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Los nadaístas

Los nadaístas

Los nadaístas invadieron la ciudad como una peste:
De los bares saxofónicos al silencio de los libros
De los estadios olímpicos a los profilácticos
De las soledades al ruido dorado de las muchedumbres
De sur a norte
Al encenderse de rosa el día
Hasta el advenimiento de los neones
Y más tarde la consumación de los carbones nocturnos
Hasta la bilis del alba.

El nadaísta va solo a ninguna parte
Porque no hay sitio para él en este mundo
No está triste por eso
Le gusta vivir porque es tonto estar muerto
O no haber nacido.

Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa
Está marcado por el dolor de esta pregunta
Que sale de su boca como un vómito tibio
De color malva y emocionante pureza:
“¿Por qué hay cosas y no más bien nada?”
Este signo de interrogación lo distingue
de otras verdades y otros seres.

El es él como una ola es una ola
Lleva encima su color que lo define revolucionario
Como es propia la liquidez del agua
Del hombre ser mortal
Del viento ser errante
Del gusano arrastrarse a su agujero
De la noche ser oscura como un pensamiento
sin porvenir.

Ha teñido su camisa de revolución
En los resplandores de los incendios
En el asesinato de la belleza
En el suicidio eléctrico del pensamiento
En las violaciones de las vírgenes
O simplemente en el barrio de los tintoreros.

Lleva su camisa roja como un honor
Como un cielo lleva su estrella
Como un semáforo produce su luz intermitente
De catástrofe
Como una envoltura de Pall Mall
Perfumando su pecho de adolescente.

El nadaísta es joven y resplandece de soledad
Es un eclipse bajos los neones pálidos
Y los alambres del telégrafo
Es, en el estruendo de la ciudad
Y entre sus rascacielos,
El asombro de una flor teñida de
Púrpura
En los deshechos de la locura.

Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines
Mira los objetos con ojos tristes de aniversario
Es el terror de los retóricos
Y los fabricantes de moral
Es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
Inteligente como un tratado de magia negra
Ruidoso como una carambola a las dos de la mañana
Amotinado como un olor de alcantarilla
Frívolo como un cumpleaños
Es un monje sibarita que camina sin temblor
A su condenación eterna
Sobre zapatos de gamuza.

Sufre el vértigo de los sacudimientos
Electrónicos del jazz
Y las velocidades a contra-reloj
Corazón de rayo de voltio que estalla
En el parabrisas de un Volkswaguen
Deseando la mujer de tu prójimo.

Se aburre mortalmente pero existe.

No se suicida porque ama furiosamente fornicar
Jugar billar pool en las noches inagotables brindar
Ron en honor a su existencia
Estirarse en los prados bajo las lunas metálicas
No pensar
No cansarse
No morirse de felicidad
Ni de aburrimiento.

Es espléndido como una estrella muerta
Que gira con radar en los vagos cielos vacíos.
No es nada pero es un nadaísta
¡Y está salvado!

Adiós al Nadaísmo

Caído en el limbo espiritual suspiro por nuevos
Suplicios.
Reclútame Señor para la salvación o el terror.
Los ideales que no cambian la vida corrompen
El alma.
Esta pureza que cultivo en la soledad me da asco.
El espejo ya no me refleja: me culpa.
Dios mío, sálvame de esta paz difunta.
Devuélveme la esperanza y el sufrimiento.
Dame fe en una causa aunque sea perdida.
Dame todo el fuego que sobró de Sodoma, la sed
Que incendió tus delirios.
Quiero arder, ¡arder!
Dame Señor la desesperación de creer
Y la felicidad de destruirme.

estaba seguro de que al final explotarìamos...

Vivìamos y ensayàbamos en una nave sin luz ni calefacciòn, llena de humedad y con unas goteras que nos hacìan imposible dormir. Jamàs tenìamos ni un dòlar, de hecho vivìamos de la caridad de nuestras novias, y cuando cobràbamos algo de alguna actuaciòn, nos lo gastàbamos en whisky. Nuestras primeras giras  eran otro desastre, siempre yendo en una camioneta destartalada que te dejaba tirado en medio del desierto... Cualquiera que nos hubiera conocido en esa època  jamàs hubiera dado un centavo por nosotros, per te aseguro que aùn en medio de todo aquèl desparrame, entre nosotros habìa una quìmica especial, algo indefinible, pero estaba seguro de que al final explotarìamos, llegarìamos a ser grandes. Siempre tuve  ese presentimiento.

Slash .Mayo de 1992.

Revista Kerrang Mega Metal, Nùmero 7 , abril de 1996.

Expreso Nova

La historia es ficción.

(...)

¿Quién monopolizó el Amor el Sexo y el Sueño? (...) ¿Quién les quitó lo que es de ustedes? ¿Lo devolverán todo ahora? ¿Alguna vez han dado  algo a cambio de nada? ¿Alguna vez has dado algo más de lo que tenían para dar? ¿Acaso no han vuelto a apoderarse de lo que habían dado cada vez que ha sido posible y siempre que lo ha sido?  Oigan: el Jardín de las Delicias que les prometen es una cloaca (...) -La Inmortalidad la Conciencia Cósmica el Amor que les prometen es mierda de tercer orden -Sus drogas son veneno destinados a provocar el auge de la Muerte-Orgasmo y los Hornos de Nova- Apártense del Jardín de las Delicias –Es una trampa devoradora de hombres que remata en una gomosidad verde. –Tírenles a la cara ese sucedáneo de Inmortalidad –Se hará trizas antes de que ustedes puedan salir de la Gran Tienda

(…)

En París me mostró al Hombre que pinta cuadros con esas láminas como de aire –Y el Hombre Invisible dijo: “Esas láminas incoloras son la materia de que está hecha la carne”.”La palabra engendra la imagen es el virus-“. “¿Qué es el dolor? –Evidentemente un daño producido en la imagen –La droga es imagen concentrada y eso explica su acción sedante –Tampoco podría haber dolor si no hubiera imagen”.”No existe <> verdadera o real –La <> es sencillamente un diseño más o menos constante –El diseño que aceptamos como <> ha sido impuesto por la fuerza que domina este planeta, una fuerza esencialmente orientada hacia el dominio absoluto”. “El mecanismo esencial de nova es muy sencillo; consiste en  producir tantos conflictos insolubles como sea posible y agravar incesantemente los que ya existen”. “Virus de ira odio  miedo falsedad remordimiento en torno a nosotros esperando el momento de encontrar un punto de intersección y una vez infiltrados cometen en nuestro nombre alguna acción fea o repugnante que claramente fotografiada y registrada se vuelve parte de las láminas del virus continuamente presentada y representada en nuestra pantalla mental para producir más palabras e imágenes del virus que remolinean sin cesar como invisible granizo de palabras e imágenes”

(…)

 …¿Se han dado cuenta de que ya no disponemos de tanto tiempo como la gente hace unos cien años? (…) -¿No se han dado cuenta de que algo está absorbiendo todo el sabor de los alimentos todo el placer del sexo todo el color de cuanto podemos ver?-Precisamente para crear la zona de baja presión que lleva a nova

(…)

Estoy solo pero no soy lo que se llama un “solitario” –La soledad es un producto de la estructura mamífera dual –“Soledad”, “amor”, “amistad” y todo lo demás –No soy dos –Soy uno –Pero para mantener mi estado unitario necesito dualidad en otras formas de vida –Otro debe hablar para que yo pueda callar –Si otro se vuelve uno yo soy dos –Dos unos hacen dos y yo ya no soy uno… ¿Dicen ustedes que hay mucho lugar en el espacio? –Pero yo no soy uno en el espacio, soy uno en el tiempo –Tiempo metal- Tiempo radiactivo-

(…)

De nuevo frente a la ventana que nunca fue mía –Palabra reflejada garabateada por algún muchacho –El más grande de todos los lapsos de espera- Cinco años- El billete estalló en el aire –Pues no conozco- No conozco sueños humanos –Nunca fue mía –Lapso de espera –Atrapado en la puerta –fragancia explosiva –Amor entre luz y sombra –Los pocos que vivieron a través de las galaxias heridas- ¿Amor?- Durante cinco años crecí murmurando en el hielo. Sol muerto llegué a ser  carne con su sueño vagabundo.

(…)

“Nada Es  Cierto- Todo Está Permitido”

(…)

Asumimos el “ser” donde crímenes pasados realzan la dirección del “tener”.

 

William Burroughs.

Expreso Nova, Ediciones Minotauro, Barcelona, 1989.

Terrible 13

Terrible 13

En algún lugar de la red conseguí el siguiente fragmento de Terrible 13, uno de los manifiestos del Nadaísmo:

Gonzalo Arango: Terrible 13 Manifiesto Nadaísta (frag.), 1967
Desde nuestra aparición nadaísta en el infierno de la sociedad colombiana, ha crecido una rosada ola de maldad en los espíritus. Una oscuridad terrible se cierne sobre nuestros corazones que encarnan el peligro de un nuevo amor hacia la historia.
A temprana edad conocimos el gusto de la grandeza y de la fama, y sin pedirle permiso a los oráculos nos erigimos en los profetas del mal y de la destrucción.
Hemos gozado de la admiración frenética de la juventud, que ve en nosotros la encarnación de un oscuro heroísmo.
Hemos desertado nuestros amores, credos, fanatismos, esperanzas, recuerdos y felicidades, no por otros idealismos, sino a cambio de nada, o por una oceánica indiferencia.
Consideramos que era ya demasiado tarde para luchar, triunfar, pensar, amar, trascender y ser formales como seminaristas, porque vivimos tiempos de terror y muerte, y las estrellas del cielo han sido sustituidas por temibles signos anunciadores de guerras atómicas y aniquilaciones terrestres.
Nos convencimos que la vida era breve y que no había tiempo sino de vivir y no complicarnos con las causas de los humanistas y los redentores.
Entonces legitimamos una vez más el sentimiento de que era el hombre la pasión y el centro del universo, y consagramos nuestra vida a rendirnos una adoración limitante con la idolatría.
A partir de esta reivindicación de nuestras prodigiosas desilusiones, hemos emborrachado nuestros cuerpos hasta la locura...
hemos crucificado nuestros sexos en las caderas de lolitas y proxenetas...
hemos viajado en alguna dirección huyendo de nosotros mismos, sin rumbo, sin destino, porque el hombre no tiene sino sus dos pies, sus zapatos rotos, y un camino que no conduce a ninguna parte...
hemos ido a reposar en los pinares nocturnos fuera de la ciudad agobiados por la angustia, la soledad y el aburrimiento...
hemos hecho fogatas en la oscuridad, y asado en las brasas un recuerdo de amor, o un pedazo de ternera...
nos hemos amado sin pasión bajo el fuego trepidante de las locomotoras, porque lo que verdaderamente amábamos no era digno de nosotros...
nos hemos desvestido bajo el foco de bujías glaciales de luz y mirado nuestro sexo como un gusanito triste...
nos masturbamos con sadismo y brutalidad y a ese acto solitario consagramos un amor puro y esquizofrénico...
hemos dormido en nuestros cuartos tristes como en las oscuridades del topo, sin importarnos que el mundo sigue girando movido por un misterioso mecanismo...
hemos bailado danzas locas con negras sudorosas bajo el resplandor de las antorchas en la selva, o bajo biliosas bujías de prostíbulo...
hemos alabado a los pederastas que se besan a la luz del sol desafiando los sexos y el rubor de los policías que guardan la moral pública...
hemos hecho conspiraciones con el hampa para que realicen impunemente sus violaciones, sus incendios, sus genocidios, sus profanaciones, sus asesinatos y sus hurtos...
hemos convidado a los garitos a nuestras amistades reputadas para que los desplumen los tahúres con barajas marcadas, y luego hemos repartido las ganancias...
hemos destruido los lamparios del templo en la oscuridad límite del alba para esquivar la mirada iracunda de los dioses dormidos...
hemos robado en el comercio lo que necesitaba el apetito y apedreamos las vitrinas inaccesibles a nuestro deseo...
hemos asaltado en la noche a un transeúnte para conocer el rostro del miedo y luego lo pusimos en libertad. Nos hemos burlado de su miedo y del orín que destilaba por el pantalón ante la amenaza metafísica de nuestros puñales niquelados cortantes como chispas de hielo...
hemos blasfemado en el silencio para que retumbe la voz en los nidos de los rascacielos y golpee con furia las ventanas de las habitaciones donde se reza o se copula...
hemos escarbado los basureros como gatos famélicos en busca de la suciedad humana y nos ha parecido que el hombre es el animal más puerco de la zoología...
hemos fumado colillas de cigarrillos en los escupideros de los teatros, prefiriendo los de boquilla y los nimbados de colorete...
hemos hecho mixturas de sustancias viscosas y hemos transubstanciado el alcohol en una loca explosión de vértigos...
hemos bebido tragos acerados que quemarían los cinco estómagos de la vaca, y derretirían las entrañas poderosas del buitre...
hemos alucinado el espíritu con drogas y mescalinas para que sucumba la razón y flote el subconsciente tenebroso legendariamente oprimido...
hemos engañado a las amantes con votos de fidelidad, pero las traicionamos con rameras que nos aseguran bajo juramento de honor las cruces de la sífilis, y una maravillosa colección de blenorragias. En sus lechos podridos gozamos del amor impuro y de las enfermedades...
nos hemos cansado de amar en lechos católicos y en lechos mercenarios, y en el colmo del hastío ensayamos el odio y la indiferencia sádica hacia los sexos. hemos elegido en cambio las vulvas de las ranas o el sexo hiriente de las lechuzas por parecernos de sexualidad más idealista...
hemos prometido la desesperación y la muerte, porque la felicidad y la vida son heredad común de los idiotas y de los cocheros...
creemos enormemente en la santidad del crimen y hemos crucificado en altares de sangre a nuestras vírgenes para que regresen Atila, Nerón, Eróstrato, Judas y todos los asesinos de la historia... hemos deseado instaurar un gobierno que sea superior en crueldad a todas las tiranías criminales...
hemos deseado que sucumban los débiles, los justos, los desheredados, los puros de corazón y los imbéciles...
hemos añorado en calidad de hombres libres el retorno implacable de la inquisición, de las persecuciones y de las pestes mortíferas que han azotado a la humanidad para que el espíritu sea ungido por la sangre y el sufrimiento...
nos hemos orinado en los asfaltos calientes para ver ascender el humo en forma de plegaria hasta cielos de creencias contradictorias...
dejamos de creer en los dioses vencidos por la máquina para revertir nuestro ateísmo militante en la adoración de las locomotoras y los cohetes de velocidades supersónicas y ultraluminosas...
hemos comulgado, orado sin fe, profanado y blasfemado para desafiar la indignación de los dioses y para que lo divino penetre nuestra carne miserable así sea a través del rayo o del remordimiento...
hemos padecido la miseria con un odio a muerte por el Capital, pero no trabajamos porque el trabajo es atentatorio contra la poesía y contra la dignidad humana...
hemos comido migajas de pan negro y bebido aguas sucias en las alcantarillas para defender el ocio contra el trabajo y la inutilidad de toda acción. Pero también nos hemos hartado de menúes europeos en los "night clubs" con el producto de nuestras actividades anormales...
nos hemos bebido, comido, fumado y acostada a la burguesía que ve en nosotros la continuación de los valores aristocráticos, pero nos burlamos de su admiración y de paso nos vomitamos en sus floreros y en la bóveda azul de sus retretes...
hemos abdicado los últimos gramos de amor a cambio de una nota de jazz que reviente en nuestros oídos como la trompeta del juicio final...
hemos identificado las profecías del apocalipsis con la guerra atómica, y nos lamentamos con la cobardía de nuestros jefes de Estado que no se deciden a matarnos...
somos partidarios de las guerras termonucleares y de las armas radioactivas, y estamos políticamente de parte de la potencia que quiera destruirnos y estallarnos como una bomba de jabón en un día pálido de la primavera...
hemos dudado de toda fe, de toda verdad revelada y heredada, no creemos en nada, ni siquiera en nosotros, pero hemos ratificado la bondad de nuestros instintos insaciables, y la confusión maravillosa de la esperanza...
hemos conservado la sangre fría ante las desgracias innumerables de nuestro tiempo...
hemos predicado la necesidad del suicidio y regalamos la receta de nuestros venenos letales. Festejamos la muerte de esas víctimas que sucumben ante la evidencia de nuestras predicaciones malignas, y nos regocijamos porque no despertarán nunca más en la eternidad...
hemos hecho el amor en sitios prohibidos para prolongar el espasmo y los sacudimientos ante el peligro, y nos han encarcelado por aplicar la estética en el erotismo. Porque nos hemos amado bajo los vientres chispeantes de las locomotoras, en los confesionarios, las tumbas putrefactas, los sanitarios públicos, los ascensores, las terrazas celestes, los anfiteatros con los muertos, y bajo los semáforos que iluminan nuestros cuerpos semidesnudos en la semioscuridad acechada por los serenos y las sirenas de los altos hornos industriales...
hemos destruido ídolos de barro y plomo por el solo placer de destruir y renegar de las tradiciones, de los santos de los héroes...
hemos hecho una literatura alucinada convocando las inmundicias, las libertades, las dudas, los furores y las iniquidades, y nos hemos escandalizado con el poder de nuestro genio negativo...
Somos de una raza nueva que santifica el placer y los instintos, y libra al hombre de los opios de la razón y de los idealismos trascendentes...
Todo lo que tenemos para ofrecerle a la juventud es la locura, pues es necesario enloquecernos antes de que llegue la guerra atómica. El hombre será aniquilado por el hombre. La humanidad borrará en un segundo la historia infame que escribió en un millón de años. Nosotros nos apresuramos a saludar regocijados su desaparición, y nos vomitamos jubilosamente en su inútil historia de miles de siglos. Estamos asqueados, y nos negamos a sobrevivir en esa ilustre inmundicia...
El sol nace siempre según su eterna costumbre sobre la cima de las cordilleras, pero nunca lo vemos porque nos levantamos cuando estalla con los últimos arreboles de alba eléctrica de la nueva noche.
Estamos aterrados de nuestra maldad y solicitamos al Estado que abra para nosotros los manicomios, los presidios y los reformatorios, porque somos geniales, locos y peligrosos, y no encontramos otros sitios más decentes para vivir en la sociedad contemporánea.
Todavía ustedes los moralistas, los racionalistas y los estetas se estarán preguntando: "Y más allá del horizonte de la locura ¿cuál es realmente el fin del nadaísmo?" Y nosotros diremos: "El Nadaísmo no tiene fin, pues si tuviera fin ya se habría terminado. Nosotros nos contentamos con progresar devotamente hacia la locura y el suicidio. Hacemos el mal, porque el bien no sienta a nuestro heroísmo".
En: Gonzalo Arango, Obra negra, Santa Fe de Bogotá, Plaza & Janés, primera edición en Colombia, abril de 1993.
De: http://gonzaloarango.tripod.com/

Sonata metafísica para que bailen los muertos

Yo era poeta y me gustaba cantar
Nunca hice nada más útil en la tierra
Ni nada más inútil
Sólo cantar.

Iba los domingos a los cementerios
Y cuando no tenía nada que hacer
Que era siempre
Iba en los días de semana
Allí aprendí y olvidé muchas cosas:
Que vivir no es importante
Y que estar muerto tampoco.

Me sentaba bajo los cipreses
Hiciera sol o luna
Lo más importante era yo
Que por casualidad estaba vivo.

Antes de mí vivió
Y vivirá mucha gente
Eso no interesa.

Por eso me reconozco tanta importancia
Y aveces pienso sin vanidad
Que yo soy un genio
Un verdadero genio tenebroso.

En los cementerios yo cantaba cosas lúgubres
Sobre la muerte
Y cosas alegres
Eso dependía de los muertos
No de mí.
Porque los muertos me hacían cambiar
Mi visión de las cosas.
Yo no me sentía alegre
Tampoco triste
Eso era una patria diferente.
Zumbaban las moscas en torno
A las viejas putrefacciones
Y luego se posaban en el papel
Y defecaban alegremente
Sobre mi canto.

Esas tenues defecaciones le daban a mis
Himnos
Un cierto sabor elegíaco
Pero nada más
El sol ventana matinal
Bajaba hasta las hojas de mis cantos quemando la impureza.

La poesía quedaba en el centro incorruptible
De su voz espantosa.
Yo seguía cantando...
Los instantes de la reflexión me cansaban
Por las bellas inútiles ideas de la muerte.

En los intervalos de la poesía
Orinaba sobre los pinos
Aprovechando los entierros.

El enterrador se enojaba conmigo porque yo
Orinaba en sus pinos
Sobre cuya verdura y laxitud
Tenía extrañas teorías.

Cuando relucía su cólera
Me invitaba a que hiciera esa cochinada
En la letrina
Donde él la hacía
Pero yo supuse con razones incontrovertibles
A su lógica
Que los muertos de noche
Harían lo mismo que el enterrador
Y me asqueaba ser como los muertos:
Yo los admiraba de lejos
Y los quería por no ser como yo
Meando como los hombres verdaderos
Sobre los pinos verdaderos...
Cuando me aburría
Fumaba hojas de eucaliptus
Que recogía del lado de las tumbas
Y las metía en mi pipa calcinada
De viejos fuegos y otras adoraciones.

Yo producía oleadas de humo
Que se confundían en lo alto
Con los rezos y las inmundicias.
Otras veces me deslizaba en el sueño
Entonces los muertos se aburrían sin mí
Nostálgicos de existencia
Y lo que hacían era enviar a sus moscas
Tutelares
Para despertarme y no cesara de cantar
Los muertos sabían que sin mi canto
Estaban perdidos
Yo les traía el verdor del campo
La celeste quietud
Y el suave olor de las lilas.
Mi presencia no era un consuelo
Sino su defensa contra el olvido
Su seguridad en el estar aquí
Y yo les hacía el homenaje de mi ser
De mi saberme ser.
En las plazas y calles de los hombres
Yo sufría el gusto irresistible de la soledad
Por un momento está bien
Por un día
Por media vida
Pero no para siempre.
Muchos años pasé entre ellos
Sin más oficio que estar allí
Como un vagabundo detenido
En el sitio de su sueño.
La paz inmensa me invadía.
Una vez necesité cambiar
Buscar una nueva dimensión del cielo
Y de las distancias.

Prometí no volver.
Pero de regreso a nuevas adoraciones
Encontré a la monja que salía del cine
Y quería hacer el amor.

Como no había más sitio para la castidad
De los dos
La llevé al cementerio y allí nos amamos
Entre el zumbido de las moscas
Y el rumor cómplice de los muertos.

Estos se despertaron con el sonido del amor
Y salieron de sus tumbas a gozar en nosotros
Recuerdos inmemoriales
Y bailaron en torno a nuestros cuerpos
Desnudos y vertiginosos
Imitando nuestros movimientos brutales.
Yo no tuve vergüenza esta vez por los muertos
Que carecían de conciencia
Por eso bailaban y eran tan felices.
De una manera nueva
Los muertos estaban en el mundo.

Una mano
Más una mano
No son dos manos
Son manos unidas
une tu mano
a nuestras manos
para que el mundo no esté
en pocas manos
sino
en todas las manos

GÉNESIS

La última lágrima
Ilumina la sonrisa
Como la primera gota del manantial
Engendra el océano
Y la noche
Da a luz el día.

Tres poemas de Gonzalo Arango de épocas diferentes dentro de su trayectoria poética , pero que tienen en común la vitalidad y el fervor del autor...

El sermón atómico.

El sermón atómico.

Un poeta nadaísta, ni amargo ni alegre, sin fe pero sin desesperación, definió el mundo con una frase feliz. Dijo que: “el mundo es verde, y sin embargo no hay esperanzas”. Y es verdad. ¿Qué necesidad hay de esperanza si estamos vivos? Vivir es en sí el acto más esperanzado del mundo. Sólo en la muerte no existe la esperanza.
El Nadaísmo es la apoteosis del milagro de vivir. Es una liberación y al mismo tiempo una afiliación a la Vida, partiendo de la muerte del viejo Ser del hombre, todo esto realizado en una Revolución Reconstructiva en sí misma, y en sus relaciones con el mundo.

Crecer bajo el sol
Bendecir este mundo
Vivir en la plenitud de la conciencia
Colmar los apetitos del deseo
Realizar los impulsos vitales de nuestro ser
Rebelarnos contra los dogmas opresores de la razón
Negar la moral ascética que predica la resignación
Romper las cadenas que nos esclavizan a la tiranía del maquinismo
Renunciar a los falsos dioses del Paraíso para salvar nuestra vida
Salvarla afirmando nuestra rebelión, reivindicando en la protesta
Los prestigios de la Gloriosa Aventura Humana.
Por eso somos profetas y religiosos, depositarios de un nuevo fervor cósmico, portadores de fulgurantes verdades para dar el salto a la salvación. La pasión de nuestro pensamiento gira en una órbita de santidad.
La revolución que predicamos es humilde y orgullosa: no pretendemos conquistar el mundo, sino conquistarnos a nosotros mismos mediante un alto sentido espiritual, un sentido que unifique nuestro ser terreno y eterno.
Predicamos la conquista absoluta de la vida. Predicamos la conquista absoluta del pan sin excluir el paraíso. Predicamos una revolución espiritual en la que el valor más sagrado del hombre lo constituya la dignidad de su cuerpo: Sólo así, bajo el peso de la soledad de la cruz, se podrá marchar a la redención del hombre y del mundo.

Practica como verdad universal la verdad de tu vida
No sigas banderas de partidos idiotas
No rijas tu vida por credos que te fabrican unos canallas que no creen en nada
No te rindas a las leyes de hierro de una moral que sólo quiere encadenar

tus impulsos
No ingreses al orden de esta sociedad fabricada por fariseos y mercenarios
No ofrezcas tu cuerpo sagrado para que te entierren en las bóvedas
Confortables del conformismo y la resignación.
¡Sublévate!
¡Estalla la bomba de tu ternura aterradora!
¡Sacude tu humanidad humillada, pues hay un dios oprimido dentro de ti! Libera
a tu dios. Despierta a tu dios para que sueñe. Préstale tu voz para
que cante. Tus poderes son infinitos. Libera tu energía y conquista la
Tierra.



No reconozcas el poder de los poderosos. Ellos sólo cuentan con las armas. Pero hay en ti un poder indestructible. Te pueden acribillar a balazos, aprisionar, degradar, pero serás invencible si no te rindes a su mentira.
No te humilles. No te dejes abofetear por segunda vez. Escupe la cara del verdugo. Muérete de risa antes de que esta Civilización criminal te decapite. Que tu última palabra en la horca no sea para pedir perdón, sino para cantar o maldecir.
No creas en la dulce mansedumbre del Cristo. Los verdugos son insaciables y crueles. Por eso abusan de nuestra paciencia y nuestra fe.
¡Contesta con bofetadas a las bofetadas!
¡A la muerte con la muerte!
Convierte el Terror, si es necesario, en una ética de salvación.
No conquistes tu reino con oraciones, sino con violencia. Pues con la
violencia
Los Césares nos han subyugado. Y Césares son hoy todos los que dominan el
Mundo con Razones Atómicas, con Razones Imperiales. Sus tronos están
levantados sobre tumbas, tanques, oro, brutalidad, y un poder infinito
de destrucción. Y también sobre el miedo y la miseria de los pueblos.



Ellos son poderosos porque nos han robado nuestra fuerza. Con nuestra fuerza los hemos empujado al trono. Pero nos han traicionado. Nos han capado la dignidad y el coraje.
No te hagas trampas, ni juegues más a la inocencia. Cada pelo de tu ser es responsable del destino del mundo. Tus actos son soberanos y tienen el poder infinito de elegir el mundo que sueñes, en el que anhelas vivir. Sólo de ti depende vivir en una tumba o en un templo, digno o envilecido. En tus manos está elegir tu destino y el de tu patria.
No seas canalla eligiendo para tu patria a los canallas. No te entierres eligiendo para ti un mundo donde sobrevivir significa renunciar a vivir. Tu libertad puede ser sagrada o maldita si ella exalta la vida o la deshonra.
No olvides que la vida es un milagro, que tu vida es lo único nuevo y absoluto que existe bajo el sol, y que sólo eres inmortal en la medida en que estás vivo. Y que sólo estás vivo si eres consciente, si eres libre, si das a la tierra que te legaron un sentido maravilloso, y a tus actos un valor sagrado: honrar al hombre como si fuera un dios.
Porque tu eres el Mundo, y debes estar orgulloso de que cada acto tuyo sea responsable de la tierra y el cielo. Tú no tienes jefes. Tú no tienes más jefes que tu conciencia, que tu responsabilidad absoluta. Acepta por jefe, nada más, aquél que encarne la revolución espiritual de que te hablo. A ése síguelo como a ti mismo, pues hablara con tu voz, decidirá con tu voluntad, elegirá con tu libertad. Ese tomará el poder para ser la conciencia de la vida, identificar tu Ser con el del Universo, y dar oportunidad a las posibilidades infinitas del hombre.
No te dejes urbanizar la conciencia. No olvides que eres un milagro con pantalones. Mas nunca es tarde, ni todo será consumado, si comprendes una cosa: que posees el secreto de la Naturaleza , que está vivo , y eres el hijo predilecto de las estrellas.
Tu vida es bella, tu vida es santa, y la salvación está en el mundo. Yo te amo desde le fondo de mi desesperación, pero también sería capaz de odiarte si eres la amenaza y la negación de la vida. Por eso te recuerdo la única verdad que merece ser recordada, y es ésta: Hoy o mañana vas a morir, solo y sin esperanzas como se mueren los vivos. Pero sé de una cosa que derrota a la muerte, y esa cosa es tu propia vida.
Entonces, no te queda si no un camino, y es éste: entrégate a vivir mortalmente, en cuerpo y alma. Sólo eso te salvará. A esa pasión de vivir y de morir yo la llamo inmortalidad.
Ya sabes cuál es el destino de tu ser divino: serás un dios cuando seas verdaderamente un hombre. Cuando resucites del foso pútrido de resignaciones y cobardías que es tu vida, en la que ese hombre posible que eres, yace cautivo.
En ese instante la revolución del hombre dejará de ser histórica para volverse historia sagrada. ¡No lo olvides, y asciende! ¡Nosotros somos hijos del sol!

GONZALO ARANGO.

Andrés Caicedo Maternidad

Andrés Caicedo Maternidad

A las vacaciones de quinto de bachillerato salimos con un saldo de muertos.
(...)
"Es una lástima, una serie así de muertes sin ningún, sin ningún sentido", decía el padre rector. Y yo, agarrado a mi asiento, con una rabia inmensa, sabía que sentido había. Nos habían escogido como primeras víctimas de la decadencia de todo, pero yo no iba a llevar del bulto. "Haré mi afirmación de vida", pensaba, y no sonreí ni una sola de las seis veces que me llamaron para recibir diplomas de matemáticas, historia, religión, inglés, geografía y excelencia.
(...)
Y me negué a ir a la fiesta de fin de curso que organizaba Mauricio Gamboa.
(...)
Antes del almuerzo me llamó Mauricio a comunicarme que en la fiesta de anoche una pelada, Patricia Simón, s ehabía pegado la gran desilusionada ante mi asuencia (...). Yo le pregunté que entonces cómo. Él me indicó que en tora fiesta, esa misma noche. Yo accedí.
(...) ...del fondo, de bien al fondo de esa casa vino a mí una muchacha vestida de rosado y rubia, y haciendo mágico todo el trayecto hacia mí mientreas sonreía. Se presentó: "Patricia Simón", muy tímida me dio la mano, yo se la apreté exageradamente para intimidarla aún más. (...) Con mucha cautela le comenté a Patricia mis temores sobre la  feroz época, (...) Ella lazaba la cabeza para mirar a mí o al cielo. Era pequeña, pero fuerte, de buenas espaldas y caderas, ojos azules y largas cejas. (...) Resolví: "Le haré un hijo a esta mujer".
El tiempo pasó en el sentido que quiso nuestro amor. De esa fiesta salimos cogidos d ela mano, y empezamos a vernos todos los días, (...)
Conseguí que me prestaran la finca de la Carrtera al Mar, lugar que yo había escogido para que se diera la concepción.
(...)
El frío de la montaña y el ardor que se contemplaba allá en el mar la llevó a abrazarme, y yo le respondí mejor que nunca. descubrí sus senos con valentía, chupé su pelo, rasgué con su sangre el pasto yaraguá, pude sentir cómo sus complicadas entrañas se abrían para darle paso,cabida y fermento a mi espermatozoide sano y cabezón que daría, con los años, testimoni de mi existencia. No creo que ella gozó.
Nos casamos al escondido (...) A los pocos mese engordó muchísmo y le vinieron los vómitos, así que no pudo volver al colegio y perdió sexto. Yo solamente falté a clase un día: el día en el que después d ecuatro horas de terquedad y mucho sufrimiento, dejó salir a mi hijo. (...) lo llamé Augusto, que hace pensar en porte distinguido y en conciencia de victoria, siempre. Fui toda una celebridad en el colegio, padre a los 16 años. Ella no quiso hacer gimnasia y le quedó una barriga arrugada muy fea, y los senos se le hincharon como brevas y después se le cayeron.Recuerdo madrugadas en las que yo abría el ojo sólo para hallarme en la física glorai, despertado por el llanto de Augusto, y volteaba a mirarla a ella, despierta desde hace muchas horas, con la mirada perdida en el cileo raso, negándose siempre a contestarme en qué era que pensaba. Yo no insistí. Yo había previsto eso. No cuidó bien a nuestro hijo. No quiso tampoco volver al colegio. Le perdió interés a todo, se pasaba los dáis sin asearse ni asear la casa, mal sentada en una silla, presa d eun  vacío que supongo debe se normal después de que uno ha estado lleno y redodndo como una naranja ombligona. Yo no la toqué más. Ella tampoco se hubiera dejado. Al fin, un día salió de la casa, y se demoró en regresar. Hizo amistades nuevas, jóvenes más viejos que ella, y seguía saliendo. Pero falta  no me hacía. Yo cumplía puntualmente con mis deberes escolares. Me levantaba temprano, le daba el tetero al niño, cambiaba pañales, barría, trapeaba. Al volver del colegio me la pasaba horas dejando que Augusto me apretara el dedo índice y contemplandole su pipí, lo único que sacó igualito a mí, porque todo lo demás, ojos y pelo y frente eran de ella.
Cuando regresaba, nunaca conversábamos. Se tiraba por ahí, sin dormir, o a oír música. supe que estaba metiendo droga. Me importó un comino.
(...)
Hace días que no la veo. (...) espero que no vuelva, que s emuera o que reciba allá su merecido. Yo he terminado sexto con todos los honores, leo cómics y espero con mi hijo una mejor época.

Andrés Caicedo.
El atravesado editorial Norma S.A., Santa Fe de Bogotá, 2001.

vincent

vincent

No pretenderé hacer exégesis de la obra de Van Gogh, ni extenderme en recuentos biográficos.
La obra pictórica de Van Gogh me tocó desde niño, por la fuerza de las líneas y el fragor de los colores.
Van Gogh, al igual que Kafka, estableció una relación amor-odio con su soledad; necesitaba estar solo para continuar creando, pero al mismo tiempo la temía pues sabía que la soledad puede ser en extremo posesiva.
Sus múltiples intentos por una comunión con sus semejantes (cuando quiso ser predicador en las minas de carbón, el amor que sintió hacia una de sus primas la convivencia frustrada con Gauguin) parecían estar abocados al fracaso, convirtiéndolo en un mutilado social, en el hombre que trabaja desde el silencio para tratar de desentrañar el mundo alrededor pero que sólo consigue tejer más laberintos... y es en estos laberintos donde está su grandeza, en este sacrificarse a sí mismo en aras de una creación que lo rebasa.
Es fácil adjetivar a estos seres violentos y desencadenados, sufrientes y al mismo tiempo tan vivos, pero asomarse al dolor que llevan consigo es una lección de vértigo intraducible, porque a pesar de nuestro rachazo, ellos no nos odian, al contrario nos cobijan con su infinita piedad...

Bukowski

Bukowski

Poema de Bukowski que hallé en Inmaculada Decepción:

como ser un gran escritor

tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes

y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos

sólo toma cerveza más y más cerveza.

Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana

y gana
si es posible.

aprender a ganar es difícil,
cualquier patán puede ser un buen perdedor.

y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.

no te exijas.
duerme hasta el mediodía.

evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.

acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).

y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.

un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más que
el exilio
la derrota
la traición

toda esa basura
quédate con la cerveza

la cerveza es continua sangre.

una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana

dale duro a esa cosa
dale duro.

hace como el toro en la primera embestida.

y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.

si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...

entonces no estás listo

toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual.

Poema de Hèctor Rojas Herazo

Poema de Hèctor Rojas Herazo

Límite y resplandor.

Algo me fué negado desde mi comienzo,
desde mi profundo conocimiento.
Y he velado dulcemente
sobre las espadas que cegaron mi luz.
Con nocturno rostro me he alzado
a batallar en el esplendor de mis dormidas normas,
con el pavor de mi júbilo primero
y en otra sombra abatida he pronunciado mi nombre,
mi tremendo, mi orgánico nombre,
mi nombre de filo y de simiente
bajo el sueño de un ángel.
Mis apetitos totales he derramado
como un tributo de reconocimiento,
mi olfato y mi tacto como duros presentes.
Mis olvidados sacrificios he reunido,
mis anteriores fuerzas,
mi casto furor,
mi más antiguo y añorado fuego.
Y he aquí que todas mis potencias
no logran arribar al límite de lo perdido.
En otra edad dichosa
mi palabra fue herida de terrestre amargura.

Tomado de http://ciruelo.uninorte.edu

Remedios Varo

Remedios Varo

Descubrí la obra de Remedios Varo en un artículo del Magazín Dominical del periódico El Universal de Cartagena hace ya varios años, y de inmediato quedé enganchado con la poética de sus imágenes, las cuales abogan por amalgamar puntos al parecer tan distantes como el pensamiento lógico y el mítico; en las pinturas de Remedios Varo el mito vuelve a asumir su función de recreador de la realidad, de la explicación pausible que otorga sentido al mundo alrededor, sin hacer separaciones dogmáticas entre ciencia y fantasía, antes bien otorgando a la primera un cierto aroma nostálgico de alquimia (Creación de la aves, Descubrimiento de un geólogo mutante), y a la segunda un nuevo aire poético distante, me parece, de las grandielocuencias de otros pintores surrealistas, Dalí más exactamente
Encuentro entre los puntos de referencia de sus obras la mujer y la naturaleza como fuentes germinativas de vida, con exaltación de lo vegetal (El gato Helecho); el viaje (Exploración de las fuentes del río Orinoco, Locomoción capilar) y la vuelta a la consolidación de la figura humana como centro de experiencia poética, en lugar de campo de batalla de pulsiones sicoanalíticas...

Rock colombiano

Uno de los mayores avatares de la música rock parece ser la continuidad de un proyecto a través de los años. "Diferencias" creativas, desavenencias personales, abuso de drogas y alcohol y hasta la muerte, han truncado los caminos de grupos y artistas de los que sin saber muy bien por qué esperabamos mayor permanencia, como si por el hecho de ser superestrellas estuvieran al margen del cansancio y la desolación, con extraordinarias excepciones, por supuesto.
Si esto es así en el rock a nivel mundial,¿qué decir a nivel nacional?, las bandas que eclosionaron al abrigo del boom del "rock en español" en los ochenta (Compañía Ilimitada) y las que irradiaron después (Poligamia, 1280 Almas, Estados Alterados, y demás), se fueron eclipsando con el tiempo.
Incluso Aterciopelados, prominente por la consolidación de un discurso estético en todos los niveles, auditivo y visual, parece haber pasado a mejor vida.
Quizás muchos desde el underground sigan dando la pelea, pero el caso de KRAKEN es historia aparte.
Fundada en Medellín a finales de los ochenta, por Elkin Ramirez,Hugo Restrepo, Jorge Atehortua y Gonzalo Vasquez, la agrupación KRAKEN en un principio se dedicó a hacer covers de otras agrupaciones, hasta empezar a elaborar un proyeccto de rock nacional e identificativo , con líricas en español que exaltan la condición del hombre colombiano y latinoamericano en general, desde su historia como en el deslumbrante KRAKEN IV PIEL DE COBRE, album épico en el mejor sentido de la palabra en el cual se incorporan vocablos y cosmovisión de las grandes culturas indigenas precolombinas a nivel de América Central y del Sur, hasta el sentir urbano en canciones como TODO HOMBRE ES UNA HISTORIA, SOY REAL y ESCUDO Y ESPADA.
Apoyados en una perspectiva del rock como lenguaje propio (EL IDIOMA DEL ROCK),identificación del habitante latinoamericano dentro del entorno(HIJOS DEL SUR), anhelo de vida avasallante (VIVE), progresión melódica (PALABRAS QUE SANGRAN) y baladas de gran calidad (VESTIDO DE CRISTAL, CORAZÖN FELINO, UNA VEZ MÄS, FRAGIL AL VIENTO), KRAKEN se ha convertido en una de las bandas más relevantes dentro del rock nacional, con una carrera coherente, no excenta de experimentaciones y profundizaciones en sus propuestas, así como tampoco ajena al azar de los cambios de formación y demás, que le han permitido permanecer durante veinte años y ser reconocida a nivel internacional, contar con un gran número de adeptos y haber conseguido cierto reconocimiento en cuanto a ventas en un mercado tan díficil como el del rock nacional sin hacer conseciones ni en sus postulados ni en su música...

Kafka...

Kafka...

La soledad que parece encarar a todo aquél que se dedica a una labor creativa y que puede resultar tan amarga, al punto de imponerse a la creación misma, fue una de las tantas luchas que Kafka afrontó con valentía silenciosa y bonhomía tan propias en él, o por lo menos esa es la impresión que me dá y es una de las razones para que lo cuente entre mis autores favoritos.
Kafka al parecer nunca se deja vencer por el desaliento, como si la desesperación fuera pasto propicio para un mayor arraigo aún en la vida, porque hasta de la enfermedad extrae voluptuosidad, como queda marcado en una de sus cartas a Milena, porque hasta en sus más oscuros pasajes se percibe un aliento de humanidad tan animal, tan prímigenio que uno queda sorprendido, el soldado y el condenado de La colonia penitenciaria, que se arrastran tras el viajero, obligándolo a amenazarlos con una cuerda, o el chico de afán justiciero del Fogonero que se vé involucrado en un laberinto de buenas intenciones mezcladas con burocracia...
Kafka no disputó espacio con su soledad, la defendió de una manera dolorosa sin dejarse amargar por ello, sus obras no traslucen amargura,quizás si culpa, anhelos de evasión, la angustia del hombre perdido en el laberinto que él mismo ha cavado, pero nunca amargura, posibilidades infinitas jamás resueltas dada precisamente su infinitud.
La dolorosa conquista de una destinación y los sacrificios que debemos ir haciéndo en aras de propiciarnos deidades benevolentes (el abandono de la criada a manos del mozo en El médico rural,para al final acabar en cama del enfermo, postrado de humanidad), pero nunca dejadez frente a la travesía.
El camino es largo y complicado pero el Gordo lo recorre aunque se lo lleve la corriente...

El viejo manuscrito

El viejo manuscrito

Podría decirse que el sistema de defensa de nuestra patria adolece de serios defectos. Hasta el momento no nos hemos ocupado de ellos sino de nuestros deberes cotidianos; pero algunos acontecimientos recientes nos inquietan.

Soy zapatero remendón; mi negocio da a la plaza del palacio imperial. Al amanecer, apenas abro mis ventanas, ya veo soldados armados, apostados en todas las bocacalles que dan a la plaza. Pero no son soldados nuestros; son, evidentemente, nómades del Norte. De algún modo que no llego a comprender, han llegado hasta la capital, que, sin embargo, está bastante lejos de las fronteras. De todas maneras, allí están; su número parece aumentar cada día.

Como es su costumbre, acampan al aire libre y rechazan las casas. Se entretienen en afilar las espadas, en aguzar las flechas, en realizar ejercicios ecuestres. Han convertido esta plaza tranquila y siempre pulcra en una verdadera pocilga. Muchas veces intentamos salir de nuestros negocios y hacer una recorrida para limpiar por lo menos la basura más gruesa; pero esas salidas se tornan cada vez mas escasas, porque es un trabajo inútil y corremos, además, el riesgo de hacernos aplastar por sus caballos salvajes o de que nos hieran con sus látigos.

Es imposible hablar con los nómades. No conocen nuestro idioma y casi no tienen idioma propio. Entre ellos se entienden como se entienden los grajos. Todo el tiempo se escucha ese graznar de grajos. Nuestras costumbres y nuestras instituciones les resultan tan incomprensibles como carentes de interés. Por lo mismo, ni siquiera intentan comprender nuestro lenguaje de señas. Uno puede dislocarse la mandíbula y las muñecas de tanto hacer ademanes; no entienden nada y nunca entenderán. Con frecuencia hacen muecas; en esas ocasiones ponen los ojos en blanco y les sale espuma por la boca, pero con eso nada quieren decir ni tampoco causan terror alguno; lo hacen por costumbre. Si necesitan algo, lo roban. No puede afirmarse que utilicen la violencia. Simplemente se apoderan de las cosas; uno se hace a un lado y se las cede.

También de mi tienda se han llevado excelentes mercancías. Pero no puedo quejarme cuando veo, por ejemplo, lo que ocurre con el carnicero. Apenas llega su mercadería, los nómades se la llevan y la comen de inmediato. También sus caballos devoran carne; a menudo se ve a un jinete junto a su caballo comiendo del mismo trozo de carne, cada cual de una punta. El carnicero es miedoso y no se atreve a suspender los pedidos de carne. Pero nosotros comprendemos su situación y hacemos colectas para mantenerlo. Si los nómades se encontraran sin carne, nadie sabe lo que se les ocurriría hacer; por otra parte, quién sabe lo que se les ocurriría hacer comiendo carne todos los días.

Hace poco, el carnicero penso que podría ahorrarse, al menos, el trabajo de descuartizar, y una mañana trajo un buey vivo. Pero no se atreverá a hacerlo nuevamente. Yo me pasé toda una hora echado en el suelo, en el fondo de mi tienda, tapado con toda mi ropa, mantas y almohadas, para no oír los mugidos de ese buey, mientras los nómades se abalanzaban desde todos lados sobre él y le arrancaban con los dientes trozos de carne viva. No me atreví a salir hasta mucho después de que el ruido cesara; como ebrios en torno de un tonel de vino, estaban tendidos por el agotamiento, alrededor de los restos del buey.

Precisamente en esa ocasión me pareció ver al emperador en persona asomado por una de las ventanas del palacio; casi nunca sale a las habitaciones exteriores y vive siempre en el jardín más interior, pero esa vez lo vi, o por lo menos me pareció verlo, ante una de las ventanas, contemplando cabizbajo lo que ocurría frente a su palacio.

-¿En qué terminará esto? -nos preguntamos todos-. ¿Hasta cuando soportaremos esta carga y este tormento? El palacio imperial ha traido a los nómades, pero no sabe como hacer para repelerlos. El portal permanece cerrado; los guardias, que antes solían entrar y salir marchando festivamente, ahora están siempre encerrados detrás de las rejas de las ventanas. La salvacion de la patria sólo depende de nosotros, artesanos y comerciantes; pero no estamos preparados para semejante empresa; tampoco nos hemos jactado nunca de ser capaces de cumplirla.

Hay cierta confusión, y esa confusión será nuestra ruina.

FRANZ KAFKA.
Tomado de www.ex-inferis.galeón.com

El retrato de Dorian Gray: Prefacio

El retrato de Dorian Gray: Prefacio


El artista es creador de belleza.

Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.

El crítico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresión de la belleza. La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía.

Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas están corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus cultivados. Para ellos hay esperanza.

Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas sólo significan belleza.

No existen libros morales o inmorales.

Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo.

La aversión del siglo por el realismo es la rabia de Calibán al verse la cara en el espejo.

La aversión del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibán al no verse la cara en un espejo.

La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.

El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.

Ningún artista es morboso. El artista está capacitado para expresarlo todo.

Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte.

El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del músico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.

Todo arte es a la vez superficie y símbolo.

Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, se exponen a las consecuencias.

Quienes penetran en el símbolo se exponen a las consecuencias.

Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.

La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que está viva. Cuando los críticos disienten, el artista está de acuerdo consigo mismo.

A un hombre le podemos perdonar que haga algo útil siempre que no lo admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente.

Todo arte es completamente inútil.

OSCAR WILDE


Tomado de www.bibliotecasvirtuales.com

resistencia...

resistencia...

El deseo constante de morir, y de seguir resistiendo; solo eso es el amor...
FRANZ KAFKA.
Tomado de Franz Kafka en www.uolsinectis.com.ar

definiendo la poesía

definiendo la poesía

III
Trataré de definir la poesía como toda acción del espíritu completamente gratuita y desinteresada de presupuestos éticos, políticos o racionales que se formulan los hombres como programas de felicidad y de justicia. Este ejercicio del espíritu creador originado en las potencias sensibles, lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil, al acto solitario del Ser. El ejercicio poético carece de función social o moralizadora. Es un acto que se agota en sí mismo, el más inútil del espíritu creador. Jean-Paul Sartre lo definió como la elección del fracaso. La poesía es, en esencia, una aspiración de belleza solitaria. El más corruptor vicio onanista del espíritu moderno

Fragmento del Primer Manifiesto Nadaísta.
Tomado de alguna parte...

Balada de la Fórmula Definitiva y Paradojal

Balada de la Fórmula Definitiva y Paradojal

I
Necias disquisiciones de fastidiosa ética:
mi cabeza, la ilusa, anda muy mal de juicio...
(¡peor la flaca bolsa, de irónica aritmética...!)
Le pregunté a la esfinge que tengo a mi servicio:
—oh ¿cuál será la fórmula, de virtud o de vicio,
que rija mis futuros? —y los abstrusos senos
musitaron unánimes, en tono profeticio:
¡todo no vale nada, si el resto vale menos...!

II

Eblís llévese entonces la ilusión que acaricio,
me dije, seducido por frase tan sintética;
acudí, sin embargo, a otro dios más propicio:
al Buda que reniega la física kinética...
Pendía de sus labios de palidez ascética
y presto oí del verbo los indecibles trenos,
la turbia paradoja de recia apologética:
¡todo no vale nada, si el resto vale menos!

III

Pero no satisfecho de esa sentencia herética
(tan absurda a las fibras de mi amante edificio),
fui tras otras palabras de más suave fonética,
que curasen mi trágico padecer adventicio.
Ninguna ¡no, ninguna! dio con el artificio
de ese bálsamo amable de perfumes amenos.
Todas fueron acordes cantando el epinicio:
¡todo no vale nada, si el resto vale menos!

Envío

¿A cuál? ¿A quién?: ¡al cínico señor del Maleficio,
al misterioso búho de alma peripatética!
Singlaremos entonces con rumbo al precipicio,
con rumbo al precipicio y a la nada hipotética,
pero iremos impávidos, ecuánimes, serenos,
diciendo la parábola desdeñosa y estética:
¡todo no vale nada, y el resto vale menos!

LEON DE GREIFF.

Tomado de Poesía.org

Autoretrato de Dorian Gray.

Autoretrato de Dorian Gray.

Descubrí El retrato de Dorian Gray a los dieciseis años, en la biblioteca del colegio, atraído más por el lado fantástico de la historia(un hombre que nunca envejece, sino que lo hace un cuadro suyo oculto en algún lugar de su casa), que por tener noción de quién era Wilde, igual que me pasó con La piel de zapa de Balzac.
Para entonces yo era un devorador de novelas de aventura del siglo diecinueve, sobre todo Verne y Salgari y en menor medida Stevenson y los folletines rocambolescos, así que no se me hizo ajeno el escritor dublinés.
Tomé el pequeño tomo y me lo llevé a casa.
La conmoción fue total, desde el prefacio,pero sobre todo el segundo capítulo de la novela, aquél donde Lord Henry destila sus palabras sobre un suave niñato llamado Dorian Gray.
La idea de un nuevo hedonismo que borrara la sórdidez que parecía atenazar el mundo alrededor, se irguió como una válvula de escape, pero no un hedonismo cualquiera de placeres manoseados, tristemente deslucidos, sino una concepción alejada de la negación de la carne del cristianismo y mucho más lejos aún de la canibalización del cuerpo y de la piel a la que nos tienen acostumbrados la publicidad y los medios. Se trataba de asimilar cuerpo y espíritu, manteniendo a raya los remordimientos propios de un adolescente solitario, y borrar cualquier aprehensión hacia un posible contacto...
La obra de arte desligada de cualquier reproducción técnica, el artista visto como un ser absolutamnete inútil al que, sin embargo, la sociedad debe mantener, el arte mismo desprevenido de cualquier afán moralista y ya ni siquiera como expresión individual pues se tornaba tan absoluto que debía revelar el arte y ocultar al artista.
Los pecados secretos que Dorian Gray llevaba a cabo, la escapatoria total de la sociedad dentro de la sociedad misma, en su propio interior, tornaban a Wilde en un transgresor. Su dandismo, exacerbación a la inversa del polo de los negadores del consumismo médiatico neoliberal y globalizante, mostrándo cuán arrogante puede ser el artista al situarse por encima de las conveniencias y demostrar que él mismo puede convertirse en parte del arte.
Durante algún tiempo enarbolé la bandera de la inutilidad de otorgar razones a las cosas que hacemos y que nuestras motivaciones tienen que ser definitivamente egoístas, individuales y plenas.
Pero yo, al igual que Dorian Gray, al igual que el mismo Wilde quizás, tenía remordimientos, temía llegar demasiado lejos y terminé por engañarme diciendome que las posibilidades infinitas del hombre eran imposibles.
Dorian Gray se enreda en su propio juego, se prodiga una comodidad que lo aísla del sufrimiento , ya ni siquiera es capaz de engañar a una joven campesina ni de estrujarla con sus dedos como antaño hiciera con Sybil.
El crimen más motivante, el parricidio en contra del creador de su retrato queda consumido en puras formúlas paradojales, y la variación del crimen hacia Lord Henry queda descartada por motivos de economía: ¿qué provecho hay en eliminar aquello que hemos superado?...Sobre todo que nunca en toda la novela Dorian piensa en asesinar a Lord Henry...
Al final Dorian Gray decide destruirse a sí mismo, al igual que todos los demás, sólo que Dorian lo hizo de una manera definitiva mientras nosostros nos vamos diluyéndo poco a poco, borrándose nuestra imagen como una foto vieja...

Kafka en el cine

Kafka" (1991)

El joven director Steven Soderbergh ( "Sexo, mentiras y video " y una olvidable película en la que actúan George Clooney y Jennifer López llamada "Out of Sight") rodó esta película en la ciudad de Praga. La oscuridad de la noche introduciéndose en los recovecos de la bella e impactante ciudad, no hacen más que potenciar una trama que parece provenir de un universo kafkiano, absolutamente kafkiano. Ficción y no ficción. Es exactamente eso. Soderbergh quiere a Kafka pero a su manera. Y lo quiere bien. Mezcla nombres y personajes, y los trae delante de sus cámara, allí pone a funcionar los engranajes de una sociedad totalitaria y burocrática y empieza a correr la película. Actuación contundente y apropiada de Jeremy Irons -difícil imaginar el papel en otro rostro-, acompañado levemente por Theresa Russell.
El film está magistralmente fotografiado por Walt Lloyd ( "Sexo, mentiras y video", "Empire Records", "Short Cuts") que sabe utilizar los recursos arquitectónicos que Praga ofrece. La escenografía "natural" no es sólo un elemento más, es parte activa del film. Es tan intensa que por momentos llega a cortar la respiración. Allí es donde Kafka escribió "La Metamorfosis" y uno, gracias a Soderbergh, lo recuerda constantemente.
EE.UU./Francia, 1991, 95'

Dirección
Steven Soderbergh

Protagonistas
Jeremy Irons, Theresa Russell, Ian Holm, Alec Guiness

Tomado de fotograma.com

Extraído de la página de Franz Kafla, www.geocities.com/Athens/9505/kafka.htm

EL PROCESO, 1963.
Por Alejandor G Calvo.

A vueltas con los montajes
La Malos tiempos corrían para Welles (para variar, de hecho, desde Ciudadano Kane (Citizane Kane, 1941) a Welles pareció perseguirle una mala sombra, de esas que tan bien retrataba en sus films, con unas tijeras en la mano dispuesta ha hacer pedazos cualquiera de sus películas) cuando le llegó a sus manos la oportunidad de plasmar la novela de Franz Kafka El proceso. Welles se hallaba en Europa rodando como actor cualquier papel mal avenido con tal de recoger más fondos para cualquiera de sus múltiples proyectos que ya tenía en mente: desde poder proseguir con su amado Don Quijote que había empezado a rodarlo en 1955, hasta la inmediata preparación en España del film Campanadas a medianoche (1962), o la futura preparación del film The Deep (que empezó a rodar en Yugoslavia en 1967, pero que jamás llegaría a finalizar, como tantos otros). Tras la escabechina que le habían realizado con los montajes en sus últimos films: Macbeth (Ídem, 1948), Otelo (Othello, 1952) , Mr. Arkadin (Ídem, 1955) y Sed de mal (Tocuh of Evil, 1958), Welles se había sentido prácticamente expulsado de Norteamérica, y fue justamente en esta época, cuando se hallaba rodando para Abel Gance su Austerlitz (Ídem, 1960. Abel Gance y Roger Richebé), cuando conoció a los productores franceses y hermanos Ilya y Michael Salkind. Estos le ofrecieron la adaptación de diversas novelas, decantándose Welles finalmente por la obra de Kafka, garantizándose esta vez su derecho al montaje final, por lo que si se entiende que El proceso no salió del todo de gusto de Welles, pese a ser una de sus obras cumbre, fue más por la falta de medios económicos y técnicos, que no por el montaje final realizado, por otra parte, tremendamente brillante y de un adelanto a su tiempo que haría caer la cara de vergüenza a muchos de los realizadores que hoy en día se tildan de modernos. De hecho Welles, ya desde Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento (The Magnificient Ambersons, 1942) había demostrado tener una máxima capacidad creativa a la hora de posicionar la cámara, fotografiar el film y montarlo con un grado artístico de un carácter casi inconcebible, y si este fuerza visual se había visto disminuida en films como Estambul (Journey Into Fear, 1942), o El extraño (The Stranger, 1946), fue sin duda para que Welles pudiera demostrar a los productores norteamericanos que era capaz de filmar como alguien "normal" un film y obtener beneficios en taquilla sin asustar al espectador con encuadres, que pese a su genialidad, era incapaz de concebir.

Según cuenta a Welles a Juan Cobos y Miguel Rubio: «Yo había diseñado una película completamente diferente. Todo tenía un aire completamente diverso. Todo fue inventado en el último minuto porque mi película físicamente era diferente en su concepción. Estaba determinada por el hecho de que no había decorados (...) lo formaban decorados que gradualmente desaparecían. Iban desapareciendo cada vez más elementos realistas y el público era consciente de ello, hasta que, finalmente, el escenario era el espacio abierto, como si todo se hubiera disuelto. Y nada de esto se pudo hacer. Era otra película» (1).

El proceso ¿Kafka o Welles?
Una de las máximas virtudes que tenía Welles, y ello queda denotado claramente en su obra, es la gran capacidad del realizador para hacerse suyo un texto ajeno. Su fagocitación, tanto de obras clásicas de carácter mítico como pueden ser Macbeth, Othello, Campanadas a medianoche y El Quijote (2); obras de excelente calidad como El cuarto mandamiento (Los magníficos Amberson) de Booth Takington, El proceso o Una historia inmortal (Une histoire inmortelle, 1968) de Isak Dinesen; o, y lo que resulta más sorprendente, de novelas de segunda y tercera fila con las que Welles haría maravillosas obras como son La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1948) de la novela If I die before I wake de Sherwood King y Sed de mal de la novela Badge of evil de Whit Masterson.

Así Welles hizo suyo el texto de Kafka, y convirtió la habitual lucha perdida entre el protagonista kafkiano y un ente superior que domina su destino, en la crítica habitual de Welles contra los estamentos de poder y en el gusto del realizador por el anacronismo de un mundo que parece desaparecer para dar paso a otro, conllevando así la extinción de su protagonista. Si bien en Ciudadano Kane y El cuarto mandamiento, el progreso es la base por la que se ven arrastrados sus protagonistas (para mal o para bien), en El proceso, el progreso es ahora, y una vez instalado, en un mundo exuberante de democracia y libertad, llevado por las invisibles cotas de poder, la que da paso a un desierto, más mental que físico, en el que los culpables de la sociedad (en esto profundizaré después) deben ser llevados por su incapacidad frente al acomodamiento de dichos parámetros de estilo de vida.

Joseph K. (un Anthony Perkins perfecto en su composición delicada y agobiante, que venía de realizar recientemente su mítica composición de Norman Bates en el Psicosis [Psycho, 1960] de Hitchcock) es en Kafka un hombre perseguido por un poder intangible, que le ha juzgado antes incluso de que empezara el proceso; en Welles, K. es un hombre abandonado a la suerte de un tiempo y un escenario físico que se desvanece sin que el pueda hacer nada por cambiarlo. Desde luego los dos universos se tocan y conviven, pero es Welles el máximo responsable de la total sensación surrealista que destila su film: Personajes y escenarios aparecen y desaparecen para no regresar en un itinerario confuso y equivocado del joven K., paradigma de falso culpable, perdido en un mundo que creía conocer perfectamente (desde la estabilidad de su despacho) y que resulta plagado de contradicciones tan rotundas como el hecho de que el Tribunal Supremo se halle en una barriada, donde pasillos imposibles repletos de culpables esperando sentencia, se unen por arte de magia (Welles, ese gran mago) con habitáculos de madera tallada en forma de jaula que habitan pintores y salas de lo penal abarrotadas de público que no son más que funcionarios simulando un espectáculo o como en casa del abogado, especie de mausoleo de libros viejos y desvencijados repleto de candelabros polvorientos, donde se esconden desde un alto personaje del tribunal a un acusado encerrado bajo llave que no se marcha a esperas de que el abogado le llame.

Pero sin duda, donde más se respira el aroma de Welles, es en el personaje que él mismo interpreta, el abogado Hastler (Huld en la novela de Kafka), perfecta representación del poder corrompido en un personaje humano (vaya, tan humano como el Quinlan de Sed de mal o el de Gregory Arkadin en Mr. Arkadin), donde ya desde su aparición entre vapores, tumbado en la cama, consigue aglomerar toda los enemigos de K. en uno solo: su propio abogado. Desde este punto de vista, Welles, elimina parcialmente el personaje del párroco que le cuenta la leyenda sobre el hombre a las puertas de la ley, para adjudicársela al propio Hastler: Un símbolo de la defensa de los procesados que se divierte torturando a los presuntos culpables, sus clientes, de la manera más abyecta posible (cf: Su humillación al pobre Block -perfecto, como siempre, Akim Tamiroff-, ejemplar representativo de lo que deberían ser todos los culpables... poco más que un perro).

¿Culpable... pero de qué?
¿Quién fue Charles Foster Kane? ¿Y que trama la enigmática Elsa Bannister? ¿Por qué Iago actúa como actúa? ¿Qué le pasó en la juventud a Gregory Arkadin que es incapaz de recordar? ¿Y Mr. Clay? ¿Y Quinlan?... Toda la obra de Welles es repleta de preguntas, la mayoría sin respuesta, que les sirven a sus protagonistas tanto como leit-motiv de la historia, como de desencadenante o macguffin de la misma. El proceso por supuesto, no se libra. Empieza el film y en una escena magnífica en la que no se corta el plano, Joseph K. se ve arrestado por guardianes (ni siquiera, policías -3-) y se le comunica que está arrestado, pero que no pueden (ni, de hecho, saben) explicarle por que razones ha sido detenido.

A medida que avanza el film, un seguro y decidido K. se va desmoronando sobre sí mismo a medida que va descubriendo tanto la corrupción de las altas esferas de poder, como por su terrible itinerario físico, como si de un laberinto se tratara, sin más salida que el propio final del proceso, el que de hecho, está ya decidido desde el primer fotograma de la película, cuando se narra la historia del hombre imposibilitado para entrar en las puertas de la ley.

Coincido con Miguel Rubio al creer que «en un mundo cuyas estructuras de poder y sometimiento están basadas precisamente en el hecho de la culpabilidad generalizada, ¿por qué alguien va a ser inocente?» (4). ¡Desde luego que K. es culpable! ¿Cómo no va a serlo, si es el único que no se resigna a ser procesado? K. con su altitud frente a sus interrogadores, con su desplante al abogado y con su insistencia en decir que es inocente, es culpable aún antes de que le despierten para decirle que ha sido arrestado. Y que no se esfuerce en llegar a las puertas de la ley, por que cuando llegue, no se le dejará entrar. Aunque esas puertas estén allí para él. Como si se tratara de un sueño o... de una pesadilla.

(1) "Antes de las campanadas". Nickel Odeon Nº16. Entrevista realizada a Welles por Juan Cobos, José Antonio Pruneda y Miguel Rubio, para las hojas del Film ideal el 6 de mayo de 1964, el día que Welles hacía 49 años.
(2) Y muchas más que no pudo realizar por problemas de todo tipo: Guerra y paz, El corazón de las tinieblas, Enrique IV, Cyrano de Bergerac, Moby Dick, La ilíada, La vuela al mundo en 80 días, Julio César, Salomé, El Rey Lear, La Biblia (episodio de Abraham)...
(3) Toda la obra de Welles se halla repleta de humor, incluso en las más sombrías como pueden ser Macbeth o Una historia inmortal. El proceso probablemente sea de las más divertidas, casi por hilarante, apunto tanto la escena en la que K. se ve detenido como la escena en que una amiga de Ms. Brustner arrastra un baúl por un camino de tierra hacia no se sabe donde, con K. detrás suyo insistiendo que la quiere ayudar y la otra, que además es impedida, se niega, recriminándoselo como si la estuviera insultando. Ni Buñuel lo hubiera hecho tan bien.
(4) "El tema el poder en Orson Welles". Miguel Rubio para Nickel Odeon Nº16.

Tomado de www.miradas.net.