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estabolsanoesunjuguete

barbie ebria

barbie ebria

despuès de una noche de juerga en compañìa de Parìs Hilton, Barbie intenta pasar el guayabo...

"hay botellas vacìas de marcas extrañas

las debo haber tomado

uff! que resaca!..."

Andrès calamaro.

Imagen por Roberto Roseano

el suicidio de barbie

el suicidio de barbie

la barbie se suicida...

al parecer se cansò del idilio mercadotècnico del sueño americano y no encontrò ningùn chip que la avivara en "basura blanca", como en la pelìcula Small Soldiers.

Fotografìa de Roberto Roseano

pànico escènico

www.wray-mccann.com/portfolio/pages/043.htm

Otomano

Imàgenes delirantes en este blog inclasificable...

www.otomano.blogspot.com

Shopping

« Aséptica y fría, la estética del shopping es funcional a la ideología contemporánea: orden y control, libre pero limitada elección -una metáfora de las democracias actuales-, borramiento de los límites entre ficción y realidad, e ilusión de diversidad. Vidrieras de un gusto único, uniforme, en las que lo distintivo no está precisamente en los objetos sino en las marcas comerciales. Los mismos productos se repiten indefinidamente: sólo cambian de nombre, de color, de etiqueta. » 

Gabriel Cocimano

Tomado de www.consumehastamorir.com.

Ojo a la imagen que acompaña al artìculo… 

Realidad

Realidad

No existe "realidad" verdadera o real- La "realidad" es sencillamente un diseño màs o menos constante- El diseño que aceptamos como "real" ha sido impuesto por la fuerza que domina este planeta, una fuerza esencialmente orientada hacia el dominio absoluto.

William Burroughs.

La imagen tomada de www.consumehastamorir.com

Colaboracionista

Colaboracionista

Hablar es mentir- Vivir es colaborar.

William Burroughs.

¿Cuànto colaboramos al mantenimiento de un estados de cosas nefasto con nuestra indiferencia?...Pero es tan dìficil borrar el hastìo...

Como dijo el mismo Burroughs en otro lugar( www.3rdarm.biz/images/lemurs/lemurs.htm) , somos lemures enfermos, sin gracia ni belleza ni inocencia... monos atados a una cruz como en ese video de N.I.N....

video arte

videos de Iar Peterson Hernandez en www.acontemporanea.blogspot.com

Pensamientos de gato

divagaciones eròticas de un gato acerca de su dueña...

Kanojo to kanojo no neko.

 

Navidad

Un Dios ha nacido. Otros mueren. La realidad

que no ha venido ni se ha ido: un cambio de Error.

Tenemos ahora otra Eternidad,

y siempre lo pasado fuè mejor.

 

Ciega, la ciencia trabaja en el inùtil suelo

loca, la Fè vive el sueño de su culto.

Un nuevo Dios es una palabra- o un nuevo sonido

no busques ni tampoco creas: todo està oculto.

 

Fernando Pessoa

Diciembre

Nieva

y todavìa siguen por la calle

con sus pancartas

promoviendo mercancìas

en un letrero

se proclama el fin del mundo

en el otro

los precios de una barberìa

 

Charles Simic.

Dios

Dios

Ya no hay grandes palabras. La gente, de vez en cuando, dice "Dios", simplemente para pronunciar una palabra que una vez fue grande.

 

Elias Canetti.

Odiar

Odiar

A quien hemos visto dormir, ya no le podremos odiar nunca.

Elias Canetti.

Poemas de Pier Paolo Pasolinni

Poemas de Pier Paolo Pasolinni

Comunicado a la Ansa (opción estilística)

Renuncio a ser poeta original, pues su precio es falta

De libertad: un sistema estilístico es demasiado exclusivo.

Adopto esquemas literarios trillados para ser más libre.

Naturalmente, por razones prácticas.

 

Manifestar (Apuntes)

Manifestar significar con palabras no se podría
pero con aullidos sí
y también con pancartas, o canciones;

 

Vinieron para rehacer el mundo
y, manifestando, se declararon a su altura
La fuerza está en la virilidad, como en otros tiempos

 

Pero la amabilidad se ha perdido.

 

Cualquier cosa que se manifieste
lo único que se manifiesta es la fuerza
aunque sólo sea la fuerza de los destinados a la derrota

 

Todo lo que no  se puede significar con palabras
no es más que pura y simple fuerza-
¡Pero cuánta inocencia en no saber esto!
¡Qué jóvenes hay que ser para creerlo!

 

Ya que la libertad es incompatible con el hombre
y el hombre, en realidad, no la quiere, intuyendo que no es para él,
¡Cuántas obligaciones me invento envejeciendo
para no ser libre!

 

De acuerdo, pero los más ingenuos, los más inexpertos, los más simples,
los más jóvenes, aún se inventan más obligaciones de éstas,
es más al venir al mundo, lo primero que hacen es adaptarse a él;
triunfalmente;
haciendo creer a sí mismos y a los demás
que se trata de obligaciones necesarias a una nueva libertad.
La realidad es que un muchacho venido aquí de la nada, y totalmente nuevo
se las ingenia enseguida para defenderse de la verdadera libertad.
Es, sobre todo, un muchacho que conoce y acepta los deberes;
y manifiesta la fuerza de su aceptación,
maravillosa adulación del mundo.

Renace siempre, a través de la obediencia, la gracia
y acaso, acaso…

Obedecer a los deberes de la revolución ¡Manifestando!

Por densa que sea la trama de los deberes de un anciano
algo en ella se ha desgarrado
y yo, en efecto, vislumbro la intolerable faz de la libertad;
no teniendo ya ni gracia ni fuerza,
intenté, entonces, defenderme sonriendo, como, precisamente
los viejos que se las saben todas-
Pero la libertad es más fuerte: aunque sea por un poco
quiere ser vivida-

Es un valor que  destruye  todo otro valor
pues todo valor no es más que una defensa
erigida contra ella;

y los valores, precisamente, son sentidos de modo especial por los simples;
por los jóvenes
(sólo en ellos, precisamente, la obediencia es gracia);
con sus filas los Jefes cuentan para seguir adelante,
con sus limpias, inocentes filas-
sencillez y juventud, formas de la naturaleza,
en vosotras la libertad es renegada

a través de una serie infinita de deberes,
limpios, inocentes deberes, a los que, manifestando
se grita con aire amenazador obediencia,
que los sencillos y los jóvenes son fuertes
y aún no saben que no pueden tolerar la libertad.

19 de abril de 1970.

Refundición.

Los sentidos amaron lo que amar no significaba sino
olvidar y ocultar;
todo se trasladó a ese viento;
la necesidad de amor
se identificó en la dulzura inexplicable
y en la impotencia que daba el placer de ese viento
de procedencia desconocida, como sin meta;
parecía como si en el mundo nada más hubiera;
jamás habríamos reconocido que era un pretexto
su gracia fresca de un frescor desconocido
caprichosamente divino, establecido
desde siempre y para siempre por una triunfante certeza,
extendiéndose como un alma de mil vacilantes modos
hasta el fondo del Egeo;
jamás lo habríamos reconocido y no lo era;
toda  la necesidad de ser otros
y expandirse con una naturalidad
cuyo logro habría vencido a la misma muerte-
esa que ahora el viento, más que ninguna otra, significaba;
la rendición ante lo imposible;
el jaque infinito y miserable;
la degradante fatalidad;
todo se proyectaba en el viento que pasaba
como una gema que ni desposa ni desata
sobre aquellas islas desiertas.

Pier Paolo Pasolini.

Transhumanar y organizar, Visor libros, Madrid, 2002.

 

Recordar

La fragmentaciòn de la madurez. El gran cambio. En la juventud èramos ìntegros y el terro y el dolor del mundo nos penetraron por completo. No habìa una clara separaciòn  entre la alegrìa y la pena: se fundìan en una sola cosa, al igual que nuestras horas de lucidez se funden el sueño y el dormir. Nos levantamos por la mañana siendo unos seres, y por la noche completamente ahogados, bajamos a un mar empuñando las estrellas y la fiebre del dìa.

Y entonces llega un momento en el que , de repente, todo parece del revès. Vivimos en la mente, en ideas , en fragmentos. Ya no nos embebemos màs en la salvaje y lejana mùsica de las calles, solamente recordamos.

Henry Miller

Primavera negra.

Calle

Calle

Nacer en la calle significa vagar toda tu vida, ser libre, significa accidentes e incidentes fortuitos, drama, movimiento, significa, sobre todo, ensueño. Una armonìa de datos irrelevantes que propociona a tu vagar una certeza metafìsica. En la calle aprendes lo que  realmente son los seres humanos, de otro modo, màs tarde, uno los inventa. Lo que no està en plena calle es falso, inventado, es decir, literatura. Nada de lo que se llama "aventura" se aproxima nunca al sabor de la calle. No importa que vueles al Polo, que te sientes en el fondo del mar con una libreta en la mano, que saques una tras otra nueve ciudades, o que, como Kurtz, remontes el rìo y te vuelvas loco. No importa lo excitante, lo intolerable de la situaciòn, siempre hay salidas, siempre mejoras, comodidades, compensaciones,, periòdicos, religiones. Pero hubo una vez en la que no existìa nada de esto. Una vez en la que fuiste libre, salvaje, capaz de matar...

 

Henry Miller.

Primavera Negra.

Lenguaje

El lenguaje, concluyò, era con toda probabilidad la cosa màs emocionalmente desconcertante de la tierra, la causa suprema de toda revoluciòn y asesinato.

Barry Gifford.

Puerto Tròpico

El manantial màgico

El manantial màgico

-Tu sueño, querido mìo, es como un rìo que corre sòlo por la noche, mientras duermes. Al final de la vida ese rìo de tu sueño desemboca en el mar de todos los sueños del universo, en el mar que espera en la confluencia, en su desembocadura. Ahora bien, tù debes acechar el momento en que los sueños se detienen durante tu reposo. Porque, a veces, los sueños humanos se detienen durante la noche. En ese instante el sueño es como el agua tranquila y tù puedes aprender còmo nadar a travès de tus sueños aguas arriba. Asì, cada noche de èsas podràs navegar un poco contra la corriente de tus sueños hacia su manantial y ahorraràs algo. Al fin, tendràs un año o màs de vida de lo que tendrìas de otra manera.

Milorad Pavic.

El manantial màgico.

Toma de posesiòn

Toma de posesiòn

Para tomar soberana posesiòn  de la tierra que pisàbamos, el Profeta escribiò la palabra ISLANADA sobre una tabla que el mar habìa arrojado a la playa, utilizando el labial de Dina, color rojo encendido por el calor de su cuerpo. Mònica, en un acto heroico y digno de alabanza, amarrò con su brassiere la tabla a un palo, y colocando el nuevo sìmbolo sobre un montìculo de arena, celebramos el acontecimiento danzando hasta que caìmos agotados.

 

Elmo Valencia.

Dos noches de pasiòn

Yo fui educada en Italia por una tía que quedó viuda muy joven. Cumplí los quince años sin tener del mundo otra idea que la idea terrorífica que sobre él nos inspira la religión, y pasaba mis días pidiendo a Dios que me librase del infierno.
Mi tía fomentaba este miedo, en lugar de atenuarlo. Era hosca y seca. Jamás me dio una prueba de ternura. Sólo algunas mañanas, llamándome a su lecho, me miraba dulcemente y me decía palabras afectuosas; me apretaba contra su seno, contra sus muslos y me estrujaba de repente en abrazos convulsivos... Aún creo estar viéndola agitarse, retorcerse, echar la cabeza hacia atrás y prorrumpir en una risa loca. Yo sentía entonces una tremenda angustia, creyéndola atacada de epilepsia.
Un día tuvo aquella mujer una entrevista con un fraile capuchino, y después me llamaron y el reverendo padre me dirigió este discurso:
-Hija mía, ya vais siendo grandecita y es hora ya de que el demonio de la tentación ponga en vos los ojos. pronto sentiréis sus ataques. Si no estáis pura y sin mancha, os herirán sus flechas; pero si os halláis limpia de pecado, seréis invulnerable. Nuestro Señor redimió al mundo por medio del dolor, y también vos por el dolor lavaréis vuestras culpas. Preparaos a experimentar los sufrimientos de la redención. Pedid a Dios la fuerza y el valor necesarios, porque esta noche seréis puesta a prueba... Id en paz, hija mía.
Ya mi tía me había hablado, unos días antes, de las torturas y las penitencias indispensables para conseguir el perdón de los pecados. Me retiré atemorizada con aquel anuncio del fraile. Así que me vi sola, quise rezar y elevar mi alma al cielo, pero no pude; mi alma estaba aterrada por el espanto del suplicio que me esperaba.
Mi tía acudió a buscarme a media noche. Me ordenó que me desnudara, me lavó de pies a cabeza y me echó una amplia bata negra, cerrada por el cuello y abierta por detrás. Vistióse ella lo mismo y ambas salimos de nuestra casa en coche.
Al cabo de una hora me vi en una vasta sala, tapizada de luto y alumbrada con una sola lámpara, suspendida del techo.
-Arrodillaos, sobrina. Disponéos para la oración y soportad con ánimo todo el mal que Dios os envíe.
Apenas hube obedecido, se abrió una puertecilla. Un fraile, encamisado como nosotras, se
acercó a mí y refunfuñó no sé qué cosa. Luego me separó el vestido y me dejó la grupa al
descubierto.
Lanzó un suspiró casi imperceptible, enardecido sin duda a la vista de mis carnes. Su mano fue paseándose por ellas complacida, se detuvo en las nalgas y acabó por posarse más abajo.
-¡Por aquí peca la mujer: por aquí ha de sufrir!-dijo con cavernosa voz.
Apenas proferidas estas palabras, me sentí azotada por unas disciplinas de recios nudos y con pinchos de hierro. Abracéme al reclinatorio y quise en vano ahogar los gritos. Pero el dolor era tan grande, que al cabo eché a correr por la sala clamando:
-¡Piedad, piedad! ¡No puedo resistir este martirio! Mejor quiero morir. ¡Tenedme compasión!.
-¡Miserable! ¡Cobarde!-dijo mi tía, indignada-. ¡Miradme a mí, mirad lo que yo hago! Y así diciendo, se quitó su túnica, se quedó desnuda, se echó de bruces y esperó el azote con los muslos levantados.
Cayó sobre ella una lluvia de golpes. El verdugo era implacable. Las carnes empezaron a sangrar.
Mi tía, impasible, inquebrantable, pedía a cada momento:
-¡Pegad! ¡Pegad más fuerte! ¡Más fuerte todavía!
Esta visión me trastornó. Sentí de pronto un valor sobrehumano y dije que me hallaba pronta a sufrir todo cuanto quisieran.
Mi tía se alzó del suelo y me cubrió de apasionados besos, mientras el fraile me ataba las manos y me ponía sobre los ojos una venda. ¿Qué deciros, en suma? Comenzó nuevamente mi suplicio, más terrible aún; pero yo tenía embotada la carne; no sentía nada; únicamente, en medio del chasquido de los azotes, creía escuchar como aullidos confusos, y palmoteos de manos sobre cuerpos desnudos, y risas insensatas, risas nerviosas, convulsivas, denunciadoras del placer sensual. A veces, la voz de mi tía, delirante de voluptuosidad, dominaba  el orgiástico concierto, la extraña algarabía, la saturnal de sangre.
Más tarde pude comprender que el espectáculo de mi tormento servía para despertar y azuzar los apetitos. Cada uno de mis apagados ayes provocaba un espasmo de lujuria.
Extenuado, sin duda, a fuerza de golpearme, acabó mi verdugo. Yo seguía inmóvil, abrumada de espanto, resignada a la muerte; sin embargo, a medida que me iba recobrando, experimentaba un desasosiego singular, que estremecía e inflamaba mi carne. Me agitaba lúbricamente, como si quisiera satisfacer un afán insaciable. De pronto, me enlazaron dos brazos musculosos; sentí una cosa dura, rígida, caliente, que me punzó en la grupa, se deslizó hacia abajo y penetró en mi ser violentamente. Pensé que me abrían en dos pedazos. Lancé un grito horroroso, apagado al punto por las carcajadas. Dos o tres terribles envites acabaron de hundirme toda entera aquella cosa dura y desconocida. Las recias piernas de mi enemigo pegábanse a las mías llenas de sangre; me parecía que nuestros cuerpos se apretaban para fundirse en uno. Hinchábanse mis venas y saltaban mis nervios. El vigoroso roce que sentía, obrado con increíble agilidad, me daba tal calor, que creí que lo que había hendido mi ser era un hierro candente.
Caí en un éxtasis; me vi en el cielo. Un licor tibio y viscoso me inundó de pronto, penetró mis huesos, lo sentí hasta en la médula... ¡Oh, era demasiado! Entonces, mi organismo se hizo una fuente viva; corrió por él un fluido devorador como la lava ardiente y, con sacudidas frenéticas, furiosas, di salida a aquél río que me abrasaba y me derrumbé, extenuada, en un abismo de deleite infinito.
(...)
Mi goce se cambió muy pronto en un atroz dolor. Fui inhumanamente maltratada. Más de veinte frailes cayeron sobre mí, como hambrientos caníbales. Perdí el sentido; mi cuerpo quebrantado, destrozado, quedó tirado en tierra, como un cadáver. Al fin me trasladaron medio muerta a mi cama.
(...)
Vuelta a la vida, a la salud, comprendí la perversidad horrible de mi tía y de sus criminales compañeros, cuya lujuria habían enardecido mis torturas. Juré un odio mortal a aquellos miserables, y este odio, en mi venganza y en mi rabia, se lo guardé a todos los hombres. Siempre me sublevó la idea de soportar sus odiosas caricias. Jamás quise servir de vil juguete a sus deseos.
Mi naturaleza era ardiente; había que satisfacerla, y por instinto caí en el hábito, triste y enervador, del goce solitario, hasta que llegó el día en que me curé de él con las doctas lecciones de las hermanas del convento de la Redención. La fatal ciencia en que son ellas maestras me perdió para siempre.

Alfred de Musset
Dos noches de pasión