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25/04/2008
Confortbly numb

El hastìo que nos depara el futuro nos aterra màs que el pavor del momento presente. El presente en sì nos revela la vida plàcidamente insoportable.
Cioràn.
Confortbly numb.
Pink Floyd.
Una de mis canciones favoritas de los Floyd y del album The Wall:
Hello...?
Is there anybody in there?
Just nod if you can hear me.
Is there anyone at home?
Come on, now,
I hear you’re feeling down.
Well I can ease your pain
Get you on your feet again.
Relax.
I’ll need some information first.
Just the basic facts.
Can you show me where it hurts?
There is no pain you are receding
A distant ship, smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move but
I can’t hear what you’re saying.
When I was a child I had a fever
My hands felt just like two balloons.
Now I’ve got that feeling once again
I can’t explain you would not understand
This is not how I am.
I have become comfortably numb.
O.K.
Just a little pinprick.
There’ll be no more aaaaaaaaah!
But you may feel a little sick.
Can you stand up?
I do believe it’s working, good.
That’ll keep you going
through the show
Come on it’s time to go.
There is no pain you are receding
A distant ship, smoke on the horizon.
You are only coming through in waves.
Your lips move
but I can’t hear what you’re saying.
When I was a child
I caught a fleeting glimpse
Out of the corner of my eye.
I turned to look but it was gone
I cannot put my finger on it now
The child is grown,
The dream is gone.
I have become
Comfortably numb.
¿Hola...?
¿Hay alguien ahí?
Asiente con la cabeza si puedes oírme
¿Hay alguien en casa?
Vamos,
He oído que te sientes mal
Yo puedo aliviar tu dolor
Y ponerte en pie otra vez
Relájate.
Necesitaré primero alguna información
Sólo los hechos básicos
¿Puedes mostrarme donde te duele?.
No hay dolor, está disminuyendo
Un barco distante humea en el horizonte
Estás atravesándolo a oleadas
Tus labios se mueven pero
no puedo oír lo que dices
Cuando yo era niño tuve una fiebre
Mis manos se sintieron como dos globos
Ahora vuelvo a tener esa sensación
No lo puedo explicar, no lo entenderías
No es así como soy
Me he quedado plácidamente insensible.
Está bien
Sólo un pequeño pinchazo
Ya no habrá más ¡aaaaaah!
Pero puedes sentirte algo mareado
¿Puedes ponerte de pie?
Creo que está funcionando, muy bien
Eso te mantendrá de pie
durante el espectáculo
Vamos, es hora de marcharte.
No hay dolor, está disminuyendo
Un barco distante humea en el horizonte
Estás atravesándolo a oleadas
Tus labios se mueven
pero no puedo oír lo que dices
Cuando yo era un niño
Capté un rápido vislumbre
Desde el rabillo de mi ojo
Me volví a mirar, pero se había ido
No puedo poner mi dedo en ello ahora
El niño ha crecido
El sueño se ha esfumado
Y yo me he quedado
Plácidamente insensible.
La traducciòn desde aquì...
26/03/2008
Charly al pie de la letra
02/03/2008
Contemplar
No creo que haya nacido para escribir; quizás sí para leer... Yo contemplo, no actuo...
19-03-98
01/03/2008
Viaje
Otra
Pareciera que los hombres siempre estamos enamorados de otra...
Siempre buscándo a alguien más, como si de esta manera pudiera llenar el vacío que llevo dentro de mí...
20/02/2008
Post coito

Una reflexiòn que a mi novia le caerìa bien, pues ella es de las que gustan de la charla y el cigarro post-coito, mientras yo hago esfuerzos por no dormirme, no por aburrimiento ni nada, sino por fìsico cansancio:
Después de millones de años de cortejo precoito en el planeta, todos los mandamientos del XY contemporáneo dirigidos al escaqueo postcópula se encierran en dos:-Nos vemos.-Hablamos.
Aunque sólo sea para fliparlo, XX del mundo, levantémonos y unámonos.
Estas palabras escritas por Ella07/10/2007
Las aventuras de Tom Sawyer
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La mìa la perdì..
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18/04/2007
estabolsanoesunjuguete cumple dos años
Dos años perdidos en la marejada del tiempo...
¿Valiò la pena?...
Bufòn.
20/08/2006
Advertencia
Evite el contacto con la piel y los ojos.
Contacto
¿Todavìa queda vida inteligente en estabolsanoesunjuguete?
Bufòn.
11/07/2006
Chiripiolcas y otros malestares
Siempre me preguntè por què a Chaparròn Bonaparte le daban chiripiolcas. Cuando era niño supuse que era a causa de su locura...
-¿Sabes, Chaparròn?...La gente anda diciendo que tù y yo estamos locos...
-¿Què tù y yo estamos locos ,Lucas?...
Una vez leì que si uno es capaz de preguntarse si està loco es que no lo està...o tal vez lo vì en una pelìcula, no lo recuerdo...
Està claro que Chaparròn y Lucas estàn locos. No de otra manera se explica su incorregible tendencia a trastocar el lenguaje, como beber champaña en un sombrero de copa,o salir de caza con una escopeta y terminar casàndose con ella...
Tal vez debido a su locura, Chaparròn puede exteriorizarla,mostrar el sìntoma:la chiripiolca, y no sufrirlo interiormente como todos los demàs.
Quizàs Chaparròn no està loco, sino que es un hombre absurdo, en el sentido de Camus. Si la realidad es descrita a travès del lenguaje, y el lenguaje se presta a una plurisemia inaudita, tal vez lo que Chaparròn quiere es una unidad en el lenguaje,un sentido ùnico metafìsico, que lo ayude a condensar los fragmentos dispersos de sì mismo,para encontrar ese algo que todos buscamos, sea el yo, Dios o lo que sea...
Nota para mì mismo: Leer El malestar en la cultura de Freud
El hombre rebelde de Camus
Una biografìa de Chespirito sipuedo encontrarla...
24/05/2006
Democracia biològica
El pròximo domingo se celebran las elecciones presidenciales en Colombia, y a mi modo de ver ninguno de los candidatos ofrece una alternativa a la maquinaria polìtica que viene moviendo este paìs desde hace muchìsimos años... Yo personalmente descreo del voto como forma de participaciòn; para mì, es como si el poder polìtico se ejerciera en una dimensiòn paralela donde el pueblo y la opiniòn pùblica, la que no està al servicio del poder, no tuvieramos acceso real...Nunca he votado y creo que nunca lo harè. Pienso en un movimiento màs de orden social, estilo zapatismo, que en un partido o ideologìa politizante...
En Nova Express de William Burroughs, encuentro esta descripciòn de la democracia en el planeta nova, o tal vez en Interzonas, quièn sabe:
"Enormes tanques de inmersiòn comunitaria disuelven pueblos enteros en un concentrado ùnico-Es màs democràtico de ese modo, ¿comprende usted?-Representaciòn Biològica-Deposite su voto en los tanques."
11/05/2006
islanada
Islanada es la crònica acrònica,ya que transcurre fuera deltiempo,en la inconciencia, de uno de los intentos màs originales, a mi modo de ver, de la literatura colombiana: el nadaìsmo.
Sin el afàn de irreverencia que muchas novelas actuales impostan,por considerarse signo de los tiempos que corren, Islanada niega el sustrato pùtrido sobre el cual se levanta la sociedad colombiana y se decide por elegir otro espacio, dentro o fuera de los personajes sin asidero que van recorriendo las pàginas en busca de pureza, de autenticidad, pero con una autenticidad desesperanzada que los aboca a un fracaso inexorable, no la caìda de Zaratustra bajando la montaña (ni la de Nietszche cayendose de culo de Sils- Marìa), sino una caìda no por silenciosa,menos infamante, desde los sueños de libertad y expresiòn a las fauces omnìvoras de la realidad,lasoledad,laincomunicaciòn y el desgasno...
Y la isla se hunde al grito de "Adiòs,Islanada...Adiòs, Islaputa",sintiendo que sucumbo ante la falta de fe en que consiste ejercer esta dolorosa colombianadalidad ...
Islanada.Elmo Valencia . Editorial Big Bang, Santa Fe de Bogota, 1996.
24/04/2006
estabolsasìpuedeserunjuguete
Me gusta la poesìa y toda la literatura en general, sin desdeñar ningùn gènero.
La idea de abrir este blog fue compartir un poco eso con la gente, pero me puse a pensar, ¿y por què sòlo lo que yo considero bueno o lo que me gusta?
Asì que si alguien quiere colaborar, por favor escribame a bufonrebp@latinmail.com...
Bufòn.
03/04/2006
Estabolsanolaleenadie
Esta bolsa no es un juguete cumple un año de estar siendo publicada, y la realidad es que no la lee nadie... asì que surge el interrogante, ¿seguir o no seguir? ¿y para dònde?...
Ya veremos...
Bufòn.
27/03/2006
La rambla paralela
Lo fugaz, lo irrecuperable, transustanciado en recuerdo que, de todas formas, no podemos usufructuar. De ahì el dolor, la impotencia, el nacimineto de un requerimiento contra Dios por otorgarnos este mundo y sus espinas y luego, al parecer, haberse olvidado de nosotros que tanto lo necesitamos, que nos vamos quedando solos porque a nuestro alrededor todo se va volviendo listado de muertos que quisimos, remembranzas irrecuperables, lugares que ya nunca volveran a ser los mismos.
Tal es la impresiòn de desconcierto, de contrariedad, hasta de rabia, sentida tras la lectura de La Rambla Paralela de ese gran denostador, de ese doloroso vituperante que es Fernando Vallejo; una rambla que es como un rìo que arrastra el tiempo, llevandose consigo muertos entrevistos en la orilla de la infancia o transeùntes neblinados por la amarga vejez, pero con la igual certeza de que para nosotros estàn perdidos, que no vale la pena su tragedia por inane, que no compensa el sacrificio de acercarseles su consecuente indiferencia.
Exiliado de todo lugar, hasta del sueño, el viejo protagonista de esta historia arremete contra los estandartes de lo polìticamente correcto y con dolor de estar vivo y muriendo, los desgarra frente a nuestra cara, nos los deshace en pedazitos pero no nos ofrece opciones, porque "No siendo èl redentor de nadie ni el hombre redimible" (pàg. 144), el ùnico refugio se halla, tal vez, en los palos de ciego, en las patadas de ahogado, en las inextricables peregrinaciones del fantasm,a por los callejones del recuerdo.
"Recuerdos sì, pero actualizados" (pàg. 145), replica el viejo. y viene la niñez siempre avasalladora, siempre reconfortante.
"Dìficil creer que hubiera cabido allì tanta dicha al abrigo de las miserias de esta tierra.
¿Pero de veras cupo? ¿No lo estarìa inventando ahora para llenar con algo el final? Al fin de cuentas es lo que hacìa desde hacìa años: pasar unos mìseros recuerdos hechos de cambiantes palabras a un deleznable papel" (pàg. 148)
¿Y no es lo que , al fin y al cabo, con mejor o peor fortuna, hacemos todos?
"¿Tenìa càncer? No. ¿Sida? No. ¿Depresiòn? Tampoco. ¿Què le pasaba entonces? Nada. Ese era su mal, que ya nada le podìa pasar" (pàg. 137).
La rambla paralela. Fernando Vallejo. Alfaguera. Bogotà, 2002.
16/03/2006
El Santo
En un volumen titulado Antologìa del cuento policìaco, me encontrè con una agradable sorpresa: siete novelas cortas, protagonizadas por el personaje de El Santo, escritas por Leslie Charteris (Leslie Charles Bowyer Yin - cambiò su nombre en 1926, naciò en 1907 y muriò en 1993)
Confieso que ignoraba que el popular personaje tuviera un origen literario; yo pensaba que era una creaciòn para televisiòn, en aquella famosa serie interpretada por Roger Moore, y que luego malograran en el cine.
Como de los vericuetos de la seri no me acuerdo, ya que yo era muy pequeño para prestarle atenciòn a cualquier otra cosa que no fuera la animaciòn con la que abrìa el programa, sòlo puedo hacer comparaciones con la pelìcula.
Charteris nos dà la receta con la cual se cuece su personaje: "Para la leyenda de cualquier aventurero tòmese lo siguiente: una idea, un esquema, acciòn, peligro, fuga y tal vez una sorpresa en cualquier parte. Repetirlo indefinidamente, con intervalos regulares de quietud. Aderezarlo con el eterno descontento de horizontes inalcanzados y con el sempiterno contento de un àguila en libertad", nos explica en La virgen del Rhin.
Y seguido, a travès de las intrigas de La locuciòn latina, La vaca española, El maletìn del signor Ravenna, El viaje maravilloso, La virgen del Rhin, El ojo del àngel y El degollador ambicioso, presenta a Simon Templar como un pirata moderno, que se mueve al margen de la ley pero guiado por un concepto muy personal de la justicia, que gusta sacar provecho de las situaciones que se le presentan, pero que tambièn es capaz de dejarlas pasar en favor de alguien màs vulnerable que èl.
Eternamente joven, apuesto, elegante, El Santo se pasea en estas novelas por toda Europa, administrando su justicia implacable y sacando todo el provecho que pueda de las zonas màs oscuras de los apetitos humanos; provisto de su azul mirada, que bien puede expresar cierta beatitud -de ahì su apodo,no del uso indiscriminado de la hagiografìa catòlica para sus seudònimos, como en la pelìcula-, hasta una imperturbable sangre frìa, brinda algo de esperanza a seres solitarios y, de paso, se mete algo al bolsillo sin que la policìa se entere de ello...
Antologìa del cuento policìaco. Traducciòn y pròlogo de Salvador Bordoy Luque. Aguilar S. A., Madrid, 1967.
23/02/2006
Remordimiento en traje de noche
En el poema "Remordimiento en traje de noche", Luis Cernuda invoca el perfil inasible del hombre de gris sumergido en la metropòlis urbana, cuya imagen sonàmbula se refleja en la vidriera o vitrina del almacèn en el centro comercial, que le muestra la mercancìa, la exhibe, pero al mismo tiempo lo aisla de ella, lo excluye, protegiendo al artìculo de la rapacidad del hombre, reflejo que nunca aparecerà en la pantalla y, por lo tanto, en el cual ese hombre nunca se reconocerà...
"El poeta o el hombre, aparecìa descrito como un mero cuerpo hueco, vacìo de ideales espirituales producto de sus crisis personales y excistenciales, con un tremendo sentimiento de angustia y desolaciòn interior e inserto dentro del ambiente de un nuevo espacio urbano: el de la ciudad moderna caracterizada como tierra estèril y muerta. " (1)
Nadie sospecha, dice el poeta , es un cuerpo vacìo.
Es un cuerpo vacìo precisamente porque ya no se reconoce a sì mismo. El reflejo en la vitrina del almacèn no enraìza en èl una pregunta acerca de su propia condiciòn; por el contrario, lo insta a avanzar, a circular, porque ese cristal no està ahì para mirarse en èl, sino para mirar a travès de èl...
"Remordimiento en traje de noche", Luis Cernuda, La realidad y el deseo, Editorial Sèneca, Mèxico, 1940.
1. Elliot, Cernuda y Alberti: la ciudad vacìa. Francisco Ruiz Soriano. Cuadernos Hispanoàmericanos, 539-540, mayo-junio,1995,pàg. 43.
16/02/2006
Conversando con Miller

Esta reveladora entrevista, dividida en tres partes, nos presenta a un Miller màs accesible, desposeìdo de los elementos de ficciòn por èl intercalados en sus libros y que , en determinado momento, pueden develar al personaje literario pero ocultar al hombre.
En la primera parte, dedicada a recordar su infancia, Miller habla de su familia: el abuelo de origen alemàn, el padre de caracter discreto frente a la madre impositiva, la hermana retrasada por la que Henry sentìa una pena teñida de culpabilidad , la tìa loca; el primer barrio, las primeras lecturas; la travesìa fuera del ùtero a travès del tranvìa ovàrico, las primeras mujeres que lo acompañaron -encuentro cierto paralelismo entre Miller y Balzac: Miller sentìa que su madre no lo habìa querido suficiente; se casò con una viuda mucho mayor que èl...-
La segunda parte habla de sus libros. Miller cuenta còmo tomò la desiciòn de dejar de escribir como otros escritores y hacer lo que èl querìa, y còmo de esta manera nacen sus libros.
La ùltima parte, que me gustò menos, intenta trazar lo que el autor llama "el mensaje milleriano", pero se queda en opiniones personales que Miller sigue y en ocasiones aprueba con mucha cortesìa pero, me parce a mì, sin mucha convicciòn.
Pero entre una cosa y otra, encontramos al Miller de siempre, hablandonos de los padres, la educaciòn ,la infancia, las mujeres, la literatura, el cine, la libertad del individuo en una sociedad que cada vez màs parece estar hecha para aplastarlo ...
Todos los temas alrededor de los cuales Miller trazò su infinita autobiografìa...
Conversaciones con Henry Miller. Christian De Bartillat. Granica editores, S. A., Barcelona, 1977.
27/01/2006
Generaciòn X
Aunque descreo de categorìas taxidèrmicas como "generaciòn" y similares, me llamò la atenciòn un dossier que encontrè en el nùmero 118 de mayo de 1999 de la revista española Ajoblanco, sobre la generaciòn X y su fin.
De acuerdo con los articulos publicados generaciòn X se refiere a " un grupo de personas, nacidas entre los ùltimos 60 y los primeros 70, que compartieron los suficientes lugares comunes como para que hoy podamos referirnos a ellos con el ampuloso, siempre molesto tèrmino "generaciòn". Lo de la X tambièn tiene su explicaciòn. Si algo definiò a la Generaciòn X fue su indefiniciòn. Èsta fue una hornada amorfa, fragmentada. O vista desde el lado positivo del asunto, heterodoxa, antidogmàtica. No creyò màs que en sì misma, y tampoco de su propia credibilidad estaba muy convencida. Quizà por eso dirigiò su mirada en todas las direcciones posibles, picoteando de aquì y de allà. No aprendiò de los errores del pasado pero tampoco voloviò a creer en ellos. Nunca quiso cambiar al mundo, y por eso fue vilmente vapuleada. La acusaron de cìnica, apàtica, conformista, ultramaterialista... Lo ùnico que querìa era vivir tranquila. Y para ello no tuvo ningùn reparo en crearse su propio microcosmos, un mundo aparte hechos de retales de celuloide, tebeos de superhèroes y literatura de derribo. No perdiò contacto con la realidad del todo -la necesitaba para su propia supervivencia-, pero se limitò a mantener una relaciòn de diplomacia cortè con ella. Lo cual quizà no sea algo digno de ser rememorado -tambièn la llamaron cobarde-, pero...què caray, tuvo su gracia."
De acuerdo con esto, yo que nacì en el 79, no pertenecì a la generaciòn X , sino a la posterior.
Aquello que caracterizò a la Generaciòn X fue:
Presente continuo:
La generaciòn X habitò en una burbuja donde pasado y futuro perdieron toda significaciòn. Detuvo el tiempo en un caprichoso juego de referentes estèticos en el que el ayer, el hoy y el mañana se solaparon provocando una confusiòn històrica sin parangòn.
Sobreteledosis:
La G.X (la simplificaciòn es mìa) aprendiò a comprender una imagen antes que a leer. Naciò y creciò frente a un televisor que educò y nutriò de manera definitiva su imaginario. Mazinger Z y Marìa Luisa Seco son parte fundamental de la memoria sentimental X (yo preferirìa a Marìa Antonieta De La Nieves, porque a la otra no la conozco).
Nostalgia Patològica :
En los tiempos de la G.X , al añoranza de un recuerdo inexistente, de algo no vivido, provocò la revitalizaciòn de discursos tan dispares como la psicodelia, la literatura pulp o el easy listening. Revivals siempre amparados en un recurrente (y falaz ) "¿te acuerdas?".
Violencia recreativa:
La G.X hizo de la violencia un elemento espectacular y banal, desprendido de toda connotaciòn realista. Esta infantilizaciòn se reflejò en el inusitado auge del cine gore y en el èxito planetario de personajes como Quentin Tarantino o Jhon Woo."
Y cita como panteòn de àngeles tutelares de la Generaciòn a personalidades como:
Tim Burton:
Autor de piezas fundamentales del cine moderno como Batman o Pesadilla antes de Navidad (El extraño mundo de Jack, en Cartagena). El monstruito de clase media resultante de una sobrealimentaciòn a base de serie B y muñecos articulados. Amigo del exceso y la desvirtualizaciòn de los mitos adolescentes. El heredero disfuncional de Disney.
Kurt Cobain:
Cantante y màrtir grunge. Cuando se volò la tapa de los sesos, en abril de 1994, algo muriò tambièn en el espìritu de la G.X. (En Cartagena ninguna de las dos emisoras de rock-pop que habìa ese año diò cubrimiento a la noticia. Nos enteramos por la tele y comentarios de los amigos) . Con èl se fue la ilusiòn, casi materializada durante los meses en que Nirvana coparon las listas de èxito de medio mundo, de que las cosas podìan cambiar en el seno de la industria cultural. Hoy es pasto de devociòn necròfila.
Bret Easton Ellis :
el triunfo del estilo sobre la sustancia. Con una base literaria paupèrrima pero dotado de un infalible sentido del shock, logrò batir rècords de ventas con sus novelas Menos que cero y American psycho (que por estos lares conocimos en la versiòn fìlmica), relatos de intencionalidad aleccionadora teñidos de un catastrofismo de los màs conservador: el sexo es malo, las drogas son malas, el dinero es malo...
Quentin Tarantino:
El Tìo Pistolas. Nos enseñò a disparar a dos manos y citando versìculos bìblicos. Sorprendiò con Reservoir Dogs (pelìcula que nunca he encontrado en video en Cartagena), se pasò de listo en Pulp Fiction y alcanzò madurez con Jackie Brown (misma historia, ni siquiera la pusieron en cine). Su tratamiento de la violencia, tan despreocupado como disparatado, es una de las pocas cosas que lega la generaciòn X a la posteridad.
19/01/2006
estabolsanoesporno
Me he quedado sorprendido al hallar comentarios acerca de estabolsanoesunjuguete en portales porno, a los que ni siquiera puedo ingresar.
Aunque no estoy en contra de la pornografìa -veo pelìculas de vez en cuando y me interesa el hentai-manga desde el punto de vista tanto visual como eròtico-, no es la finalidad de estos artìculos terminar en pàginas de porno transexual con el cual no compagino.
Y sobretodo si pretenden que tengo que pagar para ver que han hecho con mis artìculos...
Bufòn.
17/11/2005
¿Arde Parìs?
FILOSOFÍA POLITICA
Francia violenta, la sociedad en riesgo
El filósofo Slavoj Zizek dice que la ola de violencia en Francia surge en un contexto global en el que la libertad de decisión del sujeto es limitada y angustiante. Dice que el hombre no puede prever las consecuencias de sus actos en una democracia ilusoria que ofrece un falso poder de elección.
SLAVOJ ZIZEK.
Lo que hay que resistir cuando se nos presentan crónicas e imágenes de autos que arden en los suburbios de París, es la "tentación hermenéutica", la búsqueda de un significado o mensaje más profundo oculto en esos estallidos. Lo más difícil de aceptar es, precisamente, su extrema ausencia de sentido: más que una forma de protesta, constituyen un passage a l''acte que testimonia no sólo la impotencia de los perpetradores, sino, sobre todo, de la falta de lo que Frederic Jameson llamó "mapeo cognitivo", de su incapacidad para inscribir la experiencia de su situación en un todo significativo. La verdadera pregunta, entonces, es: ¿cuáles son las raíces de esa desorientación?
A los teóricos sociales les gusta repetir que la sociedad actual es completamente "reflexiva": no hay naturaleza ni tradición que proporcione una base firme en la que se pueda descansar; hasta nuestros impulsos más profundos (la orientación sexual) se viven cada vez más como algo que se elige. Cómo alimentar y educar a un niño, cómo proceder en la seducción sexual, cómo y qué comer, cómo descansar y divertirse; todas esas esferas son objeto de una creciente "colonización" por parte de la reflexión, se las experimenta como algo a aprender y sobre lo cual decidir. Sin embargo, la principal traba de la sociedad de riesgo reside en la brecha entre saber y decisión: nadie "sabe en verdad" qué hacer, la situación es por completo "indecidible", pero de todos modos hay que decidir. El problema, entonces, no es el de la elección compulsiva (tengo libertad de elección con la condición de que tome la decisión correcta), sino lo opuesto: la elección es libre, y por ese motivo se la experimenta como más frustrante.
Nos encontramos permanentemente en la posición de tener que decidir sobre cuestiones que afectarán nuestra vida, pero sin una base de conocimiento adecuada. Lejos de experimentársela como liberadora, esa compulsión a decidir libremente se experimenta en consecuencia como una apuesta obscena y angustiante, una suerte de inversión irónica de la predestinación: se me hace responsable de decisiones que me vi obligado a tomar sin un conocimiento adecuado de la situación. La libertad de decisión de la que goza el sujeto de la "sociedad de riesgo" no es la libertad de alguien que puede elegir con libertad su destino, sino la libertad angustiante de alguien que se ve constantemente impelido a tomar decisiones sin tener conciencia de sus consecuencias.
Nada asegura que la politización democrática de las decisiones cruciales, la activa participación de miles de individuos comprometidos, necesariamente vaya a mejorar la calidad y la exactitud de las decisiones y que, por lo tanto, los riesgos vayan a disminuir. Es tentador evocar aquí la respuesta de un católico devoto ante el reproche de un liberal ateo de que los católicos son tan estúpidos como para creer en la infalibilidad del Papa: "Nosotros, los católicos, por lo menos creemos en la infalibilidad de una y sólo una persona; ¿acaso la democracia no se basa en un concepto mucho más arriesgado, en que la mayoría de las personas, millones de ellas, son infalibles?"
El sujeto, entonces, se encuentra en una situación kafkiana de ser culpable por ni siquiera saber de qué es culpable (si es que lo es): me desvela la idea de que ya tomé decisiones que me pondrán en peligro, a mí y a mis seres queridos, pero que, en el mejor de los casos, sólo sabré la verdad al respecto cuando ya sea demasiado tarde. Recordemos la figura de Forrest Gump, ese "mediador evanescente" perfecto, lo opuesto al maestro (el que registra simbólicamente un acontecimiento al nombrarlo, al inscribirlo en el gran otro): se presenta a Gump como un espectador inocente que, limitándose a ese papel, desencadena sin saberlo un cambio de proporciones históricas. Cuando visita Berlín para jugar al fútbol y sin darse cuenta lanza la pelota del otro lado del muro, inicia así el proceso que derrumba el muro; cuando visita Washington y se le da una habitación en el complejo Watergate, en plena noche advierte que pasan cosas extrañas en las habitaciones de enfrente, llama al guardia y da comienzo a los hechos que culminaron con la caída de Nixon. ¿No es la máxima metáfora de la situación a la que apuntan los que proponen la "sociedad de riesgo", una situación en la que nos vemos obligados a dar pasos cuyas consecuencias están más allá de nuestro alcance?
Nos encontramos en el centro nervioso de la ideología liberal: la ideología dominante trata de vendernos la misma inseguridad que provocó el desmantelamiento del Estado Benefactor como la oportunidad de nuevas libertades. ¿Hay que cambiar de trabajo todos los años y depender de contratos breves en lugar de contar con un puesto estable y a largo plazo? ¿Por qué no verlo como la liberación de las limitaciones de un empleo fijo, como la oportunidad de reinventarse una y otra vez, de tomar conciencia de las posibilidades ocultas de la propia personalidad y de concretarlas? ¿Ya no se puede depender del seguro médico y el plan de jubilación habituales y hay que optar por una cobertura adicional por la que hay que pagar? ¿Por qué no percibirlo como una oportunidad más de elegir: una vida mejor ahora o seguridad a largo plazo? Y si esta prédica genera angustia, el ideológo posmoderno o de la "segunda modernidad" nos acusará de no ser capaz de asumir una completa libertad, de "huir de la libertad", o de aferrarnos de manera inmadura a viejas formas estables...
El programa televisivo más popular en Francia en el otoño de 2002, cuyo rating duplicaba el del famoso Gran Hermano, era C''est mon choix (Es mi elección). Los invitados al programa eran personas comunes que habían tomado una decisión peculiar que había determinado toda su vida: uno de ellos decidió que nunca usaría ropa interior, otro intentaba encontrar un compañero sexual más adecuado para sus padres. La extravagancia estaba permitida, incluso se la buscaba, pero con la explícita exclusión de las opciones que pudieran perturbar al público (por ejemplo, una persona cuya elección fuera ser y actuar como racista, quedaba excluida a priori). ¿Es posible imaginar mejor predicamento de lo que la "libertad de elección" significa en nuestras sociedades liberales? Podemos seguir haciendo nuestras pequeñas elecciones, "reinventándonos", con la condición de que tales elecciones no perturben de forma grave el equilibrio social e ideológico. En lo que respecta a C''est mon choix, lo verdaderamente drástico habría sido concentrarse en las elecciones "perturbadoras": invitar, por ejemplo, a racistas, vale decir a personas cuya elección (cuya diferencia) significara una diferencia. Ese es también el motivo por el que en la actualidad la "democracia" es una cuestión cada vez más falsa, un concepto tan desacreditado como consecuencia de su uso predominante, que tal vez deberíamos correr el riesgo de abandonarlo al enemigo. ¿Dónde y cómo se toman las grandes decisiones relacionadas con los temas sociales globales? ¿Quiénes las toman? ¿Se toman en el espacio público, con la participación comprometida de la mayoría? Si la respuesta es sí, sólo tiene una importancia secundaria que el Estado tenga un sistema unipartidario, etcétera. Si la respuesta es no, tiene una importancia secundaria que tengamos una democracia parlamentaria y libertad individual de elección.
Etienne Balibar propuso la idea de la crueldad excesiva, no funcional, como característica de la vida contemporánea: una crueldad cuyas figuras van desde el racismo "fundamentalista" y/o las masacres religiosas hasta los estallidos de violencia "sin sentido" de adolescentes e indigentes en nuestras megalópolis, una violencia que no tiene motivos utilitarios ni ideológicos. No debe engañarnos lo que se dice sobre que los extranjeros nos roban el trabajo o sobre la amenaza que éstos representan para nuestros valores occidentales: un análisis más minucioso pronto demuestra que todo eso que se dice proporciona una racionalización secundaria superficial. La respuesta que en última instancia nos da un skinhead es que golpear a los extranjeros lo hace sentir bien, que su presencia le molesta.
¿En qué se relacionan esos estallidos con el hecho de que vivimos en una "sociedad de riesgo" de elecciones permanentes? En todo: esos estallidos de violencia "excesivos" e "inútiles", que sólo dan muestra de un odio puro y desnudo ("no sublimado") por la otredad, son el anverso de la "reflexivización" de nuestra vida cotidiana. En ningún plano resulta más evidente que en el destino de la interpretación psicoanalítica. En la actualidad, las configuraciones del inconsciente (desde los sueños hasta los síntomas histéricos) perdieron su inocencia y se encuentran reflexivizadas: las "asociaciones libres" de un típico analizado educado consisten en su mayor parte en intentos de brindar una explicación psicoanalítica a sus perturbaciones, de modo que muy bien podría decirse que no sólo tenemos interpretaciones jungeanas, kleinianas, lacanianas... de los síntomas, sino síntomas jungeanos, kleinianos, lacanianos..., vale decir, cuya realidad comprende una referencia implícita a alguna teoría psicoanalítica.
Lo que pasa en el tratamiento psicoanalítico es algo estrictamente homólogo a la reacción del skinhead neonazi que, presionado a dar razones de su violencia, de pronto empieza a hablar como los asistentes sociales, sociólogos y psicólogos sociales, y menciona la disminución de la movilidad social, la creciente inseguridad, la desintegración de la autoridad paterna, la falta de amor materno en su primera infancia: la unidad de la práctica y su inherente legitimación ideológica se desintegra en violencia descarnada y en su interpretación ineficaz e impotente. El resurgimiento de la violencia "irracional", impermeable e insensible a la interpretación reflexiva es el necesario anverso de la reflexividad universalizada que proclaman los teóricos de la sociedad de riesgo. Así, cuanto más proclama la teoría social el fin de la naturaleza y/o la tradición y el ascenso de la "sociedad de riesgo", más atraviesa nuestro discurso cotidiano la referencia implícita a la "naturaleza": incluso cuando no hablamos del "fin de la historia", ¿no transmitimos el mismo mensaje cuando afirmamos que estamos ingresando a una era pragmática "postideológica", que es otra forma de decir que estamos entrando a un orden pospolítico en el que los únicos conflictos legitimados son los conflictos étnicos/culturales?
Algo característico del discurso político y crítico actual es que el término "trabajador" desapareció de nuestro vocabulario y se lo sustituyó y/u obliteró por "inmigrantes/trabajadores inmigrantes: argelinos en Francia, turcos en Alemania, mexicanos en EE.UU.". De esa manera, la problemática de clase de la explotación de los trabajadores se transformó en la problemática multiculturalista de la "intolerancia a la otredad", etcétera, y la excesiva inversión de los liberales multiculturalistas en la protección de los derechos étnicos de los inmigrantes sin duda extrae energías de la dimensión de clase "reprimida". Si bien la tesis del "fin de la historia" de Francis Fukuyama pronto cayó en desgracia, seguimos asumiendo en silencio que el orden global capitalista liberal-democrático es de alguna manera el régimen social "natural" que por fin descubrimos; seguimos pensando de forma implícita que los conflictos que tienen lugar en el Tercer Mundo son una subespecie de las catástrofes naturales, algo así como estallidos de pasiones violentas cuasi naturales o conflictos que se basan en la identificación fanática con las propias raíces étnicas. ¿Y qué es aquí "lo étnico" sino un nuevo término en clave para designar a la naturaleza?
Hay una anécdota sobre Picasso durante la Segunda Guerra Mundial: un oficial alemán visitó su estudio, vio Guernica y, asombrado ante la confusión modernista de la pintura, le preguntó: "¿Usted hizo eso?" Picasso le contestó con calma: "¡No, ustedes lo hicieron!" Hoy, y ante los estallidos de violencia en los suburbios de París, muchos liberales nos preguntan a nosotros, los pocos izquierdistas que seguimos confiando en una drástica transformación social: "¿No lo hicieron ustedes? ¿Esto es lo que quieren?" Y nosotros deberíamos contestar como Picasso: "¡No, ustedes lo hicieron! ¡Este es el verdadero resultado de su política!"
Traducción de Joaquín Ibarburu.
Sàbado 12.11.2005
Tomado de www.clarìn.com
08/11/2005
Los Beatles fueron tan importantes?

Esta es una conversaciòn que pudo suceder si los Beatles no hubiesen existido:
-Hey, ¿quieres ir a ver a los Beatles esta noche?
-No.
Jhon Lennon y Paul McCartney se encuentran en la calle:
-Buenos dìas, señor.
-Buenos dìas.
Posted por Nick Sylvester.
Tomado de www.villagevoice.com/blogs/riffraff.
La traducciòn es mìa.
14/10/2005
El señor de las moscas
08/09/2005
Simpatìa por el demonio
Simpatía por el demonio
Febrero 08 de 2005
A Sandro Romero
La veterana modelo y actriz de cine y televisión, poseedora de la tetera más bella de los 70, la Farfán, me llamó pa-ra que le ayudara a su hijo en una tarea acerca de la poesía nadaísta. Acudí puntualmente porque el hijo no estaba, a responder el cuestionario y tomar un poco de té de jazmines, que ella lo prepara exquisito.
Súbito me dirigí por el ascensor estelar al penthouse. Entre la puerta del ascensor y la suya un gran cuadro de Brian Jones tocando la flauta. Me invitó a pasar luego de recibirme el álbum de Los muertos agradecidos que le llevaba. Me dijo en la cocina, mientras degustábamos la infusión, que su esposo Andrew -ex mánager de los Rolling Stones-, había llegado de Inglaterra y estaba en el piso de arriba terminando sus memorias, Stoned, que si quería cenar con ellos. Le contesté que encantado, intrigado por conocer al ex jefe de Mick.
Frente a un afiche de Their satanic majesties request/ Sus Majestades Satánicas ordenan, y mientras la perrita tomaba leche soyada y sonaba en el ámbito The last time (“You don’t try very hard to please me With what you know it should be easy”. “No te esfuerces demasiado por satisfacerme. Por lo que tú sabes eso es fácil”), contesté como pude las trabajosas preguntas acerca del grado de mentiras que resiste el poema, y me dispuse para la cena trascendental.
El hombre era todo un gigante en inglés, pero tenía un dispositivo electrónico en forma de loro sobre su hombro que iba traduciendo cuanto decía. Habló: “Please allow me to introduce myself: I’m a man of wealth and taste. Pleased meet you, hope you guess my name”. Y el loro tradujo impecable: “Por favor, permíteme que me presente: soy un hombre poderoso y distinguido... Me alegro de encontrarte, espero que adivines mi nombre”.
Se me puso la carne de gallina al pensar que me hallaba en presencia del demonio, pero el rostro de mi amiga sirviendo viandas deliciosas tuvo el poder de tranquilizarme. Ella le contaba a su esposo en un inglés infernal lo que había significado el nadaísmo para el espíritu de la juventud colombiana a partir del año 60. Cómo habíamos cambiado el rostro de la poesía y aun el comportamiento amoroso. Para seguir el juego, le puse de presente que había utilizado como epígrafe de mi obra el canto de Jagger: “Se me dice, a veces, que amo demasiado fuertemente. Pero creo, creo, que una mujer no debería ser amada de otra forma”.
De pronto sentí por debajo de la mesa que sobre mi pie derecho se había posado uno de sus delicados y cálidos escarpines. Al principio lo mantuvo inmóvil haciendo una cierta presión deliciosa, pero de un momento a otro comenzó a moverse a un ritmo sostenido y sin compasión, como hacía uno en las noches de adolescencia, como hacía Jagger en el escenario.
Yo le miraba el rostro imperturbable, sirviendo aulagas. Me dije para mis adentros, que las mujeres son capaces de engañar hasta al diablo en sus propios cuernos. Él continuaba hablando: “What’s puzzling you, is the nature of my game”, y el perico dándome su versión: “En realidad lo que te despista es la clase de juego que me traigo”.
En el placer amoroso soy dado a lo subrepticio, pero el estímulo creciente con el paso de los eternos minutos era demasiado para mantener el semblante inmutable. ¿Cómo haría ella? Se me empezó a poner eléctrica la aguja del kundalini. De pronto no resistí la emoción -que a partir del tobillo me llegaba a las neuronas- y emití un suspiro espasmódico, mientras ponía mi mano derecha sobre su rodilla bajo el mantel y apretaba sin temor a las consecuencias.
Ester me miró desconcertada abriendo los ojos como platos y se levantó de inmediato hacia la cocina. Andrew saltó a su vez presuroso a contestar el teléfono como si le llamara Keith Richard, con quien comenzó a carcajearse. En medio de mi viscoso estupor vi salir de debajo de la mesa a la perrita ‘Satisfaction’ moviendo la cola. Rojo de la vergüenza corrí en busca del ascensor llevándome la servilleta. Oí que subía el volumen en el cuadrafónico con la canción Simpatía por el demonio. (“Use all your well-learned politesse Or I’ll lay your soul to waste”. “Usa todas tus condenadas buenas maneras O arrojaré tu alma a la basura”). Desde allí comenzó mi infierno. Sueño todas las noches con la perrita.
Tomado de www.elpaìs-cali.terra.com.co
30/08/2005
Paranoia
Charles Manson.
Epìgrafe de un capìtulo de la serie televisiva Millenium.
30/05/2005
el camino
el hombre que no logra llegar hasta el juez, viaje de ida, flujo...el mensajero imperial que no alcanza a llevar el mensaje al último súbdito del reino, a tí que esperas la respuesta, viaje de regreso, reflujo...
pero en otra parte Kafka dice que no hay camino...
16/05/2005
paranoica fierita
El siguiente texto lo disfruté en la edición en papel de la revista Número, numero no sé qué, y luego lo fusilé de la página web de la misma, porque por supuesto nunca compré la revista, la leí en el estante de una librería y allí mismo la dejé, violada pero sin señas aparentes:Para Fito Paéz de Paranoica Fierita.
Texto y fotografías de Sandro Romero Rey
Una fan de Fito Páez
escribe sobre sus experiencias, amores y desdichas a través
de la voz de Sandro Romero, escritor, dramaturgo y amante de la música
(...) Furiosa, me encerraba en las tardes en mi cuarto, desconectaba el teléfono y me quedaba como boba viendo las carátulas de los discos de Fito e imaginándome barbaridades. Hasta risa me daba ver a Fito encartado con mis nalgas, sudando la gota gorda, con la voz tembleque, como cuando canta. Miraba y miraba sus carátulas y combinaba esa consoladora sensación que va entre la felicidad y la tristeza. Eso me hacía plena. Chéveres las carátulas de Fito. Ideas así estaban en mi cabeza, cuando se vino el asunto de Cecilia Roth y mi vida se fue a pique. A mí no me importaba que el bobo ese se hubiera enamorado de Joaquín Sabina y hubiese sacado el maldito álbum de la sal y la pimienta. Yo sabía desde un principio que eso iba a terminar mal y mal terminó. Lo que no podía soportar era la lamida de culo a la actricita de mediopelo de la que se enamoró, cantándole a ella que «duerme bien acompañada, porque a menudo la acompaño yo»; muy chistosito, eso no se le hace a nadie, Fito Páez, la libertad tiene sus límites y a mí me respetás, te perdono tus delírium trémens y tus lluvias de semen y tus borracheras con el poeta madrileño. Pero no me soporto tu romance con esa bruja que te va a dejar mal parado. Lloré una semana entera. Mi papá entró una noche a mi cuarto y me preguntó que qué me pasaba y me tocó echarle una mentira de tres pisos, pero no me resistí a la tentación de decirle que la razón de mis tormentos se llamaba Cecilia Roth. «Ah», me dijo. «Debe ser parienta de Boris Roth». Y se fue a dormir. ¿Boris Roth? ¿Qué quiso decir con eso? No, no me consolaron tus palabras, papá. Por el contrario. Fui a regañadientes a ver Martín (Hache), por pura solidaridad con Fito, pero no quise dar ningún comentario al respecto y no quise repetirla. A veces la veo en video en mi casa, pero me muerdo la palma de las manos para no insultar a la que sabemos. No la voy a volver a nombrar. Mil dólares al que pronuncie la palabra Cecilia. Mil dólares. Y aparte. Mi reconciliación fue a ojo cerrado, un añito antes de que se acabara el milenio, con la venida al mundo de Abre, su mejor disco. Al fin sacó una carátula bonita, al fin una obra maestra, al fin me daba la cara y me miraba frente a frente. Me sentí orgullosa de tener en mi vida a un hombre como Fito Páez. Nunca fui tan feliz como en el lanzamiento de Abre. Allí me di cuenta de mi dimensión de esposa. Además, ahora lo pienso, la razón por la que me metí al coro de la Universidad de los Andes era porque yo quería ser Fabiana Cantilo. Yo soy afinadísima, a pesar de mí misma. Hago segundas voces porque en mi casa cantaba a los gritos, con mi papá en el acordeón. Y a mí me divertía hacer variaciones con la boca abierta, sin saber que, algún día, iba a ser la corista del flaco que ya amaba. Pero bueno, se me están atravesando los cables. Sería bueno revisar los archivos de la oficina de Fito, porque el famoso concierto de las cinco canciones fue después del concierto de Abre. Y lo sé, porque a Abre, también en el Palacio de los Deportes, fui sin Chiqui. Allí estuve, no me lo van a creer, con el director del coro de la universidad, que por esos asuntos del destino comenzó a aletearme con segundas intenciones. Yo me dejé llevar. Él trataba de que yo leyera a un tal Hölderlin y yo, muy tímida, le insistía en que oyéramos los discos de Fito Páez juntos. Para mi sorpresa, el hombrecito —muy comprensivo él— quedó impresionado con los arreglos de Euforia y me dijo, en secreto, que ese muchacho podía llegar a ser un clásico. Yo me acosté con él, no voy a decir mentiras. Si Fito se acostaba con mil dólares, por qué yo no iba a acostarme con mi maestro. Y fue rico. Los hombres de cuarenta años hacen unos esfuerzos sobrenaturales para que uno sea feliz. Y lo consiguen, no voy a decir que no.
Lo que pasaba era que yo no quería felicidad por aquellos días, sino canciones. El director del coro me sorprendió con las boletas de Abre y, como marido y mujer, entramos triunfantes al Palacio. ¡Ja! «Me imagino la cara de ira del pobre Fito Páez cuando me vea», pensé. Nos hicimos adelante, muy adelante. El director del coro, al que yo llamaba «el profesor literario», encendió su pipa y se quedó a prudente distancia, para observar el fenómeno. Cuando se apagaron las luces y los chiflidos atacaron los tímpanos, a mí se me volvió a correr la teja. Me olvidé de todo y de todos, me olvidé del profesor literario, de Chiqui, de los amaneceres azules. Todos los músicos estaban vestidos de blanco y negro y el señor Páez estaba de rojo muy intenso. Se había cortado el pelo y se veía más reposado, más satisfecho con él mismo. Comenzaron con Abre, la canción que abre Abre. Y otra vez la sorpresa, porque todas las bogotanas arrechas del público ya se sabían cada uno de los suspiros del álbum. Me hice la digna y no canté ni una sola palabra. Pero Fito me arrastró, no puedo evitarlo. Al final ya estaba yo azotando el piso con mis patadas de protesta y berreando las letras, como la niña de El exorcista. Todo el mundo me abrió campo, la poseída y el profesor literario se hizo el loco, me imagino; no lo volví a ver. Cuando Fito tomó su guitarrita y me dedicó Al lado del camino, pues otra vez caí rendida en sus brazos, aunque yo no estaba de acuerdo con muchas de sus palabras y la canción me parecía demasiado dylanesca.
El maldito se las trae, supo atacarme por donde más me gusta, por mi lado más flaco, nuestro cuarto de hora, hermosura; abrí los brazos hacia él como una virgen de pueblo y lo perdoné, mientras meneaba la cabeza de un lado para el otro, «la noche entre el whisky y la coca», lo que quieras, Fito Páez, aquí está tu magdalena sangrante, cuando quieras nos desnudamos y le subimos el volumen a Desierto, para que llueva arena sobre nuestra piel, para que el pelo nos sepa a guitarras, es sólo una cuestión de actitud, el Palacio de los Deportes entero aplaudió mi decisión y yo di discretas venias, sin querer aprovecharme de las circunstancias, vos sos el protagonista, Fito, eso lo tengo muy claro, pero hay que poner los puntos sobre las íes, no te podés pasar la vida entera en tu torre de cristal, acá abajo los mortales sudamos y botamos lágrimas y nos sentimos afectados cuando te portás mal, ya tuviste tu merecido, pero se te abona a la cuenta de Villa d’Este el hecho de que hayas regresado a Bogotá y me hayas dedicado unas canciones de desagravio, yo esas cosas las tengo en cuenta. Creo que nunca he sido más feliz que la noche de Abre. Ese día entendí que a los conciertos de rock hay que ir sola, sin ningún perro que te ladre. El profesor literario lo aceptó y se retiró en el momento en que Fito empezó a repasar su repertorio de viejos temas. Supongo que golpeó su pipa contra el tacón de los zapatos y se retiró, se fue a su casa y se desintegró oyendo a gritos el Réquiem de Fauré. Yo no quise volver al coro, pero él me siguió llamando. Creo que le costaba mucho trabajo el hecho de aceptar que yo lo cambiase por Fito Páez. A ratos pienso que quería que le devolviera la plata de la boleta del concierto. Eso para él representaba un gran esfuerzo económico y los discos de música clásica estaban carísimos. Pero me hice la boba, ni más faltaba. Volvamos más bien al Palacio de los Deportes, porque Fito no se fue tan rápido, qué va, lo mejor estaba por venir, lo mejor fue cuando cantó La casa desaparecida y yo se la recité de memoria. Bueno, esa historia ya la conté en algún otro momento y no pienso desgastarme repitiéndola. Aunque mi cima, mi entrada al cielo de Fito Páez ocurrió con La despedida, que el imbécil ese me cantó con terceras intenciones. Con tales actitudes no estoy de acuerdo, así no se trata a una niña de mi condición. Yo sé que andás muy subidito porque Phil Ramone te está parando bolas, pero yo te conocí primero, me muero de la pena, Phil Ramone que haga cola, porque en el principio no había nada, hasta que llegué yo. Pero Fito, por Dios, te insisto en que el disco me encantó, no te hagás el mártir, si hay que llevarse uno de tus álbumes al averno pues yo me llevaré éste, de eso no te quepa la menor duda. Cuando terminó el concierto, me tiré en el piso con los brazos abiertos y los ojos cerrados, mientras el público desocupaba el coliseo. Sentí los pasos de bisontes que se iban alejando y me dio un ataque de risa de sólo pensar que Adolfito se iba a bajar del escenario y me iba a besar sin contemplaciones en mitad de la pista. Pero, por supuesto, eso no sucede nunca, ni en las películas que tanto le gustan al caballero. Entre otras, creo que soy la única defensora de sus filmes, incluso La balada de Donna Helena, de la cual me considero su única espectadora colombiana. Y bueno, ya que tocamos el tema: lo que no tiene perdón de nadie es cómo trataron Vidas privadas en tu adorada Argentina. ¿Quién te mandó nacer en ese país de envidiosos? Yo prefiero mil veces tu opera prima antes que el Martín (Hache) ese. Pero claro, al caído caerle; aquí en Colombia se dice «dar papaya», el undécimo mandamiento. Fito Páez, se te vinieron encima, por mucha Cecilia Roth (¡mil dólares!) y mucho Gael García que les pusieses por delante, te iban a acabar y te acabaron. A mí me pareció muy buena, Fito, esa historia de Edipo en el cono sur, tragedia griega convertida en elegía a los desaparecidos, muy bonita, muy conmovedora. Y no se siente tu mano, es lo más interesante. Nadie me va a decir que el director de Vidas privadas es el mismo que escribió Rey sol. Si no fuera por Cecilia Roth, uno no sabría que el hombre de mis pesadillas es el mismo que dirige películas comprometidas y le canta a la Buena estrella. Pero sale, nos estamos desviando.
Después del concierto de Abre, se selló mi buena fortuna. Yo sabía que no podía ponerme a pelear contra Fito Páez porque Fito Páez iba a seguir allí, cuidándome, dándome canciones, sonriendo pasito y moviendo su cabeza como muñeco de ventrílocuo. Terminé la universidad con todos los honores y me dio cierta tristeza, el día de mi grado, ver al profesor literario dirigiendo el himno nacional de la república de Colombia con las manos temblorosas, porque sabía que yo andaba por allí, con toga y birrete, mirándolo con pesar. Ese día Chiqui volvió a cruzarse en mi camino. Después entendí que empujado por mis papás, porque era el único hombre que me habían conocido y era el único al que le tenían confianza. Nos fuimos a celebrar, él y yo, tras la champañita de rigor en mi casa. Bebimos como cosacos y terminamos borrachos en el Hotel Babilonia, en el cuarto en el que siempre se queda Fito Páez. Eso a Chiqui no le importaba. Al contrario. Creo que le fascinaba la idea del ménage à trois con mi marido argentino. Volvimos a nuestras andanzas y yo volví a recuperar su confianza. La verdad es que Chiqui, con el correr de los años, tenía toda la infraestructura para convertirse en un mal necesario. Como yo no envejezco, porque soy un personaje literario, Chiqui también se podía dar el lujo de permanecer cejijunto y despistado, como en los tiempos en que lo vi por primera vez. Chiqui le tenía una explicación a todo y entendía mi comportamiento con una lista de términos reveladores, los cuales iban desde la ausencia de la figura paterna hasta el síndrome de Ulises, que nunca me quiso explicar. Yo supuse que me llamaba así por el canto de las sirenas, pero Chiqui me acabó con su comentario: «No sea tan simplista, señorita». Me estampilló un beso en la mejilla y asunto cerrado. La crisis volvió a atacarme los occipitales cuando se publicó El diablo de tu corazón, el disco sencillo con Fito y su barbita de adolescente en la carátula. La canción, idéntica a El amor después del amor, me puso a bailar encima de las mesas. Pero cuando salió el álbum y me tocó soportarme el culito de su hijo, la peluca de Billy Preston y el amarillo pollito del fondo, salí a la calle gritando a los cuatro vientos que ese disco era una estafa. El peor de Fito Páez. Y me negué a oírlo. Pero eran celos, no voy a negarlo. Yo no me aguanto a su niñito. Para colmo, según me cuentan en las revistas, dizque el Martincito ese es in-so-por-ta-ble. Pero volvió la noticia, se repitió el acontecimiento y se corrió la bola del regreso de Fito para promocionar su Rey sol. Entonces me tocó tragarme mis palabras y aprenderme las canciones, porque no hay nada peor que llegar a un estadio sin saber lo que se está cantando: es como llegar al cine veinte minutos después de empezada una película: todo es muy bonito, pero no se entiende nada. De nuevo, me tocó morderme el codo de la ira. El álbum me encantó y dos días antes andaba por las calles de Bogotá con una luz de leche sobre mi cuerpo y tarareando Dale loca y Vale, la canción que le hizo a Charly García, luego de que éste se tirase de un noveno piso. Pero pasó lo que no tenía que pasar. En aquellos días de libertad incondicional, me dio por abusar de la botella, y el día del Rey sol me sentí Luis XIV y me bebí, antes del concierto, tres botellas de vino. El vino me entró por el camino del inca y, a la hora de partir, se me fueron las luces. Chiqui insiste en consolarme con el cuento de que me había llevado al concierto. Me pinta con lujo de detalles la entrada triunfal al Palacio de los Deportes, los aplausos que recibimos, las muecas de complacencia de Fito Páez semibarbado. Aunque no tengo ninguna conciencia de lo que pasó esa noche, me imagino que lloré, sobre todo con Lleva, que me pone sentimental. Pero eso de las borracheras no se lo recomiendo a nadie. Y esa noche las consecuencias fueron nefastas. Amnesia trémens. Yo le pido a Chiqui que no me cuente muchas cosas de ese día, porque puedo entrar en una depresión profunda. Sin embargo, Chiqui insiste en reírse e inventarse anécdotas, recordarme que me subí al escenario y canté Cable a tierra en el micrófono y que Fito me dio las gracias con un beso en la mejilla. Pura paja. Pero ahora la gente me mira por la calle más de la cuenta y yo he empezado a dudarlo. ¿Y qué tal que sea verdad? ¿Qué tal que me esté volviendo el hazmerreír del barrio por culpa de mis excesos alcohólicos? Creo que olvidarme por completo del concierto del Rey sol me hizo tomar una decisión radical: me fui a vivir con Chiqui a un apartamento en Chapinero. Mis papás no dijeron nada, pero me despidieron con lágrimas, como si me fuera a vivir a la Luna. En Chapinero tuve días de pesada calma y de hormigas debajo de la falda. Me dediqué a escribir una tesis infinita sobre la legislación cinematográfica en Colombia, más para dilatar el tiempo que por convicción de abogada. Pero mi cabeza ya estaba en otra parte. Creo que el concierto de las cinco canciones fue por aquellos días y luego vino la noticia de la independencia de Fito, de su separación de Warner y de Cecilia. Fito Se exilia. Reí a carcajadas y no opiné más sobre el asunto. Meses después me llegó por contravía Naturaleza sangre y una vez más el tiempo me dio la razón. Yo ya estaba lejos de sorprenderme. Ya sabía que cualquier cosa que escupiese ese cretino iba a ser una obra maestra. Y su nuevo disco lo corroboraba a leguas. Cuando Chiqui llegó al apartamento con la cajita rojiblancoynegra, con la carita de mártir del pobre Fito, barba de jesucristosuperestrella y goticas escarlatas cayendo sobre el cartón, supe que me iban a revolcar las entrañas otra vez. Y me las revolcaron de principio a fin. Chiqui no pudo decir ni mu, porque la dicha saltaba a la vista, con el aliciente de ser un disco de argentino despechado, esto es, que no reconoce su derrota, pero se le cuela por los bordes, se le siente en cada dejo, en cada gemido, en cada rincón de sus teclados. Una semana después, Chiqui llegó con las boletas del concierto. Le di las gracias de todo corazón, pero le dije que prefería ir sola. Que tenía que ir sola y él debería entender muy bien las razones. Chiqui, que le encanta agachar la cabeza, dijo que sí, que claro, que por supuesto. Pero llegó, perrito faldero, a la hora menos indicada, a vigilarme la espalda. El escenario era en forma de T y Fito apareció en la horizontal, frente a su teclado, o sea que lo tuve todo el tiempo en mis narices. Arrancó con Nuevo, que es una canción compuesta para arrancar un concierto y yo grité como si me estuvieran torturando. Quiubo, mijo, por qué se demoró tanto. Fue tal mi emoción, que Chiqui se me acercó por detrás y me cargó en los hombros. O sea que el pobre Fito tuvo que soportarme todo el tiempo en sus narices, nunca lo había tenido tan cerca. Siguió con Salir al sol, que a mí me había parecido un poco mamertoide, una canción compuesta como para que se volviera el himno de la República Argentina, una vez que Fito Páez fuese proclamado presidente. Pero bueno, al hombre se le perdona, hay que entender que se la pasa en Cuba, «hoy elegís un país, podés cambiar este gris, ahora o no lo hacés más» y yo brincaba, la cancioneta sonaba fantástico en directo, «yo no me banco el dolor, que me cargan en la espalda» y Chiqui también brincaba con el dolor que le cargaban en su espalda. Y aquí vino la tapa del chico de la tapa. «He escogido a Bogotá para la grabación de mi próximo vídeo», dijo Fito. «Ustedes me van a perdonar si repito esta canción una vez más, pero creo que es por una causa noble», agregó, palabras más, palabras menos. Claro, Fito, claro que te damos permiso, no te preocupés, estás en tu casa, Bogotá, del putas, Bogotá. La canción era, cómo no, Volver a mí, como si no hubiese salido nunca de él mismo, ay, Fito, cuándo vas a cambiar, te he dicho treinta mil veces que no seas exagerado, «tenías que fallarme así, no es fácil hacerme sufrir»; cuando la cámara estaba detrás de mi cantante y su lente estaba frente a mí, yo moví los brazos como un náufrago e hice todas las señales posibles, qué tal que salga en MTV, qué tal que salga celebrando la canción de mi marido, esto no me lo va a creer nadie. Chiqui se empeñaba en saltar para que yo fuese el centro del clip, para que borrara la presencia de Fito Páez con mi entrega, para que el mundo entero supiera dónde quieren de verdad a los miserables. La primera toma salió aceptable, aunque un poco más acelerada que la versión del disco, porque Vadalá se empeñó en meterle impaciencia al bajo y, bueno, a Fito no es sino que le digan «corré» y Fito correrá toda la noche, eso lo sabemos. Pero volvamos, volvamos. Fito se acomodó en su silla y comenzó su viaje al pasado con Giros, la pausa que refresca, los viejos destellos de mis paseos latinoamericanos, mis besos bellos en la memoria; gracias, señor Páez, por su comprensión. Más adelante, quise quebrarle la clavícula a Chiqui y lo conseguí sin problemas, porque la orquesta se largó con El diablo de tu corazón y el diablo de mi corazón estaba haciendo de las suyas, dientes afilados, cola de azufre y charco de satisfacción entre mis piernas, Chiqui dijo «¡auch!» y trató de tirarme al piso, pero yo me le aferré a su melena y permanecí firme, como Polifemo, de un solo ojo. Qué fiesta la de Fito Páez. Bogotá estaba en su bolsillo y al muchacho le dio risa cuando me miró, flaca, qué haces, bajate de esa nube que aquí estoy sho, sho sé muy bien quién sos vos y esta noche me la vas a pagar, ¿me oíste? Claro que te oí, miserable, pero cumplí con tus obligaciones y ponete a cantar, a cantar te trajimos y cantar es lo que tenés que hacer, boludo, cogé tu guitarrita de palo y cantá Bello abril que me pone retrechera y me hago la difícil, me vuelvo Fonzi, «dios santo, qué bello abril», me acuerdo del día de tu cumpleaños, Fito, me acuerdo no sé por qué, no tiene nada que ver, pero el día de tu cumpleaños es el día de mis mejores recuerdos, oigo tus obras completas y ahora puedo terminar con Bello abril porque me vuelvo como una mata de nervios y a mí los nervios me fascinan. «¿Puedo descansar?», me preguntó Chiqui y yo le dije que sí, que no había problema. Además seguiste con El centro de tu corazón y allí uno puede bailar en el piso con los ojos cerrados. Qué cantidad de corazones hay en tu repertorio, Fito, parecés hijo de Rod Stewart. Cuando volviste a tu territorio automático y te arrojaste al precipicio de Cadáver exquisito mi alma dijo «aquí fue Troya» y Troya fue. Troya fue el Palacio de los Deportes y yo la yegua de Troya.
Volví a treparme en los hombros del alucinado Chiqui y los dos coreamos el salmo de Fito para que supiera que lo que él escribe en sus periqueras no pasa en vano. Lo repetiremos una y otra vez como las mentes pasadas, como las mentes pesadas. Aplausos, ovaciones, después de cada canción. ¿No se cansa la gente de aplaudir? Siempre lo mismo: canción, aplausos, chiflidos, ovación. Canción, aplausos, chiflidos, ovación. ¿Por qué no se quedan callados? Dejen a Fito hacer su trabajo en silencio, él no necesita de nosotros. Mierda. Presentí entonces, por la carita de yonofuí, que el señor de mis anillos se iba a lanzar sin salvavidas con La despedida. Y, por supuesto, La despedida cantó y yo la adiviné, porque yo soy la narradora de esta historia y puedo adivinarlo todo, todopoderosa. Lloré de risa con La despedida. Yo creo que Fito se molestó un poco con mis carcajadas, porque interrumpió la canción y la empató con Los buenos tiempos de Charly, que no creo que estuviera en el programa. Fito, ¿qué es eso? ¿Por qué me hacés esas cosas? Está bien, está bien, gatita, no sigo, te mando ésta más bien, ¿te la sabés? Pero... ¿vos me creés imbécil, Fito? Esa es El amor después del amor, que se la sabe hasta el profesor literario, no tehagás el cretino. Pero claro, te la bailo también. Lo que me toqués, yo te lo bailo. Descarga final, aguacero final. Fin de la primera parte. Un respirito, para que el respetable se sienta a gusto con 11 y 6 que, si no la canta, le incendian el piano. Yo debo confesar que no le había parado muchas bolas a la letra y, ahora que me la explican, pues como que acepto muy bien que es la prehistoria de El chico de la tapa. Y, of course, my horse, siguió El chico de la tapa, con su mundo hecho de hijos de puta y su frenética embestida para equilibrar de nuevo las energías. Vos sos un duro, Adolfito, te las sabés todas. Una vez con los pedales bien puestos, volviste a tu nuevo álbum y te arriesgaste con Música para camaleones, título que ya había visto en la biblioteca de mis papás, años atrás. Me entró como un sustico de que el concierto se fuera a acabar, porque ese es el tema que cierra el disco; «hay un tren que va directo al centro del amor», qué dicha tener el tren de Fito Páez adentro, Chiqui lo sintió en su cabeza y me dijo «pilas, que aquí estoy yo» y me contuve, no quise expresar más mis emociones, porque pailas, porque una ya no puede tener vida privada, se las pillan todas. Fito notó que me había dado un nosequé ante la sospecha de su partida, así que con Vadalá se puso a cantar Tus regalos deberían de llegar, con su «de» que no me cabe, y Te vi, que es como un susurro para espantar malos fantasmas, y She’s mine, que me sabe a recuerdos sin cara y bueno. No me acuerdo de más. Vadalá volvió a su sitio, yo salté al piso y me preparé. Pero Fito, por favor, ¿qué es eso de seguir el concierto con Brillante sobre el mic? Ya sé que te sentís el más brillante sobre el mic, pero esa canción no me la restregués en la cara, que vos sabés que me estás mandando mensajitos en clave Morse y no te puedo cantar la tabla en público. Esperate que terminés y nos veremos las carátulas. ¡Ay, Fito, vos no tenés arreglo! Me dañaste la noche. No. Y no la vas a arreglar con esa versión rasgada de Tumbas de la gloria, a mí no me comprás con tus himnos, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, te podés ir arrodillando, porque me estás empezando a insultar, no se meta, Chiqui, que esto no es con usted, es un problema entre Fito Páez y yo, no me den cuerda, porque comienzo a contar verdades, camine vámonos, me dijiste, Chiqui, pero yo de aquí no me muevo, me quedé fija, estática, hierática, mirando a los ojos de Fito Páez, mordiéndome los labios cuando cantó Circo beat y se puso como inseguro, cambió de tema, le tocó aferrarse a «Tercer mundo» para no caerse de la tarima, de la T, de la T de cobre en la que estaba parado, estatua de bronce. Yo estaba echando chispas de la piedra y, mientras más le daba al teclado, más rabia me daba. Cuando cogió la guitarra y me dedicó Ciudad de pobres corazones no aguanté más. Me subí de nuevo en los hombros de Chiqui y le mostré los dedos corazones de mis dos manos al imbécil de Fito Páez, estás jugando conmigo, ¿no? Pues vas a ver lo que puede hacer una mujer herida. Sí, muy bonito y muy juicioso, cantando Mariposa tecknicolor, pero no quiero oírte más las mismas putas canciones de siempre, no quiero que me estafés con el mismo sonsonete, no me aguanto más tu farsa, ya te las perdoné todas, pero esto sí ya es el colmo, mirame a los ojos, mirame a los ojos o no respondo. ¡Fito! ¡Fito! Que no cantés Naturaleza sangre, que sin Charly esa canción es como huevo sin sal, sin sal ni pimienta, ¿te la pillás, te la pillás? Quién te manda a mandarme mensajitos por debajo de la mesa, yo me doy cuenta de todo, yo soy muy inteligente, me he leído todos los libros del mundo, he oído todos los discos del mundo y te conozco, mosco, el mundo está hecho de hijos de puta y no voy a morir de amor. Está bien, te doy permiso de terminar, podés cantar A rodar mi vida, pero a la salida nos vemos. Ah. ¿Te da miedo? ¿Que vas a repetir Volver a mí? ¿Para el video? Pues repetila, pero no te vas a librar de lo que te voy a decir, ¿me oíste? ¿Que qué? ¿Que la vas a cantar por tercera vez? ¡Gallina! ¡Pues ahora me cago en tu video! Mirá: esa histérica que está detrás tuyo, esa soy yo, la princesa de Chapinero, el almohadón de plumas, la reina de sus progenitores, la bodeguita del medio, la sombra de una duda, la barca sin pescador. No te vas a quedar a vivir en ese escenario, Fito, no creás que te las perdono todas con esa versioncita desganada de Dar es dar, a mí me respetás. Son años, ¿me oíste? Años y años de perdonarte una y otra vez, pero ahora las cosas son a otro precio. ¿Fito? ¡Fito! ¡Para dónde vas! Para dónde vas, ¡maricón! Pues claro que dedicarle el concierto a Fernando Vallejo sólo es cosa de maricas, qué mas querés que piense, vení dame la cara, que no quiero ponerte en problemas. Está bien. Está bien. Ya vas a ver. ¡No! ¡No me detengan! No me encierren en el círculo de baba, canten todo lo que quieran pero me puedo escapar en el convertible de Thelma y Louise, joder al que se me atraviese, llover sobre mojado, despertar a Walt Disney, cantarles salsa, tango y guaguancó, samba de mi esperanza, clavarme tres agujas, viejo mundo, soy la peor sílfide, la mejor esclava, a mí no me van a sacar del estadio a patadas, que los divierta su madre, no ven que me las sé todas, ¿dónde se ha visto que miento? Tengo la prueba reina, el sable chino, yo vengo a ofrecer mi corazón, no tomen decisiones apresuradas, que por aquí, por las cloacas, rondan Narciso y Quasimodo y yo tengo la sombra de Narciso y la envidia de Quasimodo, nada más preciado para mí, me tomaron por los hombros y me sacaron a gritos, que le digan a Fito Páez que me mire a la cara, que no sea correcaminos, que no se haga el rosarino en Budapest, que yo tengo derecho a que me miren, Vadalá, ¿a dónde hemos llegado? Bailando hasta que se vaya la noche, me escupieron en la cara y me dejaron un ojo morado, chao, hasta luego, buenas noches, pompa bye bye, así quedé, como el manto de la Verónica, como un pétalo de sal y pimienta, yo no quiero nada del mundo real, a mí que me esculquen, van a dejarme partir, porque yo soy lo que el viento nunca se llevó, la Scarlett O’Hara de los pobres, el brillo del rey Sol, la que se enreda en su propia enredadera, hay gentes así y si Fito Páez los mandó por mí, sus razones tendrá, pero es un cobarde, porque me dedica trescientas canciones y luego se hace la loca, luego me da la espalda y se dedica a tener hijos. ¿Que me vaya? ¿Que me vaya? Pues, si es a las patadas, me voy. No importa. Yo tengo paciencia y en algún momento, cuando menos lo piensen, voy a aparecer detrás de Fito Páez, en el video de sus sueños allá en Bogotádelputasbogotá, allá donde no se duerme porque siempre hay una cuchilla, un polvo, un cuello, un vaso y una cama para terminar las melodías.
Todo sucedió muy rápido. Cuando llegamos al apartamento, Chiqui se sirvió un trago y yo, sin pensarlo dos veces, lo saqué de circulación. Naturaleza sangre. Por suerte había renovado mi visa europea, ahora está muy difícil entrar a España. No le di tiempo a nadie para reaccionar. Llegué a Barajas bien dormida, la ventaja de volar de noche. Poco a poco me fui instalando y a la semana ya andaba cantando por las calles. En Madrid me dijeron que Sabina estaba muy enfermo y que había dejado el tabaco y el alcohol. Ni me preocupé por visitarlo, él sabrá cavar su propia tumba. Supe de la gira de Fito gracias a una de sus cuñadas. La policía como que anda pisándome los talones, pero yo sé muy bien hacer mis jugarretas. Ahora estoy aquí en Barcelona, esperando el concierto del Razzmatazz. No se ha vendido muy bien. Fito: la gente entra en cámara lenta, desconfiada. Ni sombras con lo que pasaba en Bogotá, cuando yo te llevaba, cinco, siete, diez mil personas. Eso nunca me lo vas a agradecer. Veamos: ésta es la única puerta por la que podés entrar, así que no hay posibilidad de escape. Lo siento, Fito, pero nadie puede, ni nadie quiere, vivir, vivir sin amor.
19/04/2005
Kafka...
La soledad que parece encarar a todo aquél que se dedica a una labor creativa y que puede resultar tan amarga, al punto de imponerse a la creación misma, fue una de las tantas luchas que Kafka afrontó con valentía silenciosa y bonhomía tan propias en él, o por lo menos esa es la impresión que me dá y es una de las razones para que lo cuente entre mis autores favoritos.Kafka al parecer nunca se deja vencer por el desaliento, como si la desesperación fuera pasto propicio para un mayor arraigo aún en la vida, porque hasta de la enfermedad extrae voluptuosidad, como queda marcado en una de sus cartas a Milena, porque hasta en sus más oscuros pasajes se percibe un aliento de humanidad tan animal, tan prímigenio que uno queda sorprendido, el soldado y el condenado de La colonia penitenciaria, que se arrastran tras el viajero, obligándolo a amenazarlos con una cuerda, o el chico de afán justiciero del Fogonero que se vé involucrado en un laberinto de buenas intenciones mezcladas con burocracia...
Kafka no disputó espacio con su soledad, la defendió de una manera dolorosa sin dejarse amargar por ello, sus obras no traslucen amargura,quizás si culpa, anhelos de evasión, la angustia del hombre perdido en el laberinto que él mismo ha cavado, pero nunca amargura, posibilidades infinitas jamás resueltas dada precisamente su infinitud.
La dolorosa conquista de una destinación y los sacrificios que debemos ir haciéndo en aras de propiciarnos deidades benevolentes (el abandono de la criada a manos del mozo en El médico rural,para al final acabar en cama del enfermo, postrado de humanidad), pero nunca dejadez frente a la travesía.
El camino es largo y complicado pero el Gordo lo recorre aunque se lo lleve la corriente...
18/04/2005
Comentario al Retrato de Dorian Gray.
Descubrí El retrato de Dorian Gray a los dieciseis años, en la biblioteca del colegio, atraído más por el lado fantástico de la historia(un hombre que nunca envejece, sino que lo hace un cuadro suyo oculto en algún lugar de su casa), que por tener noción de quién era Wilde, igual que me pasó con La piel de zapa de Balzac.Para entonces yo era un devorador de novelas de aventura del siglo diecinueve, sobre todo Verne y Salgari y en menor medida Stevenson y los folletines rocambolescos, así que no se me hizo ajeno el escritor dublinés.
Tomé el pequeño tomo y me lo llevé a casa.
La conmoción fue total, desde el prefacio,pero sobre todo el segundo capítulo de la novela, aquél donde Lord Henry destila sus palabras sobre un suave niñato llamado Dorian Gray.
La idea de un nuevo hedonismo que borrara la sórdidez que parecía atenazar el mundo alrededor, se irguió como una válvula de escape, pero no un hedonismo cualquiera de placeres manoseados, tristemente deslucidos, sino una concepción alejada de la negación de la carne del cristianismo y mucho más lejos aún de la canibalización del cuerpo y de la piel a la que nos tienen acostumbrados la publicidad y los medios. Se trataba de asimilar cuerpo y espíritu, manteniendo a raya los remordimientos propios de un adolescente solitario, y borrar cualquier aprehensión hacia un posible contacto...
La obra de arte desligada de cualquier reproducción técnica, el artista visto como un ser absolutamnete inútil al que, sin embargo, la sociedad debe mantener, el arte mismo desprevenido de cualquier afán moralista y ya ni siquiera como expresión individual pues se tornaba tan absoluto que debía revelar el arte y ocultar al artista.
Los pecados secretos que Dorian Gray llevaba a cabo, la escapatoria total de la sociedad dentro de la sociedad misma, en su propio interior, tornaban a Wilde en un transgresor. Su dandismo, exacerbación a la inversa del polo de los negadores del consumismo médiatico neoliberal y globalizante, mostrándo cuán arrogante puede ser el artista al situarse por encima de las conveniencias y demostrar que él mismo puede convertirse en parte del arte.
Durante algún tiempo enarbolé la bandera de la inutilidad de otorgar razones a las cosas que hacemos y que nuestras motivaciones tienen que ser definitivamente egoístas, individuales y plenas.
Pero yo, al igual que Dorian Gray, al igual que el mismo Wilde quizás, tenía remordimientos, temía llegar demasiado lejos y terminé por engañarme diciendome que las posibilidades infinitas del hombre eran imposibles.
Dorian Gray se enreda en su propio juego, se prodiga una comodidad que lo aísla del sufrimiento , ya ni siquiera es capaz de engañar a una joven campesina ni de estrujarla con sus dedos como antaño hiciera con Sybil.
El crimen más motivante, el parricidio en contra del creador de su retrato queda consumido en puras formúlas paradojales, y la variación del crimen hacia Lord Henry queda descartada por motivos de economía: ¿qué provecho hay en eliminar aquello que hemos superado?...Sobre todo que nunca en toda la novela Dorian piensa en asesinar a Lord Henry...
Al final Dorian Gray decide destruirse a sí mismo, al igual que todos los demás, sólo que Dorian lo hizo de una manera definitiva mientras nosostros nos vamos diluyéndo poco a poco, borrándose nuestra imagen como una foto vieja...
10/04/2005
dos visiones de dios
2. Dios existe y es un canalla.
3. Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.
4. Dios existe, pero tiene accesos de locura: esos accesos son nuestra existencia.
5. Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces està ausente ¿en otros mundos? ¿En otras cosas?
6. Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas vece, en algùn momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.
7. Dios fue derrotado antes de la Historia por el Prìncipe de las Tinieblas. Y derrotado, convertido en presunto diablo, es doblemente desprestigiado puesto que se le atribuye este universo calamitoso.
ERNESTO SÀBATO.
"Creo... que si hubies un Dios, habrìa menos mal sobre la tierra; creo que si este mal existe o sus desordenes estàn ordenados por ese Dios, entonces es un ser bàrbaro, o no tiene poder para impedirlos: desde este momento, es un dios dèbil, y en cualquier caso, un ser abominable, un ser cuyo rayo debo desafiar y cuyas leyes debo despreciar(...)El Dios que te forjas no es màs que en la cabeza de los locos; es un fantasma inventado por la maldad de los hombres, que sòlo tiene como fin engañarlos, o armarlos contra otros. El servicio màs importante que se le hubiese podido prestar habrìa sido estrangular al momento al primer impostor que se le ocurriò hablarles de un Dios. ¡Què de sangre habrìa ahorrado ael universo un sòlo crimen!"
MARQUÈS DE SADE.
y sin embargo, Dios debe existir, alguien tiene que asumir la culpa, alguien debe pagar los platos rotos...
la vida humana sin una justificaciòn trascendental,"estelar", si se prefiere no tendrìa sentido...
02/04/2005
estabolsanoesunjuguete

esta bolsa no es un juguete puede causar asfixia y sofocaciòn. Debes amoldarla a la forma de tu cara y abrir un hueco por donde respirar...
ya no queda nada que aprender, ya no queda nada que olvidar,porque hasta los màs profundos recuerdos son desechados, como souvenires que han perdido su brillo,ya no queda nada contra lo cual rebelarse porque hasta la Rebeldìa se convirtiò en una materia del mercado,la vida ya no tiene secretos no porque hallamos satisfecho nuestra curiosidad,sino porque nos han castrado la curiosidad...
asì que vuelvo la vista hacia los viejos profetas, los siempre rebeldes, los iluminados en espera de que me devuelvan algo de la ilusiòn perdida...
Bufòn.

