Desde que Bram Stoker hizo de su vampiro un Conde,  condenó a los hematofagos a estar asociados con la nobleza.

Supongo que por un resentimiento de clase, se pensó que la nobleza se alimentaba de los más pobres, devorándolos, consumiendolos, sin devolver nada a cambio.

En un giro, tal vez marxista, terminó pensandose  el vampiro de rancio abolengo como un ser en absoluta decadencia, anquilosado en el tiempo y siempre valiendose de los demás para su subsistencia.

Los vampiros humanos de Anne Rice a pesar de tener alma, siguen siendo ricos, jóvenes, hermosos, atributos que no les restan heroicismo y tragedia.

Pero los vampiros hipsters de Kiss of the damned se pasan; no toman sangre humana, sino plasma sintético, no se esparcen como una plaga, sino que se mantiene aislados como una subcultura de personas ricas y educadas, que disfrutan de excelentes cenas en mansiones fastuosas y, sólo cuando se rebelan, se dejan llevar por sus bajos instintos de predadores nocturnos. Por supuesto, tienen romances bastante insípidos con los que llenar la eternidad.

Visualmente, la película es impecable; las actores intentan darle vida a unos personajes muertos por un guión bastante plano y la historia en general no me pareció nada del otro mundo. Crepúsculo pero con mejores escenas de sexo. Crepúsculo para espectadores un poco mayores que buscan más intensidad y drama, aunque con iguales resultados.