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estabolsanoesunjuguete

Metamorfosis

A travès de jardines enrojecidos por el fuego otoñal:
se muestra en el silencio una vida colmada.
Las manos del hombre llevan sombrìos racimos
mientras un dulce dolor habita su mirada.

Al atardecer cruzan pasos por la tierra oscura
avivados por el silencio de los àrboles rojos.
Un animal azul se inclina ante la muerte
y en le horror abandona su traje vacìo.

Hombres tranquilos juegan frente a una posada;
un rostro ebrio cayò en la hierba.
Frutos de saùco, plantas tiernas oscilantes,
resedas olorosas...
Lo femenino encuentra su poder!.

Georg Tralk.
Revelaciòn y caìda. Antologìa.
Comùn Presencia Editores. Bogotà. 2002

Poema de Georg Heym

Georg Heym (1887-1912), uno de los iniciadores del Expresionismo poètico en Alemania,junto a Georg Tralk y Ernest Stadler.
Este poema està publicado en www.architecthum.edu.mx:

El Dios de la Ciudad

Esparrancado está sobre un bloque de casas.
En torno de su frente unos oscuros vientos se reúnen.
Con rabia mira hacia lo lejos, adonde, en soledad,
las últimas moradas se pierden en el campo.

Rojo le brilla el vientre a Baal en el anochecer.
Arrodilladas a su alrededor las grandes urbes.
El ya elevado número de las campanadas
se alza como ola de un mar de negras torres.

Al igual que la danza de los coribantes, entre el ruido resuena
Por las calles la música de la multitud.
El humo de las chimeneas, las nubes de la fábrica
hacia él suben, azules como un humo de incienso.

Amenaza la tempestad en medio de sus cejas.
La tarde, oscura, deviene sorda noche.
Ondean las borrascas, que, como buitres, desde
sus cabellos contemplan, erizados de ira.

Clava en la oscuridad su puño carnicero.
Lo sacude, y un mar de fuego corre
por la calle. Una humareda hierve.
Y devora la calle, hasta que tarde empieza a amanecer.

Auto-elogio

Auto-elogio

poeta
pintor
vagabundo
dormir
enamorado
cuentista
golpeado por culata de fusil
matemàtico en relatividad
algo de locura
bebedor de tragos fuertes
abanderado de varias derrotas
amor al invierno
comprador de paraguas
vocaciòn polìtica
enllantador de carros
aficionado al tiro al blanco
resucitador de muertos
taumaturgo cristiano
bailador ebrio
profeta
psicoanalista en ejercicio
frènetico en el lecho...de los rìos
ex-escritor
ex-estudiante de abogacìa
ex-profesor de retòrica
ex-novio
ex-amante
fra...
casado
llama de soplete oxìdrico
cuaternario
campesino de vocaciòn
barca
estacionòmetro
trampolìn
esencia que sufre
sol rueda "pelton"
empeñador de enseres y palabras
falsos juramentos
agonista
cazador de bodoquera
asesino en receso
prolegòmeno de todos los fracasos
ex-comulgado
herido sobre la ceja en un baile
ano de botella incrustado en la piel
reclutado para dirigir la Revoluciòn de la belleza
clisè desempolvado en los periòdicos entre negativo.
desertor de la Patria Boba
narciso fotogènico
48 kilos de peso
un metro largo de estatura
cicatrices ocultas
2 pies
2 manos
2 orejas
2 ojos
2 testìculos
conferencista de dramas y soliloquios
tuberculoso
viciado de santidad
goloso
falso amigo
enemigo leal y devoto
grandioso
escandaloso
perezoso
laureado en asuntos parasitarios
salvado del suicidio por cobardìa
venturoso y aventurero
gigolò
inspirador de odio
cerebro galvanizado por el genio
actividad amorosa en descanso
ombligo diminuto
ignoto y posesiòn de misterios

Gonzalo Arango

Misiòn Arbegas, Mazinger, El jinete sable y los comisarios estrellas

Misiòn Arbegas, Mazinger, El jinete sable y los comisarios estrellas

Las historias de corte futurista, plagadas de robots inmensos conducidos por humanos, las batallas en naves espaciales, la tecnologìa ilimitada, la estètica de spaguetti western intergalàctico y la ubicuidad espacio-temporal, tuvieron sus exponentes en Misiòn Arbegas, un trìo de jòvenes pilotos cuyos robots se fundìan en uno solo; Mazinger, el ìcono robòtico por excelencia de los ochenta, cuyo piloto sentìa en cuerpo propio las vicisitudes de las batallas en las que el mecanismo participaba; y El jinete sable y los comisarios estrella, una historia de cowboys futuristas en la que un grupo de sheriffs trataban de mantener el orden.
Estas historias tienen en comùn que recuerdo los robots pero no los vericuetos de los argumentos, y cque con su optimismo nos hicieron pensar que la conquista del espacio era la ùltima epopeya humana posible.
"Metàfora de una humanidad iluminada, la conquista del espacio puede ser considerada el ùltimo sueño romàntico. ¿Què otra cosa podìa ser la confianza de la Era Espacial en las ventajas del progreso, basada en la firme convicciòn de que el control humano sobre la materia permitirìa crear una sociedad mejor, sino el màximo de ideal romàntico?"(1).
Sin embargo, "El desprecio de la modernidad hacia su pasado ignorò la posibilidad de
que su propia novedad podìa volverse obsoleta de la noche a la mañana"(2)., lo que no implica que toda la iconografìa futurista de estas series haya desaparecido, por el contrario parece haberse amplificado con elpaso de los tiempos, aunque parte de su optimismo se haya perdido.
Despuès de todo, ya crecimos.

1. Megalòpolis. Celeste Olalquiaga. Monte Avila editores, 1 ediciòn, 1993, Caracas, pàg. 53.

2. Ib., pàg. 54.

Van gogh

Cambiar de alimentos da apetito

¿Y la vida no nos ha sido dada para enriquecer nuestro corazòn, hsrta el momento en el cual sufre lo fìsico?

Habìa un hombre que un dìa entrò en una iglesia y preguntò: "Es posible que mi fervor me haya engañado, que haya tomado el mal camino y que siga mal, ¡ay de mì! Si me librara de esta incertdumbre y si pudiera tener la firme convicciòn de que terminarè por tener èxito y vencer". Y una voz entonces le contesta: "Y si tuvieras la certidumbre, ¿què harìas? Haz como si estuvieras seguro y no seràs confundido" El hombre entonces continùo su camino, ya no incrèdulo sino creyente, y continuò la obra sin dudar ni vacilar màs"

Cartas a Theo.

Poema de Gonzalo Arango

En mi incesante bùsqueda por el laberinto- que otros llaman la red o internet- dì con este poema del Profeta Gonzalo Arango:

No matar

La realidad del universo
es el misterio.
Lo que existe es necesario.
No mates ningún ser
ni inocente ni monstruo;
todo animal eres tú mismo
en evolución de ser.

Tomado de www.altair.udea.edu.co

Adangelios

Adangelios

Cada hoja es el libro

                  caminante;

Y todo el libro es el camino;

 

No falta,      

             nada sobra;

 

La vida està escribiendo por mi mano

                                                          Nueva Biblia;

 

El libro no termina

                           se sigue escribiendo caminando;

 

Ustedes,

              Hermanos y hermanas

son los autores y el camino;

 

Van conmigo en el latido,

en cada paso de altibajo, del corazòn al alma

 

Simpatìa por el demonio

Intermedio. J. Mario Arbeláez
Simpatía por el demonio
Febrero 08 de 2005

A Sandro Romero

La veterana modelo y actriz de cine y televisión, poseedora de la tetera más bella de los 70, la Farfán, me llamó pa-ra que le ayudara a su hijo en una tarea acerca de la poesía nadaísta. Acudí puntualmente porque el hijo no estaba, a responder el cuestionario y tomar un poco de té de jazmines, que ella lo prepara exquisito.

Súbito me dirigí por el ascensor estelar al penthouse. Entre la puerta del ascensor y la suya un gran cuadro de Brian Jones tocando la flauta. Me invitó a pasar luego de recibirme el álbum de Los muertos agradecidos que le llevaba. Me dijo en la cocina, mientras degustábamos la infusión, que su esposo Andrew -ex mánager de los Rolling Stones-, había llegado de Inglaterra y estaba en el piso de arriba terminando sus memorias, Stoned, que si quería cenar con ellos. Le contesté que encantado, intrigado por conocer al ex jefe de Mick.

Frente a un afiche de Their satanic majesties request/ Sus Majestades Satánicas ordenan, y mientras la perrita tomaba leche soyada y sonaba en el ámbito The last time (“You don’t try very hard to please me With what you know it should be easy”. “No te esfuerces demasiado por satisfacerme. Por lo que tú sabes eso es fácil”), contesté como pude las trabajosas preguntas acerca del grado de mentiras que resiste el poema, y me dispuse para la cena trascendental.

El hombre era todo un gigante en inglés, pero tenía un dispositivo electrónico en forma de loro sobre su hombro que iba traduciendo cuanto decía. Habló: “Please allow me to introduce myself: I’m a man of wealth and taste. Pleased meet you, hope you guess my name”. Y el loro tradujo impecable: “Por favor, permíteme que me presente: soy un hombre poderoso y distinguido... Me alegro de encontrarte, espero que adivines mi nombre”.

Se me puso la carne de gallina al pensar que me hallaba en presencia del demonio, pero el rostro de mi amiga sirviendo viandas deliciosas tuvo el poder de tranquilizarme. Ella le contaba a su esposo en un inglés infernal lo que había significado el nadaísmo para el espíritu de la juventud colombiana a partir del año 60. Cómo habíamos cambiado el rostro de la poesía y aun el comportamiento amoroso. Para seguir el juego, le puse de presente que había utilizado como epígrafe de mi obra el canto de Jagger: “Se me dice, a veces, que amo demasiado fuertemente. Pero creo, creo, que una mujer no debería ser amada de otra forma”.

De pronto sentí por debajo de la mesa que sobre mi pie derecho se había posado uno de sus delicados y cálidos escarpines. Al principio lo mantuvo inmóvil haciendo una cierta presión deliciosa, pero de un momento a otro comenzó a moverse a un ritmo sostenido y sin compasión, como hacía uno en las noches de adolescencia, como hacía Jagger en el escenario.

Yo le miraba el rostro imperturbable, sirviendo aulagas. Me dije para mis adentros, que las mujeres son capaces de engañar hasta al diablo en sus propios cuernos. Él continuaba hablando: “What’s puzzling you, is the nature of my game”, y el perico dándome su versión: “En realidad lo que te despista es la clase de juego que me traigo”.

En el placer amoroso soy dado a lo subrepticio, pero el estímulo creciente con el paso de los eternos minutos era demasiado para mantener el semblante inmutable. ¿Cómo haría ella? Se me empezó a poner eléctrica la aguja del kundalini. De pronto no resistí la emoción -que a partir del tobillo me llegaba a las neuronas- y emití un suspiro espasmódico, mientras ponía mi mano derecha sobre su rodilla bajo el mantel y apretaba sin temor a las consecuencias.

Ester me miró desconcertada abriendo los ojos como platos y se levantó de inmediato hacia la cocina. Andrew saltó a su vez presuroso a contestar el teléfono como si le llamara Keith Richard, con quien comenzó a carcajearse. En medio de mi viscoso estupor vi salir de debajo de la mesa a la perrita ‘Satisfaction’ moviendo la cola. Rojo de la vergüenza corrí en busca del ascensor llevándome la servilleta. Oí que subía el volumen en el cuadrafónico con la canción Simpatía por el demonio. (“Use all your well-learned politesse Or I’ll lay your soul to waste”. “Usa todas tus condenadas buenas maneras O arrojaré tu alma a la basura”). Desde allí comenzó mi infierno. Sueño todas las noches con la perrita.

Tomado de www.elpaìs-cali.terra.com.co

El arco de la oreja

lo que pasa es que llueve
no hay razòn para estar triste ni de nada
tiene usted la palabra
està usted vivo

lo que pasa es que llueve
y que no llueve

-hay fragancia de trueno en su palabra
-hay ritmo de tragedia en su mirada
-hay amaneramiento
-hay armonìa
-pide usted màs?

(lo que pasa es que llueve
todavìa)

-pero vièndolo bien està usted joven
-tiene anhelos-dinero
-tiene novia
-usted piensa que todo està salvado

...y està salvado

(lo que pasa es que llueve
y muere
y hiede)

Jotamario Arbelaez

Herido recatandose en la sombra

el farol quebrado
la muerte que llega
las diez de la noche
un filo de nìquel
los gritos
la luna
la voz que agoniza
son las diez y 5
la radio-patrulla
la sangre que rueda
la gente en la calle
calle 19
sirena
ambulancia
gemido de herido
titular de prensa
averiguaciones
"el farol quebrado"
"la hora"
"la vìctima"
"hemorragia interna"
"era en los suburbios"
"padre de seis hijos"
"el farol quebrado"
"las diez de la noche".

J. Mario.

De febritud y voliciòn.

Arricados frutos, tenedores pulidos, platos de madera y lechugas dèbiles sobre nuestra mesa durante la caìda de la tarde. El sol de hierro febril incendia tu cabello de un màrmol negro en hebras, vocablos de tu boca fatigada, el primer astro como un melòn hechizado, duros volumenes de azul impotente. Las aves cortan la atmòsfera espesa del mismo modo que los recuerdos pulen el alma presa en la memoria. Una limadura còsmica gotea sobre este trozo del mundo mientras desdoblas los pàrpados para dejar caer desde los ojos recuerdos mojados de una soluciòn pura y sal.

Amilkar U.
De 13 poetas nadaìstas.

Conversacion con W. W.

"El sapo es una obra maestra de Dios"
Walt Whitman.

Viejo, no te burles,
que Dios hizo lo que pudo.
Ademàs, el sapo no es la medida de Dios, evidentemente,
pues el elefante es un monstruo màs grande, portador a dos manos de su
alto falo,
de cuya punta beben las jìrafas del crìmen,
y quien, no contento con su estatura,
ha levantado estatuas suyas gigantescas sobre altìsimos pedestales,
pero entonces se han levantado tambièn estatuas de Dios igualmente altas y
arrogantes,
ya que El no quiere ser el de menos.

X-504.
(Fragmento)
Tomado de 13 poetas nadaìstas.

Dumbo ejecuta una pirueta

Los vigilantes se levantaron
temprano
de sus ocupaciones
barrieron
se lavaron los dientes
y se enjabonaron
hasta el alma
echaron una mirada retrospectiva
a cada una
de
sus existencias
estaban muertos
como en aquel otoño desastroso de 1914
uno de ellos mordiò la mañana
en la nalga
como si fuera una manzana
otro se llevò la mirada al subconciente
y se puso a escribir
lo que ya estaba escrito en la escritura
todos estaban muertos en ese invierno de 1930
tenìan ideas fantàsticas sobre la metamorfosis del hombre
sobre el parto de las murallas
sobre la cantidad de iodo que tiene un violìn
sobre el peso del aire
pero todos estaban definitivamente muertos
en aquel terrible verano de 1960
hasta que alguien dijo
hay que abrir las murallas para que se fugue
la mañana.

J. Mario
Tomado de 13 poetas nadaìstas, Ediciones Triàngulo, Medellìn, 1963.

J. Mario visto por Gonzalo Arango:

J. Mario




El personaje




J. Mario no necesita presentación. Hace cinco años se presentó él mismo en el atrio de la Catedral de Manizales, con estas palabras: "Me llaman el Brigitte Bardot de la poesía. Soy uno de los hombres más misteriosos del mundo por lo poco que se sabe de mí. Mi novia me despertó esta mañana para decirme que yo me llamaba J. Mario, y que mi patria se llamaba Colombia. A mí me importa un pito".

J. Mario es uno de los pocos nadaístas que no se niegan los años. Tiene veinticinco. Es el primogénito de un hogar digno pero pobre, formado por Arbeláez y su mujer. Su padre es de los Arbeláez de Rionegro (Antioquia), donde todos son zapateros o ministros de hacienda. Pero don Jesús resultó sastre, vaya uno a saber por qué. Supongo que para salvarse de ser ministro.

La mamá de J. Mario es una señora casi joven, bonita, silenciosa y sencilla, pero desgraciadamente olvidé su nombre. Ella es del Ecuador.

Una vez J. Mario estaba metido en la grande: había perdido sexto de bachillerato y no se pudo graduar de bachiller en el Colegio Santa Librada. Su padre quería entonces que buscara empleo o aprendiera sastrería. Para salir del atolladero, J. Mario me invitó a almorzar a su casa con la condición de que hiciera los justos y merecidos elogios a su talento, con el fin de aplacar las furias de la familia, y disuadir a su padre de que lo metiera de sastre. Como nadie es profeta en su tierra y menos en su casa, ellos creían que J. Mario estaba descarriado, pero en cambio creían que yo era un gran hombre por la única razón de que habían visto mi foto en el periódico.

Cuando pasamos al comedor me admiró sinceramente la juventud de la señora ecuatoriana que en ese entonces debía navegar en las aguas otoñales de los 35, y como soy algo galante tomé la ocasión por los cuernos y le dije: "Señora, la felicito, estoy asombrado, nunca me imaginé que fuera tan joven para tener un hijo tan genial como J. Mario".

El efecto de mi flor no se hizo esperar. Con un dejo triste, ecuatoriano, la mamá de Jota respondió: "Usted no se imagina lo joven que yo era antes de que mi hijo se metiera en esa carajada que usted inventó".

Y derramó tres lágrimas saladas sobre la sopa y hubo un silencio de reproches muy amargo.

J. Mario, viéndome tan abatido acudió en mi ayuda y protestó suavemente: "Mamá, Gonzalo no tiene la culpa de nada, yo me metí al nadaísmo porque no tenía más dónde meterme, ni por dónde salir".

Luego don Jesús me explicó con ternura dejándolo todo en las manos de Dios, y justificando a su mujer: "Ella quería que José Mario fuera doctor; está muy desilusionada de que haya resultado poeta, pero yo le digo que es la voluntad de Dios, y que esperemos a ver qué sale. Teníamos muchas esperanzas en este muchacho, pues como es el hijo mayor... y hay cinco después de él".

Las lágrimas de la mamá de J. Mario me habían amargado definitivamente. El ambiente era funerario y mi amigo lo notó. Para devolverle al almuerzo la alegría, y a mí la inocencia, J. Mario dijo abrazándome: "No te preocupes, ‘profeta’, tú tienes las manos limpias... como Judas". Y esto nos hizo reír a todos, incluso a la mamá de J. Mario.
Lo que soy yo no vuelvo a comer a la casa de J. Mario, ni empastado. Pues como las desgracias no llegan solas, el hermano que le sigue, Juan Antonio (Jan Arb), también se volvió nadaísta. Comentando esta nueva tragedia familiar, Elmo reprochaba en broma: "Lo que son estos Arbeláez no dieron ‘la talla’ ". Y con una perversa alegría celebramos el ingreso del nuevo desertor.

Como todo sastre que se respete —y además de Rionegro— don Jesús ha sido un fanático de Vargas Vila, y en los entrepaños de su sastrería tiene junto a los cortes de paño las obras completas del luciferino escritor. En esos libros, el joven J. Mario bebió el agua más negra de la sabiduría y de las alcantarillas del alma. En esas páginas blasfemas hizo sus primeros gateos hacia la perdición. Por eso el nadaísmo tiene el mérito de haberlo salvado a tiempo de ser libertino, liberal, librepensador, masón, y posiblemente ministro de hacienda.

Uno de los momentos estelares de la literatura colombiana de este siglo es, sin duda, el encuentro de J. Mario y yo, en La Tertulia de Cali. Allá fui en 1960 a dictar tres conferencias y a organizar el desorden de mi generación. Aquella noche La Tertulia era un infierno de calor y un cielo de libertad. El público desbordaba y deliraba frenético, escandalizado. Tres curas se salieron cuando hablé de Dios; el diablo se echaba bendiciones; mi ángel de la guarda echaba chispas; las colegialas palidecieron; la juventud enloqueció de frenesí. Para que nadie dudara que éramos los profetas de la nueva oscuridad, y por tanto geniales, locos y peligrosos, saqué un florero de mi chaqueta y lo estrellé contra la pared para simbolizar que se iniciaba una nueva era en el arte y en la vida.

Sentado sobre un cartapacio de cuero de vaca, al pie de mi mesa, había un jovencito con cara de serafín y aplaudía mis blasfemias como un demonio. Apenas lo vi me di cuenta que estaba predestinado, marcado por la estrella negra de la locura y la ignominia. Parecía hechizado, poseído de un júbilo infernal. Nuca olvidaré su felicidad siniestra y resplandeciente.

Al día siguiente, a las 5 de la tarde, me esperaban cincuenta jóvenes en La Tertulia en cumplimiento de una cita que les había dado para integrar la dirección del nadaísmo caleño. Por supuesto, en la primera fila estaba el serafín. Nombré una docena de "jefes" provisionales que elegí al azar, arbitrariamente, guiado más por su extravío aparente que por sus valores intelectuales. No me equivoqué al elegir al serafín.

Para cerrar la discusión dije dictatorialmente:
"En el nadaísmo nadie es jefe, ni siquiera Gonzaloarango. Cada uno de ustedes es el jefe del nadaísmo, y nadie lo es. No esperen nada de mí, no se hagan ilusiones, el nadaísmo no los va a redimir. Pierdan la fe. El nadaísmo lo único que les promete es la locura. El nadaísmo no les propone soluciones, sino dudas; no les ofrece la felicidad, sino la desesperación. Esta no es una empresa, sino una aventura en la que todo está perdido, salvo la confusión maravillosa de la esperanza. Ustedes verán. Si se quieren salvar, es necesario primero que se pierdan. Esta revolución es en tres etapas: primero vamos a morir, luego a resucitar, después a vivir. Para empezar, no dejaremos piedra sobre Pedro, Ni Pedro sobre piedra. Para ser libres lo tiraremos todo por la ventana, y después nos tiraremos nosotros como protesta al dogma de la gravitación de la tierra. Nuestro porvenir es la locura. ¿Hasta dónde llegaremos? Eso no importa desde el punto de vista de la vida, porque no llegar es también el cumplimiento de un destino. Es es todo por hoy".

Al cabo de un silencio el serafín pidió la palabra para preguntar:

—Maestro, y cuando usted se vaya de Cali, ¿qué debemos hacer los nadaístas?
—Eso a mí no me importa. Si yo fuera usted, probablemente le metería un taco de dinamita al busto de Isaacs, no por judío, sino por María.

Todos reímos, y como ya era tarde nos echaron de La Tertulia. Otro día salí del bar a tomar el bus de la Flota Magdalena, de regreso a Medellín.

Dos meses después recibo carta del joven J. Mario donde me relataba el triste destino del nadaísmo caleño. Se quejaba que los otros nueve compañeros habían desaparecido; que él solo no se atrevía a dinamitar el busto de Efraín y María; que no había vuelto a misa los domingos; que su novia le había dado calabazas al saber que era nadaísta; que se había emborrachado con cubalibre en la zona de tolerancia y que había perdido lo que sabemos; que ya no escribía "poesía proletaria" y que había dejado definitivamente el comunismo; que como si fueran pocas calamidades, también había perdido el año, y su padre lo amenazaba con enseñarle sastrería o meterlo al ejército. Que en síntesis, el nadaísmo era todo lo que le quedaba en la vida, pero que la vida era una cochinada y se pensaba suicidar...

Pobre serafín. Para darle coraje le escribí una nota a la sastrería de su padre, que decía más o menos así:

"Querido J. Mario: como te dije, el nadaísmo es un honor que mata. Pero si te dejas matar es porque aún no eres nadaísta. Aguanta un poco. Cuando hayas perdido la fe en todo, en ti mismo, en tu fuerza, en la poesía, en la esperanza, incluso en el nadaísmo, y si después de eso sigues vivo, entonces sí, suicídate. El diablo y yo te estaremos esperando en el bar del infierno para saludar en ti al mejor gigolo de la poesía colombiana. Adiós. J. Mario, nos veremos en la gloria."

J. Mario odia el matrimonio, pero ama a su mujer "en cuyo cuerpo olvido mi cuerpo". La frase que más admira en el mundo es una de Lautremont que dice: "La poesía es el encuentro de un paraguas y una máquina de coser". Con el correr de los años J. Mario se ha convertido en uno de los grandes poetas de su patria, y en líder indiscutible de su generación. Ahora es considerado en la sastrería de su padre como el orgullo de la familia. Cuando se iba a ir de la casa, don Jesús le regaló un frac sobre medidas para que dictara sus recitales, y hasta le dio la bendición. J. Mario, hecho una dolorosa le dijo muy conmovido: "No te preocupes, papá. Colombia ha perdido un sastre, pero ha ganado un poeta."

El reportaje

Poeta J. Mario: defínase
Me llamo J. Mario, con eso me basta, con eso me soy. No necesito más apelativos como no necesito más ojos, ni más piernas. Soy el mejor poeta de un país en el que no pedí nacer, pero en el que no por eso me voy a dejar matar. Soy nadaísta, y eso aplasta toda definición. Antes fui camaján de barriada, campeón de billares, discípulo de Vargas Vila, ídolo de lolitas y proxenetas.

¿Cuál es la mayor ambición de su vida?
Orinar desde la punta de la Torre Eiffel. ¿La de mi otro yo? Llegar a ser presidente de Colombia merced a una caudalosa votación nadaísta. ¿La de mi ángel de la guarda? Ser el teólogo del ateísmo.

¿Cuál es su mayor fracaso?
Fracasar es haber llegado, es la otra cara del triunfo. Yo soy un cohete en ascenso.

¿Cuál es su mejor cualidad?
Ser el mejor, a secas. Las cualidades son para aspirantes a empleos.

¿Y su peor defecto?
La falta de soberbia, que me condujo a hacer parte del movimiento nadaísta, en el que la mayoría de los integrantes no me llegan al tobillo.

J. Mario, si existiera la reencarnación, ¿qué le gustaría volver a ser?
Las piernas de Brigitte Bardot

¿Que ha signficado el amor en su vida y en su poesía?
Un lechito lleno de flores.

¿Qué piensa de los celos?
El mismo lechito, pero lleno de clavos.

¿Llegaría al extremo de cometer por amor "un crimen pasional"?
Por amor no se cometen crímenes pasionales, sino crímenes amorales. Y además, yo no vivo en el "401".

¿Por qué le gustaría vivir en el siglo XXI?
A mí: para servirle el desayuno en la cama a mi robot. A mi otro yo: para ir a conocer la otra cara de la luna. A mi ángel de la guarda: para tocar el saxofón de la bomba final.

¿Sacrificaría su vida por lo que llama su «razón de vivir"?
Usted está convencido de que le voy a decir que no, que mi razón de vivir" es estar vivo. Pero se equivoca, pues mi razón de vivir es estar muerto. Ahora pregúnteme, si se atreve: sacrificaría su muerte por lo que llama "su razón de vivir"? Pues bien, la respuesta es la misma.

J. Mario, ¿a quién le concedería usted la Cruz de Boyacá?
A todas las personas que admiro ya se la han puesto

¿A qué personalidad del mundo le habría gustado conocer?
A Midas, para quien todo lo que brillaba era de oro. A Helena de Troya, ya que no he podido conocer a París. A Tarzán, el hombre más mono del mundo. Al Judío Errante, para entrenarlo en el arte del auto-stop. A Zeus, a Zaratustra, y a Tristán Tzara.

Si usted fuera al infierno y el diablo le concediera una gracia, ¿qué le pediría?
Un nadaísta no tiene nada qué pedirle al diablo, ni siquiera en el infierno. Así como Dios también tiene su infierno, que es su amor a los hombres, para el diablo el infierno es su nadaísmo. Esto lo desarrollaré más ampliamente en la revista El Ojo Pop, que bajo mi dirección y la de Elmo Valencia, muy pronto mirará a Colombia.

¿De qué pintor colombiano le gustaría un cuadro con dedicatoria?
Prefiero no responder a esta pregunta de tipo plástico, para no contribuir a la estúpida guerra de intrigas que libran entre sí los pintores de nuestro país. Pero si alguno se decide, mi dirección es: apartado aéreo 5094, de Cali. Prometo absoluta reserva.

¿Iría a una guerra contra el comunismo para defender la cultura occidental?
Primero: el comunismo es un fenómeno típico de la "cultura occidental". Segundo: a la "cultura occidental" que se la lleve el diablo. Tercero: no voy a hacerme pegar un tiro de mi querido amigo Mao Tse Tung por defender estupideces como "cogito ergo sum". A la hora de la guerra, cogito luego salgo corriendo...

J. Mario, con cuál de estos artistas le gustaría estar en una fiesta en Juanchito: con Brigitte Bardot, Sartre, Marta Traba, Chaplin, Mónica Viti, Henry Miller, Raquel Jodorowsky, Elmo Valencia, Francoise Sagan o Cassius Clay?
Con todos, menos con Elmo que esta noche me está bebiendo en La Curva del Beso (Bar-besuqueo).

Cite la frase que más ha influido en su vida
"Tome Coca-cola". Esta frase ha sustituido en nuestra época el "conócete a ti mismo" de Sócrates. Pero como la gente no le encuentra esa belleza "pop" que desborda, cito una frase que me gusta mucho, de Goebbels, el nazi: "Cuando oigo hablar de cultura, saco mi pistola". Pero me gusta más la de Cassius Clay, el púgil: "Yo soy el más lindo.. Yo soy el más fuerte.. Yo soy el rey".

J. Mario, ¿qué valor tiene para usted la soledad?
Depende de con quién esté.

¿Qué considera lo peor del siglo XX?
Que no se dé cuenta que nosotros los nadaístas estamos en él. Nosotros, profetas de explosivas camisas a punto de hacer reventar el convencional sentido de los valores, de los sistemas de pensamiento, de las propias palabras.. - Que no se acabe de dar cuenta que tras el cielo que predicaba hay un cielo de cieno, de mugre... Que no se dé cuenta que el conocimiento ha sido carbonizado en la silla eléctrica.. - Que sus sistemas de dominio político Este-Oeste son patrañas organizadas... Que aún haya ley.. que aún haya libros.., que haya barreras para la misteriosísima mente clara, dulce manzana paradisiaca infinitamente serena del hombre.

Si se pudiera leer en el otro mundo, ¿qué libro se llevaría?
Ultimas investigaciones llevadas a cabo por el equipo de la Revista Planeta, dan como resultado que puede haber uno entre medio millón de "otros mundos" en el que se puede leer. Lo que sí han descartado completamente es la posibilidad de transporte a ese otro mundo, de cualquier clase de material de lectura. Pero si esta pregunta es reductible al absurdo, le diré que me llevaría un ejemplar de la Revista Planeta donde aparece un estudio titulado: "El otro mundo al alcance de todos".

Ya que usted es uno de los grandes valores del nadaísmo me gustaría preguntarle qué valor tiene para usted el nadaísmo.
Y ya que usted es el fundador del nadaísmo, mi querido profeta, me gustaría informarle que el nadaísmo nació contra los valores. Al nadaísmo no hay que reconocerle nada. El está allí, como un faro en la noche del cosmos. Ni alto ni bajo. Resplandeciente y misterioso. Sin preguntar ni decir nada. Burlándose de todo, hasta de sus propios nadaístas. Más poderoso que las explosiones. Sembrando el pánico. Y mirándolo todo con esa estúpida sonrisa de Buda.

Bueno, J. Mario, como la vida es corta, y el nadaísmo es largo, esto lo dejaremos para discutir en la próxima reencarnación. Y a propósito: con quién le gustaría encontrarse en el cielo?
Con Dios, ¡para pedirle cuentas!

Cromos N°. 2542. Bogotá, junio 20 de 1966. pp. 22-23, 25.

Tomado de www.lablaa.org./blaavirtual7letra-r/reporta1/repor5/htm.

Noche sin fortuna

Noche sin fortuna

Una vez màs, perdido en el laberinto- que otros llaman la biblioteca, y otros màs la red-, encontrè este fragmento de una novela ¿inconclusa? de Andrès Caicedo titulada Noche sin fortuna, que narra el periplo de Solano Patiño.

Sentado en mi taburete yo contemplaba: Que Antígona había puesto los codos sobre los flaquitos flaquitos brazos de mi primo, las rodillas sobre sus muslos esmirriados, dejándolo, pues, inmovilizado. Empezó a frotarle las orejas hasta dejárselas rojas y luego se las arrancó a mordiscos. Siguió con la nariz, las encías, luego a lamerle la manzana de Adán, y él no protestaba casi, yo veía como sus ojos giraban por todo ese cuarto, cuadros de sus padres, fotos ampliadísimas de paseos y fincas, fusiles sin balas, yo sentado, asombrado, quieto, sintiendo como mis granos ebullian, contemplando como era devorado mi primo, y ella ni se movía casi, a no ser que su estómago bajara y subiera sobre él en la respiración agitada del que come con hambre.

¿Cuanto haría que ella no comía? ¿Qué pensaría mi primo, le abrí la puerta al primer visitante y me dejó entrar la muerte? Y no la muerte a secas señores, la muerte en esa forma. Luego ella empezó a susurrar las palabras más amorosas del mundo y bajó la mano y le bajó el cierre relámpago de su Blue-jean Levis y tenía el pipí parado! me levanté muerto de celos, patié esa mano que agarraba el miembro en forma de pepino, enorme para su edad.

Mi primo soltó un berrido, ella me voltió a ver con carne blanca y pelos negros en la boca y me alejó con una especie de resoplido de ballena o de tigre y tiburón. "Está bien, está bien",pensé, y me senté de nuevo.Ahora el que hablaba era él.

Decía que le lamiera primero el pecho y que después mordiera, ¿Así?", decía ella, y acto seguido mordía, y él "sí, así", y luego "más duro", y ella "¿más duro qué?", "la lamida, la lamida", decía él, claro, por que la mordida no podía ser, porque cada mordida era duro, debía doler terriblemente. Reloj en mano comprobé cuanto duró la cosa, hasta los huesos, hasta que ella no necesitó agazaparse sino reclinarse como en posición yoga y chupar los fémures, exquisitos, los cartílagos de codos y rodillas, le dio una chupada a cada bola de cada rodilla, no dejó una sola sobra, un solo desperdicio, operación limpísima, limpísimo el esqueleto de Mariátegui mientras yo sentía un río de agua hirviendo adentro y podía avergonzarme del olor que despedía mi piel toda, lista para ser comida, ella respiraba cada vez más espaciadamente y luego se echó sobre el esqueleto y reposó, y yo me paré del taburete inquieto, y te pregunté: "¨Y ahora yo? ¨Y yo qué?". Ella no me contestó: dormía. "Noche sin fortuna"

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Cae la tarde, la luna que vendrá a nosotros. Pasa de nuevo, mujer, porque me gustas. Te doy un pase para el cine club? un pase a mi corazón, te lo diría mejor así tengo una muralla de humo a mi alrededor, y nadie, nadie se equivoca con respecto a mí. Gracias a ti, Antígona, que me elegiste de sólo posar tu mirada en mí y me diste el entendimiento, la inmediata comprensión de que me habías elegido, y de que en ese acto se me iba, está bien, digamos, mi razón, mi orden, mi especial modo de ser con la disciplina que confunde a mis compañeros, a mis seres queridos, ya no más queridos si te quiero a ti y los comparo con ellos. Erraré por estas calles y te buscaré hasta encontrarte, hasta que sientas una vez más deseo de mí, deseo de la carne fresca que te consigo. "Tengo para ti muchachos rubios, de bolas infladas para que mordisquees y chupes y soples si te sientes asesina. Búscame y encuéntrame, te lo suplico. No me dejes más en este andén, sufriendo las burlas de mis conocidos, de la gente que me mira y tiene que comentar, tiene que contar e inventar canciones de la que llaman mi decadencia. Pero como va a ser decadencia si tengo un motivo tuyo entre mis cejas, entre mi árbol del pan, mi cinturón de Hermes, averiado y todo pero férreo en ti, si lo hubiera utilizado para amarrarte, para golpearte en la cara y azotarte en la espalda cada vez que me fallaras, cada vez que olvidaras darme la oportunidad de probarte que yo no te fallaré jamás, Eva primigenio, que me encontrarás en esta esquina a la hora que te dé la gana divina, la gana hermosa de venir a mí y estar bien, parar tu carrito Simca, abrir la puerta, tenderme la mano, reclamarme, ayudarme a parar, yo me desgonzaré y dejaré que me sobes la cabecita, porque me lo merezco, porque he esperado mucho y he sufrido, me sobarás la cabecita y me besarás el cuello, y me dirás las mil razones de tu necesidad de mí, me instruirás, me indicarás en la dirección que ahora quieres ir, la edad de las víctimas, se me da un pepino que sean en realidad los mejores amigos, en realidad, los mejores amigos míos. Ven, ven por mí.

El habitante

El habitante

Para un verdadero escritor, lo más difícil es escribir. También lo más gozoso. En ningún caso se habla de “inspiración” o de mera facilidad. Se habla de esperanza en la desolación de rigor secreto, de ponderada alegría. Terror a esas cláusulas trotonas. Hay que tascarlas para que no se desmanden, para que no rieguen la carga en el camino.

Espina para clavar en tus sienes.

Y me voy a morir- tú bien
Lo sabes-
A morirme de barro bien usado, a morirme de risa repentina,
de risa de estar vivo como un hombre.
¿Para qué me trajeron cabestreado
por rosas y rosales y escaleras?
¿Para qué me pusieron estos ojos
y estas manos sin aire
y estas venas?
¿Para qué me pusieron tanta lumbre
tanto donde escoger y tanto frío?
Me dan risa este día y esta hora
Y esta rosa en su tiesto y este muro
Que me grita su yedra y su volumen.
Me da risa la tierra y mis dos piernas,
Las ganas de morirme en que me pudro.
El aire que respiro me da pena.
Pena de coliflor, risa de nada.

Hèctor Rojas Herazo.
Señales y garabatos del habitante.

Kafka en La màquina del tiempo

Kafka en La màquina del tiempo

"El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sois la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino a través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta. Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimientos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.

Franz Kafka.
Un mensaje imperial.
Tomado de www.la máquina del tiempo.com

Hèctor Rojas Herazo

Hèctor Rojas Herazo

Para un verdadero escritor, lo más difícil es escribir. También lo más gozoso. En ningún caso se habla de “inspiración” o de mera facilidad. Se habla de esperanza en la desolación de rigor secreto, de ponderada alegría. Terror a esas cláusulas trotonas. Hay que tascarlas para que no se desmanden, para que no rieguen la carga en el camino.

Espina para clavar en tus sienes.

Y me voy a morir- tú bien
Lo sabes-
A morirme de barro bien usado, a morirme de risa repentina,
de risa de estar vivo como un hombre.
¿Para qué me trajeron cabestreado
por rosas y rosales y escaleras?
¿Para qué me pusieron estos ojos
y estas manos sin aire
y estas venas?
¿Para qué me pusieron tanta lumbre
tanto donde escoger y tanto frío?
Me dan risa este día y esta hora
Y esta rosa en su tiesto y este muro
Que me grita su yedra y su volumen.
Me da risa la tierra y mis dos piernas,
Las ganas de morirme en que me pudro.
El aire que respiro me da pena.
Pena de coliflor, risa de nada.

Hèctor Rojas Herazo.
Señales y garabatos del habitante.

Hèctor Rojas Herazo

Hèctor Rojas Herazo

Para un verdadero escritor, lo más difícil es escribir. También lo más gozoso. En ningún caso se habla de “inspiración” o de mera facilidad. Se habla de esperanza en la desolación de rigor secreto, de ponderada alegría. Terror a esas cláusulas trotonas. Hay que tascarlas para que no se desmanden, para que no rieguen la carga en el camino.

Espina para clavar en tus sienes.

Y me voy a morir- tú bien
Lo sabes-
A morirme de barro bien usado, a morirme de risa repentina,
de risa de estar vivo como un hombre.
¿Para qué me trajeron cabestreado
por rosas y rosales y escaleras?
¿Para qué me pusieron estos ojos
y estas manos sin aire
y estas venas?
¿Para qué me pusieron tanta lumbre
tanto donde escoger y tanto frío?
Me dan risa este día y esta hora
Y esta rosa en su tiesto y este muro
Que me grita su yedra y su volumen.
Me da risa la tierra y mis dos piernas,
Las ganas de morirme en que me pudro.
El aire que respiro me da pena.
Pena de coliflor, risa de nada.

Hèctor Rojas Herazo.
Señales y garabatos del habitante.

Candy

Candy

Candy era una serie animada que mostraba la vida y las peripecias de una niña huèrfana que crece, junto a otros chicos, en un orfanato, del cual se marcha siendo adolescente para ir a la ciudad a estudiar enfermerìa.
Una vez finalizados sus estudios Candy deberà partir hacia el frente, en plena Primera Guerra Mundial.
Alrededor de candy y de su maor nunca correspondido- siempre habìa algo alejandola de su amado- se ciernen diversas historias de jovencitos que , al igual que ella buscaban su lugar en el mundo.
Muy sentimental, esta serie atrapaba por la manera como eran mostrados sus personajes.

Experiencia.

Experiencia.

La gente tiene una gran opiniòn sobre la experiencia. Pero, por regla general, experiencia significa siempre algo desagradable y contrapuesto al encanto y la inocencia de las ilusiones.

Joseph Conrad.
La lìnea de sombra.