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The Mephisto waltz 1971

 

En la línea de Rosemary´s Baby de 1968, esta película nos narra la lucha de una joven esposa en contra de una secta diabólica que le arrebata a su familia, no sólo en lo sentimental sino también en lo físico, al reemplazar al esposo por uno de ellos.

 

Jacqueline Bisset, hermosa en todo momento, encarna a Paula, esposa de Myles , un pianista frustrado que conoce a Duncan Ely, un viejo pianista en la cúspide de su éxito, al que una enfermedad degenerativa esta llevando a la tumba, y a la turgente hija de Ely, Roxanne.

Desde el primer momento, Paula desconfía de la generosidad de esta familia, de su interés morboso en Myles, pero éste, turbado por la ambición de lograr ser un mejor pianista y los cantos de sirena de la vida lujosa y lujuriosa que llevan sus anfitriones (la fiesta de navidad es casi una bacanal pagana, con figuras religiosas a modo de candelabro y un perro con máscara de hombre, terminado con un beso apasionado entre padre e hija que revela su profundo y oscuro lazo), decide no escuchar a su esposa y casi se entrega voluntariamente en sacrificio.

 

Una vez efectuado el ritual, las sospechas de Paula se transforman en angustia ante la pérdida de su única hija y el descubirmiento de asesinatos horribles en torno a la familia Ely. Pero decidida a no perder a su esposo, utiliza las mismas armas de su enemigo, y convoca al diablo para que le proporcione la manera de vencer.

 

Esta es una película de mujeres, los enfrentamiento entre Paula y Roxanne son los mejores diálogos de la cinta, y los hombre desfilan como simples marionetas en manos de esta dos femme fatales, que exhudan sensualidad a más no poder.

 

El atrezzo diabólico de la mansión de Ely se lleva un papel preponderante, mostrándola casi como un laberinto en el que Paula se va perdiendo poco a poco, puntuado por una banda sonora espeluznante, el Mephisto Waltz de Liszt que da título a la película, que es utilizado como recurso para mostrar la entrega de Myles a los adoradores y su consiguiente alejamiento de Paula.

 

Al igual que en El bebé de Rosemary, el diablo nunca es mostrado, aunque por la expresión de la cara de Paula, entre el miedo y el reconocimiento, uno puede intuir que siempre estuvo ahí, a la vista, o que no es tan terrible a la mente humana como la religión nos ha hecho creer.

 

El final, un extásis sexual que deja en duda la pureza que esperaríamos de una mujer que lucha contra el diablo para recuperar a su familia, alcanza un máximo de efectividad más allá de la sumisa entrega de Rosemary a su satánico hijo, por el contrario en esta cinta nos encontramos con toda la potencia infernal de una mujer que ha conseguido lo que quiere.

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Batman: Hugo Strange

Hugo Strange tal vez no sea de los bativillanos más conocidos, sobre todo por la poca repercusión mediática que ha tenido, pero no por ello deja de ser un enemigo menor o de poco cuidado en el bativerso.

Apareció por primera vez en el número 36 de Detective Cómics, nada menos que en 1940, ya delineado como un mad doctor, un científico loco y criminal, que utiliza una niebla electrica artificial para cometer robos a bancos en Ciudad Gótica. Batman se entera de ello al salvar a un agente federal que susurra Niebla y Strange antes de morir, no sin entregar una lista de los objetivos de Strange.  El trabajo detectivesco está servido en bandeja de plata, no obstante, Batman hace uso de su aguda mente deductiva y va a la caza del científico y sus secuaces, los cuales logran reducir al Hombre Murciélago y conducirlo hasta la guarida del profesor, donde se enfrentan a puño limpio con la subsiguiente derrota del gafudo científico, quién jura dedicar su vida a vengarse de Batman. Como vemos, Batman sigue en la senda del justiciero urbano que se dedica a atrapar ladrones y golpear gangsters, pero con Strange empiezan a perfilarse las grandes mentes criminales, los archivillanos que harán pasar al Hombre Murciélago a otro plano.

Otra aparación de Strange se da en el arco Strange Aparitions, en el número 3 de Shadow of the Batman, 1986, con guión de Steve Englehart y Marshall Rogers y Terry Austin en lápices y pinceles.

Después de luchar contra un científico radioactivo, que le ha producido fuertes quemaduras en todo su cuerpo, Bruno Díaz decide darle descanso a Batman y se interna en una clínica de reposo dirigida por un tal doctor Todhunter y su sexy asistente Magda. Prisionero en su habitación, Bruno utiliza su equipo de Batman para escapar y descubrir que es Hugo Strange quien se esconde detrás de todo ese montaje, pero es reducido gracias a un veneno y su archienemigo lo desenmascara.

Haciendose pasar por Díaz, Strange empieza a saquear Industrias Díaz, pero la novia de Bruno, Silver St Cloud sospecha y pone en alerta  a Dick Grayson quien, como Robin, ayuda a Bruno a escapar, no sin antes transformar en monstruo a la sexy Magda.

Sin embargo, Strange se deja llevar por su avaricia y convoca a tres villanos para venderle la identidad de Batman al mejor postor; Rupert Thorne es uno de ellos, y antes que pagar, prefiere sacarle la información a golpes, arrojandolo al río ante la negativa de Strange. Con el doctor supuestamente muerto, Thorne reinica sus actividades ilegales, pero un fantasma lo acecha, la figura siniestra de Strange, casi hasta volverlo loco, obligandolo a confesar sus crímenes.

Un enfrentamiento más con el doctor, ocurre en el arco argumental Presa en Legends of the Dark Night 11 de 1990, con Doug Moench en los guiones y Paul Gulacy en los dibujos.

Batman aún es considerado un proscrito por la policía, solo cuenta con la confianza de Gordon quien por entonces es capitán. El alcalde de Gotham decide que Batman debe ser atrapado y ordena a Gordon crear un equipo para tal fin, además de contratar al psiquiatra Hugo Strange como asesor. Gordon recluta a Max Cort, un policía obcecado que no siente simpatía por Batman, para ser parte del equipo. Sin embargo, Cort empieza a trabajar con Strange, dejándose manipular por las sugestiones hipnóticas del doctor, hasta acabar convertido en El Azote, un justiciero asesino que se dedica a tasajear a todo el bajo mundo de Ciudad Gótica con sus dos espadas.

Por su parte, el Strange que nos presenta este arco argumental es totalmente delirante: el cuento del psiquiatra loco es más viejo que andar a pie, pero Strange se arropa con toda la lógica de su profesión y de su mente brillante surge un enemigo de cuidado, que no sólo indaga la identidad de Batman sino que se hace pasar por él para secuestrar a la sexy hija del alcalde, que lo ha menospreciado durante una cena.

Perseguido por la policía, luchando contra El Azote y teniendo que demostrar su inocencia, Batman se ve en apuros para derrotar a sus enemigos, sin embargo Strange es víctima de su propia obsesión, al vestirse como Batman es abatido por la policía, aunque no se recupera su cuerpo.

Este es el Batman que me gusta, urbano y esforzado, casi se puede sentir el sudor de los cuerpos y el humo y el ruido de la ciudad, pero también dividido entre su sentido de la justicia y su justificación ante sí mismo por haberse tornado en justiciero; el tono realista del dibujo y el guión detectivesco más que fantasioso hacen de esta historia una novela negra protagonizada por el Hombre Murciélago.

De locura el detalle del Hombre Murciélago regresando a pie a la Baticueva, porque todavía no ha terminado el Batimóvil, y la continuidad de la historia de Selina Kyle de Catwoman Año Uno.

Los tres arcos en un solo link, aquí.

 

Un enfrentamiento más entre el doctor y Batman se da en Batman y Los Hombres Monstruos del 2006, con guión y arte de Matt Wagner.

Hugo Strange es un genetista que, en busca de financiación, se ve envuelto en las redes de Sal Maroni, de las que se sacude violentamente utilizando sus hombres monstruos modificados, mutantes hambrientos de carne humana, a los que Batman derrota después de una sangrienta batalla. Strange se sale del problema ocultandose a plena vista, como un experto en la psique de Batman, de forma que si el enmascarado intenta atraparlo pasará como una vendetta personal.

Esta historia, si bien vertiginosa y con mucha acción, no me parece tan lograda como la anterior, demasiado gore para el Hombre Murciélago, y tiene una continuación, ya sin Hugo Strange titulada Batman y el Monje Loco.

 

Batman y los hombres monstruo.

Batman y el monje loco.

 

 

Otras historias de Batman en el blog.

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Falta de confianza

Ya lo decían Radiohead hace años: The goverment, they don´t, they don´t speak for us...

 

A raíz del artículo publicado por la revista Semana: ¿Por qué tanto desánimo?, me permito unos apuntes:

La falta de confianza en las instituciones, empezando por el gobierno y terminando por los medios de comunicación, es un proceso que se ha estado gestando desde hace mucho tiempo, pero que solo ahora viene a hacerse visible, pienso que debido, en gran parte, a las redes sociales, las cuales nos dieron la oportunidad de expresar nuestras opiniones personales a tiempo completo, sin intermediarios ni dialógo -aceptemoslo, las redes generan más ruido blanco que dialogo real-, mostrándo una de las grietas más descorazonadora de la democracia occidental: ¿en realidad ellos hablan por nosotros? Una vez elegidos, por maquinarias políticas, más que por voto popular, no existe ningún mecanismo de control posterior; en el caso de la revocatoria por firmas, el mecanismo ha demostrado ser más una herramienta de la oposición politiquera que de control sobre los elegidos.

Los medios de comunicación al servicio del establishment han creado la opinión de que no existe otra alternativa a la democracia occidental, corrupta y corruptora, que no hay otro camino que el capitalismo avasallante y destructor; incluso cuando crean rebeldía, es una resitencia al servicio del poder imperante. Además de encumbrar como líderes a personajes sin ningún bagaje ideológico ni intelectual, que no crean consenso sino que dirimen escándalos de los que salen favorecidos, no construyen cultura sino tendencias.

Por supuesto, toda la culpa no es de los medios, ya que la izquierda o el pensamiento alternativo no han dado más de sí, no presentan propuestas viables, o siguen los mismos caminos que pretenden contender.

Esta falta de confianza en las organizaciones, en la sociedad, obtiene un reflejo negativo en el campo más díficil de definir que es el propio cuerpo, la creación de una identidad: al no poder ser parte de un cuerpo social que nos conecte, que nos incluya, intentamos hacer de nuestro propio yo nuestro campo político, pero hasta ahora inevitablemente hemos caído en la vanalización narcisita, la infantilización en el afán de ser entretenidos, como en una especie de onanismo virtual, que no permite o delega a un segundo plano, el análisis de cómo el poder se ejerce sobre nuestros cuerpos, de cómo la ideología permea nuestra corporeidad, haciendo casi imposible la disensión.

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