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estabolsanoesunjuguete

Islanada

Islanada!

Asì decidimos llamarla para que supiera nuestro modo de pensar, entendiera que no llegabamos en busca de oro, uranio, piedras preciosas, sino de un arcoiris tal vez escondido debajo de aquella roca caìda del cielo, y el cielo arriba, azul y sonriente, viendo còmo todos nosotros de la alegrìa que sentìamos, enterrabamos la cabeza en la arena.

Elmo Valencia.

Sombras

Sombras

¿De què reino de luz somos nosotros sombras que oscurecen la tierra desovada?

Henry Miller.

Fantasmas

Fantasmas

En otros tiempos muy antiguos sòlo habìa fantasmas. Es decir, al principio. Si hubo alguna vez un principio.

Henry Miller.

Big Sur y las naranjas de Hieronymus Bosch. Editorial Losada S.A., Buenos Aires, 1960.

Cinema calendario del corazòn abstracto mansiones

2.

con tus dedos crispados alargàndose y tambaleàndose como los ojos

la llama apela para estrechar

estàs tù allì bajo la manta

los almacenes escupen a los empleados al mediodìa

las calles les transporta

los timbres de los tranvìas cortan la frase fuerte.

15

Sobre las blancas cuerdas de la medianoche atrofiada

recibes impermeable lunàtico

ampolla mujer en caucho de verde por kilometros

el engranaje subterràneo del sentido tàctil.

 

Tristàn Tzara.

El domador de leones recuerda

mìrame y sè color

màs tarde

tu reìr como sol por liebres por camaleones

aprieta mi cuerpo entre dos lìneas anchas que el hambre sea claridad

duerme duerme ¿ves? somos pesados antìlope 

           azul sobre glaciar oreja en las piedras bellas fronteras oye la piedra

viejo pescador frìo grande con letra nueva aprender las muchachas de hilo de hierro y azùcar giran

            largamente los frascos son grandes como las sombrillas blancas oye rueda rueda roja

en las colonias

recuerdo olor de limpia farmacia vieja sirvienta

caballo verde y cereales

cuervo grita

flauta

equipaje corrales oscuros

muerde sierra ¿quieres?

horizontal ver.

Tristàn Tzara.

Poemas.Traducciòn, selecciòn y pròlogo Fernando Millàn.

Alberto Corazòn, editor, Madrid,1969.

 

 

Un solo hombre

No està en manos de Dios el poder salvar de la muerte a un solo hombre. Ahì està el caràcter uno y ùnico de Dios.

Elias Canetti.

Rocky Lunario

           ¡Ay!, destructores de los muros de vuestra casa

          que en un amargo reinar teníais puesto los ojos.

          Esquilo.

Rocky Lunario estaba impaciente porque su provisión de chicle se había terminado. (...)

Miró allá arriba la Tierra llena y su depósito de oxígeno se llenó de nostalgia al presentir los lugares más queridos que albergaba su detector de recuerdos (...) echó rabiosamente de menos la piscina, el sol, los largos muslos de las bañistas en el Privette Club de Fort Lauderdale, a dónde solía escaparse cada vez que le daban un respiro en el entrenamiento los lanzacohetes de la base. Después de muchos ensayos infructuosos la cosa había resultado y los relevos comenzaron inmediatamente. Cada hombre podía permanecer un año en la base lunar, y cuando llegó su turno ya estaban listas todas las instalaciones dispuestas para descubrir satélites extraños, explosiones atómicas en el ámbito terrestre, interceptores de cohetes piratas y la gigantesca plataforma de misiles, que debía estar siempre lista para entrar en acción y que había garantizado a su país supremacía total.

(...)

Sus deberes consistían primordialmente en pasar revista al inmenso tablero de control lunar, que daba los datos exactos sobre el funcionamiento de toda la instalación atómica... (...)

La luna entre Rocky Lunario y el hastío no era nueva, sin embargo.

(...)

Encaminó sus pasos, extrañamente ágiles bajo la envoltura de oso polar, hacia el ciclotrón que parecía una inmensa clepsidra tendida en el mar de  polvo blanquecino.

(...)

Al llegar  frente a la estrecha puerta de metal, accionó  con soltura el mecanismo disimulado que,  al mismo tiempo que desconectaba el sistema automático de defensa, abría la puerta blindada de esteatita. Pasó por el estrecho vestíbulo y subió a grandes brincos deportivos la escalera de caracol, hasta llegar al control de mando.

(...)

Se acomodó en el sillón central y se quitó los guantes y la escafandra (...) Sus dedos tamborilearon sobre las teclas del tablero de mando, que accionaban el lanzamiento de los proyectiles.

Al apretar la tecla central- la de potencia máxima- quedó asombrado al no escuchar ningún ruido. Dos segundos más tarde vio elevarse al silencioso misil.

Tardaría doce horas en llegar.

Del bolsillo trasero del pantalón sacó el cuaderno de tiras cómicas (...) y se dispuso a esperar el momento en que la Tierra fuera borrada del firmamento.

Renè Rebetez

 

Todos los muertos estàn ebrios

Todos los muertos estàn ebrios de lluvia vieja y sucia

en el extraño cementerio de Lofoten.

El reloj del dehielo hace sonar su tic-tac recòndito

en el corazòn de los pobres ataùdes de Lofoten.

 

Y gracias a los huecos abiertos por la negra primavera

loa cuervos se han cebado con la yerta carne de los hombres.

Y gracias al delgado viento con voz de niño

el sueño es dulce para los muertos de Lofoten.

 

Probablemente, yo no verè jamàs

ni el mar ni las tumbas de Lofoten,

y, sin embargo, siento en mì como si ya amara

aquèl lejano rincòn de tierra y todos sus dolores.

 

Y tù, oh desaparecido, tù, oh suicida, tù, amigo remoto

del extraño cementerio de Lofoten

-¡cuàn extraño y dulce suena este nombre en mi oìdo!-

verdaderamente, dime, ¿duermes, duermes? ¿Responde!

 

Tù, claro vino que llenas mi copa de plata,

podriìas contarme relatos màs encantadores,

historias màs divertidas o menos locas.

Dèjame ya en paz con los muertos de Lofoten.

 

Bienestar y calma. En el hogar, muy dulcemente,

el màs melancòlico de los meses arrastra su voz.

-¡Ah!, los muertos, incluso los muertos de Lofoten,

 los muertos, los muertos estàn en el fondo menos muertos que yo..

 

Oscar Vencelas de Lubicz-Milosz.

Poesìa francesa. Antologìa. Andrès Holguìn. Edicoines Guadarrama, Madrid, 1954.

Un arma de funcionamiento fàcil

Un arma de funcionamiento fàcil

1. Un arma de funcionamiento fàcil.

Pusieron un sabueso explosivo para que  lo siguiera en Nueva Delhi, programado con las feromonas y el color del pelo de Turner. Lo alcanzò en una calle llamada Chandni Chauk y se arrastrò hasta el BMW alquilado a travès de una selva de piernas desnudas y bronceadas y ruedas de taxis de tracciòn humana. El nùcleo del sabueso era un kilogramo de hexògeno recristalizado y TNT en escamas.

No lo viò venir. Lo ùltimo que viò de la India fue la fachada de yeso rosado de un lugar llamado Hotel Khush-Oil.

Como tenìa un buen agente, tenìa un buen contrato. Como tenìa un buen contrato, ya estaba en Singapur una hora despuès de la explosiòn. La mayor parte de èl, en todo caso. El cirujano holandès hizo algunas bromas: còmo un porcentaje indeterminado de Turner no habìa logrado salir de Palam International en aquel primer vuelo y hubo de pasar la noche allì en un cobertizo, en una cubeta de cultivo.

El holandès y su equipo necesitaron tres meses para volver a armar a Turner. Clonaron un metro cuadrado de piel, cultivada en planchas de colàgeno y polisacàridos de cartìlago de tiburòn. Compraron ojos y genitales en el mercado libre. Los ojos eran verdes.

Conde Cero.

William Gibson.

Ediciones Minotauro, Baecelona,1998.

Sueño

Sueño

A pròposito del sueño, aventura siniestra de todas las noches, se puede decir que los hombres se duermen diariamente con una audacia que resultarìa incomprensible si no supieramos que es la consecuencia de  la ignorancia del peligro.

Charles Baudelaire.

Buenos y malos poemas

Buenos y malos poemas

La inteligencia no ayuda en absoluto a escribir buenos poemas; sin embargo, puede impedir que uno escriba poemas malos.

Michel Houellebecq.

Libro ùnico

Puesto que el hombre y la novela son isomorfos, lo normal serìa que èsta pudiera contener todo lo que tiene que ver con aquèl(...) En el fondo, todo deberìa poder transformarse en un libro ùnico, que uno escribirìa hasta poco antes de su muerte; esa manera de vivir me parece razonable, feliz, y quizàs hasta posible de llevar màs o menos a la pactica.

Michel Houellebecq.

El mundo como supermercado.

Michelle Ma Belle

De una a otra esquina de la avenida

para el abrazo

sandalias y yins desflecados

y una cruz egipcia sobre el pecho

bajo la lluvia

entre judìos

de los dos Testamentos

las torres se cubrieron

de flores y amuletos

de la buena suerte

en la jeta del esbirro

contra el cielo denso

oscuro

vi el relàmpago de sus ojos

y el delirio del aire

entretejiendo de nuevo

el mundo.

Fernando Arbelaez

Poemas de exilio

Colcultura, Bogotà, 1986.

Mil verdades

Hay mil verdades, el error es uno.

Nicolàs Gòmez Dàvila.

Escolios a un texto ìmplicito.

Dios y la novela

Dios y la novela

Los hombres escriben ficciones porque estàn encarnados, porque son imperfectos. Un Dios no escribe novelas.

Ernesto Sàbato.

El escritor y sus fantasmas.

Este y más libros de Sábato en el enlace.

Pin ups y fantasía: Joe Chiodo

Una galería con el trabajo del ilustrador Joe Chiodo:

 

 

 

 

PD 2015:

La página ya no existe, así que rearmo la galería, con imágenes tomadas de Tumblr.

El cartero siempre llama dos veces de James M Cain

La oscurísima trinidad de la novela negra  estadounidense, se conforma por tres nombres que implican clásicos del género: Raymond Chandler y El largo adiós, en la que el detective Marlowe nos cuenta cómo se mete en problemas por querer ayudar a un tipo al que ni siquiera conoce; Dashiell Hammett y El halcón Maltés, en la que el cínico Spade va detrás de un objeto de incalculable valor en medio de personas que se compran y venden al mejor postor; y El cartero llama dos veces de James M Cain, que acabo de terminar de leer.

 

 

A diferencia de los dos anteriores, en Cain encontramos un relato en primera persona desde la perspectiva del criminal, un tipo que de antemano sabemos que es un vago violento y oportunista, pero que a base de contarnos su historia logra la empatía del lector, sumergiendonos en la historia de amor trágico de un hombre que está dispuesto a a hacer cualquier cosa por la mujer que ama, incluso a cometer un asesinato.

Con un estilo realista pero lleno de una poesía vital, de urbe en la que sobreviven seres desamparados a los que la vida les da una oportunidad que no saben si merecen, Cain nos va mostrando como todo encaja hacia la sordidez y el castigo, incluso un sentimiento tan excelso como el amor no está excento de egoísmos y temores y nos deja con la duda, jamás resuelta, de si lo que el protagonista nos cuenta es la verdad o lo que de ella quiere que creamos, si la fatalidad puede empañar hasta nuestras mejores resoluciones y  si la muerte, como el cartero, siempre llama dos veces.

Vacío

Nietzsche: Humano, demasiado Humano.

El gran desasimiento:

Cabe presumir que un espíritu en el que el tipo “espíritu libre” ha un día de madurar y llegar a sazón hasta la perfección haya tenido su episodio decisivo en un gran desasimiento y que antes no haya sido más que un espíritu atado y que parecía encadenado para siempre a su rincón y a su columna. ¿Qué es lo que ata más firmemente? ¿Cuáles son las cuerdas casi irrompibles? Entre hombres de una clase elevada y selecta los deberes serán ese respeto propio de la juventud, ese recato y delicadeza ante todo lo de antiguo venerado y digno, esa gratitud hacia el suelo en que crecieron, hacia la mano que les guió, hacia el santuario en que aprendieron a orar; sus momentos supremos serán lo que más firmemente les ate; lo que mas duramente les obligue. Para los hombres de tal suerte encadenados, el gran desasimiento se opera súbitamente, como un terremoto: el alma joven es de repente sacudida, desprendida, arrancada, ella misma no entiende lo que sucede. Un impulso y embate la domina y se apodera de ella imperiosamente; se despiertan una voluntad y un ansia de irse; a cualquier parte, a toda costa; flamea y azoga en todos sus sentidos una vehemente y peligrosa curiosidad por un mundo ignoto. -Antes morir que vivir aquí, así resuenan la voz y la seducción perentorias: ¡y este “aquí”, este -“en casa”- es todo lo que hasta entonces había amado! Un repentino horror y recelo hacia lo que amaba, un relámpago de desprecio hacia lo que para ella significaba “deber”, un afán turbulento arbitrario, impetuoso como un volcán, de peregrinación, de exilio, de extrañamiento, de enfriamiento, de desintoxicación, de congelación, un odio hacia el amor, quizá un paso y una mirada sacrílegos hacia atrás, hacia donde hasta entonces oraba y amaba, quizá un rubor de vergüenza por lo que acaba de hacer, y al mismo tiempo un alborozo por haberlo hecho, un ebrio y exultante estremecimiento interior que delata una victoria -¿una victoria?, ¿sobre qué?, ¿sobre quien?-, una enigmática victoria erizada de interrogantes y problemática, pero la primera victoria al fin y al cabo: de semejantes males y dolores consta la historia del gran desasimiento. Es la mismo tiempo una enfermedad que puede destruir al hombre, esta primera erupción de fuerza y voluntad de autodeterminación, de autovaloración, esta voluntad de libre albedrío: ¡y cuanta enfermedad se expresa en las salvajes tentativas y extravagancias con que el liberado, el desasido, trata en delante de demostrase a sí mismo su dominio sobre las cosas! Vaga cruelmente con una avidez insatisfecha; lo que apresa debe expiar la peligrosa excitación de su orgullo; destruye lo que atrae. Con malévola risa da vuelta a lo que encentra oculto, tapado por cualquier pudor: trata de ver el aspecto de las cosas cuando se las invierte. Es por arbitrio y gusto por el arbitrio por lo que acaso dispensa entonces su favores a lo hasta tal momento desacreditado, por lo que, curioso e indagador, merodea alrededor de los más prohibido. En el trasfondo de su trajín y vagabundeo -pues está intranquilo y sin norte que le oriente, como en un desierto- está el interrogante de una curiosidad cada vez más peligrosa. “¿No es posible subvertir todos los valores?, ¿y es el bien acaso el mal?, ¿y Dios sólo una invención y sutileza del diablo? ¿Es todo acaso en definitiva falso? Y si somos engañados, ¿no somos precisamente por eso también engañadores?, ¿no nos es inevitable ser también engañadores?” Tales pensamientos le conducen y seducen cada vez más lejos, cada vez más extraviadamente. La soledad esa temible diosa y mater saeva cupidinum, le rodea y envuelve, cada vez más amenazadora, más asfixiante, más agobiante; pero ¿quién sabe hoy qué es la soledad

 

Nietzsche, Friedrich -  Humano demasiado humano

Ernesto Sábato: Sobre hèroes y tumbas.

Triunfo

Me gusta la gente fracasada (...). El Triunfo tiene siempre algo de vulgar y de horrible.

 

Borrador
Por desgracia, la vida la escribimos en borrador. Un escritor puede rehacer algo imperfecto o tirarlo a la basura. La vida, no: lo que se ha vivido no hay forma de arreglarlo, ni de limpiarlo, ni de tirarlo.


Mal
Uno no hace mal a la gente que le es indiferente.



Sueño
Pasajero suburbio de la Muerte, premonitorias regiones en que vamos haciendo el aprendizaje del gran sueño, pequeños y torpes balbuceos de la tenebrosa aventura definitiva, confusos borradores del enigmàtico texto final, con el transitorio infierno de las pesadillas. Y poseemos, y por eso, un poco de esa calidad de los resucitados y los fantasmas.


La nada...
...es a fin de cuentas la màs intachable forma de pereza.


Ernesto Sàbato.

Sobre hèroes y tumbas.

PD Resubo el archivo.

PD 2015: Subo un pack  con los siguientes títulos de Sábato:

Sabato Ernesto - El Escritor Y Sus Fantasmas

Sabato, Ernesto - España En Los Diarios De Mi Vejez

Sábato, Ernesto - Heterodoxia

Sabato, Ernesto - Muerte De Belgrano

Sabato,Ernesto - Abbadón el Exterminador

Sabato,Ernesto - Antes Del Fin

Sabato,Ernesto - El Túnel

Sabato,Ernesto - Ensayos ineditos

Sabato,Ernesto - Hombres Y Engranajes

Sabato,Ernesto - La Resistencia

Sabato,Ernesto - Nunca Mas