Cuando era niño, ví una secuencia en una película que caló profundo en mi imaginario personal: unos viajeros atrapados en el laberinto rectilíneo del desierto; uno de ellos lanza algo contra el horizonte inalcanzable y el paisaje se rompe como un cristal reflectante, detrás del cual el camino sigue para los viajeros.

Esta idea de la realidad como límite, detrás de la cual hay algo más, el sueño, la locura, me acompañó desde entonces, sin que pudiera recordar el nombre de la película.

Más de veinte años después, revisando la filmografía de Terry Gilliam me encuentro con que la mítica cinta es Los Bandidos del tiempo (Time bandits) de 1981.

Lo primero que me encandiló de esta cinta es que está protagonizada por David Rappaport, el recordado inventor de juguetes y detective de la serie El Hechicero, además de la dirección de Gilliam, quien figura en mi panteón personal por otra cinta de mi niñez como es Las aventuras del Barón de Munchausen, desmesurada en su fantasía al punto que durante mucho tiempo soñé con escribir historias como esa, desbordantes, ilímites; después, en mi adolescencia, El rey pescador,  ese Don Quijote suburbano a cargo de Robin Williams me hizo pensar que la ciudad y el género fantástico no se encontraban distanciados; pero fue hace unos años, con la demencial Brazil que aluciné con el inmenso talento del director.

En Los bandidos del tiempo se notan los titubeos del director que busca su propio universo, una cierta indecisión en la escritura del guión, como si las aventuras se atropellaran las unas a las otras hasta la conclusión final, para mí menos espectacular que el resto del film, pero aún así una película muy personal que refleja la fantasía ochentera que tantos buenos ratos nos brindó.

En youtube se puede apreciar en español "gallego".