No recuerdo mucho de los argumentos de la serie de Batman de los sesenta, pues era muy niño cuando, en los ochenta, reponían esta serie en la televisión colombiana. Sólo sé que a partir de allí nació mi gusto por el Hombre Murciélago.Esta serie de Batman contenía todo lo que asocio con el concepto de pop en la televisión, colores delirantes, escenografías chillonas, buenos buenísimos, malos malísimos, coreografías musicales sin ton ni son, frases estereotipadas y juegos de palabras, confianza en la tecnología como mediadora hacia la prosperidad, finales felices, etc.

Y por supuesto, las viñetas con las explosivas onomatopeyas, marca de la casa.

En Batman, hasta donde recuerdo, se omitía el pasado oscuro del personaje, las motivaciones de venganza o sed de justicia a causa de la muerte de sus padres. Batman era, simplemente, un superdetective, que derrotaba a unos villanos bastante carismáticos y caricaturescos, a los que la policía parecía ser incapaz de controlar. Esta falta de base psicológica que podría convertir en plano al personaje, se pasaba por alto gracias al trabajo histriónico de Adam West y a la ligereza cómica de los argumentos.

Esta "luminosidad" de Batman se ve reflejada incluso en su Baticueva; mientras en otras encarnaciones del vigilante de Gótica la baticueva es un sitio oscuro, donde colecciona sus obsesiones, en la versión de los sesenta es un lugar amplio, iluminado, nada abigarrado, en el que la ciencia y la tecnología ocupan un lugar preponderante en aras de resolver misterios, dos amistosas herramientas que permiten al intelecto preclaro de Batman sobreponerse a los retorcidos planes de sus archienemigos.

Todos estos elementos, se conservan, enhorabuena, en el film animado Batman the return of the caped crusaders (2016), en el que el universo animado de Warner Bros se decanta por el homenaje, antes que por la parodia, contando con las voces originales de Adam West, Burt Ward y Julie Newmar; con el añadido de un giro argumental en el que Batman, mediante tecnología mal utilizada, obtiene todo el control de Ciudad Gótica, algo parecido a lo que ocurría en el cómic Batman Tirano escrito por Alan Grant, otorgándole un conflicto psicológico al siempre derecho Batman/Bruno Díaz, uno que, si lo cargamos con tintes políticos imposibles, refleja hasta donde debe llegar el control en aras del bienestar y la inutilidad de los organismos de control, reflejado en el momento en que Batman retira de sus puestos al comisionado y al jefe de policía, acusándolos de esperar siempre de él la solución a los problemas de la ciudad.

 

Excelente película que no hace sino aumentar el mito en torno al Batman de la infancia, aquel que a pesar de sus tonterías y sus bailes rídiculos, nos anclaría emocionalmente al personaje, antes del revolcón del Batman de Tim Burton en los noventa.