Después de tantos años desde la no muy bien lograda segunda parte de Jeepers Creepers, entiendo que el director Victor Salva intenta reintroducir al espectador a la mitología del Creeper y a las dos historias precedentes, pero al pretender ubicar esta película en algún punto intemedio entre las dos precedentes, se pierde en un guión sin demasiada emoción, en el que lo único interesante es el protagonismo que toman la terrible camioneta y las armas del Demonio, como se empeñan en titular las películas por estos lares, y nos deja esperando una película más en la que por fin se revelen la naturaleza y el origen del monstruo.

Una vez más los adolescentes son las presas favoritas del Creeper, pero en esta ocasión, la historia de amor y los dos jóvenes protagonistas resultan  más aburridos que los de la saga Crepúsculo. Creo que el único personaje que resulta interesante es el de Gaylen Brandon, interpretada por Meg Foster (They Live, Furia ciega, Leviathan), la traumada abuela de la protagonista que logra penetrar la psique del Creeper.

En espera de la siguiente parte, esta nueva incursión en el mundo del Demonio deja un regusto incierto y no le hace justicia a uno de los monstruos más originales que dio el cine de terror de los dos mil.