Como a tantos otros ilustradores de temas adultos, "descubrí" a Alfonso Azpiri en las páginas de la revista Heavy Metal. En esas páginas ví por primera vez a la voluptuosa Drunna, a las delicadas chicas de Manara, y a la desválida Lorna.


Lorna, el sensual personaje creado por el español, me sedujo de la misma manera en que seduce a todos los hombres con los que se va encontrando en su periplo por los salvajes y húmedos países en los que transcurren sus peripecias.


Porque si algo tiene Azpiri, es que sus historias se desarrollan en mundos decadentes, donde la magia y la tecnología conviven en medio de una flora y una fauna exhuberante, asfixiante, territorios propicios para outsiders que se valen de la violencia y la sexualidad para imponerse a la autodestrucción.


En Pesadillas, Azpiri no sólo dibuja y escribe sino que también colorea las historias cortas que componen el libro, las cuales tiene en común la fascinación por la ciencia ficción y la fantasía oscura, tan propias del autor.


La ciencia ficción de Azpiri es la ciencia de la destrucción, la tecnología usada en su forma más pesimista.La fantasía, por su parte, nos retrotrae a lo atavíco, a lo anímico, la voluntad del hombre o lo que queda de él, en medio de la naturaleza desbordada, luchando por sobrevivir.

El trazo de Azpiri no podía ser menos que sus guiones: abigarrado, promiscuo, excesivo, priman las formas retorcidas, la carne putrefacta, de la que emerge, poderosa y sexual, la mujer como demiurgo de la promesa de un renacimiento, diosa madre que destruye y que recrea, doncella en peligro de sexualidad avasallante. La naturaleza es un personaje más, dibujado de la forma más extrema, pantanos, parámos, densas selvas húmedas, paisajes extraterrestres en los que la supervivencia es la única recompensa.


En todo este paisaje, Lorna se vale de su única arma, su sensualidad sin límites, no sólo para sobrevivir, sino también para ponernos a soñar, sueños húmedos por supuesto.


Buen viaje, maestro Azpiri.