Una perla
William Burroughs
Génesis
Dios
hizo el universo
mientras soñaba.
Vigía
Vivir
Oficio del que está en el día y es el día.
Oficio del que está en la noche y es la noche.
Umbral
Antes de Dios
su delirio que hizo al universo
estaba el viento
la música del viento
el murmullo de Dios
el alfabeto sin principio d elos sueños.
Existo
Breve como todo milagro.
Breve el hechizo de existir.
En un parpadeo
el fulgor de otro parpadeo
El ángel
Vendrá el ángel
a pleno día
a recordarnos
una antigua
perdida
noción de alas.
El hombre
Entre el cielo y la tierra
teje su aventura
una urdimbre su corazón
un laberinto
y no hay otra morada.
Cosmos
Como un niño
el universo se amamnta
de la leche del misterio
Monólogo de Dios
Entre tu corazón y el mío
no me canso de hilar
un cielo que no cesa.
Gustavo Tatis Guerra.
El edén encendido.
Fundación Simón y Lola Guberek, Santa Fe de Bogotá, 1994.
-sabes -dijo-, los hay que simplemente no se les dan las mujeres. a mí, por ejemplo, nunca se me dieron demasiado bien.y me fastidia muchísimo todo el asunto. y cuando termina te sientes como si el jodido fueras tu.
-¿quieres tomarme el pelo?
sabes bien lo que quiero decir: tienes la sensación de que te timaron, de que te estafaron. los calzoncillos allí en el suelo con su levísima mancha-mierda estival y ella camino del baño, victoriosa. y tú allí tumbado mirando el techo con la cara fláccida, preguntándote qué coño es aquello, sabiendo que tendrás que escuchar su cháchara huera el resto de la noche...
Charles Bukowski.
Escritos de un viejo indecente.
Mañana
Redes de sueño que recogen peces atónitos
Despiértate
El día sin cielo atraviesa lentamente tus ojos
Mis palabras buscan inútilmente
el furor de la noche ha arrancado tus orejas.
Silencio: Círculos que caen lentamente sobre tu mano.
Aldo Pellegrini.
Bajo seudónimo Adolfo Este en el N° 2 de la revista Que, diciembre 1930, Buenos Aires.
Literatura: Cuando alguien habla lo hace para introducir incertidumbre o para pedir de comer. Los que hablan con cualquiera otro objetivo se someten a éste rótulo honorable: LITERATURA. Incertidumbre es la confianza que se tiene de no ser nada.
Hombre: Se entiende por hombre, un sonido aplicado irreflexivamente a algo que nadie conoce.
Preparativos de viaje: Iniciar un gesto de comprensión o sonarse las narices, son, en definitiva, preparativos de viaje, que es lo único de verdadero que ejecuta el hombre y lo único que tiene cierto aire de nobleza. Igual para todos, el alejamiento es la máxima esperanza de concentración. Además, el que se aleja es el que está más cerca de los otros hombres; como el que se mira en un espejo encuentra una imagen inalcanzable pero verdadera de sí mismo.
Verdad: La verdad está en que sólo por la acumulación de incalculables errores se puede llegar a la verdad.
Rebeldía: La verdad sólo vale por los actos de rebeldía; por lo tanto de las vastas operaciones del alma, la más digna de respeto es la que conduce al complejo mental de insatisfacción (…) No hay nada más espantoso que hacer pasar un acto que PODRÍA SALVARNOS, por el tamiz del Bien y del Mal, por la censura de lo Permitido y lo NO Permitido. La LEY lo fiscaliza todo. Pero hay una esperanza de evadirse. LLEGAD MÍSTICOS DE LA NADA, FLUIDIFICAD LA MATERIA. APOSTOLES INVISIBLES, ARRANCAD CON VUESTRAS MANOS Y DESTRUID CON VUESTROS DIENTES. AL CARAJO TODO LO QUE EXISTE, Y DEJAD EN TODAS PARTES EL LIRISMO AGUDO DE VUESTROS EXCREMENTOS.
Voluntad: Se llama voluntad el lugar donde se inscriben los actos que se ejecutan solos.
Aldo Pellegrini.
Libertinaje de los solenoglifos y otras cosas dichas entre dientes. Bajo seudónimo de Filidor Lagos en el N° 2 de la revista Que, diciembre 1930, Buenos Aires.
Nuevos aforismos de Ernesto Esteban Etchenique:
-Quien rìe ùltimo , de la desgracia ajena, rìe mejor.
-Dios aprieta pero no ahorca ni cae en el sadismo.
-No te quejes por haber caìdo en la porqueriza. Aùn no te han devorado los cerdos.
-Donde pasè, dejè mi huella. Despuès, pavimentaron.
-Qise conocerme a mì mismo. Cuando me hallè, estaba muy cambiado.
-Se aprende màs en la derrota que en la victoria, pero,...¿prefiero esa ignorancia!
-Reconoce tu idiotez y seràs un idiota lùcido.
-La hiena rìe pues no piensa en el mañana.
-Si tropiezas dos veces con la misma piedra... ¡sàcala de allì!
-Te regalarìa las estrellas, pero te has empecinado en un par de zapatos.
-Dios me señalò con su dedo...¡y me lo metiò en un ojo!
-Mientras màs brillante la luz, mayor el gasto.
-Una palabra pude herir. Pero un martillazo es feroz.
-Haz el mal sin mirar a cual.
-El loro plagia las palabras, pero quien està preso es el canario.
Tras enterarme de la muerte del dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa, dì por casualidad con estos apuntes entre la multitud de papeles que acumulo en casa:
Aforismos de Ernesto Esteban Etchenique:
-Mientras màs sè, menos sè. No sè.
-No juzgar a los hombres por sus actos. Condenarlos.
-Si todos los hombres del mundo se tomaran de las manos...¡Cuàn larga serìa esa fila!
-Piensa un minuto y seràs justo. Piensa una hora y se te harà tarde.
-Quieres vivir todos los dìas. Ya aburres.
-Se puede hacer una armadura con papel. Pero no te pelees.
-Todo lo que pueda depararte la vida, de ahora en màs, es basura
-El fruto de la codicia es amargo. Pero no hay otra cosa.
-Todo aquel es quien pudiera no haber sido, de serlo antes.
-Una vida màs larga...¿acortarìa La Muerte?
-No intentes demostrarme tu escepticismo. Yo no te creo.
-Si tu mejor amigo te incrusta un puñal en la espalda...desconfìa de tu amistad.
Cuentos reunidos.
Alfaguara S.A, Bogotà, 2004.
La literatura es asì, e igual la vida: uno no es, ni vive, ni escribe lo que quiere, sino lo que puede.
Fernando Vallejo.
El fuego secreto.
Planeta colombiana editorial, s.a., Bogotà, 1987.
La conjetura es necia. La vida no avanza en condicional, va derecho, sin desviaciones, sin titubeos, dejàndo atràs en cada punto de su lìnea recta las infinitas encrucijadas de lo posible, de lo que parte, entre muchos, justo el camino que no tomamos, el que llevaba a la dicha. Asì acabamos siendo lo que somos.
Fernando Vallejo.
He ahì el gran problema del amor, que no sabe a donde va. Va en su gratitud a la deriva. Y el hombre a la postre siempre, pero siempre quiere llegar.
Fernando Vallejo.
Suprema razòn del hombre
Le mataron y nunca supe por què. Tal vez por la suprema razòn del hombre, que es de los niños: porque sì.
Peso
Lo que le pesa al hombre no es la ropa sino su carga de abstracciòn.
Fernando Vallejo.
No sólo no creía en fantasmas, sino que ni siquiera los temía.
Georg Christoph Lichtenberg.
En Amalfi, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar un perro más allá de la última farola.
Julio Cortázar.
Él cuenta sucedidos de la gentecilla linda del pueblo, la gente recién creada, que huele a barro todavía; y también cuenta los sucedidos de algunos tipos estrafalarios que él conoció, como aquél espejero que hacía espejos y en ellos se metía y se perdía, o aquel apagador de volcanes que el diablo dejó tuerto, por venganza, escupiéndole en un ojo.
Eduardo Galeano.
Mes estrechaba entre sus brazos chatos y se adhería a mi cuerpo, con una violenta viscosidad de molusco. Una secreción pegajosa me iba envolviendo, poco a poco, hasta lograr inmovilizarme. De cada uno de sus poros surgía una especie de uña que me perforaba la epidermis. Sus senos comenzaban a hervir. Una exudación fosforescente le iluminaba el e el cuello, las caderas ¡hasta que su sexo –lleno de espinas y de tentáculos- se incrustaba en mi sexo, precipitándome en una serie de espasmos exasperantes.
Oliverio Girando.
Grandes minicuentos fantásticos. Selección de Benito Arias García, Alfaguara, 2005
VI.Armonía.
perdido
por los ciegos senderos
de la música
tienes
el rostro
que tendrás en la muerte.
VII. Visita
si en mitad de la noche
nos despierta un olor de incendio
y abrimos la ventana y entre los árboles
hechos de dura sombra está solo
el aroma de las frutas en sazón
qué más sino la dolorosa alegría
de que nos hayan visitado una vez
los rojos querubines del fuego.
VIII. Hölderlin
Quizá la locura
Es el castigo
Para el que viola un recinto secreto
Y mira los ojos de un animal
Terrible.
IX
vagó toda la noche por calles desiertas
maldiciendo
alguien lo llamó por un nombre que no era
el suyo
pero sabía que era a él a quien llamaban.
X Ciudad.
1.
como repiten las manos
del ciego
la forma de una vacija
o recorren un rostro, minuciosamente
así voy, en la noche, por
la ciudad
(mujer
rencorosamente poseída
y vasto territorio del tacto:
conozco
el sabor agrio de tu sexo)
2.
rincones insidiosos, pasajes
ocultos, normas
arteras
y en mí
un mapa de la oscuridad.
3.
y no cruzo el puente de piedra
porque ya no hay piedra; no toco
los muros; pienso
otros muros vanos; descamino
los sitios, ya interiores, del hábito
4.
plazas posibles
donde el reloj marca otras horas
las calles que el ciego prefiere
y frecuenta
laberintos en la memoria.
XXV
negrura amenazante detrás de los párpados entre
el cerrar
y el abrir los ojos
la nada
de nuevo
este desolado estupor
XXVI. Augurio
repentina
la muerte canta
en los grifos
del agua.
XVII. Insomnio
aguas sombrías donde un pez de plata
son su fosforescencia alumbra
-para nadie- los restos
de ignotos naufragios
toda la noche
el viento ha golpeado
en la ventana
toda la noche
pasada en vela
tratando de recordar un rostro.
XXXII. La emboscada
mientras el viajero
se calza para el camino
la muerte
se esconde
en los espantapájaros.
XXXIV. Paraíso
infancia
vuelta a encontrar, al morder una fruta
en su sabor olvidado.
XXXVI
a veces
veo en mis manos las manos
de mi padre y mi voz
es la suya
un oscuro terror
me toca
quizá en la noche
sueño sus sueños
y la fría furia
y el recuerdo de lugares no vistos
son él, repitiéndose
soy él, que vuelve
cara detenida de mi padre
bajo la piel, sobre los huesos de mi cara
XLIII
qué son los curvos caminos
las ciudades de piedra donde un mismo hombre
canta y maldice en cien legnguas diversas
si de ti mismo nacen la memoria
y la fatiga de los viajes
y tras el último regreso
envejecido y solo
llegarás a saber
que no saliste nunca
del dédalo
de tu palma.
José Manuel Arango.
Poemas, Ediciones Autores Antioqueños, Medellín, 1991.
Poemas de Gustavo Tatis Guerra, del libro Convidado de las nubes, Editorial Lealon, Medellìn, 1993:
SIGNOS DEL CIELO
Lector de nubes
eso soy
En el cielo
otra vida
tu rostro borrado por los pàjaros.
LLUVIA
Mi oficio de niño
era la lluvia
Desanudaba
mi alma
de agua
en la corriente
LOCURA
Limpia y pura
como los vegetales
es la locura
del que lee en las nubes
el secreto de los dioses.
PÀJAROS
Con sus alas
escriben
la ìntima
errrancia
del cielo
PREGUNTA
Oh Dios
¡en què silencio
hiciste el leve
corazòn de la nube?
POEMA
Los dìas
uno tras otro
que me alucinan.
De Katarsis, fusilè este poemita de Roberto Bolaños:
RESURRECCIÓN
La poesía entra en el sueño
como un buzo en un lago.
La poesía, más valiente que nadie,
entra y cae
a plomo
en un lago infinito como Loch Ness
o turbio e infausto como el lago Balatón.
Contempladla desde el fondo:
un buzo
inocente
envuelto en las plumas
de la voluntad.
La poesía entra en el sueño
como un buzo muerto
en el ojo de Dios.
SEÑOR
libra a mi patria
de la riqueza y el abuso
del poder
No nos des màs de lo necesario
para vivir
pero danos el sentido
de vivir
¡Haznos un pueblo digno!
Que no falte en nuestra mesa
al lado del pan
un rayo de sol
y un olivo de paz que florezca
en el corazòn del pueblo
Danos tambièn manos limpias
para recoger las cosechas
y bendecir el Universo
Señor
danos la riqueza en conciencia
haznos invensibles con el poder
del amor
y para defender todo eso
la libertad
el pan
la justicia
danos coraje
un rifle
¡y buena punterìa!
Gonzalo Arango.
Hoy soy tal vez el hombre más feliz de la tierra
Poseo todo lo que no deseo
Y cada instante la hélice me acerca más hacia lo único que amo en la vida
Y todo acaso lo perderé al llegar!
Blaise Cendrars.
Recorro todos los estadios de la eternidad: nada, ninguna presencia, ningùn signo. Lo humano està ausente de este mundo.
Oh dioses, ¿dònde ocultàis a los mortales?
La idea de que tendrè que vivir toda la eternidad en esta ausencia, abruma mi alma con el peso de un exilio.
Gonzalo Arango
No veo a Dios ni tengo esperanzas de encontrarlo.
Me pongo a buscar desesperadamente aquella mujer que amè en la tierra, de quien una vez màs me vendrìa la salvaciòn.
Gonzalo Arango
Del porvenir nadie tenìa la culpa. Lo màs seguro para nosotros era que no habìa porvenir. Que este hilo tenso de la vida iba a romperse una mañana de sol como èsta. Y por eso amabamos hasta el delirio a este gran rey de la creaciòn, que alguna vez, entre sus infinitos ciclos, dejarìa de brillar para nosotros. Esta verdad no la perdìamos de vista, y nos confiàbamos a esta luz que definìa nuestra porciòn de existencia infinita en el mundo.
Gonzalo Arango.