Un día como hoy, del año 1963, nació el cantautor argentino Rodolfo Fito Paéz, uno de mis artistas favoritos en cuanto a rock en español se refiere.

Como muchos de mi generación, "descubrí" a Fito en los noventa con su inigualabale El amor después del amor, un disco para mí muy variado, que va desde el rock rabioso de Tráfico por Katmandú hasta las melodías esperanzadoras de La rueda mágica.

Seguí a Fito con el pop deslumbrante de Circo Beat, y llegué a compenetrarme totalmente con la música del argentino en aquél ejercicio de intimidad que fue el Euforia; para luego ser agradablemente sorprendido en ese experimento a cuatro manos y dos voces que fue Sabina y Páez Enemigos Íntimos, disco que me permitió acercarme a Sabina y sus rimas consonantes, antes de caer rendido ante la genialidad del Abre, el disco más visceral de Fito, en el que alcanza cotas compositivas hasta ahora inexploradas, un disco total y apabullante tanto en líricas como en melodías.

 

El siguiente álbum de Fito en golpearme como un todo fue Naturaleza sangre, un disco ecléctico pero sólido, en el que Fito pareció reencontrar su afición por el rocanrol.

Indudablemente Paéz es un animal de escenario, un músico que se siente cómodo implementando otros formatos, que no trata las canciones como productos desechables sino que las trabaja desde enfoques y arreglos diferentes, lo cual se nota en estos dos trabajos en vivo, que a mí personalmente me gustan mucho, Mi vida con ellas y No sé si es Baires o Madrid, que implicó la "reconciliación" con Sabina.

Y mientras asimilo su último trabajo, sigo disfrutando de estos buenos clásicos.