Cinefago
El rincon del cinefago, rarezas y freakadas....
El rincon del cinefago, rarezas y freakadas....
Al parecer en la decàda de los cincuenta, Joel Shuster, cocreador de Supermàn, tuvo problemas con el "te vì llegar".
Para solucionarlos, echò mano de su co-creaciòn, pero en un contexto màs oscuro.
Todo eso y màs aquì....
Música y películas, aquí...
Para qué más...
Aquí, vía Kerlames...
Yo no veía ninguna objeción a que la sexualidad entrara en la economía de mercado. Había muchas maneras de ganar dinero, honradas y deshonestas, cerebrales o, por el contrario, brutalmente físicas. Uno podía ganar dinero gracias a la inteligencia, el talento, la fuerza o el valor, o incluso la belleza; también podía tener un simple golpe de suerte. Lo más normal es que el dinero llegara por herencia, como en mi caso; entonces, el problema se trasladaba a la generación anterior.
Gente muy diferente había ganado dinero en todo el mundo:
ex deportistas de alto nivel, gángsters, artistas, modelos, actores; un gran número de empresarios y financieros hábiles; también algunos técnicos y, con menos frecuencia, algunos inventores. A veces la gente ganaba dinero de forma mecánica, por pura acumulación; o, al contrario, gracias a un golpe de audacia coronado por el éxito. Nada de todo esto tenía el menor sentido, pero reflejaba una gran diversidad. Por el contrario, los criterios de la elección sexual eran exageradamente simples: se reducían a la juventud y a la belleza física. Cierto que estas características tenían un precio, pero no un precio infinito. Claro, la situación era muy distinta en siglos precedentes, en la época en que la sexualidad seguía fundamentalmente vinculada a la reproducción. Para mantener el valor genético de la especie, la humanidad tenía que tener en cuenta entonces ciertos criterio de salud, fuerza, juventud, vigor físico; la belleza sólo era una síntesis práctica. Actualmente, el reparto de cartas era diferente: la belleza no había perdido el menor valor, pero se trataba de un valor provechoso, narcisista. No había duda de que si la sexualidad tenía que entrar en el sector de los bienes de cambio, la mejor solución era apelar al dinero, ese mediador universal que ya permitía una equivalencia concreta con la inteligencia, el talento y la competencia técnica; que ya garantizaba una perfecta homogeneización de las opiniones, los gustos, los modos de vida. Al contrario que los aristócratas, los ricos no pretendían ser de naturaleza distinta al resto de la población; simplemente pretendían ser más ricos. El dinero era una noción abstracta en la que no intervenía la raza, el aspecto físico, la edad, la inteligencia o la distinción; ni nada que no fuera el dinero mismo, en realidad. Mis antepasados europeos habían trabajado duro durante varios siglos; se habían propuesto dominar y luego transformar el mundo, y en cierta medida lo habían conseguido. Lo habían hecho por intereses económicos y por amor al trabajo, pero también porque creían en la superioridad de su civilización:
habían inventado el sueño, el progreso, la utopía, el futuro.
Esa conciencia de misión civilizadora se había evaporado a lo largo del siglo XX. Los europeos, o por lo menos algunos de ellos, seguían trabajando, y a veces trabajando duro; pero lo hacían por interés o por un apego neurótico a su trabajo; la conciencia inocente de su derecho natural a dominar el mundo y a dirigir su historia había desaparecido. Como consecuencia de los esfuerzos acumulados, Europa seguía siendo un continente rico; pero estaba claro que yo había perdido esas cualidades de inteligencia y de obstinación que caracterizaban a mis antepasados. Como europeo acomodado, yo podía adquirir a un precio menor, en otros países, alimentos, servicios y mujeres; como europeo decadente, consciente de la cercanía de la muerte y en plena posesión de mi egoísmo, no veía el más mínimo motivo para privarme de todo eso. Sin embargo, era consciente de que una situación semejante era apenas sostenible, que la gente como yo era incapaz de garantizar la supervivencia de una sociedad, que incluso era, pura y simplemente, indigna de vivir. Vendrían cambios, ya estaban ocurriendo, pero yo no conseguía sentirme realmente afectado; mi única motivación auténtica consistía en librarme de toda aquella mierda lo más deprisa posible.
Plataforma
Michel Houellenbecq
Acabo de leer la novela Angeles y Demonios de Dan Brown.
Aunque este tipo de historias sobre libros o códices antiguos descifrados tiene mucho apego entre aquellos que guardamos un afecto casi que fetichista por los libros, la historia no tiene mucha diferencia con El código Da Vinci, especialmente la relación entre Langdon y Vittoria.
Si hay un personaje que, para mí, se lleva las palmas es el del camarlengo Carlo Ventresca,un hombre cuya profunda convicción en lo que representa la Iglesia lo convierte en el peor enemigo de la misma.
Es cierto que la base ideologica en que se basa la novela, el eterno conflicto entre ciencia y religión, no se sostiene mucho,pero me entretuve leyendo en las horas muertas del trabajo....
Habrá que ver la película, porque la primera no dió para mucho....
Más música aquí, entre otras cosas La hija de la lágrima de Charly y Tercer Mundo de Fito...
La revista Heavy Metal trascendió hasta mi juventud en los estantes de la Librería Nacional en Cartagena, descubriéndome un mundo de fantasía eróica (erótica y heróica, pa que se entienda) que yo hasta ese momento desconocía, empujandome a los universos pararelos del cómic europeo, de dibujo más realista y de temáticas alejadas de los superhéroes. Alcancé a comprar, de segunda mano, dos o tres revistas.
Por aquì dejaron algunas imágenes de este magazín de culto.
Hablando de caratulas, aquì algunas portadas de revistas, muy llamativas...
Y segùn la Rolling Stone de Argentina, estas son las mejores veinticinco...
Muy entretenidos estos conteos de la Stone...
Y aquì diseñadores de caratulas de heavy metal, con su respectivo enlace a la pàgina del artista...
Y aquì màs caratulas...
Conocì el trabajo de Kostabi por las caratulas delas Ilusiones de Guns N Roses, pero la verdad es que hay mucho màs...
Cosas curiosas aquí...