Como fanático de la literatura y el cine, quisiera que existiera una especie de hermandad, de transposición, entre las historias escritas y su representación en la pantalla; pero conciente de que esto es imposible, al tratarse de dos medios de expresión totalmente diferentes, uno espera que por lo menos la película haga honor al libro y a los personajes, y no se quede sólo con la premisa básica del argumento, como sucede la mayoría de las veces, y se me viene a la mente La insoportable levedad del ser de Philip Kaufman en la que, ni por casualidad, aparecen las reflexiones de los personajes que le dan la razón de ser, e incluso el título, a la novela, quedándose en una mera historia de amor que sólo ví hasta el final por Juliette Binoche.

Mucho se ha hablado de los cambios en el guión de la serie Game of Thrones, pero teniendo en cuenta que los últimos tomos de la saga han sido bastante aburridos (y me considero super fan,  no detractor), creo que lo que hicieron los escritores de la serie estuvo muy bien, no se adhirieron a lo escrito, sino que jugaron con los personajes, los profundizaron de otra manera a la propuesta por el autor e hicieron suya la historia, incluso cambiandola; algo que debió tener en cuenta Peter Jackson en su adaptación-trilogía innecesaria de El Hobbit.

 

Y es que lo que fue un acierto en El Señor de los Anillos, la creación de los personajes, el enganche que sentimos, la épica, los paisajes, el guión, trasladado a esta nueva trilogía se pierde en una historia plana, llena de tantos personajes que uno no acaba de conectar con ninguno, la búsqueda parece un plan sin sentido, incluso las peleas de orcos y elfos se notan tan falsas y vacías de vitalidad en su derroche de efectos, que yo personalmente sólo ví la primera en cine, la segunda en casa y la tercera no me dan ganas.

Y es que el director no debería sentir remordimiento alguno en irrespetar la historia si nos va a presentar un nuevo mundo a partir de algo ya conocido, y así quedó demostrado en El Resplandor de Kubrick, en la que la película es narrada desde la óptica del hotel, mientras en la novela era mostrada desde el punto de vista del niño,  o siguiendo con Stephen King, cómo Frank Darabont convierte un cuento largo ( o novela corta, como sea, y ni siquiera una de las más conocidas del autor), en una gran película en Sueños de Libertad, al propinarle mayor profundidad a los personajes, tomándose su tiempo para construirlos, creándo un universo particular para esa historia, dónde todos esos elementos encajan unos con otros, hasta condensarse en ese pedazo de paraíso nombrado Zihuatanejo.