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estabolsanoesunjuguete

Para leer en la silla elèctrica

Henry Miller

Nuestros jóvenes miran con una visión tenue y borrosa; están repletos de miedo y espanto. El pensamiento que los martiriza día y noche es :¿estallará este mundo antes de que hayamos tenido oportunidad de gozarlo? Y nadie se atreve a decirles que aunque el mundo estallase mañana o pasado mañana, en realidad no importaría, porque la vida que anhelan es imperecedera. Tampoco nadie les dice que la destrucción de este planeta o su preservación y su imperecedera gloria giran en torno a sus propios pensamientos, a sus propias acciones
Individuo y sociedad:
El individuo ha pasado a identificarse involuntariamente  con la sociedad. Pocos son capaces de ver que la sociedad está compuesta por individuos. ¿Quién sigue siendo individuo? ¿Qué es un individuo? ¿Y qué es la sociedad, puesto que ha dejado de ser la suma o el conglomerado de individuos que la contituyen?

Realidad y ficción:
La verdad es más extraña que la ficción porque la realidad precede a la imaginación y la incluye.
Lo que constituye a la realidad es ilimitado e indefinible.

Viaje:
Por toda la gran literatura circula la idea del viaje de ida y vuelta. No importa lo que el hombre se lance a descubrir,  no importa hacia qué punto del tiempo o del espacio oriente su cansado cuerpo, finalmente regresa, regresa a la morada de sí mismo.


Voz:
Debido a nuestra abundante lectura llevamos dentro d enosotros tantas entidades, tantas voces, que es realmente raro el hombre que pueda decir que habla con su propia voz.


Henry Miller

Los libros en mi vida.

Poemas de Jim Morrison

Poemas de Jim Morrison

Francia está 1°, Nogales circunscripto
cruza la frontera...
tierra de eterna adolescencia
cualidad de desesperación sin igual
en cualquier lugar del perímetro.
Mensaje de los suburbios
que nos convoca a casa.
Este es el espacio privado de un
nuevo orden. Necesitamos salvadores.
Para ayudarnos a sobrevivir al viaje.
Ahora, ¿quién vendrá?
Ahora escucha esto:
Hemos comenzado el pasaje
¿Quién sabe?, puede terminar mal.
Los actores están congregados;
inmediatamente ellos quedan
encantados
Yo, por uno, caigo en un éxtasis
que me domina.
¿Puedo convencerte de que sonrías?
Nada de hombres sabios ahora.
Que cada uno se arregle por sí mismo:
agarre a su hija y corra.
***
Todo lo humano
está abandonando
el rostro de ella.
Pronto ella desaparecerá
dentro de la calma
vegetal
de la ciénaga.
¡Quédate!
¡Mi Amor Salvaje!
***
Drogas sexo embriaguez batalla
retorno al mundo acuático
Vientre del mar
Madre del hombre
Monstruoso sonámbulo apacible bullente
mundo atómico
Anomia en la vida social.
Cómo podemos odiar o amar o juzgar
en el mundo marino bullente de átomos
Todo uno, uno Todo
Cómo podemos jugar o no jugar
Cómo podemos poner un pie ante nosotros
o revolucionar o escribir.
***
Fría música eléctrica
Lastímame
Lacera mi mente
c/tu oscuro sueño.
Frío templo de acero
Frías mentes vivas
en la costa estrangulada.
Veteranos de guerras extranjeras
Somos los soldados
de las guerras del rock and roll.
***
LAMENTO POR LA MUERTE DE MI FALO
Lamento por mi falo
dolorido y crucificado
Intenté conocerte
adquiriendo sabiduría espiritual
tú puedes abrir las paredes de
misterio del
espectáculo de desnudamiento
Cómo lograr morir
en el espectáculo
matinal
Muerte de T.V.
que el niño
absorbe
manantial de muerte
misterio
que me hace
escribir
Lento tren
La muerte de mi falo
da vida
Guitarrista
Antiguo sátiro sabio
Canta tu oda
a mi falo
acaricia su lamento
endurece y guía
a todos nosotros
Células perdidas
Conocer el cáncer
Hablar al corazón
y ofrecer el gran regalo
palabras
poder
trance
Este amigo firme
y las bestias de su zoológico
chicas salvajes, velludas
cada color se relaciona
para crear el bote
que mece a la raza
cualquier infierno podría ser más
horrible que ahora
y real
“Apreté su muslo
y la muerte sonrió”
muerte, vieja amiga
la muerte y mi falo
son el mundo
Puedo perdonar
mis heridas
en nombre de
la sabiduría
la lujuria
el romance
Frase sobre frase
Las palabras curan
Las palabras me provocaron la herida
y me sanarán
Si lo crees
Todos se unen ahora en un lamento
por la muerte de mi falo
una lengua de conocimiento
en la noche emplumada
los muchachos enloquecen su cabeza
y sufren
sacrifico mi falo
en el altar
del silencio
***
Pausadamente se agitan
Pausadamente se levantan
Los muertos son recién nacidos
que despiertan
c/miembros destrozados
y almas húmedas
Suavemente suspiran
en extasiado asombro fúnebre
¿Quién convocó a estos muertos a bailar?
¿Fue la mujer joven
aprendiendo a tocar la “Canción del
Fantasma” en su pequeño piano de cola?
¿Fueron los hijos de la soledad?
¿Fue el propio Dios-Espíritu,
tartamudeando, gritando,
conversando ciegamente?
— Yo os llamé para
ungir la tierra.
Os llamé para anunciar
la tristeza que cae como
piel quemada
Os llamé para desearos
que os vaya bien, para que os deleitéis en
vosotros mismos como un nuevo monstruo,
y ahora os llamo
para rezar.
***
LA APERTURA DEL BAÚL
— Momento de libertad interna
cuando la mente se abre y
el infinito universo se revela
y el alma es libre de vagar
buscando asombrada y confundida
aquí y allá maestros y amigos.
____________________
Momento de Libertad
cuando el prisionero
parpadea al sol
como un topo
desde su agujero
el primer viaje de un niño
fuera de su casa
Ese momento
***
EL TIEMPO TRABAJA COMO EL ÁCIDO
El tiempo trabaja como el ácido
Ojos manchados
Ves volar el tiempo
El rostro cambia a medida que el corazón late
y respira
No somos constantes
Somos una flecha en vuelo
La suma de los ángulos de variación
El rostro de ella varió en el auto
ojos y pie y cabello se mantienen
iguales. Pero un centenar de muchachas
similares sustituyó la una a la otra.

 

Juan Gelman

El velamen
La luz no cesa
de gastar lo que se ve, se asoma
con su costumbre d eloca
suspendida y pone huevos
en lo que sube de su mutilación.
Es más bella que sus er de rabia
  Nada
detiene su velamen
en las aguas que no volvieron.

 

El espejo
El sueño castigado se queda
en el sueño de sí mismo, no
pendula su espanto.
¿A dónde irá con su memoria?
Entre árboles busca
una sombra verdadera
en esta duración. El sueño
era otros y es otro hoy que otros
lo niegan o creen que no existió.
No quiere encuentros falsos
y contempla su cara en un espejo
que se detuvo y guardó
fulgores que no envejecen
mañana.


Dios.
Gastado, errante, sortea
fracasos como charcos
hoy que llueve. No quiere
leer lo que escribió. Le dieron
un papel que nadie
puede interpretar.
Sólo un loco.
Mira la tarde que se extingue
y espera sin esperanzas
que la noche sea eterna.


Juan Gelman.


Vale la pena. Ediciones Era S.A. de C.V., México, 2001.

El negro blanco

Por primera vez en la historia civilizada, quizá por primera vez en toda la historia, nos hemos visto forzados a vivir con el conocimiento reprimido de que las más nimias facetas de nuestra personalidad, o la más mínima proyección de nuestras ideas, o, en realidad, la ausencia de ideas y personalidad, puede que todavía significasen la posibilidad de estar destinados a morir como una cifra más en una inmensa operación estadística en la que nuestros dientes serían contados y nuestro cabello rapado pero nuestra muerte en sí sería desconocida, sin honores, pasaría inadvertida, una muerte imposible de asumir con dignidad como la consecuencia posible d elas acciones serias que habíamos elegido llevar a cabo, una muerte que antes bien, sería ejecutada por un deus ex machina en una cámara de gas o en una ciudad radioactiva;
-Si en medio de la civilización -esta civilización fundada sobre el anhelo faustiano de dominar la naturalez dominando el tiempo, dominar los vínculos de causa y efectos sociales- en  medio de una civilización económica fundada en la confianza de que el tiempo podía de hecho ser sometido a nuestra voluntad, nuestra psique estaba sometida a la intolerable ansiedad de que  al carecer la muerte de causa la vida careciese de causa tmbién, y el tiempo, deprovisto de causa y efecto, se hubiese detenido.
(...)
El hombre que sabe que si nuestra condición colectiva es vivir con la muerte instantánea en uan guerra atómica, con la muerte relativamente rápida por el Estado como l´univers concentrationnaire, o con la muerte lenta por el conformismo, con todos nuestros instintos creativos y rebeldes sofocados (...), si el destino del hombre de siglo veinte es vivir con la muerte desde la adolescencia hasta la vejez prematura, entonces la única respuesta vivificadora es aceptar los términos de la muerte, vivir con la muerte como peligro inmediato, divorciarse de la sociedad, existir sin raíces, emprender este viaje sin rumbo fijo hacia el interior de los imperativos rebeldes del yo
(...)
Para ser un verdadero existencialista ( es cierto que Sartre mantiene lo contrario) hay que ser religioso, ha de tenerse un sentido propio del "propósito" (sea cual sea el propósito), pero una vida dirigida por la fe en la necesidad de la acción es una vida entregada a la noción de que el sustrato de la existencia es la búsqueda, el fin significativo pero misterioso; es imposible vivir una vida así a no ser que las emociones propias le provean a uno de profunda convicción.

Norman Mailer


El negro blanco, Tusquet Editores, Barcelona, 1973

La acción subversiva de la poesia

Hay una fuerza en el hombre, proveniente del simple hecho de vivir, que condiciona su destino de modo fatal. Esta fuerza, que se revela visible a cada momento, a través de las manifestaciones del amor, que tiende a trascender del individuo en una comunión con el todo, tiene sus propias leyes irreductibles a los esquemas racionales. La poesía aparece como expresión de ese impulso hacia el cumplimiento de un destino vital, y la ftalidad de ese destino se revela en la poesía como un hecho indiscutible. La poesia no es (...) un lujo o un divertimento, sino una necesidad del mismo modo que lo es el amor.(...) Prescindir d ela poesía equivaldría a  renunciar a la vida.

Considerado así, lo poético no reside sólo en la palabra; es una manera de actuar, una manera de estar en el mundo y convivir con los seres y las cosas. El lenguaje poético en sus distintas formas (forma plástica, forma verbal, forma musical) no hace más que objetivar de un modo comunicable, mediante los signos propios de cada lenguaje particular, esa fuerza expansiva de lo vital. Como consecuencia, el mundo poético está en todos, en la medida en que cada hombre es un ser integral. La clara consigna de Lautréamont, "La poesía debe ser hecha por todos", no tiene otro sentido. Aquél que ignora la poesía es un mutilado, tal como lo es aquél que ignora el amor.

La última afirmación podría sugerirnos la idea de que vivimos en un mundo de mutilados, pero no es así: lo que habitualmente encontramos no es la falta del impulso poético, sino su represión. Y está reprimido porque vivir hacia lo ilimitado, como exige la poesía, es decir, vivir en la dimensión total, no resulta conveniente para las fuerzas opresoras que dominan el mundo. Aceptar ese modo de vivir significaría prestarle al hombre un carácter casi divino, lo que no interesa a los detentadores del poder, que prefieren considerar al hombre como un objeto, como algo inmóvil y sin dimensión. Para anular a la poesía se ha creado toda una organización de falso pudor, parecida a la que existe para limitar la extensión del amor. Por el crimen de pornografía se condena al amor sin trabas. parecida condena de pornografía amenaza a la poesía auténtica, sin trabas. Los dos procesos que abren el camino a la libertad, de la aventura, de lo imprevisto y de la exaltación, se ven constreñidos a la categoría de parias sociales.

(...)

Pero esto no quiere decir que la acción subversiva de la poesía se realice mediante el tratamiento directo de los temas de subversión. No necesita, por ejemplo, cantar a la libertad ( palabra degradada por los falsarios de todos los colores), pues cantar a la libertad ha demostrado ser uno de los recursos de los propiciadores de esclavitud. La libertad vive en la poesía misma, en su manera de expandirse sin trabas, en su poder explosivo. Está implícita en el acto de la creación, en este modo de surgir de las zonas del espíritu donde reina la insumisión, donde es libre en todas las dimensiones (...)

La acción subversiva se manifiesta al ofrecernos la poesía la imagen de un universo en metamorfosis en oposición al universo rígido que nos imponen las convenciones. La imagen poético en todas sus formas actúa como desintegradora de ese mundo convención, nos  muestras su fragilidad y su artificio, lo sustituye por otro palpitante y viviente que responde al deseo del hombre. (...)

Una actitud disconformista señala el paso inicial que dirige al hombre hacia el centro de acción de la poesía (...)

(...)La insumisión alcanza ese límite extremo en el momento en que proclama la negación de la poesía, y ese momento aparece cuando la poesía se convierte en el valor supremo de subversión y en el mecanismo utilizado por los verdaderos poetas en defensa de la poesía en peligro, para reconquistar su fuerza liberadora. Mediante lo antipoético se retorna al punto cero, en contacto con la fuente originaria, con el fuego central. (...)

Latente o concreta, la subversión contenida en la poesía auténtica no ofrece dudas; pero la poesía no se reduce a un acto negativo puro: contemporaneamente a su acción provocadora afirma su fe en un mundo mejor que corresponda a la íntima realidad del hombre.  

 

Aldo Pellegrini

La accion subversiva de la poesía.

Intrahombre

all the soarings of my mind begin in my blood by visceral 


El  hombre de adentro, el intrahombre -y éste es más divino que el tras-hombre o sobre-hombre nietzscheniano- cuando se hace lector hácese por lo mismo autor, o sea, actor; cuando  lee una novela se hace novelista; cuando lee historia, historiador.

Miguel de Unamuno

Consumo

El consumo es un modo activo de relación ( no sólo con los objetos sino con la colectividad y el  mundo), un modo de actividad sistmática y de respuesta global en el cual se funda todo nuestro sistema cultural.

Jean Baudrillard.

El sistema de los objetos.

Siglo XXI Editores, S.A., México, 1999.

Juicio

Cuando enjuiciamos nuestra propia existencia inevitablemente ponemos en juicio a la humanidad entera.

Ernesto Sabato.

Sobre héroes y tumbas.

Verdad

Acaso es la verdad la que nos une y son las razones las que nos separan.

Miguel de Unamuno.

Cada día volvemos a inventar el paraíso

Cada día volvemos a inventar el paraíso

Cada día la espada fogosa del ángel

calcinándonos el alma

Cada día

dejamos nuestros pasos

sin saber siquiera qué es

   lo que se nos niega.

Rómulo Bustos.

Oración del impuro. Obra completa reunida. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2004

H G Wells: La guerra de los mundos.

El clásico de Wells, aquí.

 

LA LLEGADA DE LOS MARCIANOS


1 LA VÍSPERA DE LA GUERRA
En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba sus ocupaciones sobre este globo, abrigando la ilusión de su superioridad sobre la materia. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie supuso que los mundos más viejos del espacio fueran fuentes de peligro para nosotros, o si pensó en ellos, fue sólo para desechar como imposible o improbable la idea de que pudieran estar habitados. Resulta curioso recordar algunos de los hábitos mentales de aquellos días pasados. En caso de tener en cuenta algo así, lo más que suponíamos era que tal vez hubiera en Marte seres quizá inferiores a nosotros y que estarían dispuestos a recibir de buen grado una expedición enviada desde aquí. Empero, desde otro punto del espacio, intelectos fríos y calculadores y mentes que son en relación con las nuestras lo que éstas son para las de las bestias, observaban la Tierra con ojos envidiosos mientras formaban con lentitud sus planes contra nuestra raza. Y a comienzos del siglo veinte tuvimos la gran desilusión. Casi no necesito recordar al lector que el planeta Marte gira alrededor del Sol a una distancia de ciento cuarenta millones de millas y que recibe del astro rey apenas la mitad de la luz y el calor que llegan a la Tierra. Si es que hay algo de verdad en la hipótesis corriente sobre la formación del sistema planetario, debe ser mucho más antiguo que nuestro mundo, y la vida nació en él mucho antes que nuestro planeta se solidificara. El hecho de que tiene apenas una séptima parte del volumen de la Tierra debe haber acelerado su enfriamiento, dándole una temperatura que permitiera la aparición de la vida sobre su superficie. Tiene aire y agua, así como también todo lo necesario para sostener la existencia de seres animados. Pero tan vano es el hombre y tanto lo ciega su vanidad, que hasta fines del siglo diecinueve ningún escritor expresó la idea de que allí se pudiera haber desarrollado una raza de seres dotados de inteligencia que pudiese compararse con la nuestra. Tampoco se concibió la verdad de que siendo Marte más antiguo que nuestra Tierra y dotado sólo de una cuarta parte de la superficie de nuestro planeta, además de hallarse situado más lejos del Sol, era lógico admitir que no sólo está más distante de los comienzos de la vida, sino también mucho más cerca de su fin. El enfriamiento que algún día ha de sufrir nuestro mundo ha llegado ya a un punto muy avanzado en nuestro vecino. Su estado material es todavía en su mayor parte un misterio; pero ahora sabemos que aun en su región ecuatorial la temperatura del mediodía no llega a ser la que tenemos nosotros en nuestros inviernos más crudos. Su atmósfera es mucho más tenue que la nuestra, sus océanos se han reducido hasta cubrir sólo una tercera parte de su superficie, y al sucederse sus lentas estaciones se funde la nieve de los polos para inundar periódicamente las zonas templadas. Esa última etapa de agotamiento, que todavía es para nosotros increíblemente remota, se ha convertido ya en un problema actual para los marcianos. La presión constante de la necesidad les agudizó el intelecto, aumentando sus poderes perceptivos y endureciendo sus corazones. Y al mirar a través del espacio con instrumentos e inteligencias con los que apenas si hemos soñado, ven a sólo treinta y cinco millones de millas de ellos una estrella matutina de la esperanza: nuestro propio planeta, mucho más templado, lleno del verdor de la vegetación y del azul del agua, con una atmósfera nebulosa que indica fertilidad y con amplias extensiones de tierra capaz de sostener la vida en gran número. Y nosotros, los hombres que habitamos esta Tierra, debemos ser para ellos tan extraños y poco importantes como lo son los monos y los lémures para el hombre. El intelecto del hombre admite ya que la vida es una lucha incesante, y parece que ésta es también la creencia que impera en Marte. Su mundo se halla en el período del enfriamiento, y el nuestro está todavía lleno de vida, pero de una vida que ellos consideran como perteneciente a animales inferiores. Así, pues, su única esperanza de sobrevivir al destino fatal que les amenaza desde varias generaciones atrás reside en llevar la guerra hacia su vecino más próximo. Y antes de juzgarlos con demasiada dureza debemos recordar la destrucción cruel y total que nuestra especie ha causado no sólo entre los animales, como el bisonte y el dido, sino también entre las razas inferiores, A pesar de su apariencia humana, los tasmanios fueron exterminados por completo en una guerra de extinción llevada a cabo por los inmigrantes europeos durante un lapso que duró escasamente cincuenta años. ¿Es que somos acaso tan misericordiosos como para quejarnos si los marcianos guerrearan con las mismas intenciones con respecto a nosotros? Los marcianos deben haber calculado su llegada con extraordinaria justeza—sus conocimientos matemáticos exceden en mucho a los nuestros—y llevado a cabo sus preparativos de una manera perfecta. De haberlo permitido nuestros instrumentos podríamos haber visto los síntomas del mal ya en el siglo dieciocho. Hombres como Schiaparelli observaron el planeta rojo—que durante siglos ha sido la estrella de la guerra—, pero no llegaron a interpretar las fluctuaciones en las marcas que tan bien asentaron sobre sus mapas. Durante ese tiempo los marcianos deben haber estado preparándose. Durante la oposición de mil ochocientos noventa y cuatro se vio una gran luz en la parte iluminada del disco, primero desde el Observatorio Lick. Luego la notó Perrotin, en Niza, y después otros astrónomos. Los lectores ingleses se enteraron de la noticia en el ejemplar de Nature que apareció el dos de agosto. Me inclino a creer que la luz debe haber sido el disparo del cañón gigantesco, un vasto túnel excavado en su planeta, y desde el cual hicieron fuego sobre nosotros. Durante las dos oposiciones siguientes se avistaron marcas muy raras cerca del lugar en que hubo el primer estallido luminoso. Hace ya seis años que se descargó la tempestad en nuestro planeta. Al aproximarse Marte a la oposición, Lavelle, de Java, hizo cundir entre sus colegas del mundo la noticia de que había una enorme nube de gas incandescente sobre el planeta vecino. Esta nube se hizo visible a medianoche del día doce, y el espectroscopio, al que apeló de inmediato, indicaba una masa de gas ardiente, casi todo hidrógeno, que se movía a enorme velocidad en dirección a la Tierra. Este chorro de fuego se tornó invisible alrededor de las doce y cuarto. Lavelle lo comparó a una llamarada colosal lanzada desde el planeta con la violencia súbita con que escapa el gas de pólvora de la boca de un cañón. Esta frase resultó singularmente apropiada. Sin embargo, al día siguiente no apareció nada de esto en los diarios, excepción hecha de una breve nota publicada en el Daily Telegraph, y el mundo continuó ignorando uno de los peligros más graves que amenazó a la raza humana. Es posible que yo no me hubiera enterado de lo que antecede si no hubiese encontrado en Ottershaw con el famoso astrónomo Ogilvy. Éste se hallaba muy entusiasmado ante la noticia, y debido a la exuberancia de su reacción, me invitó a que le acompañara aquella noche a observar el planeta rojo. A pesar de todo lo que sucedió desde entonces, todavía recuerdo con toda claridad la vigilia de aquella noche: el observatorio oscuro y silencioso, la lámpara cubierta que arrojaba sus débiles rayos de luz sobre un rincón del piso, la delgada abertura del techo por la que se divisaba un rectángulo negro tachonado de estrellas. Ogilvy andaba de un lado a otro; le oía sin verle. Por el telescopio se veía un círculo azul oscuro y el pequeño planeta que entraba en el campo visual. Parecía algo muy pequeño, brillante e inmóvil, marcado con rayas transversales y algo achatado en los polos. ¡Pero qué pequeño era! Apenas si parecía un puntito de luz. Daba la impresión de que temblara un poco. Mas esto se debía a que el telescopio vibraba a causa de la maquinaria de relojería que seguía el movimiento del astro. Mientras lo observaba, Marte pareció agrandarse y empequeñecerse, avanzar y retroceder, pero comprendí que la impresión la motivaba el cansancio de mi vista. Se hallaba a cuarenta millones de millas, al otro lado del espacio. Pocas personas comprenden la inmensidad del vacío en el cual se mueve el polvo del universo material. En el mismo campo visual recuerdo que vi tres puntitos de luz, estrellitas infinitamente remotas, alrededor de las cuales predominaba la negrura insondable del espacio. Ya sabe el lector qué aspecto tiene esa negrura durante las noches estrelladas. Vista por el telescopio parece aún más profunda. E invisible para mí, porque era ; tan pequeño y se hallaba tan lejos, volando con velocidad constante a través de aquella distancia increíble, acercándose minuto a minuto, llegaba el objeto que nos mandaban, ese objeto que habría de causar tantas luchas, calamidades y muertes en nuestro mundo. No soñé siquiera en él mientras miraba; nadie en la Tierra podía imaginar la presencia del certero proyectil. También aquella noche hubo otro estallido de gas en el distante planeta. Yo lo vi. Fue un resplandor rojizo en los bordes según se agrandó levemente al dar el cronómetro las doce. Al verlo se lo dije a Ogilvy y él ocupó mi lugar. Hacía calor y sintiéndome sediento avancé a tientas por la oscuridad en dirección a la mesita sobre la que se hallaba el sifón, mientras que Ogilvy lanzaba exclamaciones de entusiasmo al estudiar el chorro de gas que venía hacia nosotros. Aquella noche partió otro proyectil invisible en su viaje desde Marte. Iniciaba su trayectoria veinticuatro horas después del primero. Recuerdo que me quedé sentado a la mesa, deseoso de tener una luz para poder fumar y ver el humo de mi pipa, y sin sospechar el significado del resplandor que había descubierto y de todo el cambio que traería a mi vida. Ogilvy estuvo observando hasta la una, hora en que abandonó el telescopio. Encendimos entonces el farol y fuimos a la casa. Abajo, en la oscuridad, se hallaban Ottershaw y Chertsey, donde centenares de personas dormían plácidamente. Ogilvy hizo numerosos comentarios acerca del planeta Marte y se burló de la idea de que tuviese habitantes y de que éstos nos estuvieran haciendo señas. Su opinión era que estaba cayendo sobre el planeta una profusa lluvia de meteoritos o que se había iniciado en su superficie alguna gigantesca explosión volcánica. Me manifestó lo difícil que era que la evolución orgánica hubiera seguido el mismo camino en los dos planetas vecinos. —La posibilidad de que existan en Marte seres parecidos a los humanos es muy remota—me dijo. Centenares de observadores vieron la llamarada de aquella noche y de las diez siguientes. Por qué cesaron los disparos después del décimo nadie ha intentado explicarlo. Quizá sea que los gases producidos por las explosiones causaron inconvenientes a los marcianos. Densas nubes de humo o polvo, visibles como pequeños manchones grises en el telescopio, se diseminaron por la atmósfera del planeta y oscurecieron sus detalles más familiares. Al fin se ocuparon los diarios de esas anormalidades, y en uno y otro aparecieron algunas notas referentes a los volcanes de Marte. Recuerdo que la revista Punch aprovechó el tema para presentar una de sus acostumbradas caricaturas políticas. Y sin que nadie lo sospechara, aquellos proyectiles disparados por los marcianos aproximábanse hacia la Tierra a muchas millas por segundo, avanzando constantemente, hora tras hora y día tras día, cada vez más próximos. Paréceme ahora casi increíblemente maravilloso que con ese peligro pendiente sobre nuestras cabezas pudiéramos ocuparnos de nuestras mezquinas cosillas como lo hacíamos. Recuerdo el júbilo de Markham cuando consiguió una nueva fotografía del planeta para el diario ilustrado que editaba en aquellos días. La gente de ahora no alcanza a darse cuenta de la abundancia y el empuje de nuestros diarios del siglo diecinueve. Por mi parte, yo estaba muy entretenido en aprender a andar en bicicleta y ocupado en una serie de escritos sobre el probable desarrollo de las ideas morales a medida que progresara la civilización. Una noche, cuando el primer proyectil debía hallarse apenas a diez millones de millas, salía a pasear con mi esposa. Brillaban las estrellas en el cielo y le describí los signos del Zodiaco, indicándole a Marte, que era un puntito de luz brillante en el cénit y hacia el cual apuntaban entonces tantos telescopios. Era una noche cálida, y cuando regresábamos a casa se cruzaron con nosotros varios excursionistas de Chertsey e Isleworth, que cantaban y hacían sonar sus instrumentos musicales. Veíanse luces en las ventanas de las casas. Desde la estación nos llegó el sonido de los trenes y el rugir de sus locomotoras convertíase en melodía debido a la magia de la distancia. Mi esposa me señaló el resplandor de las señales rojas, verdes y amarillas, que se destacaban en el cielo como sobre un fondo de terciopelo. Parecían reinar por doquier la calma y la seguridad.

 

PD 2015: Resubo el archivo.

La guerra de los mundos.

Euforismos

Colombia necesita un proceso alquímico que transforme el plomo en oro.

Confundí un dispensador de condones con un teléfono público. Llamé y me respondieron de  una línea caliente.Hay quienes van de lo verde a lo podrido sin pasar por la madurez.El fin del mundo ya pasó y no nos dimos cuenta... 

¿Y qué hacer con las ideas que ya se fueron?

Las arrugas son las cicatrices de la risa.

La clonación es la más evolucionada versión del incesto.

En el fondo de la condición humana nadie es malo, pero todo el mundo es cruel.

La vida es la distancia entre uno y la utopía.

Hablar de dificultades suele ser una manera de enterarse de uno mismo.

El vendedor de preservativos dijo: «Yo te condono esa deuda».

En todos estos años que no nos vimos, resultó que tú maduraste y yo me podrí.

Tú y yo somos diametralmente iguales.

Coñocimiento: mezcla de sabiduría y dependencia sexual.
 
Antonio Morales Riveira

Tomado de  Revista Número.

Bien y mal

Al bien se le puede poner en tela de juicio, pero al mal -y esto es una paradoja-, al mal, aunque nos esforzamos constantemente por eliminarlo, se lo da siempre por supuesto.

Henry Miller.

El fin del mundo

El hombre no conocerà el fin, tal es mi conviccion. El mundo puede acabarse, pero si es asì serà el mundo imaginado por los cientifìcos, no el mundo creado por Dios. Cuando llegue el fin, llenaremos a nuestro mundo con nosotros.

Henry Miller.

Charles Baudelaire

Deudas: Al recibir cada una de las letras del acreedor, escribid cincuenta líneas sobre un tema extrterrestre y estareís salvados.

Dios: Dios es un escàndalo,-un escàndalo que renta.

Dos lugares: Sòlo existen dos lugares en los que haya que pagar para poder gastar, las letrinas pùblicas y las mujeres.

Felicidad:...Una muchedumbre de pequeños gozos compone la felicidad.

Progreso: No hay cosa màs absurda que el Progreso, ya que el hombre, como està demostrado por los hechos diarios, es siempre semejante e igual al hombre, es decir, siempre en estado salvaje. ¿Què representan los peligros del bosque y de la pradera al lado de los golpes y de los conflictos cotidianos de la civilizaciòn? Ya sea porque prende a su vìctima en medio del Bulevar o porque atraviesa a su presa por bosques desconocidos, ¿acaso no es l hombre eterno, es decir, el animal de presa màs perfecto?

Resaca: Despuès de una juerga, uno se siente màs solo y màs abandonado.

Tiempo: Sòlo se puede olvidar el tiempo sirvièndose de èl.

Pesadilla: Sòlo es larga la obra que uno no se atreve a empezar. Se convierte en pesadilla.

 

CON EL CORAZÒN EN LA MANO.

Objetivo de la existencia:Nada existe sin objetivo.

Por consiguiente, mi existencia tiene un objetivo. ¿Què objetivo? Lo ignoro.

No soy yo, pues el que lo ha fijado.

Se trata, por consiguiente, de alguien màs sabio que yo.

Es preciso pues rogar a ese alguien para que me ilumine. Es la opciòn màs inteligente.

Pecado de Dios: ¿No serìa la creaciòn el pecado de Dios?

Amor: Lo aburrido del amor le viene de que es un crimen en el que uno necesita de manera inevitable un còmplice.

 

Què es el amor?

La necesidad de salir de mì mismo.

El hombre es un animal adorador.

Adorar es sacrificarse y prostituirse.

En consecuencia, todo amor es prostituciòn.

 

Follar: Follar consiste en desear meterse en otro, y el artista no sale nunca de sì mismo.

Mi casa

Sorprendido

despues de tanto

por un amor

creí haberlo desparramado

por el mundo.

Giuseppe Ungaretti.

Náufragos

Asperjados de luz

derivamos en la vasta ilusión del universo.

Misterio de este don

que nos hace desdichados y perfectos.

Romulo Bustos.

Oración del impuro. Obra reunida.

Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2004.

Historia

Historia

No creas en la historia, porque la historia es impulsada por el dinero en cualquiera de sus formas.

Frank Herbert.

Hijos de Dune.

Vicio

El vicio de la lectura lleva el castigo de una muerte continua.

Miguel de Unamuno.

Poder

Incesantemente somos bombarseados con pseudorealidades creadas por gente muy sofisticada que usa mecanismos elctronicos muy sofisticados. Yo no desconfìo de sus motivos; desconfìo de su poder.

P. K. Dick.