Una gran sorpresa el cambio de registro de Nolan en la dirección de Dunkirk, acostumbrado como venía a sus thrillers laberínticos y de múltiples lecturas.

En Dunkirk la historia tiene menos tintes de fantasía y sin embargo no deja de ser excepcional, aunque en los primeros minutos Nolan intente desequilibrar el relato con diferentes líneas temporales y puntos de vista, que luego simplemente fluyen hacia un relato con narrador omnisciente y un espectador más bien pasivo.

Es de realzar la fotografía con la que se arropa y reluce toda la cinta, azules marinos, grises y claroscuros, ofrecen una paleta que lejos de sosegar enmarcan la vitalidad agónica de los soldados dispuestos a todo por sobrevivir. 

A pesar de su gran factura, las películas de soldados y aviones no logran estremecerme, así que Dunkirk no es para mí una de las mejores películas de Nolan que haya visto hasta el momento.