Crimen
¡Ah, quièn hubiera creìdo que el crimen no consiste tanto en hacer morir como en no morir uno mismo!
Albert Camus.
¡Ah, quièn hubiera creìdo que el crimen no consiste tanto en hacer morir como en no morir uno mismo!
Albert Camus.
Siempre hay razones para asesinar a un hombre. En cambio, resulta imposible justificar que viva.
Albert Camus.
Dios no es necesario para crear la culpabilidad ni para castigar (...) La ùnica utilidad de Dios consistìa en garantizar la inocencia.
Albert Camus.
Ademàs, no podemos afirmar la inocencia de nadie, en tanto que sì podemos afirmar con seguridad la culpabilidad de todo. Cada hombre dà testimonio del crimen de todos los demàs, esa es mi fe y mi esperanza.
Albert Camus.
Puesto que tenìa necesidad de amar y de que me amaran, crì estar enamorado. Dicho de otra manera, que hice el tonto.
Albert Camus.
...La muerte del cuerpo, a juzgar por las que habìa visto, era, por sì misma, un castigo suficiente, que lo absolvìa todo. Se ganaba uno la salvaciòn ( es decir, el derecho a desaparecer definitivamente) con el sudor de la agonìa.
Albert Camus.
En suma, que al mismo tiempo querrìamos no ser culpables y no hacer esfuerzo de purificarnos. No tenemos ni suficiente cinismo ni suficiente virtud; no poseemos ni la energìa del mal ni la del bien.
Albert Camus.
Sin embargo, no hay mèrito alguno en ser honrado o inteligente de nacimiento, asì como seguramente no se es màs responsable por ser un criminal natural que circunstancial. Pero esos bribones quieren la gracia, es decir, la irresponsabilidad, y entonces alegan, sin verguenza alguna, justificaciones de la naturaleza o excusas de las circunstancias, aunque sean contradictorias. Lo esencial es ser inocente, que sus virtudes, por gracia de nacimiento, no puedan ponerse en tela de juicio, y que sus faltas, nacidas de una desgracia pasajera, sean siempre transitorias. Es lo que le decìa: se trata de sustraerse al juicio.
Albert Camus.
Para dejar de ser dudoso, hay que dejar de ser, lisa y llanamente.
Albert Camus.
El acto de amor es, en verdad, una confesiòn. En èl grita ostensiblemente el egoìsmo, se manifiesta la vanidad, o bien se revela la verdadera generosidad.
Albert Camus.
"No se contesta al padre" ¿Conoce usted la fòrmula? En cierto sentido es muy singular, porque, ¿a quièn contestar en este mundo, sino a los que queremos?
Albert Camus
Cuando el cuerpo està triste, el corazòn languidece.
Albert Camus.
La caìda.
...Era allì donde experimentaba un vivìsimo deseo de viajar;parecìame que si hubiera continuado camino adelante y traspasado la lìnea en que el cielo se confunde con la tierra, habrìa encontrado allì la soluciòn del enigma: una vida nueva, mil veces màs accidentada que la nuestra;...Sì, tenìa muchas aspiraciones; pero enseguida pensè que hasta en la prisiòn se podìa encontrar mucha vida.
Fedor Dostoievsky.
El idiota.
Pero ahora tengo tanta tristez encima, que hasta de mis propios pensamientos me compadezco,y aunque,madrecita,con la compasiòn no se logra nada, bien lo sè, de todas formas te hace a ti mismo un poco de justicia. Confieso querida mìa, que en ocasiones, uno mismo se humilla sin razòn alguno, se desprecia...Si lo expresaramos en una metàfora, eso ocurre porque tù mismo te sientes acobardado, acorralado...
Dostoievsky.
¡Ay, amigo mìo, la desgracia es una enfermedad contagiosa! Los desdichados y los pobres deberìan rehuirse unos a otros para no contagiarse màs.
Dostoievsky.
Pobres gentes.
...Vives sin saber que tienes a tu alcance un libro donde toda tu vida se lee como en la palma de la mano. Cuando lees ese libro, empiezas a recordar poco a poco aquellas cosas en que no habìas caìdo antes, empiezas abuscar y a descifrar.
Dostoievsky.
Cansado del triste hospital y del fètido incienso
que asciende por la blancura banal de las cortinas
hacia el gran crucifijo hastiado del muro vacìo
el moribundo, taimado, yergue su espalda envejecida,
Se arrastra y va,menos por calentar su podredumbre
que por ver el sol sobre las piedras, ajuntar su blanco pelo y los huesos de su rostro macilento
a las ventanas que un claro rayo de luz anega.
Y con la boca febril, voraz del azul cielo,
como cuando de joven fue a respirar su tesoro,
una piel virginal de antaño,deja la huella
de un largo beso amargo en los tibios cristales de oros
Ebrio vive,olvidando el horror de los santos òleos,
las tisanas, el reloj y el lecho infligido,las toses,
y, cuando la tarde se desangra entre los tejados,
sus ojos , ahogados en el horizonte luminoso,
ven goteras doradas,hermosas como cisnes,
sobre un rìo de pùrpura y de aromas dormidos
que mece el resplandor salvaje y rico de sus perfiles
con una indolencia cargada de recuerdos.
Asì, preso del asco del hombre de alma dura
que se envuelve en la dicha, donde solo sus apetitos
se sacìan y se obstinan en buscar esta inmundicia
para ofrecerla a la mujer que amamanta a sus hijos,
yo huyo y me aferro a todas las ventanas
en donde se vuelve la espalda a la vida,y bendito, en su cristal lavado por el eterno vacìo
que dora la mañana casta del infinito,
me contemplo, y me veo àngel,y muero, y quiero
-sea la vidriera el arte o sea el misticismo-
renacer, llevando mis sueños como diadema,
en el cielo anterior, donde la Belleza florece.
Pero, ay, el Aquì abajo es dueño: su obsesiòn
viene a desconcertarme hasta en este albergue seguro
y el vòmito hediondo de la Bestialidad
me obliga a taparme la nariz ante el cielo.
¿Hay algùn medio, oh yo que conozco la amargura,
de destrur el cristal por el monstruo insultado
y escaparme, despojadas de plumas mis alas,
aun a riesgo de sucumbir por toda la Eternidad?
Stepane Mallarmè.

"Tengo un amigo, que no es marica pero al que le desagradan las mujeres, que me ha dicho:-Las ùnicas mujeres de las que me sirvo son Mrs. Puño y sus cinco hijas.
Hay muchas cosas que decir a favor de Mrs. Puño. Es higiènica, nunca arma escàndalo, sale gratis, es extremadamente fiel y cuando la necesitas siempre està a mano."
"Un buen revolcòn equivale a la vuelta al mundo, y en màs de un sentido."
"-No sè lo que espero-le dije-. sè lo que me gustarìa; me gustarìa ser un adulto.
(...)
-Ah,pero eso-dijo- es lo ùnico que ninguno de nosotros podremos ser nunca, personas adultas. A menos que entiendas usted por adulto un alma envuelta en el sayal y las cenizas de la sabidurìa solitaria. Libre de malignidades, envidia, malicia, codicia y culpabilidad. Imposible. Voltaire, incluso Voltaire, llevò un niño dentro toda la vida, un niño envidioso y con mal genio, un muchachito obsceno, que siempre se olìa los dedos; y Voltairellevò ese niño hasta su sepultura, como haremos todos nosotros hasta la nuestra. (...) Por supuesto, los seres humanos tienen momentos adultos, unos cuàntos momentos màgnanimos esparcidos aquì y allà, y como es obvio, la muerte es el màs importante de todos ellos. La muerte expulsa a ese muchachito obsceno y nos deja con lo que queda de nosotros, simplemente un objeto, sin vida pero puro..."
Plegarias Atendidas
Truman Capote.
Desnudarse es la habitual artimaña del disfrazado que no quiere mostrarse tal cual es. (…)
Nada puede torcer el itinerario impecable y sin accidentes de ese muñeco mecánico que es el Hombre Standard. Él es presa definitiva de un conocido reptil arquitectural: la Civilización. (…) El espíritu, con gran escándalo de todo el mundo, en una anguila de una viscosidad impalpable y de una negrura transparente.
(…)
El tumor llamado cuerpo humano, que tantos intentan vanamente curar de la enfermedad de vivir, anula con incesantes recursos el valor de confesarse una preocupación espiritual. (…) Se salvará aquel que encuentre este asidero definitivo: Vivir es sólo una parte de las posibilidades infinitas del hombre. (…)
(…) Muchos hay que esclavizados por la vida cotidiana ensayan tímidamente su felicidad en la vida del espíritu: se les ve amontonados en los conciertos; persiguiendo alcohol o alcaloides; en los salones de juego, haciendo flotar sus manos ciegas en el viento del azar; refugiados en las iglesias. Buscan siempre un pretexto para huir de la realidad a favor de los elementos más vagos: la música y todos los sortilegios que embotan los sentidos.
El misterio comienza en el aparente final de todos los caminos. En el nuestro como en el vuestro. El mérito está en nosotros, que afrontamos una sinceridad sin límites, tal, que ni siquiera desprecia lo artificioso. Nuestra expresión, que a ratos se nutre de los acertijos, de las criptografías, de las cábalas, de los mitos, de los presagios –es decir, de las fuentes más puras de desconocimiento que tiene el hombre- nos deja situados en el umbral del único comienzo.
Allí, en pro de la desesperanza, o sea la esperanza en la NO-ESPERANZA, iniciamos este nuevo MISTICISMO DE LA NADA.
Aldo Pellegrini.
Publicado bajo los seudónimos de Adolfo Este y Filidor Lagos en el número 2 de la revista Que, diciembre de 1930, Buenos Aires.