Soledad

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Siempre me he sentido solo, aun cuando era niño y vivìa atento a los pasos de mis padres. Es como una desgarradura que hubiera venido conmigo, una escisiòn que me hice tratando de no atravesar los lìmites que me separaban del ùtero-laberinto, donde respiraba lìquido y no el vaho caliente de la gasolina derramada; o quizàs fue una herida que me hice en la infancia, al caerme y rasparme las rodillas...

Las raspaduras en codos y rodillas  durante la niñez son casi heridas metafìsicas: si te caiste delante de tus amigos la verguenza podrìa sobrevivirte, y si llegas a casa sangrando y llorando, tal vez te castiguen por tentar al mundo a mostrarte tu propia vulnerabilidad con sus àngulos salientes...

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