RECORDANDO A PAUSELINO CAMARGO, DIEZ AÑOS DESPUÉS

“A los hombres se les puede asesinar, a sus ideas no”.
                                                           Luis Carlos Galán S. 

Diez años después del asesinato de Pauselino Camargo, cuando sus victimarios han reconocido públicamente el crimen, junto con los de tantos otros compatriotas y a pesar de ello, estos hechos dolorosos y violentos están prácticamente en la impunidad, recordamos su legado como un impulsor de los procesos de participación de la comunidad en la gestión pública local. “Al pueblito hay que educarlo”, era una frase que constantemente repetía para hacer énfasis en la necesidad de impulsar procesos de formación orientados a que la comunidad conociera temas que hasta entonces resultaban desconocidos, incluso herméticos: Proyectos de inversión, contratación pública, presupuestos, planeación del desarrollo. Este ejercicio derivó que la administración municipal que encabezó entonces, desarrollara entre 1.996 y 1.997, la más completa, consciente y metódica experiencia de formación a la comunidad en temas de lo público: La Escuela de Gestores del Desarrollo. Un proceso que le valió entonces al municipio de San José de Cúcuta, reconocimiento a nivel nacional e internacional. Pero la “osadía” de Pauselino fue más allá: Se atrevió a pregonar a los cuatro vientos que la comunidad podía concertar con la administración, la inversión municipal. Que los ediles, los presidentes de Juntas de Acción Comunal y los representantes de organizaciones de base, podían sentarse con el alcalde y decidir sobre la destinación de los recursos de inversión. Que ese ejercicio no era atribución exclusiva del alcalde y el Concejo. Frente a las maniobras del Cabildo Local de entonces, que siempre le fue adverso, expresó una frase que sintetizaba el sentir de la gente frente a sus prácticas clientelistas: “Coalicionar es delinquir”. Fue un líder frentero, controvertido, a ratos lenguaraz y muchas veces impulsivo. En su administración acertó en muchas cosas y se equivocó en otras. Su movimiento político no pudo mantener la alcaldía. Entonces terminada su administración se dedicó a reflexionar sobre las fortalezas y debilidades de su gestión. Y la gente del común, “el pueblito”, los hombres y mujeres que habían empezado a practicar el ejercicio de gobernar, decidiendo sobre la inversión municipal y que habían empezado a deletrear los vericuetos de lo que era la gestión pública local, empezaron a expresar su intención de acompañarlo para llegar de nuevo a la administración municipal.   Pero corrían tiempos siniestros y tenebrosos. Ya habían irrumpido en la región actores sanguinarios que desde el Catatumbo habían empezado a regar de muertos los caminos y a teñir de sangre los ríos. Y en ese recorrido de muerte y de dolor, llegaron a la capital nortesantandereana. Y llegó el fatídico 2 de febrero de 2.000. Ese día la vida de Pauselino fue cegada. Se cortó de tajo brutalmente la esperanza. Era apenas el comienzo de una estela de sangre y de lágrimas que enlutaría nuestra Perla del Norte. Quienes lo conocimos, quienes aprendimos junto a él que la utopía era posible y que los sueños eran realizables, no olvidamos su legado y su memoria. Han pasado diez años, pero muchas de sus ideas nos han animado a continuar adelante, firmes en la creencia que es posible gobernar con la gente y que la democracia se construye y se cimenta desde lo local.

 

 

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