, los secuestros, y qué tramo del oleoducto hay que

volar o a qué sicario hay que contratar para que mate a fulanito de tal. ¿Y habrá

posibilidad de negociar con estos «ideólogos», o será pura ilusión, espejismo? ¡No,

qué va! Sí se puede negociar, por supuesto. ¿Y cómo? Denles puestos. Repártanse

con ellos los puestos, según la fórmula ya probada y requeteprobada del Frente

Nacional. Por sus «ideologías», sus convicciones, no se preocupen, que son tan

sólidas e inconmovibles como los principios del gran partido conservador y liberal.
Pero dejemos esto que ya parezco Torquemada y éste es un Congreso de Escritores,

y no la quema de brujas de la Santa Inquisición. Amigos escritores: Colombia para la

literatura es un país fantástico, no hay otro igual. En medio de su dolor y su tragedia

Colombia es alucinante, deslumbrante, única. Por ello existo, por ella soy escritor.

Porque Colombia con sus ambiciones, con sus ilusiones, con sus sueños, con sus

locuras, con sus desmesuras me encendió el alma y me empujó a escribir. Ella

prendió en mí la chispa, y cuando me fui, la chispa se vino conmigo encendida y me

ha acompañado a todas partes, adonde he ido. Por eso yo no necesito inventar

pueblos ficticios, y así pongo siempre en todo lo que escribo, siempre, siempre,

siempre: «Bogotá», «Colombia», «Medellín». ¡Cómo no la voy a querer si por ella yo

soy yo y no un coco vacío! ¡Qué aburrición nacer en Suiza! ¡Qué bueno que nací aquí!

Tomado de www.revistanumero.com/20bicefa.htm

 

Diversas voces

Diversas voces nos llegan desde adentro

Ocultas manos revuelven el cordaje del alma

Nuestros ayeres y clamores

acordes de una extraña mùsica que no entendemos.

Romulo Bustos Aguirre.

Oraciòn del impuro. Colecciòn de poesìa Universidad Nacional de Colombia, Bogotà 2004.

Insomnia

En su cuarto de hotel, el viejo sin poder dormir se ponìa a contar, a contar, a contar, lo que fuera: ovejas en su rebaño, soldados en un cuartel y cardenales en el cònclave:

-Un hijueputa, dos hijueputas, tres hijueputas...

Fernando Vallejo.

Ìcaro dudoso

Tal vez

llevamos alas a la espalda

Y no sabemos

Romulo Bustos Aguirre.

Oraciòn del impuro. Colecciòn de poesìa Universidad Nacional de Colombia, Bogotà 2004.

To live is to die

Vivo de verdad no està nadie, esas son ilusiones de los tontos. Dìa con dìa nos estamos muriendo todos de a poquito. Vivir es morirse. Y morirse, en mi modesta opiniòn, no es màs que acabarse de  morir.

Fernando Vallejo.

¡Desocupen!

Todos nos tenemos que morir, queramos o no queramos, gùstenos o no. ¡O què! ¿Piensan seguir viviendo indefinidamente año tras año? ¡No, si no se puede! Hay que dejar campo para los demàs, desocupen. Ràpido, ràpido, ràpido que esto se acabò.

Fernando Vallejo

El mercader de palabras

Viviste de ella

No le pagaste su valìa en lo que valìa

La vida te llevaba hacia otras cosas

 

Distraìdo te olvidaste de la Inspiradora

y ella se alejò de tì

No le ofrecìas un altar de sus merecimientos

Terrible enemistad:

Su cara adusta seca la boca

Estrangula el sentimiento

Sus gestos desolados nublan el alma

 

Ahora quisieras    Oh querido

no haberla herido tanto

 

Raùl Gòmez Jattin

Amanecer en el valle del Sinù.

Ediciones Fondo de Cultura Econòmica, Bogotà, 2004.

Lamento por un poeta malogrado

Lamento por un poeta malogrado

No sobrevolò lo cotidiano

Enredado con la vida de los otros

marchitò una vocaciòn de alta poesìa

Què dios extraño es tu consejero bravo guerrero

que te hizo despreciar un destino elevado

Tremendo fracaso de la imaginaciòn

es tu leyenda terrenal

¡Ay pobre corazòn de alas doradas!

Una escarcha de ceniza vengativa

cubre tu palidez de hèroe

que ha vivido demasiado

y que no tiene traidor que lo asesine.

 

Raùl Gòmez Jattin.

Amanecer en el valle del Sinù.

Ediciones Fondo de Cultura Econòmica, Bogotà, 2004.

Poema de Jim Morrison

 
La celebración del lagarto
Leones en la calle, vagabundos 
Perros en celo, rabiosos, espumeantes
Una bestia enjaulada en el corazón de una ciudad
El cuerpo de su madre
se pudre en el suelo veraniego. 
Abandonó el pueblo. 
Se fue al sur y cruzó la frontera 
Dejó el caos y el desorden
atrás, sobre su hombro. 
Una noche se levantó en un hotel verde 
con una extraña criatura gimiendo a su lado
El sudor rezumaba de su brillante piel. 
¿Están todos adentro? 
La ceremonia está a punto de comenzar. 
¡Despierta! 
No puedes recordar dónde fue. 
¿Se había detenido este sueño? 
La serpiente era de oro pálido, 
de vidrio y encogida. 
Tuvimos miedo de tocarla. 
Las sábanas eran calientes prisiones muertas. 
Y ella estaba junto a mí, 
Vieja, no es ella... joven, 
Su cabello rojo oscuro. 
Su suave piel blanca. 
Ahora corre al espejo del baño. 
¡Mira¡ 
Está entrando. 
No puedo vivir a lo largo de cada lento siglo de su movimiento. 
Dejo que mi mejilla se deslice 
por el suave mosaico frío. 
Siento la picante sangre fría. 
El suave silbido de las serpientes de la lluvia... 
Una vez tuve un jueguito 
Me gustaba agazaparme atrás de mi cerebro 
Creo que sabes el juego al que me refiero 
Me refiero al juego que se llama "volverse loco".
Ahora tú deberías intentar este jueguito 
Sólo cierra los ojos, olvida tu nombre 
Olvida el mundo, olvida a la gente 
Y erigiremos un campanario diferente
Es divertido este jueguito 
Sólo cierra los ojos, no hay forma de perder. 
Ya estoy aquí, ahí voy también. 
Relájate, estamos llegando... 
A lo más profundo del cerebro, 
dándole vueltas a mi dolor, 
a donde no hay lluvia. 
Y la lluvia cae suavemente sobre el pueblo 
y sobre las cabezas de todos nosotros 
y en el laberinto de arroyos 
entre la callada presencia sobrenatural de 
nerviosos moradores de las gentiles colinas de los alrededores. 
Abundantes reptiles, 
fósiles, cavernas, cumbres de aire frío. 
Cada casa repite un molde 
Las persianas bajadas 
La carreta encerrada contra la mañana 
Todos duermen ahora 
Alfombras calladas, espejos vacíos 
Polvo ciego bajo los lechos de parejas casadas 
envueltas en sábanas 
e hijas, manchadas 
con ojos de semen en sus pezones. 
¡Esperen! 
Aquí ha habido una matanza. 
No te detengas a hablar o curiosear. 
Tus guantes y abanico están en el suelo. 
Nos vamos de la ciudad. 
Estamos en fuga 
y tú eres el único que quiero que venga. 
No toques la tierra 
No veas el sol 
No hay nada que hacer más que 
correr, correr, correr. 
Corramos. 
La casa en la colina 
La luna reposa tranquila 
las sombras de los árboles 
atestiguan la brisa salvaje. 
Ven, nena, corre conmigo. 
Corramos. 
Corre conmigo 
Corre conmigo 
Corre conmigo 
Corramos. 
La mansión es cálida, en la cima de la colina 
Costosas son las habitaciones y las atenciones ahí 
Rojos son los brazos de sillas lujuriosas 
y no sabrás nada hasta que entres
El cadáver del presidente en el carro del chofer 
El motor arranca con pegamento y alquitrán 
Vamos, no vamos muy lejos 
al Oriente a conocer al Zar. 
Corre conmigo 
Corre conmigo 
Corre conmigo 
Corramos. 
Algunos forajidos viven a un lado del lago 
La hija del ministro está enamorada de la serpiente 
que vive en un pozo al costado del camino. 
Levántate, chica, casi llegamos a casa. 
Sol, sol, sol, 
Arde, arde, arde 
Pronto, pronto, pronto 
Luna, luna, luna 
Te alcanzaré 
¡Pronto! 
¡Pronto! 
¡Pronto! 
Soy el Rey Lagarto
Puedo hacer lo que quiera. 
Venimos de 
los ríos y autopistas 
Venimos de 
bosques y cascadas. 
Venimos de 
Carson y Springfield
Venimos 
encantados de Phoenix 
y te puedo decir 
los nombres del reino 
Te puedo decir 
las cosas que sabes 
escuchando un puñado de silencio 
escalando valles en la oscuridad. 
Por siete años habité 
en el disoluto palacio del exilio 
jugando extraños juegos 
con las chicas de la isla. 
Ahora he regresado de nuevo 
a la tierra de los justos y los fuertes y los sabios. 
Hermanos y hermanas del pálido bosque. 
Oh, hijos de la noche 
¿Quién de ustedes se unirá a la cacería? 
Ahora la noche llega con su legión púrpura 
Retírense a sus aposentos y a sus sueños. 
Mañana llegaremos a mi pueblo natal. 
Quiero estar listo.
 
 
Jim Morrison    
Tomado de  el templo de anibal y daya en www.angelfire.com/in3tekarimo/dream/poema4.htm                         

Poemas de Alfredo Pèrez Bermùdez

En los escombros
 
si la piel se me cae de la cara

queda algo de oxígeno

para el coito

no te importe

que la peste entre y salga de mis poros

igual con gallinazos te encontré en los escombros

 
Oh! mi nena de plástico

somos buenos

ni para llenar sacos

con lucecitas de navidad en invierno.

 
 
 
Te peinaré el cabello con los dientes

 
El amor es mi adicción

y doy la frente

 
Así es que son tuyos

mis testículos

...arrasa con ellos

 
te peinaré el cabello

con los dientes

O me masturbaré hasta morir

de frío

 
soltando

los restos de mis huesos

como un Nijinski

en el sanatorio.

 
 Alfredo Pèrez Bermúdez (Ecuador)
Tomado de Cafè berlín en www.delagracia.de/cororo.htm

Poemas de Marta Sepùlveda

HACE UN TIEMPO ESCRIBI


 


Tal como están las cosas


mejor me arranco las plumas de las alas


para hacer una almohada....


 


Pero,


tal como están las cosas hoy


mejor le arranco las plumas a la almohada

 


para hacerme un par de alas.



YACE BAJO LA HIERBA


 


Y de su boca ya no brotan


palabras oscuras.


 


Bajo la luna


su sonrisa florece


es hierba, aire, savia.


 


Ahora su poema

 


no es verso es paisaje.

 

Marta Sepúlveda (Colombia)

 


 Tomado de Cafè Berlín www.delagracia.de/cororo.htm
 

Poema de Alejandro Acosta

EL AUTOR RECIBE VISITAS...

 

El sueño persigue trazas de flechas,

 

lanzas de extravío, siluetas
en campos de otros días.
No son sombras.
Son hombres
que bajan a beber en aguas de un río de escombros
cuando braman las cornetas a la luna.

 

Hoscos,
hueros de Dios,
traslúcidos,
deambulan y se entristecen
como imbéciles
fantasmas de unos sueños perdidos,
todos vencidos,
todos degollados,
maltrechos por alegres hachas,
por el mal arcabuz
y la peste.

 

La lluvia lame con un áspero aliento de olvido
blandos cráneos que miraron el mundo
mientra el olor de la sangre a mareos ascendía.

 

No son sombras,
ni pájaros negros contra el asfalto,
ni adustos árboles que flotan cintas
en la oración desierta de pilpintos.

 

Son abuelos de abuelos de abuelos
que caminan a través de nosotros,
parsimoniosos y flacos como mulas.

 

Late un corazón si el cuchillo lo arrima al fuego.

 

Alejandro Acosta (Argentina)

 

Tomado de www.zapatosrojos.com.ar

 

 

 

El extranjero

Pensè que me bastaba dar media vuelta y todo quedarìa concluido. Pero toda una playa vibrante de sol  apretàbase detràs de mì. Di algunos pasos hacia el manantial. El àrabe no se moviò. A pesar de todo, estaba todavìa bastante lejos. Parecìa reìrse, quizà por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperè. El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentì las gotas de sudor amontonàrseme en las cejas. Era el mismo sol del dìa en que habìa enterrado a mamà y, como entonces, sobre todo me dolìan la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podìa soportar màs, hice un movimiento hacia adelante. Sabìa que era estùpido, que no iba a librarme del sol desplazàndome un paso. Pero di un paso,un solo hacia adelante. Y esta vez, sin levanterse, el àrabe sacò el cuchillo y me lo mostrò bajo el sol. La luz se inyectò en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente.(...) Todo mi ser se distendiò y crispè la mano sobre el revòlver. El gatillo cediò, toquè el vientre pulido de la culata y allì, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzò...

 

Albert Camus.

El Extranjero. 

Algo de culo

UNA CHARLA ENTRE CHICAS

Lula y su amiga Beany Thorm estaban sentadas a una mesa en el Raindrop Club bebiendo cubalibres mientra miraban y escuchaban una banda blanca de blues que se llamaba los Bleach Boys. El grupo pasò armoniosamente de "Dust My Broom" de Elmore James, a "Me and the Devil" de Robert Johnson y Beany soltò un gruñido.

(...)

-Me han dicho que Sailor sale pronto-dijo Beany-. ¿Vas a ir a verle?

(...)

-Voy a buscarle a la puerta-respondiò.

-Si no me cayeran tan gordos los hombres- comentò Beany-, casi te dirìa que tengas suerte.

-No todos los maridos pueden ser perfectos-dijo Lula-. Y a lo mejor Elmo no habrìa dejado preñada a esa tìa si no le hubieras echado de casa.

(...)

-Tendrìa que haberle disparado un 38 en la picha, eso es lo que tendrìa que haber hecho.

Los Bleach Boys pasaron a una especie de mambo de las marismas del profesor Longhair y Beany agarrò el brazo a una camarera.

-Traenos dos cubalibres dobles màs, ¿vale?-dijo-. Maldita sea, Lula, mira còmo se menea esa puta.

-¿La camarera?

-Eso es. Apuesto a que si yo tuviera un culo como el de èsa, Elmo no se la habrìa metido a todas las furcias de este lado del Tangipahoa.

-Nunca se sabe -respondiò Lula.

-Supongo -dijo Beany con los ojos llorosos-. Lo ùnico que sè es que yo dejarìa muchas cosas, a lo mejor incluso el Valium, sòlo por tener algo de culo, ¿sabes?.

 

Barry Guifford.

La historia de Sailor y Lula.

 

 

La historia de Sailor y Lula

A travès de una serie de dialogos sostenidos por los personajes, esta novela aborda  la infinita soledad del individuo, sus incertidumbre y esperanzas, sueños y temores, en la sòrdida realidad de esa frènetica huida que, al parecer, todos realizamos hoy en dìa.

Barry Gifford delinea los personajes casi sin que el narrador intervenga, dando vìa libre a los protagonistas y las situaciones de describirse a sì mismas, a travès de un flujo constante de charlas y hechos, al parecer vanales, pero que muestran còmo se resquebraja en pesadilla ese sueño americano que, en cierta forma, es el sueño de todos.

Sailor y Lula se han endurecido  a sì mismos, como resultado de las experiencias de un mundo que parece cebarse en las partes màs blandas, màs vulnerables,  sin que los personajes terminen por considerarlo cruel o despiadado, sino simplemente como cosas que pasan.

Los objetos adquieren cierto animismo que les confiere ya no sòlo el valor de sìmbolos sino que los hace parte del paisaje mismo: carros de marcas gringas, cigarrillos de marcas gringas, comida chatarra, moteles, restaurantes de carretera, convictos, clase media, novelas que puedes adquirir en supermercados, programas de t.v., incomunicaciòn, soledad...

Todos los elementos que conforman la pesadilla de aire acondicionado a la que estamos abocados...

 

La historia de Sailor y Lula. Barry Gifford. Alianza editores, Madrid, 1990.