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Batman The Killing Joke

La broma asesina me resultó una película desconcertante: dos películas, unidas entre sí simplemente porque en ambas aparece Batman, fuera de ello, sin nada en común, salvo quizás el tono de animación bastante ligero con que se desarrollan ambas historias.

La primera película, se centra en Barbara Gordon como Batichica. Una sensualidad desbordante que explotan en angulos que permitan apreciar el cuerpo de la joven, para dar satisfacción al adolescente que a todos nos habita, y una insulza historia de amor, es todo lo que Barbara/Batichica nos relata, como voz en off, durante la primera parte.

 

Luego de repente, Batman se da cuenta que su lucha contra el Guasón no puede terminar sino con la muerte de alguno de los dos, y en un intento por entender las motivaciones de su enemigo capital, irrumpe en el Asilo de Arkham para confrontarlo.

Pero la broma empieza y el Guasón ya ha escapado, raptando al comisionado Gordon y dejando malherida a Barbara de paso.La segunda película da inicio. Con un narrador omnisciente, en esta ocasión.


La historia original, escrita por Alan Moore,  pretendía ser una oscura espiral hacia la locura, pero creo que explicar el pasado del Guasón como razón de ser del personaje, es algo que excede incluso a un guionista consumado como Moore. ¿Por qué el Guasón debe ser un payaso o un comediante triste? Moore ya había explorado esa faceta en Watchmen, otorgándole esa posibilidad al Comediante, el hombre que descubre el sinsentido de la vida, pero que en lugar de decantarse por la fatalidad, se lo toma como una broma, cruel tal vez, sin demasiada gracia, pero broma al fin.

En La broma asesina, el paso de comediante fracasado a supervillano psicótico es demasiado ligera para mí. Prefiero el Guasón de  Nolan, un ser sin pasado, sin huellas dactilares que nos permitan saber qué quiere o qué lo motiva, y la frase que mejor lo define la pronuncia Alfred al sentenciar que tal vez sólo quiere ver arder el mundo.

Yo preferiría un Guasón que en su cordura, era un hombre demasiado serio, que se  tomaba la vida y sus preocupaciones tan a pecho que, cuando la tragedia lo tocó, sólo pudo reaccionar de forma histérica, con una risa maníaca y un sentido del humor retorcido.

 

Pero como no se trata de mis gustos, sino del guión escrito por Moore, del cual esta segunda película no se aparta mucho, nos encontramos con que la palabrería existencialista a la que Moore nos tiene acostumbrados, y que puede resultar literariamente interesante, se recita  en la película tan rápido que se pierde el sentido del experimento que está tratando de realizar el Guasón, quedando en un secuestro sin demasiado suspenso, y al final, tras los golpes de rigor, el villano se negará a aceptar la senda de su salvador, la redención no es posible en un mundo humano de contradicciones, debe seguir por su camino estrecho hasta expiar su culpa, contando un chiste malo y riendo sin parar.


Sin embargo, hasta en esto falla la película, porque la broma final no hace sino acentuar la perspectiva del payaso triste y la que se supone es la confrontación más esclarecedora que hayan tenido Batman y el Guasón, se queda en una más, con final entre risas, como una comedia cualquiera.

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Bernie Wrightson: 1948-2017

Me acabo de enterar del fallecimiento del historietista Bernie Wrightson, creador de La Cosa del Pantano, personaje muy cercano a mí por la serie televisiva y las películas que se hicieron en los ochenta, y por la revitalización que Alan Moore realizó del personaje, siendo de los pocos cómics físicos que poseo.

De Wrightson he leído su versión del Arma X, la abigarrada historia de la creación de Wolverine a partir del mutante Logan por parte del ejército.

Pero el trabajo suyo que más me ha impactado son las ilustraciones para el Frankenstein de Mary Shelley, que por momentos me hacen pensar en Doré, pero más melancólico y oscuro.

 




 

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Johnny B. Goode, el rocanrol que escuchan los marcianos.

Ha fallecido Chuck Berry.

Si el rocanrol se midiera por generaciones, Chuck sería como el abuelo descarriado que se niega a rendirse a los impulsos sexuales de su guitarra.

 

Johnny B Goode fue la primera canción de rocanrol que marcó mi vida, por aquella memorable escena de Regreso al futuro en la que Marty McFly toca en el baile, aunque tardé varios años más en entender el chiste del primo.

Siguiendo con el cine, en los noventa Tarantino nos reventaría las retinas y los tímpanos con aquel cadencioso baile de Mia y Vincent, al ritmo de You never can tell.

En el apartado musical, Jhon Lennon nunca ocultó su gusto por Berry, los Beatles versionaron Rock n roll music y Roll Over Beethoven, y ya en su andanza en solitario, tocó el Johnny B Goode junto a Berry, con un alucinante tambor de Yoko en segundo plano (???!!!).

Judas Priest realizaron una versión heavy del tema, e incluso Andrés Calamaro tiene una versión en español en su Vivo en Ayacucho.

 

Pero si hay algo que convertirá en inmortal esta canción, es el hecho de que, a pedido de Carl Sagan,  fuese incluida en el disco de la sonda Voyager con sonidos de la Tierra, así que a estas alturas, no es de extrañar que en algún lugar del universo, haya un marciano bailando al ritmo de Johnny B Goode.

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