De súbito respira uno mejor y el aire de la primavera 

llega al fondo. Mas sólo ha sido un plazo 

que el sufrimiento concede para que digamos la palabra. 

He ganado un día, he tenido el tiempo 

en mi boca como un vino. 

 


Suelo buscarme 

en la ciudad que pasa como un barco de locos por la noche. 

Sólo encuentro un rostro: hombre viejo y sin dientes 

a quien la dinastía, el poder, la riqueza, el genio, 

todo le han dado al cabo, salvo la muerte. 

 


Es un enemigo más temible que Dios, 

el sueño que puedo ser si mañana despierto 

y sé que vivo. 

Mas de súbito el alba 

me cae entre las manos como una naranja roja.