Consumo
Para volverse objeto del consumo es preciso que el objeto se vuelva signo.
Jean Baudrillard
Para volverse objeto del consumo es preciso que el objeto se vuelva signo.
Jean Baudrillard
El plasma del sueño es el dolor de la separaciòn. El sueño sigue viviendo despuès que el cuerpo està enterrado.
Henry Miller.
Primavera negra
Ella se niega siempre a comprender, a oìr,
rìe para ocultar su terror de sì misma.
Anduvo siempre bajo los arcos de las noches
y por dònde pasò
dejò
la señal de las cosas destruidas.
Paul Eluard.
Màs allà de las carcajadas
un sudor frìo empapa la espera
noche de tumultos atravesada por pàginas de humo
el que interroga se yergue en un marco de silencio
nadie se espante
en la sombra d elos viajes
se revuelca una multitud regocijada de cerdos
he ahì la alegrìa de vivir
perdida entre columnas derribadas.
Aldo Pellegrini.
La opiniòn pùblica es la opiniòn de los hombres sin opiniòn, y estos condenan la poesìa. En el momento en que la poesìa es colocada fuera de la ley aparece como consecuencia ineludible la figura del poeta repudiado: la poesìa se vuelve maldita.
Aldo Pellegrini.
La acciòn subversiva de la poesìa.
Los hombres viven juntos como bueyes; todo lo màs, de vez en cuando, comparten una botella de alcohol.
Michel Houellebecq.
Plataforma.
...¿Quièn monopolizò el Amor el Sexo y el Sueño?(...). ¿Quièn les quitò lo que es de ustedes?¿Lo devolveràn todo ahora?¿Alguna vez han dado algo a cambio de nada? ¿Alguna vez han dado algo màs de lo que tenian para dar? ¿Acaso no han vuelto a apoderarse de lo que han dado cada vez que ha sido posible y siempre lo ha sido? Oigan:el Jardìn de las Delicias que les prometen es una cloaca(....)Apartense del Jardin de las Delicias-Es una trampa devoradora de hombres que remata en una gomosidad verdad-Tìrenle a la cara ese sucedàneo de inmortalidad-Se harà trizas antes que ustedes puedan salir de la Gran Tienda.
William Burroughs.
La historia es ficciòn.
William Burroughs.
Vivir es ser otro.
Fernando Pessoa
Todo es inùtil y yo lo siento como tal. Cuànto vivì se me ha olvidado como si lo oyera distraìdo. Cuànto serè no lo recuerdo como si lo hubiera vivido y olvidado.
Fernando Pessoa.
El libro del desasosiego.
(Este libro es tan extenso y desasosegante que nunca pude terminar de leerlo...)
La calle se desprende
por lo màs hondo del cielo.
En su penumbra
hay palabras perdidas
que no encuentran
su pequeño sitio en el tiempo.
La calle inventa
su nuevo color,
y los hombres buscan
alguna fàbula en su memoria.
nosotros caminamos
a la ausencia
como fantasmas
en la viva sombra.
Giovanni Quessep
Los àngeles colegiales
Ninguno comprendìamos el secreto nocturno de las pizarras
ni por què la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando miràbamos.
Sòlo sabìamos que una circunferencia puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pàjaros.
Ninguno comprendìamos nada:
ni porquè nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.
Sòlo sabìamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmètica.
Los àngeles muertos
Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerìas olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
En esos escombros momentàneos que aparecen en las neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca màs allà de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.
Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se enfrìan en las paredes.
Buscad,buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodandoel polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonda al borde de un precipicio.
Rafael Alberti.
Unos cuerpos son como flores
Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
seràn quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.
Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un dìa la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.
Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambiciòn o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.
Luis Cernuda.
Mi corazòn perdido
En su cuerpo de espuma nacìan las espigas
que en ràfagas de viento llenan con sus tumores
mi corazòn perdido en el mar de su lengua
mi corazòn hallado en medio del desierto
por cadenas de voces en oasis de sangre.
Mi corazòn perdido busca entre sus encajes
la llama que devore las ansias de su sombra
y las nieves que bajen de las altas montañas.
Josè Marìa Hinojosa.
Poesìa española de vanguardia(1918-1936)
Editorial Castalia S.A., Madrid,1995.
Mi libro favorito cuando era niño, me obsesioné tanto con Tom Sawyer que escribía historias parecidas, sobre chicos que intentaban copiar las aventuras del personaje creado por Twain.
PD Resubo el archivo.
Las aventuras de Tom Sawyer.
1. Nunca des por nada.
2. Nunca des màs de lo que tienes que dar (tener al comprador siempre hambriento y hacerle esperar siempre).
3. Recupera siempre todo lo que te sea posible.
El almuerzo desnudo.
William Burroughs.
CIENCIA DE AMOR
No sé. Sólo me llega, en el venero
de tus ojos, la lóbrega noticia
de dios; sólo en tus labios, la caricia
de un mundo en mies, de un celestial granero.
¿Eres limpio cristal, o ventisquero
destructor? No, no sé... De esta delicia,
yo sólo sé su cósmica avaricia,
el sideral latir con que te quiero.
yo no sé si eres muerte o eres vida,
si toco rosa en ti, si toco estrella,
si llamo a Dios o a ti cuando te llamo.
Junco en el agua o sorda piedra herida,
sólo sé que la tarde es ancha y bella,
sólo sé que soy hombre y que te amo.
DOLOR
Hacia la madrugada
me despertó de un sueño dulce
un súbito dolor,
un estilete
en el tercer espacio intercostal derecho.
Fino, fino,
iba creciendo y en largos arcos se irradiaba.
Proyectaba raíces, que, invasoras,
se hincaban en la carne,
desviaban, crujiendo, los tendones,
perforaban, sin astillar, los obstinados huesos,
durísimos
y de él surgía todo un cielo de ramas
oscilantes y aéreas,
como un sauce juvenil bajo el viento,
ahora iluminado, ahora torvo,
según los galgos-nubes galopan sobre el campo
en la mañana primaveral.
Sí, sí, todo mi cuerpo era como un sauce abrileño,
como un sutil dibujo,
como un sauce temblón, todo delgada tracería,
largas ramas eléctricas,
que entrechocaban con descargas breves,
entrelazándose, disgregándose,
para fundirse en nódulos o abrirse
en abanico.
¡Ay!
Yo, acurrucado junto a mi dolor,
era igual que un niñito de seis años
que contemplara absorto
a su hermano menor, recién nacido,
y de pronto le viera
crecer, crecer, crecer,
hacerse adulto, crecer
y convertirse en un gigante,
crecer, pujar, y ser ya cual los montes,
pujar, pujar, y ser como la vía láctea,
pero de fuego,
crecer aún, aún,
ay, crecer siempre.
Y yo era un niño de seis años
acurrucado en sombra junto a un gigante cósmico.
Y fue como un incendio,
como si mis huesos ardieran,
como si la médula de mis huesos chorreara fundida,
como si mi conciencia se estuviera abrasando,
y abrasándose, aniquilándose,
aún incesantemente
se repusiera su materia combustible.
Fuera, había formas no ardientes,
lentas y sigilosas,
frías:
minutos, siglos, eras:
el tiempo.
Nada más: el tiempo frío, y junto a él un incendio
universal, inextinguible.
Y rodaba, rodaba el frío tiempo, el impiadoso tiempo
sin cesar,
mientras ardía con virutas de llamas,
con largas serpientes de azufre,
con terribles silbidos y crujidos,
siempre,
mi gran hoguera.
Ah, mi conciencia ardía en frenesí,
ardía en la noche,
soltando un río líquido y metálico
de fuego,
como los altos hornos
que no se apagan nunca,
nacidos para arder, para arder siempre.
EN LA SOMBRA
Sí: tú me buscas.
A veces en la noche yo te siento a mi lado,
que me acechas,
que me quieres palpar,
y el alma se me agita con el terror y el sueño,
como una cabritilla, amarrada a una estaca,
que ha sentido la onda sigilosa del tigre
y el fallido zarpazo que no incendió la carne,
que se extinguió en el aire oscuro.
Sí: tú me buscas.
Tú me oteas, escucho tu jadear caliente,
tu revolver de bestia que se hiere en los troncos,
siento en la sombra
tu inmensa mole blanca, sin ojos, que voltea
igual que un iceberg que sin rumor se invierte en el
agua salobre.
Sí: me buscas.
Torpemente, furiosamente lleno de amor me buscas.
No me digas que no. No, no me digas
que soy náufrago solo
como esos que de súbito han visto las tinieblas
rasgadas por la brasa de luz de un gran navío,
y el corazón les puja de gozo y de esperanza.
Pero el resuello enorme
pasó, rozó lentísimo, y se alejó en la noche,
indiferente y sordo.
Dime, di que me buscas.
Tengo miedo de ser náufrago solitario,
miedo de que me ignores
como al náufrago ignoran los vientos que le baten,
las nebulosas últimas, que, sin ver, le contemplan.
INSOMNIO
Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
(según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros,
o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán,
ladrando como un perro enfurecido,
fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?
VIDA
Entre mis manos cogí
un puñadito de tierra.
Soplaba el viento terrero.
La tierra volvió a la tierra.
Entre tus manos me tienes,
tierra soy.
El viento orea
tus dedos, largos de siglos.
Y el puñadito de arena
-grano a grano, grano a grano-
el gran viento se lo lleva
Tomado de www.amediavoz.com
MONSTRUOS
Todos los días rezo esta oración
al levantarme:
Oh Dios,
no me atormentes más.
Dime qué significan
estos espantos que me rodean.
Cercado estoy de monstruos
que mudamente me preguntan,
igual, igual que yo les interrogo a ellos.
Que tal vez te preguntan,
lo mismo que yo en vano perturbo
el silencio de tu invariable noche
con mi desgarradora interrogación.
Bajo la penumbra de las estrellas
y bajo la terrible tiniebla de la luz solar,
me acechan ojos enemigos,
formas grotescas me vigilan,
colores hirientes lazos me están tendiendo:
¡son monstruos,
estoy cercado de monstruos!
No me devoran.
Devoran mi reposo anhelado,
me hacen ser una angustia que se desarrolla a
sí misma,
me hacen hombre,
monstruo entre monstruos.
No, ninguno tan horrible
como este Dámaso frenético,
como este amarillo ciempiés que hacia ti clama con
todos sus tentáculos enloquecidos,
como esta bestia inmediata
transfundida en una angustia fluyente;
no, ninguno tan monstruoso
como esta alimaña que brama hacia ti,
como esta desgarrada incógnita
que ahora te increpa con gemidos articulados,
que ahora te dice:
”Oh Dios,
no me atormentes más,
dime qué significan
estos monstruos que me rodean
y este espanto íntimo que hacia ti gime en la noche.”
DÁMASO ALONSO
(España-1898)
De “Hijos de la ira
Tomado de www.poesiagrupocero.com
LA ENAMORADA
Ella vive de pie sobre mis párpados
Sus cabellos están entre los míos
Tiene la forma exacta de mis manos
Y el color de mis ojos que la miran
Ella se hunde entre mi propia sombra
Como una piedra en el azul del cielo.
Ella tiene los ojos siempre abiertos
Y me impide dormir con su mirada
A plena luz sus sueños luminosos
Hacen evaporar todos los soles
Sus sueños me hacen sollozar reír
Y hablar sin tener nada que decir...
Versión de Andrés Holguín
Tomado de www.amediavoz.com
No des paz a tu reino
No des paz a tu reino
entre escudos de bronce voladores
De noche, los geranios
que tocan el alféizar,
dejan hojas o lámparas insomnes
color amarillo de un tiempo que se va, se ha ido.
Cantarela del bosque.
Pero, aún hay en ellos
frutos desconocidos de otra hora,
que invaden y nos mienten
con su llama de polvo.
Oh tú que en la penumbra
sueñas tu historia, ve a los cuentos
que aguardan en la vida y en la muerte
como una primavera que huye y nunca pasa.
Sufre la poesía,
tu purgatorio de mortal espino:
no des paz a tu reino
entre escudos de bronce voladores.
Diamante
Si pudiera yo darte
la luz que no se ve
en un azul profundo
de peces. Si pudiera
darte una manzana
sin el edén perdido,
un girasol sin pétalos
ni brújula de luz
que se elevara, ebrio,
al cielo de la tarde;
y esta página en blanco
que pudieras leer
como se lee el más claro
jeroglífico. Si
pudiera darte, como
se canta en bellos versos,
unas alas sin pájaro,
siempre un vuelo sin alas,
mi escritura sería,
quizá como el diamante,
piedra de luz sin llama,
paraíso perpetuo.
Cercanía de la muerte
El hombre solo habita
Una orilla lejana
Mira la tarde gris cayendo
Mira las hojas blancas
Rostro perdido del amor
Apenas canta y mueve
La rueda del azar
Que lo acerca a la muerte
Extranjero de todo
La dicha lo maldice
El hombre solo a solas habla
De un reino que no existe.
No tenemos conjuros
Lo canta el adivino
Porque ha visto en los sueños
Naves purpúreas
O un jardín remoto
Todo habrá de llegarnos la celeste
Penumbra de un castillo el otro reino
O en la rama florida
De lo real la rosa fabulada
No tenemos conjuros
Quien crea en la leyenda
Puede mirar las nubes
Verá que empieza a detenerse el tiempo.
Tomados de www.eluniversal.com.co/paginas/dominical/domi4.htm
Cantos de Maldoror, Canto I, Estrofa VI
Conde de Lautréamon
Hay que dejarse crecer las uñas durante quince días. Entonces, qué grato resulta arrebatar brutalmente de su lecho a un niño que aún no tiene vello sobre el labio superior y, con los ojos muy abiertos, hacer como si se le pasara suavemente la mano por la frente, llevando hacia atrás sus hermosos cabellos. Inmediatamente después, en el momento en que menos lo espera, hundir las largas uñas en su tierno pecho, pero evitando que muera, pues si murieran, no contaríamos más adelante con el aspecto de sus miserias. Luego se le sorbe la sangre lamiendo sus heridas, y durante ese tiempo, que debería tener la duración de la eternidad, el niño llora. No hay nada tan agradable como su sangre, obtenida del modo que acabo de referir, y bien caliente todavía, a no ser por sus lágrimas, amargas como la sal. Hombre, ¿nunca has probado el sabor de tu sangre, cuando por accidente te has cortado un dedo? Es deliciosa ¿no es cierto?, porque no tiene ningún sabor. Además, ¿no recuerdas el día que, en medio de lúgubres reflexiones, llevabas la mano formando una concavidad hasta tu rostro enfermizo empapado por algo que caía de tus ojos; la cual mano se dirigía luego fatalmente hacia la boca que bebía a largos sorbos, en esa copa trémula, como los dientes del alumno que mira de soslayo a aquel que nació para oprimirlo, las lágrimas? Son deliciosas, ¿no es cierto?, porque tienen el sabor del vinagre. Se dirían las lágrimas de la que ama apasionadamente; pero las lágrimas del niño dan más placer al paladar. El niño no traiciona pues todavía no conoce el mal, mientras la que ama apasionadamente acaba por traicionar, tarde o temprano...lo que adivino por analogía, aunque ignoro qué son la amistad y el amor (y es probable que nunca los acepte, por lo menos de parte de la raza humana). Y ya que tu sangre y tus lágrimas no te disgustan , aliméntate, aliméntate con confianza de las lágrimas y la sangre del adolescente. Tenle vendados los ojos mientras tú desgarras su carne palpitante; y después de haber oído por largas horas sus gritos sublimes, similares a los estertores penetrantes que lanzan en una batalla las gargantas de los heridos en agonía, te apartarás de pronto como un alud, y te precipitarás desde la habitación vecina, simulando acudir en su ayuda. Le soltarás las manos de venas y nervios hinchados, permitirás que vean nuevamente sus ojos despavoridos , y te pondrás otra vez a lamer sus lágrimas y su sangre. ¡Qué auténtico es entonces el arrepentimiento! La chispa divina que existe en nosotros y que sólo muy pocas veces se revela, aparece demasiado tarde. Cómo rebosa el corazón al poder consolar al inocente a quién se ha hecho tanto daño: "Adolescente que acabas de sufrir dolores crueles, ¿quién ha sido capaz de cometer en ti un crimen que no sé cómo calificar? ¡desdichado de ti! ¡Cómo debes sufrir! ¡Si lo supiera tu madre, no estaría ella más cerca de la muerte, tan detestada por los culpables, de cuánto lo estoy yo ahora. ¡Ay! ¿Qué son entonces, el bien y el mal? ¿Son acaso la misma cosa que testimonia nuestra furibunda impotencia y el ardiente deseo de alcanzar el infinito por cualesquier medios, por insensatos que fueren? ¿O bien son dos cosas distintas? Si...es mejor que sean la misma cosa...porque de no ser así ¿Qué me ocurrirá el día del Juicio Final? Sagrado rostro, es el mismo que acaba de quebrar tus huesos y desgarrar esa carne que cuelga de diversos sitios de tu cuerpo. ¿Es acaso un delirio de mi razón enferma, es acaso un instinto secreto que escapa al control de mis razonamientos, y similar al del águila que desgarra su presa, lo que me ha impulsado a cometer este crimen? ¡Y con todo yo he sufrido a la par de mi víctima! Adolescente, perdóname. Cuando hayamos abandonado esta vida efímera, quiero que ambos formemos un único ser, tu boca íntimamente unida a la mía. Pero aún así mi castigo no será completo. Tendrás, además, que desgarrarme sin detenerte nunca, con los dientes y las uñas a la vez. Adornaré mi cuerpo con guirnaldas perfumadas para este holocausto expiatorio ; y entonces sufriremos los dos, yo por ser desgraciado, tú por desgarrarme...con mi boca unida a la tuya. ¡Oh, adolescente de cabellos rubios, de ojos tan dulces! ¿Harás ahora lo que te pido? Quiero que lo hagas a pesar tuyo, para que mi conciencia vuelva a ser feliz". Después de hablar en estos términos, habrás hecho daño a un ser humano, pero al mismo tiempo serás amado por él; es la mayor dicha que pueda concebirse. Más adelante podrás internarlo en un hospital, porque el lisiado no podrá ganarse la vida. Un día te llamarán magnánimo, y las coronas de laurel y las medallas de oro esparcidas sobre el gran sepulcro ocultarán tus pies descalzos al rostro del viejo. ¡Oh tú, cuyo crimen no quiero escribir en esta página que consagra la santidad del crimen!, me consta que tu perdón fue inmenso como el universo. En cuanto a mí, todavía existo.
Tomado de www.elinterpretador.net
El Dios de la tierra y el Dios del mar
"...Sí, siento que mi alma lleva un candado sobre el cerrojo de mi cuerpo, por lo que no puede soltarse para huir lejos de las costas que azota el mar humano, y para no seguir siendo testigo del espectaculo de la jauría lívida de los infortunios que persiguén sin descanso, a través de los barrancos y precipicios del inmenso desaliento, a las gamuzas humanas. Pero no me quejaré. Recibí la vida como una herida, y he prohibido al suicidio que haga desaparecer la cicatriz Quiero que el creador contemple hora tras hora, durante toda su eternidad, ese tajo abierto. Es el castigo que le inflijo. Nuestros corceles disminuyen la velocidad de sus patas de bronce; sus cuerpos tiemblan como el cazador sorprendido por una manada de percarís. No conviene que ellos presten atención, sus inteligencias se desarrollarían y podrían llegar a comprendernos. ¡ Pobres de ellos, porque entonces sufrirían mucho más! Para convencerte, no tienes más que pensar en los jabatos de la humanidad: el grado de inteligencia que los separa de los otros seres de la creación, ¿no parece haberles sido otorgado únicamente al precio indefectible de sufrimientos incalculables? Imita mi ejemplo, y que tu espuela de plata se hunda en los ijares de tu corcel..." Nuestros corceles galopan a los largo de la costa como si rehuyeran la mirada humana.
Los cantos de Maldoror, Conde de Lautreamont (Obras de completas), ed. boa Buenos Aires,1964; Canto tercero,parrafo I , pag 151.
Tomado de www.enelumbraldelamuerte.blogia.com
Mara Agudelo (Antioquia)
Incendio
(Como ave fènix)
Me incendiaste...
Cuando regreses por las cenizas
sòlo hallaràs la sombra
de mi vuelo.
Blanca Oliva Arenas Rojas
(Valle del Cauca)
Del cielo
Ramaje de fuego
en la noche densa.
Voces desesperadas...
Del cielo
herido
llueven
làgrimas
bajo el fragor del trueno.
Nolcy Elena Armenta Meneses
(Cèsar)
Ilusiòn
La ilusiòn
de aquel niño
viaja
en el devenir
del viento.
No regresò
el àguila
de colores
que marcaba
la tarde
del mar
con su lamento.
Caen cenizas
del alma...
Allà
a lo lejos
se quema
la vida.
Sòlo quedan
desechos...
Marìa Teresa Arrazola
(Bogotà)
Regreso
"Hoy vago solo a la orilla
del llanto" Octavio Paz
Me irè
dejando en el camino
esta carga de abandonos
que pesan en mi espalda.
Regreso
un poco màs sola
un poco màs triste
un poco màs cansada...
Espero que aùn existan
elpedacito de mar y las gaviotas
refugio amable de mi ùltima jornada.
Nuevas voces de fin de siglo (Poesìa colombiana), selecciòn y pròlogo de Juan Revelo Revelo. Epsilòn editores, Bogotà,1999.